El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
9 de julio de 2006 No.574

SUMARIO

bulletVOZ DE LA CEM: Democracia e Institucionalidad
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - México: una democracia madura
bulletPINCELADAS - El magis ignaciano
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Mi madre me atosiga con un Dios castigador
bulletREPORTAJE - Sectas New Age intentan penetrar en el ámbito católico para ganar adeptos... y lo consiguen
bulletJÓVENES - Después de los exámenes
bulletRESUELVE TUS DUDAS - Jesús en la Hostia
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Cómo votamos?
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Rubén Calderón Bouchet

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VOZ DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO
Democracia e Institucionalidad

Nuestro país está consolidando una sana democracia; la sociedad, con su participación, ha puesto los cimientos del México que anhela. Reconocemos y aplaudimos la civilidad que los mexicanos han demostrado en esta jornada electoral.

Estamos a la espera de que el Instituto Federal Electoral defina claramente quién es el candidato electo, y estamos seguros que los resultados expresados serán acordes a lo que la mayoría ha decidido. Es el momento de confiar en las instituciones y autoridades electorales. Es la hora de la legalidad.

En cuanto el Instituto Federal Electoral declare el resultado oficial de quien haya sido el ganador, esperamos de los candidatos que no han conseguido el triunfo, que actúen con madurez y amor por el país, aceptando que podrán seguir colaborando con lealtad al bienestar de la patria desde una oposición responsable.

Queda claro por los datos de la jornada electoral que el país necesita un gobierno incluyente y plural que sume las propuestas coincidentes para garantizar la gobernabilidad, la construcción de acuerdos y su ejecución.

La jornada electoral ha sido un éxito. Por ello, exhortamos a toda la ciudadanía a superar los sentimientos y pasiones partidistas, propios de la contienda electoral, y ubicar las elecciones como un proceso de competencia y selección donde aceptemos los resultados oficiales, reconozcamos al ganador, y nos dispongamos todos a colaborar con el nuevo gobierno para beneficio de la sociedad.

Por los obispos de México:

+José Guadalupe Martín Rábago, obispo de León y presidente de la CEM
+Carlos Aguiar, obispo de Texcoco y secretario general de la CEM

EL OBSERVADOR 574-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
México: una democracia madura
Por Jaime Septién


Pensábamos que era niña, quizás adolescente. Resultó adulta. La democracia en México, como dicen nuestros obispos, ha adquirido el rango institucional que los ciudadanos reclamábamos para una nación tan entrañable como la nuestra.

Con la jornada electoral del pasado 2 de julio, los mexicanos estamos desterrando —Dios quiera para siempre— el fantasma del autoritarismo, del extremismo político, de la dictadura irracional, sin contexto ni identidad, de derecha o de izquierda. Hemos hablado, y muy fuerte, acerca de nuestras convicciones de paz y justicia, de desarrollo y equidad. Convicciones que no estamos dispuestos a negociar.

Al capitalismo salvaje le opusimos una visión social; al populismo bárbaro, la certidumbre de un México enclavado en el mundo, que debe ser mirado con respeto.

El gobierno que queremos es uno donde quepamos todos. Reconciliación, unidad, trabajo y libertad son las divisas del nuevo país que emerge. El próximo presidente tiene que saber escuchar la profundidad de estos anhelos legítimos. Y nosotros, trabajar junto con él, hombro a hombro, para que nuestros pobres, millones de familias, tengan realmente una esperanza. El catolicismo ha demostrado ser una fuerza de transformación maravillosa. Lo que el escritor Carlos Fuentes decía (ver «Sobre la Marcha») del triunfador de las elecciones es verdad: ganó porque hay una mayoría católica que quiere un país solidario, bien dispuesto con la que es la opción preferencial de la Iglesia, los amigos de Jesús, entre los cuales Él se quedó a morar con nosotros: los pobres.

Ahora nos queda disfrutar el triunfo de la democracia institucional y redoblar el esfuerzo cotidiano por el bien de los demás. Cada uno puede y debe hacerlo. Es una oportunidad nueva que Dios nos ha dado para constituir un país humano, espiritual, amable. El pueblo ha hablado en las urnas. No quiere aventureros. No quiere experimentos. No quiere lenguaraces.

Las oraciones (¿necesitábamos comprobarlo?) de las familias mexicanas fueron escuchadas. Dios ha derramado su paz sobre nuestra patria. Y la intercesión de nuestros santos. ¿Es coincidencia que monseñor Guízar Valencia sea canonizado el 15 de octubre y que el Consistorio se haya dado el sábado previo a la jornada electoral? También doña Mercedes Quesada, madre del presidente Fox, habrá tenido trabajo inmediato. Y lo cumplió.

En fin, con un portazo en las narices le hemos dado a los que anunciaban el fin de México. Dios está con nosotros. Ahora nos toca responderle. A todos.

EL OBSERVADOR 574-2

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PINCELADAS
El magis ignaciano
Por el P. Justo López Melús

Una característica de san Ignacio es el magis, el más. San Ignacio siempre buscaba el más. No lo bueno, sino lo mejor. No la gloria de Dios, sino la mayor gloria de Dios. No servir a nuestro Señor, sino el señalarse en el servicio a nuestro Señor. Siempre el magis, siempre el más.

Y Segundo Llorente nació para lo más. Veía que en su pueblo la persona más importante era el párroco y dijo: ¡Yo, al seminario! Fue a darles ejercicios un padre jesuita, y dijo: ¡Yo, jesuita! Pasó un misionero de China y pensó: ¡Yo, a China! Pío XI habló de la difícil misión de Alaska, y ya no se le quitó de la cabeza: ¡Alaska, Alaska, Alaska! Escribe al padre provincial, y varias veces al padre general. Le dan largas. Él insiste y lo consigue. Se despide de sus padres para siempre. No los volverá a ver. Desde Akulurak, «el país de los eternos hielos», escribió crónicas maravillosas que influyeron poderosamente en sus lectores. Su padre, al morir, repetía: ¡Akulurak, Akulurak!

EL OBSERVADOR 574-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Mi madre me atosiga con un Dios castigador
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Me encuentro pasando por una etapa difícil de mi vida. Mi razón me dice que Dios no me abandona, pero en mi corazón me siento abandonada. Para empeorar las cosas, mi madre me atosiga constantemente diciéndome que Dios me va a castigar por esto, por aquello, por lo de más allá; no me mererezco el amor de Dios y Él está listo para cortarme la cabeza porque le he fallado. Estoy deprimida, angustiada, y no me ayuda en nada tenerle miedo a Dios. Yo sé que Él es justo, ¿pero en verdad me va a mandar al Infierno por no ir a Misa los domingos en que me siento apachurrada, sin ánimo para levantarme de la cama? (me refiero a si tuviera la mala suerte de morir sin haberme confesado)

RESPUESTA
Dios es justo, verdaderamente justo, y solamente Él conoce los corazones. Y seguramente toma en cuenta todos los factores y circunstancias por las que atraviesa una persona para poder juzgarla: la historia, el amor recibido o su carencia, las herramientas de la personalidad, las oportunidades de desarrollo y la falta de ellas, las influencias diversas, el temperamento, el carácter, la salud física, mental y espiritual, las creencias... En fin, somos terriblemente complejos. Los juicios humanos se limitan necesariamente a lo que somos capaces de percibir y a lo que en cada circunstancia es válido considerar... Pero el juicio de Dios es completo... y amoroso.

La misericordia de Dios se ríe de su justicia. Mucho más que un juez, Dios es un Padre amoroso. Y su mandamiento es el amor. Recientemente, en una conferencia sobre Erich Fromm en la UNIVA, el doctor Raymundo Macías hacía notar a los asistentes que Jesús hablaba de dos mandamientos, los más importantes y los que resumen la Ley y que, a diferencia de siete de los diez del Antiguo Testamento (no matarás, no mentirás, etc.) están formulados de modo positivo: amarás a Dios con toda tu fuerza, con toda tu alma y con toda tu voluntad, y a tu prójimo como a ti mismo.

Dios es amor, dice san Juan. Es una lástima que muchas veces tengamos una imagen distorsionada de Dios que hace que destaquemos su juicio y el castigo. Es una lástima que muchas veces nos mueva más el temor al castigo que el amor.

En este momento de tu vida Dios te comprende. No está listo para mandarte al Infierno porque no fuiste a Misa, pero sí te pide que te acerques a Él con sencillez, abierta a su amor. Haz lo que sea necesario para sanar anímicamente y dejar atrás esa depresión. Mientras tanto, esfuérzate por ir a Misa, vete a confesar, libera tu espíritu de cualquier carga inadecuada que tenga. De Dios solamente puedes recibir cosas buenas, pues Él verdaderamente te ama.

Con tu mamá no discutas, toma lo que te dice como lo que es: una manifestación de su amor y su preocupación por ti, y aprovecha lo positivo que tengan sus consejos.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador.

EL OBSERVADOR 574-4

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REPORTAJE
Sectas New Age intentan penetrar en el ámbito católico para ganar adeptos... y lo consiguen

Algunas casas de retiro católicas, en diversas partes del mundo, rentan en ocasiones sus instalaciones a grupos sectarios. En otras ocasiones no se trata de sectas, pero las casas de espiritualidad acogen a grupos que practican «técnicas de espiritualidad oriental» desaconsejadas por la Iglesia.

La gravedad de este problema radica en que muchos católicos obran de buena fe e inadvertidos sobre estos fenómenos.

Librerías católicas con libros New Age

La infiltración de elementos de una espiritualidad difusa ajena al cristianismo afecta también a numerosas librerías de cuño católico.
Y no son tan sólo algunas, sino muchas las librerías religiosas católicas que venden un número importante de libros que promueven prácticas y creencias relacionadas con la New Age o Nueva Era, y libros vinculados más o menos directamente con diversos movimientos de características sectarias, mayormente englobados bajo la difusa denominación de libros de autoayuda.

El hecho es más preocupante aún considerando que muchas de estas librerías dependen de congregaciones religiosas y están dirigidas por religiosos, de los que se esperaría al menos un mínimo conocimiento de la fe cristiana.

Proselitismo engañoso

El psicólogo José María Baamonde, creador de la primera institución argentina dedicada al estudio interdisciplinario de las sectas y nuevos movimientos religiosos (Fundación S.P.E.S), advierte que «una de las muchas características de las sectas es el proselitismo engañoso, es decir, intentar captar adeptos mediante el engaño y sin revelar sus verdaderos objetivos, prácticas o creencias, que se manifestarán a medida que el futuro prosélito fortalezca los vínculos con el grupo en desmedro de sus vínculos sociales y familiares».
Baamonde observa que «se registra con cierta asiduidad el intento de penetrar en ámbitos católicos bajo diversas excusas. Es habitual que alquilen dependencias de colegios católicos, parroquias o casas de retiros, para llevar adelante diferentes actividades que van desde simples conferencias, hasta el dictado de cursos, seminarios, talleres, etc., consiguiendo, por un lado, ganar respetabilidad, ya que al desarrollar actividades en ámbitos católicos, el común de la feligresía le adjudicará per se categoría de seriedad».

«También buscan desalentar posibles sospechas: cualquier duda o temor de que tal o cual grupo pudiera revestir características sectarias queda rápidamente desechada si la feligresía piensa que no se le habrían facilitado dependencias católicas para sus actividades de ser así», agrega.

Las técnicas de espiritualidad oriental

Es innegable el auge de «técnicas de espiritualidad oriental» o de otras religiones entre los católicos. El psicólogo José María explica que el fenómeno ocurre porque «el hombre es un ser religioso por naturaleza, por lo que siempre tendrá una tensión hacia lo trascendente. En ocasiones y por diversos motivos cree que esa hambre de trascendencia será satisfecha en ámbitos orientales, reduciendo la efectividad del encuentro con Dios a la simple implementación de una técnica».

En cuanto a la posibilidad de que algunos elementos puedan ser asumidos por los cristianos, el profesor observa que «muchas personas, con buena intención, intentarán una separación entre las prácticas y las creencias. Intentarán utilizar sólo la técnica creyendo que es totalmente independiente de la creencia, sin caer en la cuenta de que una deriva de la otra. Un ejemplo concreto de ello lo podemos observar con la práctica del yoga».

Y explica: «Si bien algunas técnicas gimnásticas del yoga pueden ser muy recomendables para la corrección de ciertos problemas posturales, como así también para la ejercitación y alivio de ciertas afecciones musculares y articulares, no podemos tomar a estas prácticas en su totalidad como algo beneficioso. La práctica del yoga deviene de una filosofía, y dicha filosofía lo que propone en última instancia es la más absoluta negación del ser y, por supuesto, del propio yo. Sólo esto de por sí es incompatible con el cristianismo».

«Las técnicas de meditación orientales consideran que se puede alcanzar el nivel de actividad cerebral alfa, donde la oración sería más efectiva». Así se hace depender la efectividad de la oración a este estado, en lugar de que dependa de Dios.
«Al respecto sería bueno que consideráramos el momento en que Jesús reza en Getsemaní. Era tal su estado que llegó a sudar sangre, como dicen las Sagradas Escrituras. Nunca podría haber estado en estado alfa y, sin embargo, su oración no dejó de ser efectiva».

Con información de Veritas

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El triste caso de la India
Michael Prabhu es un católico pionero de la Renovación Carismática en la India, dedicado ahora al estudio de las ideas y actividades de la Nueva Era, que frecuentemente infiltran parroquias católicas. Su trabajo es reconocido por obispos y cardenales de la Conferencia Episcopal de India y por el Nuncio Apostólico. Sobre el problema, Prabhu dice lo siguiente:
Actualmente en la Iglesia católica de India existen entre 50 y 80 instituciones llamadas ashrams. Se iniciaron como un proyecto de los años 50. La palabra ashram es el término utilizado en el hinduismo para designar un lugar de meditación, investigación espiritual y enseñanza.

La fundación de ashrams católicos por parte de la Iglesia en la India tenía como objetivo lograr introducir una forma de vida y de devoción cristianas, que lograran atraer a grandes grupos de población y borrar la impresión que tenían los hindúes de que el cristianismo es una religión 'extranjera'. Pero la historia real del movimiento católico de los ashrams es tristemente diferente: los escritos de ese movimiento, supuestamente cristiano, presentan diversas variaciones de monismo —«todo es uno, uno es todo»—. Para muchos de estos autores el paso siguiente fue entrar en la New Age.

Estos ashrams no han contribuido para nada en dar a conocer al Jesucristo de la Biblia como Salvador. Al contrario, las actividades de estos movimientos, que incluyen el uso de iconología burda, mezclas de símbolos religiosos sacros, la práctica de ejercicios de yoga y del canto del OM, bailes sacros y dudosos rituales y liturgias, continúan siendo una de las mayores razones por las cuales los católicos se alejan de la Iglesia en India.

En la Misa los sacerdotes no pronuncian las palabras 'El Cuerpo de Cristo» cuando distribuyen la Sagrada Comunión, la cual es dada en la mano y a todos los presentes sin que nadie se abstenga: parejas que cohabitaban, teósofos, ateos, divorciados vueltos a casar, etc.

A través de estos ashrams está surgiendo una nueva teología que enseña que la Eucaristía es una forma no fundamental de experiencia con Dios, que no existe ningún bien ni mal absolutos en este mundo (no hay pecado).
El movimiento de los ashrams católicos no es nada más que una forma de sincretismo religioso, apenas disfrazado de cristianismo.

EL OBSERVADOR 574-5

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JÓVENES
Después de los exámenes
Por José Luis Martín Descalzo / Fuente: Razones para el amor

Recibo en estos días varias cartas de muchachos y muchachas, que parecen calcadas las unas de las otras porque todas coinciden en contarme una misma sensación de vacío. Después de los exámenes se sienten como huecos. Han trabajado durante el año, han salido bien de sus pruebas finales, sus padres están contentos con ellos porque lo que sus progenitores quieren es, ante todo y sobre todo, «que estudien»; pero ellos, precisamente ahora que la presión de los exámenes desaparece, se preguntan si valía la pena, si con tanto estudiar no estarán dejando de vivir. «En este momento —dice una universitaria— me encuentro con que no tengo nada, me quedo desinflada, mientras en casa se quedan tan contentos con mis buenas notas».

Yo pienso, en un primer diagnóstico, que esta sensación de vacío y desencanto la hemos experimentado todos tras los grandes períodos de lucha: por unos exámenes, por una empresa que acaparó nuestra alma, por un libro que acabarnos de escribir. Es, me parece, un buen síntoma humano que en ese momento no nos venza el orgullo de lo realizado y surja ese vacío que nos empujará a una nueva tarea cuando lo superemos.

Pero creo también que en los jóvenes ese desfondamiento muestra algo más; concluido lo que acaparaba sus nervios, aparece un vacío interior más doloroso: ellos aspiran a «más vida» y reconocen que los estudios son un medio, pero no un fin.

En varias de esas cartas aparece la gran sombra de la soledad: «Necesito alguien que me quiera y a quien querer —me dice una muchacha— porque, aunque ya sé que mis padres me quieren, son ya muy mayores y muchas veces no puedo contar mis problemas en casa». Ya apareció la madre del cordero: la necesidad de amistad y de amor. «¿Dónde están los chicos que valgan la pena?», me preguntan las chicas. «¿Dónde se encuentra una chica con la que yo me sienta lleno?», preguntan los muchachos. Todos se encuentran capaces de llenar la vida de alguien. Todos dudan de que exista alguien capaz de llenarles a ellos.

¿Buscarlos en la facultad, en los ambientes de estudio? «No sé qué pasa en la facultad —me dice una muchacha—: la gente va allí como de cumplido, nadie intima con nadie, algunos llegan allí ya con sus rollos desde los quince años y yo, a mis veinte, me pregunto si es tarde para mí».

¿En las discotecas? «Las discotecas —me dice otra— reflejan el problema tan grande de incomunicación que sufrimos todos. Estamos tan acostumbrados a no escuchar al que está a nuestro lado, que preferimos estar en un lugar donde eso es materialmente imposible».

Como es lógico, yo no comparto el diagnóstico tan pesimista de mis corresponsales. Refleja sólo —pienso— el hecho de que ellos aún no han encontrado esa amistad que necesitan y empiezan a considerarlo una aventura imposible.

Habría que empezar a explicar a estos muchachos que la amistad y el amor son dos joyas demasiado hermosas como para que uno las encuentre tiradas por la calle. Todo lo grande es costoso. Encontrar «el» hombre o «la» mujer que cada persona necesita no es que sea tan difícil como acertar una quiniela, pero tampoco es tan sencillo como pedir un café en una cafetería. Y es un hecho que buscarlo obsesiva y neuróticamente es la mejor manera de no encontrarlo o de encontrarlo equivocándose.

Me parece que el único camino lógico es dejar hacer a la vida. Y tener la certeza de que, cuando alguien tiene mucho que ofrecer, encontrará siempre personas dispuestas a recibirlo. Siempre, claro, que se viva con los ojos abiertos.

Digo esto último porque en la vida existen «los profesionales del desprecio, personas que se pasan la vida encontrando defectos en los demás: éste es superficial, aquél no tiene conversación, el de más allá carece de una educación parecida a la mía, aquel otro no tiene nada dentro. Estos «despreciadores» están condenados a la soledad: mientras se cansan pronto de cultivar su alma, siempre piensan que los demás «no son suficientemente dignos» de ella.

Yo, lo confieso, encuentro toneladas de gente interesante, conozco cientos de chavales y muchachas estupendas y —¡claro!— no voy a poner una agencia de matrimonio, porque pienso que el amor debe buscárselo cada uno con su propio coraje.

Por eso a los amigos que me escriben esta semana les diré: dejen que pasen estos primeros días en los que esa sensación de vacío tras el curso es inevitable. Y después dediquen estas vacaciones a vivir; aprovechen el tiempo, llénense de lecturas, de música; encuéntrense con los chicos sin afanes de caza precipitada, dejen que les crezca el corazón. Ya encontrará donde posarse. Si tienen amor, no se perderá. Los únicos árboles que no florecen son los que ya están secos.

EL OBSERVADOR 574-6

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RESUELVE TUS DUDAS
Jesús en la Hostia

Pregunta: ¿Por qué tengo que creer que Jesús está en un pedazo de pan, en la hostia? Ya me lo explicaron en la catequesis, pero de todos modos no puedo creer que Jesús está en un pedazo de pan y que me lo esté comiendo...
Ana

Respuesta: La Iglesia cree en la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada primero porque Jesús lo dijo. La afirmación de Cristo sobre la certeza de este misterio en el Evangelio es irrebatible. En el capítulo 6 del Evangelio según san Juan —el mismo capítulo en que Jesús alimenta físicamente a una multitud— en doce ocasiones menciona a sus discípulos que su cuerpo es pan que tiene que ser comido, y en cinco ocasiones insiste en que tienen que creer aunque parezca difícil. Más adelante, en la Última Cena, Jesús dice claramente: «Tomen y coman, éste es mi cuerpo... tomen y beban, ésta es mi sangre». Posteriormente encontramos que los Apóstoles, que conocieron a Cristo, y los primeros Padres, que conocieron a los Apóstoles, estaban plenamente convencidos de esa realidad. San Pablo escribe: «La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?» (1 Corintios 10, 16).

Por si pudiera quedar alguna duda, Dios, en su infinita comprensión, ha querido regalarnos los milagros eucarísticos como prueba de la veracidad de esta presencia. En cerca de 300 ocasiones ha ocurrido que la Hostia toma la apariencia de carne o que el vino toma la apariencia de sangre; ha habido Hostias que sangran al ser pisoteadas y Hostias que manchan con sangre las páginas del libro en que fueron colocadas. Varios de estos sucesos han sido estudiados concienzudamente por científicos y no han encontrado una explicación natural. Y algo sorprendente: en muchos casos estos milagros han ocurrido a personas descreídas o a sacerdotes que habían perdido la fe en la Eucaristía.

Un sacerdote a quien mucho debo y mucho estimo me contó que un día sintió dudas respecto a la presencia de Cristo en la Hostia. Se lo comentó a su director espiritual, y el director le respondió cariñosamente: «Ay, tontito... pero qué te preocupa lo que tú creas o dejes de creer; lo han creído san Agustín y santo Tomás de Aquino y santa Teresa de Jesús y san Jerónimo y san Bernardo de Claraval y san Antonio de Padua... y te puedo asegurar que eran mucho más inteligentes que tú. Mejor que confiar en tu pobre cabecita, confía en la de ellos».

La historia de la salvación —y la vida misma— están llenas de hechos asombrosos. La simple existencia del universo y de la vida humana a partir de la nada; que Dios se haya hecho hombre para redimir a los hombres; que Jesús haya nacido de una Virgen, sanado enfermos, resucitado muertos, calmado tempestades, caminado sobre las aguas, multiplicado panes y peces; que Él mismo haya resucitado; que el Espíritu de Dios pueda habitar en nosotros; que los hombre podamos llegar al Cielo a compartir la vida de Dios; que la Iglesia siga existiendo a pesar de tantos enemigos a lo largo de su historia y que siga conservando sus principios... Cuando Dios interviene suceden cosas incomprensibles. ¿Qué tiene de extraño que un pedazo de pan se pueda convertir en cuerpo de Cristo conservando su apariencia de pan?

La fe siempre es un don de Dios, pero necesita de cierta disposición por parte del hombre. Esta disposición consiste en aceptar con la inteligencia la posibilidad de los misterios y en desear con el corazón que se realicen. No importa que al principio no sintamos esa certeza absoluta: basta con desearlo y con tratar de actuar como si se sintiera. A la pregunta: «¿De qué sirve rezar si no tengo fe?», la madre Teresa de Calcuta respondía: «Por lo pronto recen, y la fe ya llegará».

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 574-7

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Cómo votamos?
Por Antonio Maza Pereda


La política no es sólo para el tiempo de elecciones; tenemos que aprender a vivir como ciudadanos de tiempo completo.

Para cuándo usted esté leyendo este artículo ya habrán ocurrido las elecciones federales del 2006. Para bien (esperamos) o para mal; ya habrán ocurrido los actos más importantes de la vida política nacional: la renovación del gobierno federal y del Congreso. Es, creo yo, el momento de hacer un examen de conciencia nacional, sobre todo nosotros los católicos.

¿Votamos de acuerdo con nuestras convicciones de católicos? ¿Nos dejamos llevar por la propaganda de los medios? ¿Votamos por las propuestas o por las simpatías personales? ¿Nos preocupamos de comprender las propuestas que se ofrecieron a la ciudadanía? ¿Sabíamos siquiera si nos convenían?

Me temo que pocos podrían responder que sí a esas preguntas. Yo, sinceramente, no. Y en eso está nuestra falla. No podemos esperar una política de calidad si los ciudadanos no somos ciudadanos de calidad. Sería un verdadero milagro que la política se mejore sola. Por otro lado, no somos del todo culpables. Muchas décadas de dominio de un partido de Estado nos hicieron muy ignorantes de las realidades políticas. El tema no se discutía; era de mal gusto hablar de política en público. Así fue y así nos ha ido.

Formar a la ciudadanía en los aspectos políticos no es fácil, no es vistoso, no es políticamente rentable. Sobre todo, no es rápido. No podemos esperar resultados en un sexenio, ni siquiera en dos. Por un tiempo hubo un intento de formar a los ciudadanos: las asociaciones políticas nacionales, creadas hace más de diez años. Desgraciadamente, se dedicaron a politiquear. A buscar ser incorporadas a los partidos políticos. De alguna manera, a «vender» su capacidad de convocatoria. No hicieron crítica constructiva y profunda de las propuestas y realizaciones de la clase política. Una magnífica propuesta abortó, para mal del país.

Hoy, haya ganado el que haya ganado, queda una gran necesidad por resolver. La política se mostró sin ideas, y al final la decisión se volvió un acto de fe: le creímos a tal o cual candidato, sin argumentaciones claras y sólidas.

¡Hay que hacer algo! Lo peor que nos podría pasar es que volviéramos a la «normalidad», a vivir como siempre hasta que vengan las siguientes elecciones. La política no es sólo para el tiempo de elecciones; es para la vida de la ciudad en el día con día. Tenemos que aprender a vivir como ciudadanos de tiempo completo.

EL OBSERVADOR 574-8

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Rubén Calderón Bouchet (1918)
Por Sebastián Sánchez
/ Argentina

Filósofo argentino. Afincado desde muy joven en la ciudad de Mendoza —luego de haber laborado en múltiples oficios—, Calderón Bouchet se graduó en Filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo, de la que fue profesor titular de Historia de la Ideas Políticas hasta su jubilación, como profesor emérito. Fue discípulo de Guido Soage Ramos —quien lo inició en el tomismo— y de Alberto Falcionelli, acaso el más erudito de los pensadores políticos argentinos, quien lo incentivó a dedicarse a la filosofía política.

La madurez de la mitad de la vida le trajo a Calderón dos enormes gracias: en primer término, la fe y, en segundo lugar, la confirmación de la vocación a la vida intelectual. En efecto, en 1947, nuestro autor pidió su ingreso a la Santa Madre Iglesia a través del bautismo y poco después —y quizás por lo mismo— comenzó una obra magnífica e infatigable que se extiende sin mengua hasta el día de hoy.

Su producción édita, por demás extensa, abarca el mundo antiguo con obras como Ensayo sobre la formación y decadencia de la ciudad griega (1966), La ciudad griega (1998) y Pax romana (1981). Asimismo, las fuentes del cristianismo y el apogeo de la Cristiandad han sido temas constantes de su reflexión, egregiamente expuestos en su libro La Ciudad Cristiana (1998), que se presenta como obra de consulta insoslayable.

Por otro lado, Calderón ha excogitado la decadencia de la Cristiandad y el quiebre de la Modernidad en títulos esenciales como La ruptura del sistema religioso en el siglo XVI (1980), Esperanza, historia y utopía (1980), Sobre las causas del orden político (1976), Nacionalismo y revolución (1986) y La Revolución Francesa (1999). Son incontables los artículos y ensayos de su autoría publicados en revistas argentinas y extranjeras, sobre todo de Europa.

Hoy compartimos con el lector un fragmento de La Ciudad cristiana, en la que Calderón Bouchet desbroza la naturaleza íntima del orden jerárquico propio de la Cristiandad medieval, al tiempo que subraya la primacía del orden espiritual sobre el temporal:

«El Sumo Pontífice está para servir a Dios, pero no como el monje, por medio de la contemplación, sino por la acción. Debe manejar sus armas espirituales para 'atar a los reyes con grillos y poner esposas en las manos de los grandes' (…) El Papa está puesto sobre toda potestad para exigir de ellas el cumplimiento de sus deberes cristianos. Este es el servicio más importante de su autoridad y por él la Cristiandad es un cuerpo movido por una sola alma (…) No es pequeña la heredad del apóstol. Las palabras de Cristo se extienden al orbe: 'Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura'. La Cristiandad es una pluralidad de naciones que admite un solo conductor espiritual: el Papa».

EL OBSERVADOR 574-9

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FIN

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