El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
16 de julio de 2006 No.575

SUMARIO

bulletPORTADA - El papa Benedicto XVI fue llamado «el abuelo del mundo» durante la gran fiesta de las familias
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Un país grande, lleno de futuro
bullet¿CÓOOMO DIJO? - El costo de la corrupción
bulletPINCELADAS - El día más feliz
bulletJÓVENES - «Yo no la tomo...»
bulletMIRADA JOVEN - Cada vez más discriminación
bulletRESUELVE TUS DUDAS - Acerca de las imágenes
bulletLa familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Francisco Canals Vidal
bulletCOMUNICACIÓN - La verdadera vocación de la prensa

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PORTADA
El papa Benedicto XVI fue llamado «el abuelo del mundo» durante la gran fiesta de las familias


Desde primeras horas de la tarde del sábado 8 de julio, más de un millón de personas de todo el mundo se congregaron en Valencia, España, para encontrarse con el Papa en el V Encuentro Mundial de las Familias. Benedicto XVI recorrió la ciudad en papamóvil, en medio del lanzamiento de globos blancos y amarillos, pétalos de flores y papeles de colores, cantos y lemas como «Benedicto, amigo, la familia está contigo».

Testimonios de familias

Tras las lecturas bíblicas de la vigilia, dieron su testimonio familias que han participado en los cuatro precedentes Encuentros Mundiales, comunicando los frutos que supuso su celebración para las familias que asistieron.
A continuación, tres grupos de matrimonios ofrecieron su testimonio: jóvenes (que expresaron el por qué de tener hijos), maduros (comunicando su experiencia de vida en común) y mayores (dando testimonio de una vida entera compartida).
Fue especialmente emotivo el testimonio de un matrimonio que perdió a una hija de 18 años y decidió adoptar a cuatro hermanos huérfanos. También fue conmovedor el de una familia numerosa con un hijo minusválido que ha sido el centro del amor de padres y hermanos.

Participación ecuménica

También subieron al escenario para dar su testimonio representantes ecuménicos: el metropolita Kirill, arzobispo de Yaroslav y Rostov, representante del Patriarcado de Moscú, y un obispo alemán de la Iglesia Evangélica.
Es la primera vez que otras religiones cristianas participan en un Encuentro Mundial de las Familias.
Benedicto XVI, tras leer un mensaje cerca de las once de la noche en el que afirmó que «la familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad, y nada la puede suplir totalmente», bromeó un poco, recordando que en esa velada el actor italiano Lino Banfi le llamó «el abuelo del mundo».

Misa conclusiva, con el Santo Grial

Al día siguiente Benedicto XVI encabezó el último acto masivo de su corta visita apostólica (de tan sólo 26 horas) en Valencia, la Misa conclusiva del Encuentro Mundial de las Familias. Se calcula que en esta Eucaristía participó más de un millón de personas.
Al momento de la consagración el Papa utilizó el llamado Santo Grial, una de las más antiguas reliquias de la cristiandad, documentada desde los primeros siglos por los historiadores. Se trataría del cáliz empleado por Jesucristo durante la Última Cena.
Al final del encuentro, Benedicto XVI encomendó a todas las familias a la Sagrada Familia de Nazaret.

El Observador, Redacción

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La ciudad de México será sede del Encuentro Mundial de las Familias en 2009

Benedicto XVI ha designado ya la sede del próximo Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará en 2009.
El Papa reveló: «Ahora tengo el gozo de anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias se celebrará el año 2009 en la ciudad de México».
«A la amada Iglesia que peregrina en la noble Nación mexicana y en la persona del Señor cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de aquella ciudad, expreso ya desde ahora mi gratitud por su disponibilidad».

Zenit-El Observador

EL OBSERVADOR 575-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Un país grande, lleno de futuro
Por Jaime Septién


El gran escritor alemán Goethe decía que cuando alguien empezaba a hablar de la muerte de la nación, él se ponía a bostezar de aburrimiento porque sabía que lo que le estaban contando sólo era una serie de frases rimbombantes. Sin embargo, si se enteraba que la casa de al lado había ardido en un incendio, entonces dormía mal y lleno de preocupaciones, porque eso sí lo consideraba una auténtica tragedia.

Me pasa algo similar, ahora que tanto escucho que mi patria, que México está «partido en dos» y que están dadas las condiciones de una guerra fratricida. Me da la impresión de un grande engaño, un instinto de políticos que quieren agarrar hueso a toda costa... Para un servidor, como para Goethe, la tragedia es que la gente del barrio contiguo al mío no tenga cómo alimentarse bien, cómo educar en las virtudes ciudadanas a sus hijos, cómo cubrirse del frío, tomar agua limpia, acceder a servicios de salud calificados, esparcirse sanamente, poder gozar de los bienes superiores de la cultura…

Nada está perdido. El tema de la unidad, la reconciliación nacional y el trabajo conjunto deben imperar sobre el desorden, la querella o el desánimo. La patria está vivísima en cada uno de sus hijos, sobre todo en cada uno de aquellos que quieran dar lo mejor de sí mismos para el bien de los demás. Mientras haya un mexicano dispuesto a jugarse el pellejo por el bien de los otros, la llama de la esperanza permanecerá encendida. Si somos millones los mexicanos con esa amplitud de miras, una gran luz iluminará el vasto territorio del país.

Hoy más que nunca tenemos que hacer oídos sordos a quienes vienen con el cuento de que el abismo es un destino propio de los mexicanos; que las grandes movilizaciones y guerras de los años 10 están a la vuelta de la esquina y que lo mejor que podemos ir haciendo es preparar la fuga, puesto que no seremos capaces de ponernos de acuerdo en las cuestiones elementales de la vida en común. Falso de toda falsedad. Los casi 200 años de México independiente muestran a las claras que somos un país muy rico y muy listo para superar todo tipo de incertidumbres.

Cuando unimos objetivos, la verdad, somos uno de los mejores pueblos del planeta. Cuando nos olvidamos de la solidaridad esencial y la cambiamos por el México bronco de los taimados y los agoreros de la violencia, somos un pueblo perdido. La moneda está en nuestras manos. Podemos usarla para construir una patria más justa, o podemos usarla para comprar baratijas y sumergirnos en el peor de todos los ambientes: la desconfianza entre nosotros mismos.

EL OBSERVADOR 575-2

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¿CÓOOMO DIJO?
El costo de la corrupción

Cuando uno presenta su credencial de elector —su «IFE», le llaman los jóvenes— en Europa, por ejemplo, los receptores se quedan atónitos
: ¿por qué tantas marcas, señas, hologramas, candados y códigos en un pedazo de plástico que, encima, trae la foto del portador?
La respuesta es muy sencilla: por la desconfianza que traemos arrastrando los mexicanos con respecto a los otros mexicanos, tras muchas décadas de corrupción y latrocinio electorales. Desde el año 2000 las elecciones comenzaron a ser creíbles. Antes, no. La de 1988 fue paradigmática en cuanto al fraude. Pero 1988 no es 2006, ni remotamente.

El gasto tremendo que hemos hecho, las elecciones más caras del mundo, son «fruto» de esta ecuación de horrores del pasado: corrupción del voto+dinero=triunfo electoral. El voto se convirtió en mercancía. Y las instituciones electorales en una especie de banco con bóvedas de seguridad para que los ladrones no entraran a hacer de las suyas. Sin embargo, a Dios gracias, los ladrones ya emigraron o están en vías de emigrar.

Antes del 2000 los votos presidenciales tenían un alto componente de desconfianza ciudadana. ¿Para qué votamos —decíamos— si ya sabemos quién va a ganar? Los tiempos han cambiado, vertiginosamente. Hemos madurado y estamos madurando frente a la adversidad.

Entendemos el peso de la sospecha («el sospechosismo», diría un clásico); el terrible peso de la corrupción. Lo que no se puede entender es que alguien que la conoce desde dentro, quiera seguir lucrando —políticamente—a través de ella. Y, lo que es peor, quitándole importancia a la visión social de la democracia que —como contrapeso a las ansias neoliberales de gran cantidad de personas— le haría muchísima falta a México.

El 2012 está a la vuelta de la esquina: la democracia requiere visión social. «Primero los pobres» no es un eslogan: es la opción preferencial que la Iglesia católica nos ha puesto a todos sus hijos como obligación. Y el día de mañana necesitamos partidos sólidos que defiendan a los pobres, que no caigan en el mismo juego de la corrupción que —ésa sí— nos ha empobrecido moral y materialmente por años. Y menos en la desconfianza o en la gresca.

EL OBSERVADOR 575-3

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PINCELADAS
El día más feliz
Por el P. Justo López Melús


El beato Pedro Ruiz de los Paños cuenta la conversación que tuvo, siendo seminarista de Toledo, con sus amigos Ignacio y Miguel. Discutían cuál sería el día más feliz de la vida. Uno de ellos opinó que era el día de la Primera Comunión. Pedro dijo que era el día de su primera Misa. El tercero dijo: «En esos días Jesucristo se nos da a nosotros. Para mí hay otro día que vale más, cuando nosotros le damos a él: el día del martirio». Más tarde éste fue el día más grande para don Pedro también.

Bajando el listón, unos sevillanos discutían qué suceso les haría más felices. Unos preferían viajar, otros ser ricos, otros una «aventurilla»... Otro, fanático del Betis, el equipo de futbol rival del Sevilla, no dudó: «Yo sería feliz si el Sevilla baja a tercera división». No dijo: si el Betis gana la Copa o la Liga, sino el ver al Sevilla en tercera. Otro del Betis, estando para morir, se apuntó al Sevilla, para que la esquela dijera que había muerto un socio del Sevilla.

EL OBSERVADOR 575-4

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JÓVENES
«Yo no la tomo...»
Por el P. Fernando Pascual


La escena vale para todos los jóvenes del mundo. El papa Benedicto XVI se encontraba de viaje en Polonia. El sábado 27 de mayo de 2006 le dieron un libro con 30 mil firmas de jóvenes polacos. ¿Qué había en ese libro?

Al día siguiente, domingo, el Papa revelaba el misterio. Después de celebrar la Misa comentó que el libro que le habían regalado el día anterior iniciaba con esta declaración: «Yo no la tomo; estoy libre de la droga».

El Papa, desde su corazón, sintió la necesidad de añadir algo que pudiese animar a los jóvenes que firmaron esa declaración, y a tantos otros millones de jóvenes de todo el mundo. «Como un padre, os pido: sed fieles a esta declaración. Está en juego vuestra vida y vuestra libertad. No os dejéis subyugar por las ilusiones de este mundo».

El gran engaño de la droga consiste en crear ilusiones: de placer, de plenitud, de independencia, de "madurez", de alegría desbordante. Todo parece tan fácil: una inyección, una pastilla, respirar o fumar algo de humo... Se desatan las sensaciones, se superan los cansancios y las tristezas, se experimentan placeres desbocados...

Mientras, el cuerpo cede, poco a poco, ante los efectos dañinos de la droga. Efectos lentos, a veces casi imperceptibles. Efectos por eso peligrosos, porque uno cree que no pasa nada, a veces engañado por «estudios científicos» que dicen que estas sustancias son inocuas...

También el espíritu, el corazón, la voluntad, quedan desgarrados, quedan heridos, al someterse a efectos de sustancias químicas (también el alcohol y el tabaco tomados en exceso son «drogas») que debilitan la conciencia, que impiden pensar con madurez, que desatan pasiones que llevan a realizar actos de los que luego uno se arrepiente profundamente.

Ante la droga está en juego, nos lo dice el Papa, la vida y la libertad de cada joven y de cada adulto. Dos grandes tesoros que tenemos no para buscar egoísticamente los placeres del instante, sino para servir, para dar, para construir un mundo más justo, una familia más unida, un grupo de amigos más generoso, un ambiente de trabajo lleno de respeto y ayuda mutua.

«Yo no la tomo»: todos podríamos repetir esta frase. No queremos tomar drogas. Porque nuestras vidas son libres, porque buscamos alegrías que no dañan, porque queremos emplear nuestras energías de jóvenes o de personas maduras en el servicio, en el amor, en la entrega sincera, completa, a quienes viven a nuestro lado.

EL OBSERVADOR 575-5

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MIRADA JOVEN
Cada vez más discriminación
Por María Velázquez Dorantes

Los actos, el vocabulario, las formas de expresión, las miradas y los gestos de la intolerancia y la falta de respeto por los demás se han convertido en un estigma de las «nuevas civilizaciones»; se vive un momento en el que cada vez se hace más constante el discriminar a los otros, ya sea por el color de piel, por la raza, la forma de pensar, las nacionalidades... También se discrimina a las personas enfermas (de SIDA, de epilepsia o, incluso, de cáncer). La injustificable discriminación hoy se hace más general, más retrograda y más salvaje.

La discriminación es una forma de violencia que ejercen aquéllos que insisten en dividir a la sociedad en clases sociales, y transformarse en personas clasistas tanto de género como de estatus económico; el dicho de «tanto tienes, tanto vales» se apropia cada vez más de jóvenes y adultos que no involucran una capacidad de pensamiento que vaya más allá del egoísmo, de la idolatría del propio hombre.

El dinero como generador de posición social ha hecho de la discriminación un arma letal en nuestro contexto. Pero la discriminación no es nueva para México, es más bien una constante que ha transformado la cultura y el pensamiento del mexicano. Y este fenómeno no sólo radica en nuestro país, sino en todos los países.

Urge la construcción intrínseca del alma, que se manifiesta extrísicamente en la aceptación total de todos y cada uno de los seres humanos.

EL OBSERVADOR 575-6

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RESUELVE TUS DUDAS
Acerca de las imágenes

Pregunta:
¿Qué la Biblia no dice que no hagamos imágenes a las que adoremos? Si eso es verdad,¿por qué hay tantas imágenes y estatuas en los templos?
Ana.

Respuesta: La prohibición de hacer imágenes que aparece en la Biblia no se refiere a hacer imágenes en sí, sino a que a esas imágenes se les considere como Dios y se les adore. Hay que recordar que en aquel entonces era común la adoración de ídolos (idolatría) de fabricación humana, y eso es lo que Dios quiere evitar. En el mismo párrafo en el que prohíbe la fabricación de imágenes, la Biblia agrega: No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo, Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso (Exodo 20, 5). Tenemos prueba de esto cuando el mismo Moisés, por órdenes de Dios, fabrica imágenes de querubines para adornar el Arca de la Alianza, y una serpiente de bronce para curar a los mordidos por serpientes (Éxodo 25, 18; Números 21, 8).

Las imágenes en la doctrina de la Iglesia no pretenden ser Dios. Su función es recordarnos pasajes de la Biblia que son importantes para nuestro crecimiento —comenzando por la crucifixión—, o a personajes de vida digna de imitación a quienes rendimos respeto, admiración y cariño. Incluso nos arrodillamos ante ellas en una actitud de respetuosa veneración, no dirigida a la imagen, sino a la persona que representa, sin que esto signifique que se le adora como a Dios. Las imágenes nos ayudan a concentrarnos en la oración y a recordar las virtudes de los santos y su intercesión por nosotros. Si aplicáramos literalmente este mandamiento de la Biblia, no podríamos tener tampoco retratos de nuestros seres queridos, ni de personajes célebres.

Naturalmente, en casos de ignorancia religiosa, el uso de imágenes se puede prestar a la idolatría, pero en ese caso la culpa no es del uso de imágenes, sino de la ignorancia.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 575-7

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La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos
Extracto de la homilía del Papa en la Misa de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias, celebrada el domingo pasado

Los testimonios de Ester y Pablo, que hemos escuchado en las lecturas, muestran cómo la familia está llamada a colaborar en la transmisión de la fe. Ester confiesa: «Mi padre me ha contado que Tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones» (14,5). Pablo sigue la tradición de sus antepasados judíos dando culto a Dios con conciencia pura. Alaba la fe sincera de Timoteo y le recuerda «esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú» (2 Tm 1,5). En estos testimonios bíblicos la familia comprende no sólo a padres e hijos, sino también a los abuelos y antepasados. La familia se nos muestra así como una comunidad de generaciones y garante de un patrimonio de tradiciones.

Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás. La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.
En el origen de todo hombre y, por tanto, en toda paternidad y maternidad humana está presente Dios Creador. Por eso los esposos deben acoger al niño que les nace como hijo no sólo suyo, sino también de Dios, que lo ama por sí mismo y lo llama a la filiación divina. Más aún: toda generación, toda paternidad y maternidad, toda familia tiene su principio en Dios.

A Ester su padre le había trasmitido, con la memoria de sus antepasados y de su pueblo, la de un Dios del que todos proceden y al que todos están llamados a responder. La memoria de Dios Padre que ha elegido a su pueblo y que actúa en la historia para nuestra salvación. La memoria de este Padre ilumina la identidad más profunda de los hombres: de dónde venimos, quiénes somos y cuán grande es nuestra dignidad. Venimos ciertamente de nuestros padres y somos sus hijos, pero también venimos de Dios, que nos ha creado a su imagen y nos ha llamado a ser sus hijos. Por eso, en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto del amor de Dios.

La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad.

La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar.
En la cultura actual se exalta muy a menudo la libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como si se hiciera él sólo y se bastara a sí mismo. Se intenta organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos y mudables, sin referencia alguna a una verdad objetiva.

La Iglesia no cesa de recordar que la verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana es educación de la libertad y para la libertad. Nosotros hacemos el bien no como esclavos, que no son libres de obrar de otra manera, sino porque amamos la verdad y el bien, porque amamos a Dios mismo y, por tanto, también a sus criaturas.

EL OBSERVADOR 575-8

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Francisco Canals Vidal (1922 - )
Por Sebastián Sánchez / Argentina


Filósofo español, catedrático emérito de metafísica de la Universidad de Barcelona. Es doctor en Filosofía, Derecho y Teología. Formado en la filosofía tomista, Canals ha publicado escritos políticos, históricos, filosóficos y teológicos. Su obra y su testimonio personal han fructificado de modo tal que toda una generación de discípulos suyos ha sido formada en el espíritu de la Iglesia de Cristo y en la filosofía eterna.

Miembro del apostolado seglar católico desde 1944, Canals fue parte de la Schola Cordis Iesu, creada por su maestro, el P. Ramón Orlandis Despuig (1873-1958). Asimismo, desde su fundación fue redactor de la revista Cristiandad, consagrada a combatir el naturalismo inmanentista y el liberalismo. En 1981 fue elegido presidente de la sección española de la SITA (Sociedad Internacional Tomás de Aquino).

Mencionamos sólo algunas de sus obras: Cristianismo y Revolución (1956), En torno al diálogo católico-protestante (1966), Para una fundamentación de la Metafísica (1968), Diccionario Biográfico Español Contemporáneo (1970) Textos de los grandes filósofos: Edad Media (1975), Historia de la Filosofía Medieval (1976), Política española: pasado y futuro (1977), Cuestiones de fundamentación (1981), Sobre la esencia del conocimiento (1987), Sant Tomàs d'Aquino: antologia metafisica (1991), La tradición catalana en el siglo XVIII: ante el absolutismo y la ilustración (1995). En su último libro, Mundo histórico y Reino de Dios (2005), Canals sintetiza cierta reflexión teológica sobre la historia, oportunamente comprendida a través de su ya mencionado maestro, el jesuita Ramón Orlandis.
Reproducimos aquí un magnífico fragmento de su libro Política española: pasado y futuro, en el que, tras señalar el error moderno de vivir «como si Dios no existiera», presenta el más grande de los remedios: restaurar el reinado del Sagrado Corazón de Jesús.

«El modo contemporáneo de 'dar coces contra el aguijón', rehusando aceptar el don de Dios, se realiza en el sobrevalorar la inquietud y la tensión. El mundo, que nos promete la paz que no puede darnos, termina por maldecir la paz como un conformismo estático que quitaría sentido a la vida. Para rehusar el don de Dios decimos a veces: 'no hay camino'. Ignoramos a Cristo, CAMINO, VERDAD Y VIDA. El mundo se distrae así y evita reconocer que 'nos hemos extraviado, y hay que volver al camino', como proclamó Pío XII. Pero sigue clamando por la paz y gritando la protesta y la desesperación por su inquietud insatisfecha. Si renunciamos a la hipocresía y convencionalismo superficial, casi al nivel de una moda literaria, que tantas veces coarta nuestro testimonio cristiano, nos encontraremos connaturalmente en situación de afirmar con humilde seguridad que sólo en el ambiente de la fe cristiana se puede comprender al hombre de nuestro tiempo. Nuestro corazón está inquieto con la inquietud que confesó San Agustín; con la indigencia y sed del rocío divino que clamaban los salmos. Para vivir como hombres estamos necesitados de que nuestra cotidianidad, nuestra convivencia doméstica y nuestro cuidado y tarea diaria, nuestra soledad errante entre lo público, sean bajo la mirada y la mano poderosa de nuestro Dios personal y paterno. Tenemos necesidad 'de un corazón ardiente de ternura, con el que nos sintamos día y noche, de corazón a corazón, en convivencia y diálogo'».

EL OBSERVADOR 575-9

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COMUNICACIÓN
La verdadera vocación de la prensa
Por el P. Fernando Pascual

Dos escenas en un mismo país:

Primera escena: un miércoles cientos de personas participan en una manifestación autorizada. Algunos manifestantes compran miles de copias de un famoso periódico. En una plaza habilitada para hacer barbacoas, y con las «normales» medidas de precaución para estos casos, incendian esas copias. Además, gritan slogans agresivos contra ese periódico, como señal de rabia, de disconformidad, de rebeldía.

Segunda escena: ese mismo miércoles han sido citadas ocho mujeres en una clínica famosa. Van para lo mismo: un aborto. Todo se realizará de acuerdo con la ley, en el respeto de las normas «higiénicas» establecidas por organismos nacionales e internacionales que supervisan este tipo de «operaciones».

¿Cuál de las dos escenas nos preocupa más? ¿Es más grave quemar periódicos o abortar hijos? Estamos seguros al cien por ciento de que la primera noticia aparecería en la televisión, la radio, los otros periódicos, el periódico cuyo nombre ha sido insultado y «quemado», con grandes titulares, con editoriales, con señales de preocupación.

Escucharíamos comentarios de este estilo: «ataque a la libertad de prensa», «la vuelta de las hogueras», «la intolerancia reaparece», «¿ha resucitado la Inquisición con su afán por quemar libros?» o cosas parecidas. Los periodistas verían en ese incendio un gesto sumamente grave, un peligro a la libertad de expresión. Levantarían las plumas para defenderse con todas sus armas. Darían a la noticia una importancia mayúscula.

La eliminación de los ocho hijos, sin embargo, sería vista como un hecho rutinario. Todos los miércoles la clínica «X» realiza abortos «legales». La gente lo sabe, no es noticia. No interesa a los medios informativos, más preocupados por defender la libertad de prensa que por defender la vida de los que el día de mañana podrían expresar sus opiniones.

El periodismo no debería convertirse en una profesión encerrada en la defensa de sus propios intereses. Es cierto que no nos extraña que, cuando asesinan a un periodista, todos los medios den amplio espacio a la noticia. Pero sí nos extraña que se silencie, casi sistemáticamente, el que se eliminen otras vidas humanas. Como las vidas de los hijos no nacidos.

Se nos dice, y es una triste realidad, que el aborto está regulado por leyes democráticas, leyes que en realidad son inicuas, pues van contra la defensa del derecho básico para que se dé un mínimo de justicia: el derecho a la vida. No porque el aborto sea legal deja de ser siempre un crimen de guante blanco, algo que hiere la dignidad de tantas mujeres que esperaban apoyo en su embarazo y que se han encontrado con indiferencias y con presiones de todo tipo para que abortasen cuanto antes.

La prensa ha nacido para defender valores muy altos. El primero de ellos, no lo olvidemos, es el de la justicia. Una justicia que vale también para los embriones, para los hijos más pequeños. Una justicia que hay que promover para que este mundo abra las puertas del amor y del respeto a los más indefensos y pobres, a los más pequeños y desamparados, a los hijos y a sus madres necesitadas de apoyo social, económico, sanitario. En ningún país debería ser más fácil abortar que tener un parto seguro. Lo contrario no es señal de civilización, sino de barbarie.

Defender la libertad de prensa es un gesto importante que no podemos dejar de lado. Hay que defenderla para que la prensa promueva altos valores, busque construir un mundo más justo, denuncie abusos y desprecios a la vida humana. Será entonces una prensa solidaria y buena, porque nos abrirá los ojos ante tantos dramas humanos, como el del aborto, muchas veces olvidados.

EL OBSERVADOR 575-10

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FIN

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