El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
23 de JUNIO de 2006 No.572

SUMARIO

bulletPORTADA - Se renueva la Consagración de la Nación Mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey del Universo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - A Dios lo que es de Dios
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Que nadie se quede afuera
bulletFAMILIA - Respuestas breves a varias preguntas
bulletPINCELADAS - La hormiga aprendió a cantar
bulletELECCIONES 2006 - Pecado de omisión
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Cuándo y cómo bautizarse?
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Mauricio Beuchot Puente O.P.
bulletPeleas por la herencia
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - Andrés: La Iglesia llega a todos los pueblos y culturas

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PORTADA
Se renueva la Consagración de la Nación Mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey del Universo

El Observador / Redacción


Con motivo de la visita a México de las reliquias de santa Margarita María Alacoque, confidente y apóstol del Corazón de Jesús, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en su 81ª Asamblea Ordinaria (24 a 28 de abril de 2006), aprobó la Renovación de la Consagración de la Nación Mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey, ya promulgada el 11 de octubre de 1924, durante el Primer Congreso Eucarístico Nacional, por los obispos mexicanos en pleno en la Catedral Metropolitana de México.

La renovación tuvo lugar en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, viernes 23 de junio de 2006, en el Monumento Nacional a Cristo Rey, «El Cubilete», en Guanajuato, a través de una concelebración de los obispos de México, presidida por monseñor José Guadalupe Martín Rábago, obispo de León y presidente de la CEM, con la presencia de obispos, sacerdotes y laicos de todo el país.

La nueva Consagración implica renovar, de raíz, la invocación de la protección a las familias, la sociedad y el pueblo de México por el Sagrado Corazón de Jesús. La ceremonia se llevó a cabo en el centro geográfico del país, la Montaña de Cristo Rey, faro de quienes sufrieron la persecución religiosa en el país entre 1924 y 1940. Más tarde, centro de reunión del catolicismo mexicano para recordar las invocaciones de «Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe» con las que muchos combatientes «cristeros» entregaron su vida.

Las doce promesas del Sagrado Corazón

Santa Margarita María de Alacoque nace en 1647 en Verosvres, Borgoña, Francia. Nuestro Señor Jesucristo la eligió para sus apariciones entre 1673 y 1688, en las que le mostrará su Corazón ardiente de amor por la humanidad pecadora. Es beatificada por Pío IX en 1864, y canonizada por el papa Benedicto XV el 13 de mayo de 1920.

De ahí las famosísimas Doce Promesas del Sagrado Corazón a sus devotos adoradores:

1ª A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado.

2ª Daré paz a sus familias.

3ª Las consolaré en todas sus aflicciones.

4ª Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, principalmente en la hora de la muerte.

5ª Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.

6ª Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

7ª Las almas tibias se harán fervorosas.

8ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.

9ª Bendeciré las casas en las que la imagen de mi Corazón se exponga y sea honrada.

10ª Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos.

11ª Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.

12ª A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final; a los que me tributen gloria, amor y reparación, prometo un especial auxilio durante su vida pero principalmente a la hora de su muerte.

***************[Exclusivo edición en Internet]***************

Renovación de la Consagración de la nación mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, CRISTO REY DE LA PAZ, llenos de júbilo venimos hoy a postrarnos ante Ti y gozosos te proclamamos, una vez más, Rey Eterno de la Nación Mexicana. Coronamos tu frente con una diadema de corazones mexicanos, para que rijas a tu pueblo amado. Eres Rey, así lo afirmaste en tu Pasión; eres Salvador, así te manifestaste en tu Resurrección; eres el Hijo del Padre, así te reconocemos en tu divinidad; eres la Fuente del Amor, así lo expresaste al morir por nosotros en la Cruz. México, siempre fiel, desea volver a entronizar tu Corazón en todos los hogares e implantarlo en la sociedad, para rendirte el homenaje que mereces como Rey y Señor del Universo.

Consagramos a tu Corazón esta Iglesia que peregrina en México, con sus Obispos, Presbíteros y Diáconos, Religiosos y Religiosas y Fieles laicos, y a las nuevas vocaciones sacerdotales y de vida consagrada, para que tengan una sólida formación en el seguimiento radical de tu Evangelio y en una generosa entrega para la salvación de sus hermanos, impulsados por una profunda vida espiritual.

Consagramos a tu Corazón amoroso esta Patria querida: a los Gobernantes, para que trabajen siempre por el bien común; a las Familias, para que forjen en las virtudes humanas y cristianas el corazón de las nuevas generaciones; a los indígenas y campesinos, obreros e inmigrantes, para que alcancen un mejor nivel de vida y un pleno respeto de su dignidad y sus derechos; a los Legisladores y a los profesionales de la salud, para que respeten y defiendan la vida desde su inicio en el seno materno hasta su conclusión natural; a los que se dedican a la educación, la cultura, el arte y los medios de comunicación social, para que contribuyan a un mejor y más armónico desarrollo de la sociedad difundiendo valores auténticos; a quienes logran avances científicos y tecnológicos, para que haciendo un uso responsable protejan la naturaleza que has creado y contribuyan al desarrollo integral de la persona y el fin trascendente del hombre; a los distintos constructores de la sociedad, para que promuevan los principios básicos para la convivencia: amor, verdad, justicia, libertad, paz, respeto, solidaridad; a los amigos y a los enemigos, para que reines en todos los habitantes de esta Nación. Te adoramos como fieles tuyos, te pertenecemos y estamos resueltos a defender tu Reino hasta que triunfe y sea exaltado, reverenciado y amado tu Sacratísimo Corazón, ofreciéndote gloria, amor y reparación.

CRISTO REY, desde la montaña consagrada a Ti, cura las heridas y enjuga las lágrimas de esta Patria, consagrada a nuestra Madre, Santa María de Guadalupe, estrella de la evangelización. Reina con el suavísimo cetro de tu misericordia y míranos con ojos benignos, extendiendo tus manos poderosas para bendecirnos y protegernos de las asechanzas del mal.

Y Tú, Redentor amoroso de la humanidad, atrae a tu Corazón a los pecadores, a los desorientados, especialmente a los jóvenes, engañados con falsas doctrinas que los alejan de Ti. Conserva la fe que hemos recibido de nuestros padres y que ha sido sellada con la sangre de nuestros Mártires y el ejemplo de nuestros Santos. Que tu Iglesia Santa y Católica pueda trabajar en auténtica libertad, para salvaguardar la dignidad humana de todos y ser un testimonio gozoso y humilde de tu resurrección y salvación.

Danos, por fin, una santa muerte e introdúcenos en la herida preciosa de tu Corazón para resucitar en Ti a la vida eterna del cielo.

Corazón Santo, Tú reinas ya. México tuyo, siempre será. ¡VIVA CRISTO REY y SANTA MARÍA DE GUADALUPE!

Por los Obispos de México

***************[Exclusivo edición en Internet]***************

Mensaje del Papa para la renovación de la consagración de México al Sagrado Corazón en el santuario de Cristo Rey

«Su santidad Benedicto XVI
envía un cordial saludo a los Obispos, sacerdotes, comunidades religiosas y fieles al renovarse la Consagración de la Nación Mexicana a Cristo Rey, y les alienta a abrir sus vidas al misterio del amor de Dios para que se instaure en todos los corazones su reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.
Al mismo tiempo, el Papa les invita a que, alimentándose del pan eucarístico y unidos íntimamente a Cristo, realmente presente en el Santísimo Sacramento, colaboren en la construcción de una sociedad cada vez más impregnada de los auténticos valores evangélicos.
Con estos sentimientos, e invocando la maternal protección de Nuestra Señora de Guadalupe, el Santo Padre imparte a todos los hijos de esa amada Nación la implorada Bendición Apostólica.

Cardenal Angelo Sodano
Secretario de Estado de Su Santidad»

EL OBSERVADOR 572-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
A Dios lo que es de Dios
Por Jaime Septién

¿Existe el voto cristiano? Claro que existe. Uno no puede ser cristiano de medio tiempo; uno no puede ser dos personas a la misma vez; uno no puede servir a Dios y al poder, porque acabará sirviendo al poder y olvidándose de Dios.

El voto cristiano es muy sencillo: se hace por amor y no por interés personal. Cuando los primeros cristianos vivían en Roma, la gente los distinguía porque, siendo del mundo, actuaban siempre como si fueran del infinito. «Miren cómo se aman», decían de aquellas primeras comunidades. Por desgracia ya nadie lo dice de nosotros. Aunque no todo está perdido.

Podemos volver por nuestros fueros en estas elecciones, que son cruciales para el futuro de México. Ante el silencio de la urna, en esos 15 o 20 segundos en los que estamos a solas con la papeleta en la que habremos de votar por presidente de la República, miremos el rostro de los niños, miremos la necesidad de los pobres, miremos el hambre de miles de familias que han quedado fuera del desarrollo. Miremos, con los ojos del corazón, el porvenir: ¿qué queremos? ¿Queremos un país con orden y progreso justo o uno en el que se privilegie el autoritarismo, el desdén por la ley y la violación de los derechos humanos? Ya sé que nadie ofrece un país así. Hoy, en la recta final de las campañas políticas, todos quieren mostrarnos que, a través de ellos, vamos —ahora sí— a salir adelante. No se trata de lo que ellos nos digan sino, como señalaban los obispos en su última carta sobre las elecciones, de lo que cada uno ha hecho en su vida, de cómo ha defendido los valores que nos dan identidad, de cómo ha defendido la vida, que, para nosotros, los cristianos, es lo primordial en materia política.

Primero que nada, vayamos a votar el 2 de julio. No hay pretexto que valga para no cumplirle a México. Segundo, vayamos a votar con la conciencia plena de que debe ganar aquél que garantice una mejor calidad de vida sobre todo para quienes menos tienen. Que garantice empleos bien remunerados, acceso a la salud, a la educación, al deporte y a la cultura. Tercero, vayamos a votar sabiendo que nuestro voto contará y se contará. Y que no podemos quedarnos afuera de esta fiesta democrática.

Los cristianos damos al César lo que es suyo, aunque, a veces, no sepamos darle a Dios lo que le pertenece. Y a Dios le pertenece un pueblo honesto, trabajador, temeroso de sus mandatos; un pueblo en el que su Amor se vea reflejado en obras. A Dios le pertenece que tú y yo vayamos a votar el 2 de julio y lo hagamos con la inteligencia cristiana que es la caridad.

EL OBSERVADOR 572-2

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¿CÓOOMO DIJO?
Que nadie se quede afuera

Al echar un vistazo sobre las condiciones previas a la jornada electoral del 2 de julio, nos topamos con que más de 50 por ciento de los mexicanos en posesión de sus derechos para votar no lo van a hacer, ya que la mayoría aduce que no tiene ningún sentido acercarse a las urnas pues, al fin y al cabo, la política no es cosa suya.

Sin menospreciar las a menudo aviesas condiciones sobre las cuales se ha ejercido la actividad política en México, ni los escándalos en los que se ha visto envuelta la llamada «clase política» del país, preocupa mucho la posibilidad de que esto influya de manera determinante en la ausencia, el día de las elecciones, de más de la mitad de los votantes.

Los problemas de ingobernabilidad y legitimidad de ejercicio, así como las dificultades para llevar a cabo las reformas estructurales que tanta falta hacen a la nación, serán enormes para la próxima administración federal, gane quien gane, si no fomentamos una participación copiosa el 2 de julio.

Y es que la participación es uno de los pilares de la democracia entendida como el sistema «que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien de sustituirlos oportunamente de manera pacífica».

En efecto, como lo señala el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: «La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia».

Más aún, en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica queda claro que todo hombre participa en la realización del bien común –que supone a la democracia—»respetando las leyes justas y haciéndose cargo de los sectores en los que tiene responsabilidad personal» y tomando «parte activa en la vida pública, en la medida que le sea posible».

La mayor parte de los ciudadanos están llamados a cumplir los compromisos con la propia familia o con el mundo del trabajo, es decir, no pueden ser ellos mismos quienes tomen la responsabilidad de la cosa pública; sin embargo, lo pueden y lo deben hacer, de manera directa, en la elección de sus gobernantes quienes habrán de representarlos en las tareas del gobierno o la legislación.

Por tanto, consideramos un deber moral de los católicos el acudir a las urnas y depositar en ellas su voto por la opción política que mejor garantice el cumplimiento del bien común, entendido éste como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible, a los grupos y a cada uno de sus miembros, el logro de la propia perfección».

EL OBSERVADOR 572-3

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FAMILIA
Respuestas breves a varias preguntas
Por Yusi Cervantes Leyzaola

1.- Si no te llama, te busca, te escribe o se pone en contacto de alguna manera, es señal de que no le interesa una relación de amor contigo. A lo mejor le gustas y se la pasa bien contigo, pero eso no es suficiente, y tú no eres su juguete para que se divierta cuando tenga antojo.

2.- Si a él o ella no le interesas, no hay nada que tú puedas hacer. Es así de simple.

3.- Si lo que siente por ti es amistad, y nada más que amistad, no puedes hacer nada para que se enamore de ti. Si sus sentimientos cambiaran en el futuro, será una gran riqueza que primero hayan sido amigos.

4.- Mientras que el amor de pareja y la amistad son voluntarios y pueden cultivarse y hacerse crecer, el enamoramiento no puede provocarse. Eso sí, si hay una chispa, puede alimentarse el fuego. Pero hay que tener cuidado y no alimentar las fuegos que no son buenos para nosotros o para otras personas. En ese caso, es mejor tratar de enfriarlos, y si no se puede, alejarse y esperar a que el fuego poco a poco se apague.

5.- Si es casado, eso no es bueno para ti. Tú tienes derecho a ser amada por un hombre libre.

6.- Si te ha mentido en cosas graves como la de tener hijos con otra mujer, termina inmediatamente con él.

7.- Si todavía tiene relaciones con su ex pareja, no es su ex pareja. Aléjate de ahí lo más pronto que puedas.

8.- Si está separada(o) y no se ha divorciado, está casada(o). Aléjate. Si está divorciada(o) pero su matrimonio por la Iglesia no ha sido declarado nulo, está casada(o) ante Dios. «Que lo que ha unido Dios, no lo separe el hombre».

9.- Si tiene otros asuntos más importantes que tú —trabajo, hijos, padres—, tú no eres su prioridad; por lo tanto, no puede existir entre ustedes una buena relación de pareja. Tú mereces una pareja con quien verdaderamente puedas formar una unidad en la que se apoyen mutuamente para enfrentar todas las demás cuestiones de la vida.

10.- No te preocupes por no tener novio(a). Preocúpate por tener una vida plena, por ser buen amigo(a), por ayudar a los demás, por ser en verdad una buena persona, por desempeñar bien tu trabajo, por relacionarte bien con los demás. A los novios y novias no hay que salir a buscarlos: se les encuentra en el camino. Y si no se les encuentra, de todos modos podemos ser felices.

EL OBSERVADOR 572-4

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PINCELADAS
La hormiga aprendió a cantar
Por el P. Justo López Melús

na hormiga volvió al anochecer al hormiguero, cargada de provisiones y cansada. No tenía tiempo de contemplar el hermoso horizonte al ponerse el sol. Pero algo se retrasó de sus compañeras, y entonces escuchó atenta el canto de la cigarra. Luego oyó lo que decía. «No te canses tanto en amasar riquezas. Aprende a mirar el sol y a cantar como yo. Te sentirás libre y feliz. ¿No te gustaría probar?».

La hormiga, mientras corría hacia el hormiguero, empezó a pensar. Perdería seguridad, pero sería más libre. Y al amanecer se escapó del hormiguero. Y por primera vez disfrutó de la luz del sol, que le pareció que salía y lucía para ella. Y así, casi sin darse cuenta, se sintió libre y feliz, y espontáneamente empezó a cantar.

«Marta, Marta, no te pongas nerviosa, que no son necesarias tantas cosas» (Lc 10, 41).

EL OBSERVADOR 572-5

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ELECCIONES 2006
Pecado de omisión

Votar no es una alternativa sujeta al capricho o a las preferencias particulares, sino que ha de tener una mayor amplitud de miras: no se puede dejar de votar porque no existan candidatos a modo, o porque la desilusión de la política haya arraigado en nuestro interior. Solamente por cuestiones graves de imposibilidad es permisible la sustracción de este deber y de este derecho ciudadanos. Así lo indicaba ya la fundamental enseñanza del Concilio Vaticano II: «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la 'política'; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común».

No votar pudiendo hacerlo es equiparable a un pecado de omisión, puesto que se está desdeñando la participación en la construcción del bien común y, por tanto, la afirmación del amor al prójimo, que es el fundamento de la sociedad humana pues «para los fieles laicos, —escribió el papa Juan Pablo II— el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás».

Además, hay que reconocer que nuestro sistema electoral ha avanzado con rapidez hasta convertirse el Instituto Federal Electoral en un árbitro confiable, el Tribunal Federal Electoral en una instancia clave de resolución de conflictos y la Fiscalía Especial para Delitos Electorales en un eficiente guardián de la limpieza de los comicios. Esto nos debe llenar de confianza y tranquilidad así como de entusiasmo para acudir a las urnas. Las instituciones electorales ciudadanas han entrado en una etapa de madurez que ha hecho posible el respeto al voto y, por tanto, el respeto a la dignidad de los votantes que quieren un México mejor para las futuras generaciones.

EL OBSERVADOR 572-6

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Cuándo y cómo bautizarse?

Pregunta: Si Jesús Nuestro Señor se bautizó grande y fue sumergido totalmente en un río, ¿por qué hoy en día se bautiza a los niños y sólo se les pone agua en la cabeza?
Luisa

Respuesta: El bautismo que Cristo recibió en el Jordán era el bautismo de Juan, y Jesús se sometió a él como testimonio a favor de Juan y de su bautismo, como una etapa importante en la preparación al bautismo impartido por Jesús y de la era mesiánica. Nosotros practicamos el bautismo instituido por Jesús, con resultados completamente distintos y que no tiene por qué ser igual al de Juan. El Evangelio no especifica cómo bautizaban los discípulos mientras Jesús estaba con ellos, pero sí sabemos que el día de Pentecostés se bautizaron una 3,000 personas (Hechos 2, 41) y que no hay ríos cerca de Jerusalén que hubieran podido propiciar el bautismo por inmersión. Lo mismo sucede con el bautismo que san Pablo administró a un carcelero en Filipo (Hechos 16, 33). Los primeros cristianos se dieron cuenta de esta situación y la Didaké, que es como el primer catecismo que empezó a circular en tiempos de los apóstoles, ya indica que el bautismo se puede administrar derramando tres veces agua sobre la cabeza.

A pesar de que Jesús dijo: «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Marcos 16, 16), la Iglesia bautiza a niños que obviamente no son capaces de creer. La razón es la siguiente:

El fruto del bautismo es la inserción en la familia de Dios, la filiación adoptiva. Esta gracia no depende de los méritos de la persona, sino de la generosidad de Dios, por eso se llama «gracia», que significa «gratis». Una familia puede adoptar y poner bajo su protección a un niño aunque el niño no se dé cuenta de que ha sido adoptado. En este caso la Iglesia —que ya es familia de Dios—, en la persona de los padres y los padrinos, pide a Dios que adopte a otro niño bajo su protección, y se compromete a educarlo en la doctrina de Cristo y enseñarlo a cultivar esa filiación, basándose en la potestad que Jesús mismo le ha dado: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mateo 16, 19).

En el Nuevo Testamento encontramos casos en los que san Pablo bautizó familias enteras, y es de creer que en esas familias debió haber niños. (Hechos 16, 15; 16, 33; 1 Corintios 1, 16) Por eso la Iglesia, desde los primeros tiempos, adoptó esta costumbre. En el tercer concilio de Cartago (253) se ordenó que a los recién nacidos se les bautizara lo antes posible.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 572-7

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Mauricio Beuchot Puente O.P. (1950)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Sacerdote dominico y filósofo mexicano. Es doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana de México. Asimismo, es miembro de la Academia Mexicana de la Historia y de la Lengua y de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino.

El P. Beuchot escapa a la «barbarie del especialismo» en la que suelen caer muchos intelectuales de hoy. Por ello su obra abarca amplios espectros del saber humanístico, como la filosofía en la Edad Media, la Filosofía del Lenguaje, la Filosofía Novohispana o el Estructuralismo, sin que por ello deje de vislumbrarse en ella la presencia del Misterio que todo lo comprende.

Es autor de 35 libros, de los cuales sólo mencionamos algunos: Filosofía analítica, filosofía tomista y metafísica (1983), Los principios de la filosofía social de Santo Tomás (1989), Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino (1992), Derechos humanos: Iuspositivismo y Iusnaturalismo (1995), Ética y Derecho en Tomás de Aquino (1995), Posmodernidad, hermenéutica y analogía (1996), Tratado de hermenéutica analógica (1997) e Historia de la filosofía en el México Colonial (2001).

Reproducimos a continuación un fragmento en el que nuestro autor señala la crisis de la razón en la Modernidad:

«El sueño de la razón engendra monstruos, dice uno de los dibujos a los que Goya puso el nombre de 'Caprichos'. Y es verdad. La razón sola, dormida, sin las demás virtudes, lo hace. Fue, por cierto, una cosa muy propia de la modernidad el ver la razón como muy desligada de otros aspectos (afectivos, morales, etc.) del hombre. Se olvidó la noción de 'razón recta' de la ética de la Edad Media, la cual no era la razón sola, entendida como pura discursividad o cumplimiento de reglas de interferencia o argumentativas, sino como la razón animada por algo más, que era el deseo o la intención de hacer el bien. Pero esto desaparece al fin de la Edad Media, con Ockham y Marsilio de Padua, y al principio de la modernidad, en el Renacimiento, con Maquiavelo. En efecto, Maquiavelo, habla ya de una racionalidad fría, calculadora, estratégica [...] Por eso muchos de los postmodernos ven con recelo la razón, e insisten en que hay que vincularla con (y a veces suplirla por) otras dimensiones del hombre: la pasión, el deseo, la voluntad, etc. Tal vez esto es, en parte, muy justo, ya que se refieren a la razón moderna, olvidadiza de todos los otros aspectos humanos, desligada de ellos, y tratan de volver a encontrar esa vinculación. Incluso con la fe, con el mito, y otras cosas. Pero no parece que haga falta renunciar a la razón, y suplirla por otra de las facultades o dimensiones antropológicas. De lo que se trata es de vincularla con ellas, volver a la conciencia de que pensamos con todo el hombre. Una visión más holística del pensar, de la razón, como no sola, sino acompañada. Para que no engendre sus monstruos».

(De «Hermenéutica analógica y crisis e la modernidad», 1998).

EL OBSERVADOR 572-8

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Peleas por la herencia
Por el P. Fernando Pascual
Pueden darse ocasiones en que, a pesar de tener toda la razón, uno ceda por un bien mayor: la unidad de la familia.

Es triste cuando llegan ante el juez hermanos o familiares que están peleados por la herencia. Murió el abuelo o el padre, dejó algo o mucho a sus hijos, nietos y familiares. La muerte del ser querido, que podría convertirse en un momento de unidad de quienes participan de la misma sangre, marca el inicio de un calvario de enfrentamientos, acusaciones, rabias, por un puñado de dinero, por un edificio o unas tierras, por cosas materiales que duran lo poco que puede durar una vida.

No es fácil evitar estos problemas. Si la herencia toca a varias personas, basta con que una de ellas tome una actitud ambiciosa o de desprecio hacia los demás para que empiece la tormenta.

Los argumentos en este tipo de conflictos son muy válidos. "El abuelo quería esto, no lo que tú dices". "El testamento no está claro, pero en justicia habría que incluir a este hermano que vive lejos". "Yo fui el único que cuidé de mamá mientras estaba enferma y ustedes no hicieron nada, ni siquiera mandaron un poco de dinero". "¿Cómo te atreves, después de más de 30 años de vivir alejado completamente de papá, a pedir ahora tu parte en la herencia?". La lista podría multiplicarse.

Cuando el conflicto explota, la rabia, tal vez el odio, penetra en los corazones. Unos hermanos que parecían unidos ahora se acusan mutuamente. Los primos, que no solían litigar, ahora no pueden ni hablarse. Un hijo incluso llega a pensar que su padre es muy avaro porque no quiere dejar nada de dinero a los otros familiares.

Hay casos en los que, de verdad, uno tiene todo el derecho del mundo para reclamar su parte en la herencia. Por respeto al difunto, por el bien de su familia (en no pocas ocasiones muy necesitada de una buena ayuda económica). En esos casos, y ante algún pariente realmente injusto, a veces no queda más remedio que llegar a recurrir a un tribunal para pedir aquella solución que respete la verdad, que promueva la justicia. En estos casos, sin embargo, aunque parezca difícil, uno puede hacer el esfuerzo por superar rencores, por distinguir entre el momento de los jueces y el de la vida familiar y el respeto a las personas. También a quien no lo merecería: sigue siendo de la misma familia, comparte la misma sangre.

El dinero tiene su importancia. A veces es determinante para superar una crisis familiar, para pagar una deuda, para cubrir los gastos de la carrera de un hijo, para que la hija pueda, por fin, tener una casa propia. Pero sería triste que, por culpa del dinero, se perdiesen otros valores, como la unidad de los hermanos, hijos y nietos, la serenidad del corazón, el desprendimiento de lo material, el amor que nos hace pensar antes en los demás que en uno mismo.

Como dijimos, muchos llevan el conflicto a los jueces. Un joven abogado que tenía que afrontar este tipo de situaciones tomó una decisión radical: nunca pelearse con sus propios hermanos por problemas de dinero. Ceder no es fácil cuando uno ve que, en justicia, no consigue la parte de la herencia que le correspondería. Pero pueden darse ocasiones en que, a pesar de tener toda la razón, uno ceda por un bien mayor: la armonía y la unidad de la familia.

Quizá este pueda ser el mejor homenaje que podamos ofrecer al familiar difunto. Fue él quien, por designio de Dios, nos acogió en la vida, buscó unirnos como familia, trabajó por nuestro mantenimiento. Ahora nos deja una herencia para afrontar el futuro con algo más de holgura. Aunque, quizá, no me toque la parte que merezco, o renuncie a ella por lograr algo mucho más grande. También es hermoso ese futuro ganado a través de un sacrificio difícil, pero ofrecido por amor a la familia, por conservar limpio el corazón para amar, a fondo, sin rencores, a los míos.

EL OBSERVADOR 572-9

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
Andrés: La Iglesia llega a todos los pueblos y culturas

San Andrés, el apóstol hermano de Pedro, fue el protagonista de reciente catequesis de Benedicto XVI durante una audiencia general.

El nombre griego de Andrés, dijo el Papa, «es signo de una cierta apertura cultural de su familia» y el apóstol fue «el primero en ser llamado por Jesús». Gracias a él, evangelizador según la tradición del mundo griego, la «Iglesia de Roma y la de Constantinopla se sienten hermanas».

Los evangelios citan al apóstol en tres momentos claves: en la multiplicación de los panes y los peces, donde «destaca por su realismo al indicar la insuficiencia de los pocos recursos de los que disponían»; cuando pide explicaciones a Cristo sobre sus palabras acerca de la destrucción de Jerusalén, lo que indica que «no debemos temer plantear preguntas a Jesús, si estamos también dispuestos a acoger sus enseñanzas»; y antes de la Pasión, cuando con Felipe «hace de intérprete y mediador de un grupo de griegos con Jesús».

Refiriéndose a esta última ocasión, el Papa recordó la frase de Jesús sobre la muerte necesaria del grano de trigo para que diese fruto, un grano que simboliza la crucifixión y que «con la resurrección será pan de vida para el mundo; será luz para los pueblos y las culturas». Cristo profetiza así el encuentro con el mundo y la cultura griegos y la extensión de «la Iglesia a los paganos como fruto de su Pascua».

La tradición relata la muerte de san Andrés en Patrás, en una cruz en forma de aspa, ya que pidió, como su hermano Pedro, «ser crucificado de forma diversa a la de Jesús». Benedicto XVI citó las palabras atribuidas a Andrés durante el suplicio. «Antes de que el Señor subiera a tí —la Cruz—, producías un temor terreno, ahora en cambio, dotada de amor celeste, eres recibida como un don».

Es una frase, dijo el Papa, de «profunda espiritualidad cristiana que ve en la Cruz no tanto un instrumento de tortura, sino el medio de una asimilación plena con el Redentor. (...) Nuestras cruces toman valor sólo si las consideramos y acogemos como parte de la Cruz de Cristo. (...) Sólo desde aquella Cruz se ennoblecen nuestros sufrimientos y adquieren su verdadero significado».

Fuente: VIS

EL OBSERVADOR 572-10

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FIN

 
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