El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
23 de julio de 2006 No.576

SUMARIO

bulletCOLUMNA INVITADA - Miedo ante la inmadurez política
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La televisión es una mala maestra
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Sobre la charlatanería
bulletAlgo de coherencia
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Mi marido me dejó con tres hijos
bulletPINCELADAS - Las ediciones invisibles
bulletREPORTAJE - Adopciones espirituales de los no nacidos, ¿cómo hacerlas?
bulletJÓVENES - ¿Hasta cuándo debes obedecer a tus padres?
bulletFamilias en misión, la nueva avanzada de la Iglesia
bulletEl poder de los dones espirituales
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - La relación entre Biblia y moral

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COLUMNA INVITADA
Miedo ante la inmadurez política
Antonio Maza Pereda

Tengo miedo. Es algo fuerte decirlo, pero es verdad. Me avergüenza tener miedo, pero así es. A mi edad, con mi carácter, habiendo visto algunas cosas, no debería tener miedo, o por lo menos lo debería dominar mejor. No, ahora tengo miedo. Temo por nuestro país. Es, por supuesto, el miedo que me da la situación que estamos viviendo. Déjeme explicarme.

No me dan miedo quienes son los principales contendientes. O, mejor dicho, no me darían miedo sus ideas o criterios si tuviera total confianza en que los políticos, todos los políticos, aceptaran la Ley sin condiciones. Porque la Ley, así con mayúscula, es un medio para protegernos de la arbitrariedad. Y aunque fueran malas o equivocadas, la misma Ley prevé un modo ordenado para hacer cambios.

Me da miedo, también, el resultado de las elecciones, por lo que indican de división que vivimos en este país. Una división, nos presentan los medios, muy marcada entre el norte y el sur del país. ¿Es así? ¿Nos encaminamos a una situación como la que hubo en la Guerra fría, donde los países se dividían en Corea del Norte y Corea del Sur, Vietnam del Norte y del Sur y otros más, como Yemen, Irlanda, y Alemania? Países divididos, frecuentemente en conflicto. ¿Vamos para allá?

El triunfo de la mercadotecnia

Por otro lado, ¿Es real esa división? En la mayor parte de los Estados, la diferencia en votos fue pequeña: solo en unos pocos la parte ganadora lo hizo aplastantemente; en la mayoría hubo votaciones divididas. Además, ¿Es claro por qué se estaba votando? ¿Realmente la mayoría de la gente votabamos por un modelo de Nación claramente definido? Difícilmente. No hubo una buena argumentación en términos de un proyecto de nación. Se promovieron, usando la mercadotecnia, personalidades más o menos simpáticas o que nos presentaron así; ofertas de mejores ingresos, ideas para agradar a una cierta clientela que se buscaba atraer para el voto. Fue el triunfo de la mercadotecnia, con sus técnicas para la promoción de los productos, sobre el razonamiento político. Se apeló a los sentimientos, raramente a la razón. Y nosotros dejamos que fuera así. No pedimos, no exigimos a los candidatos que nos dieran razonamientos. No, no digo que tengamos la culpa. Digo que décadas de dominio de los medios de comunicación han hecho muy poco por nuestra capacidad de razonar y de entender la política, y mucho por hacer que tomemos decisiones mediante la emoción, el sentimiento, la simpatía o antipatía.

La misión de los católicos

¿Qué hacer? En particular, como católico, ¿qué me toca hacer? Justo en estas semanas postelectorales, el evangelio dominical contaba el pasaje donde Jesús y sus apóstoles se encuentran en medio de una tempestad, y están en peligro de hundirse. Así me siento así. Esta frágil barca que es México, se ve al borde del desastre y parece que Jesús duerme. Y yo, angustiado como los apóstoles, le grito a Jesús: "¿No ves que nos hundimos?" Y, como a los apóstoles, Jesús me dice: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué temes?" Es cierto. No nos pasará más que lo que Dios quiere que ocurra. Y será para nuestro bien, tal vez no en el corto plazo, pero sí para el largo plazo. Pero, por supuesto, esto no nos quita la responsabilidad de hacer algo, o mucho, para que nuestro México adquiera una madurez política. Empezando por nosotros mismos.

EL OBSERVADOR 576-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La televisión es una mala maestra
Por Jaime Septién


Cuando el cineasta italiano Federico Fellini decía que "la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural", estaba diciendo una cosa muy sería: que nuestro icono del siglo XX y de principios del XXI, ha actuado a contra corriente de los intereses de libertad, solidaridad y bien común, que son los pilares de una civilización y, por ende, de una sociedad democrática.

El Papa Juan Pablo ll –al referirse al poderío acumulado de los medios de comunicación—se preguntaba: "¿Puede concebirse que un campo tan delicado (un campo que está delineando una nueva cultura, decía antes el Santo Padre) permanezca desprovisto de reglas y de equilibradas orientaciones éticas y morales?"

La respuesta sería: obviamente no. Sin embargo lo está, Las reglas son mínimas y, en la mayoría de los casos, en acuerdo, cuando no en connivencia, con los intereses comerciales de la televisoras. Por lo mismo, los equilibrios, las orientaciones éticas y morales pasan de puntillas por la pantalla. Como en los llamados "legales" de los anuncios publicitarios, donde a cien por hora el locutor avisa que este producto puede ser dañino para la salud o que este sorteo tiene permiso de Gobernación…

La pregunta que hacía el Papa sigue siendo válida aquí y ahora, tiempo después de haberse formulado: ¿qué tiene la televisión que los estados –y no sólo el Estado mexicano, aunque éste ha sido un verdadero lacayo de la industria de la radiodifusión—se inclinan ante sus exigencias y legislan a favor de su libertad irrestricta de comercio, en contra del equilibrio moral y ético de los ciudadanos y de las familias?

Tiene una cosa muy importante: poder. Del cuarto ha pasado al segundo y, quizá, ya sea el primero de los poderes de la sociedad actual. Solamente si algo pasa en la televisión ese "algo" es verdadero. Una persona que "se la rajó" trabajando por los más pobres durante 60 años, no tiene la menor importancia si no fue, alguna ocasión, entrevistado por López Dóriga. Otro que apenas si movió un dedo, pero lo hizo de frente a las cámaras, ya se ganó el mote de filántropo…

Y esto es un lastre para la vida de las sociedades. El filósofo inglés, sir Karl R. Popper escribió que "una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión" que "se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuese Dios mismo quien hablara. Y así será si seguimos permitiendo el abuso. Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder".

EL OBSERVADOR 576-2

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¿CÓOOMO DIJO?
Sobre la charlatanería

Si cerramos las puertas a todos los errores, la verdad también se quedará afuera. R. TAGORE

Acabo de aparecer un pequeño libro del filósofo estadounidense Harry G. Frankfurt que puede esclarecer mucho de lo que está pasando en México, en el llamado "conflicto postelectoral" desatado por la inconformidad del candidato a la presidencia de la República del PRD. Su título en inglés es intraducible: On Bullshit (quizá: Acerca la Charlatanería), pero el subtítulo de la edición en español (editorial Paidós, 2006) es inmejorable: "Sobre la manipulación de la Verdad".

En efecto, de eso trata el libro: de definir cómo la charlatanería es una flagrante manipulación de la verdad. No es la mentira, tampoco el ocultamiento. Ni siquiera es el engaño pueril mediante el cual una persona le quiere hacer tragar a la otra un producto exagerado de su imaginación. Es algo más sutil y, al mismo tiempo, más devastador. La esencia de la charlatanería, segur Frankfurt, se divide en dos: la ausencia de interés por la verdad y la indiferencia ante el modo de ser de las cosas.

El charlatán no es un hombre o una mujer que tergiverse la verdad, simplemente no le gusta contemplarla dentro de sus afirmaciones o dentro del mundo que pretende vender a los demás. Es alguien que está parado frente a la verdad, que la reconoce como tal, pero que no tiene por costumbre seguirla: la deja que se vaya, mirándola partir lejos de su presencia. Por ello, si la realidad le presenta un modo de ser de las cosas distinto al que considera "el más adecuado", el problema, para el charlatán, no es de él: es de la realidad (por no "ajustarse" a sus deseos).

Para quien se inscribe dentro de la "lógica de la charlatanería", el valor de verificación de sus palabras, de sus invectivas, de sus exabruptos (es decir, el valor que sustenta con hechos sus dichos), le tiene muy sin cuidado. Si un día presentó una "prueba" a favor de su causa y ésta resultó ser falsa, al día siguiente ni siquiera se tomará la molestia de refutar a sus detractores.

La charlatanería apuesta a la desmemoria de la gente: quien la ejerce, cree que tiene la suficiente habilidad y carisma para que nadie le venga a importunar con asuntos tan deleznables como, por ejemplo, la verosimilitud de sus "pruebas", la contundencia de sus "reclamos" o la veracidad de sus "humillaciones".

Cristo mismo la detestó. En ella vio la actitud de fondo de los fariseos. Y los llamó, con justicia, "sepulcros blanqueados"; gente que prefiere la dureza de sus leyes a la acción caritativa. Los charlatanes están poniendo en peligro a la nación mexicana. Su reclamo no es por la verdad, a la que desprecian: su lucha tiene que ver con la erradicación del concepto cristiano de solidaridad para establecer el reino de la Única Idea Salvadora, cuyo portador es el Líder y cuyo despliegue nada tiene que ver con la historia común, sino con el deseo particular de mandato y redención laica.

EL OBSERVADOR 576-3

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Algo de coherencia
Por Walter Turnbull


«A ti te gusta hacer, pero no que te gusta que te hagan». Recuerdo haber oído esta frase muchas veces durante mi infancia, algunas veces contra mí y otras veces contra otros, y pienso que es una soberana perogrullada. Por supuesto que a todos nos gusta hacer pero no nos gusta que nos hagan (cosas malas, se entiende). Hasta la observación es tonta. Tan bonito que es empujar a un distraído y echarlo al agua, o pintarrajearle la mochila o robarle la torta, y tan feo que se siente que se lo hagan a uno. Sólo a un asceta no le gustaría hacer y sólo a un masoquista le gustaría que le hicieran. Pero esta conducta tan natural entre niños, es de esperarse que con el paso del tiempo vaya cambiando y, aunque siga uno teniendo las mismas apetencias, vaya desarrollando también la dignidad y el decoro necesarios para disimularlo. Es entonces cuando se inhabilita la frase anterior y en su lugar se aplica aquella de «el que se lleva, se aguanta». Es convivencia elemental. Lo patético es cuando se encuentra a un adulto que se quiere seguir comportando como niño, que le gusta hacer pero reclama airadamente cuando otros le hacen. Es una de las más lastimosas manifestaciones de lo que se conoce como infantilismo, falta de madurez.

La política debería ser un juego para adultos. Todos podemos tener diferentes propuestas o preferencias, pero nadie puede ir por ahí fingiendo que no ve y que no oye, como un niño o un adolescente en medio de un berrinche. No puedes, por ejemplo, prometer que tu campaña va a ser austera y tomarte media hora diaria de televisión durante cinco años y más de dos horas durante las campañas oficiales, y luego decir que tus enemigos gastan mucho en medios. No puedes tener colaboradores comprobadamente corruptos y luego alegar corrupción de tus adversarios. No puedes hablar de una elección de estado y llevar acarreados a tus mítines y como representantes en las casillas. No puedes decirle al pueblo que todos sus males son culpa de los empresarios y de los de ultraderecha (léase católicos) y de los pirrurris, y luego enojarte porque el otro dice que tú eres un peligro. No puedes atacar sin ninguna mesura al presidente de México y esperar que ponga la otra mejilla como si fuera Gandhi. No puedes andar inventando fraudes sin ninguna prueba y luego hablar de guerra sucia. No puedes quejarte de irregularidades porque el IFE publicó los números fríos del resultado del recuento y luego andar diciendo, en franca violación de la ley, que tú ganaste, como si fuera un hecho comprobado. No podemos pedir que alguien comparta nuestros valores o nuestras estimaciones sobre el futuro, pero sí podemos exigir un poquito de coherencia, de seriedad y de mesura. El pueblo no come de chistes, de sonrisitas socarronas y de novelas, y para muestra tenemos a Cuba.

Ahora, el representante de la izquierda nos vende protección: o me dan el triunfo por las buenas o yo organizo un golpe de estado: «hasta donde el pueblo quiera»; y llama «traidor a la democracia» al presidente. En su camino a las elecciones ha ido construyendo pretextos: es que se metió la Iglesia, es que se metió el presidente, es que se metieron los empresarios, es que el IFE está vendido, es que el TRIFE está vendido, es que la Suprema Corte de Justicia está vendida, es que mis representantes de casilla se vendieron, es que Salinas y Zedillo se metieron... no importa cuán claros sean los hechos, siempre habrá un pretexto más añejo al cual achacar la invalidez de las elecciones. La estrategia es convocar a otras elecciones con la esperanza de esta vez sí ganarlas, o comprar tiempo mientras se le ocurre alguna otra argucia. Y mientras, sigue promoviendo la desconfianza y la insurrección, esperando que esas segundas elecciones ni siquiera sean necesarias.

¿Podemos confiar en la izquierda a pesar de sus sonados y abundantísimos fracasos a todo lo largo y ancho de la historia? Algunos dicen que sí, y se escudan en la España de Felipe González (¿Ah, qué Felipe González era de izquierda?) o en la Francia de Francoise Miterrand. Tal vez, cuando la izquierda mexicana sea como la de Francia, cuando México sea como Francia. Por ahora, con todo rejpeto a los izquierdistas, su candidato los ha hecho quedar pésimamente mal.

EL OBSERVADOR 576-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Mi marido me dejó con tres hijos
Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA
Estoy pasando por una situación un poco complicada. Mi marido me dejó con tres chiquitos hermosos que para mí son lo máximo, pero el diablo esta metidísimo en mi familia y nos logró separar. Todo iba bien hasta que entró a trabajar a una tienda donde encontró muchas mujeres que lo invitaban a fiestas cada fin de semana. Él no tenía ningún vicio, era muy sano, pero se dejó arrastrar por la diversión y le aumento de volumen a su relajo al grado de abandonarnos, y de ser un padre muy responsable y cariñoso con sus hijos pasó a ser a un padre que ya no los toleraba porque quería dormir después de no hacerlo por irse a sus fiestas. Ya no vive conmigo. Yo quiero recuperar a mi familia porque él es no es malo, nunca me trató mal, ni a sus hijos, sólo esta muy desorientado. Por obvias razones entré a trabajar y ahora mis hijos están muy tristes y no sé cómo ayudarlos. Yo les dedico toda la tarde y los fines de semana, pero no es suficiente: extrañan a su papa y le han dicho que ya se van a portar bien pero que regrese a la casa y ni eso lo conmueve. Yo les he dicho que no es su culpa, que estamos arreglando nuestra casa para que esté bonita y que después vamos a regresar, porque ahora vivo con mi mamá que me está ayudando. Necesito una orientación para saber cómo manejar la situación lo mejor posible sin dañar a nadie. Yo tengo fe en que se va a arreglar y que vamos hacer la familia feliz que éramos, que sólo es cuestión de tiempo y rezo mucho por mi marido para que reaccione pronto porque no soporto ver a mis hijos así. Ayúdame, te lo voy agradecer mucho.


RESPUESTA
Entiendo que para ti sea incomprensible este cambio de tu marido. Probablemente, si él se sometiera a una terapia psicológica, se encontrarían algunos antecedentes en la infancia y se verían algunas posibles causas de esa inmadurez emocional que le hace echar por la borda sus compromisos familiares. Quizá él tanga también algo que decir respecto al matrimonio, problemas no resueltos entre ustedes; pero evidentemente el mejor camino no es irse, sino que había que haberlo enfrentado y hacer lo necesario para resolverlo. Por supuesto, no hay que dejar de lado la debilidad de tu esposo frente a las tentaciones, lo que tal vez indica que ha descuidado su vida espiritual.

Sin embargo, pese a todos los problemas que pueda tener tu marido, en su pasado o en su presente, tú no puedes cambiarlo. No está en tus manos sanarlo o lograr que comprenda lo que es correcto y lo que no. Lo que sí depende de ti es lo que hagas contigo misma y con tus hijos.

Qué bueno que cuentas con el apoyo de tu mamá. Tal vez también necesitas orientación legal para lograr que tu marido les pase una pensión y tenga fechas para ver a sus hijos. En el DIF te pueden ayudar con esto. Habría sido mejor que tú te quedaras en la casa, para que tus hijos no cambiaran de ambiente, pero debe haber buenas razones para que no haya ocurrido así. Él es tu esposo hasta que la muerte los separe, y me parece bien que desees recuperar a tu familia; pero mientras esto sucede, si es que ocurre, es importante que tú y tus hijos estén legalmente protegidos.

No puedes vivir en función de un futuro que no sabemos si llegará. Nadie puede asegurarte que tu marido va a reaccionar y a luchar por reintegrar a su familia. Tampoco podemos asegurar lo contrario. Mientras, tú tienes que vivir el presente, y en este presente, es necesario que construyas un hogar para ti y para tus hijos. Un hogar luminoso, lleno de amor y feliz, aunque él no esté.

No consueles a tus hijos con la ilusión de que van a estar de nuevo juntos, porque si eso no ocurre les estarías mintiendo. Al menos en ti deberían poder confiar. Otro punto importante y urgente es que necesitas hablar con ellos y dejarles muy claro que no son responsables de que su papá los haya dejado. Esto que le han dicho de que se van a portar bien es terrible, significa que están cargando con la responsabilidad por los actos de su papá. Él no los dejó porque se portaran mal, sino porque tomó decisiones equivocadas en sus vidas. Ya les has dicho que no es su culpa, pero hay que insistir en esto. A los niños, de modo adecuado a su edad, diles la verdad: que su papá los quiere, pero que en este momento está confundido y por eso no está con ustedes. Qué tú no sabes qué va a pasar, pero que tú y ellos van a estar bien de todos modos. Puedes invitarlos a pedirle a Dios por su papá, pero hay que tener cuidado, porque si ellos piden insistentemente que vuelvan a estar juntos y eso no ocurre, podrían tener dudas respecto al amor de Dios. Es mejor que pidan por su papá, así, en general. Tú sí puedes ser más específica, pero no olvides nunca que Dios no pasa por encima de la libertad humana, y que puede tocar el corazón de tu marido, pero él puede decirle que no.

Conserva el ánimo, de nada sirve a tus hijos tener, aparte de todo, a una madre triste o desesperada. Mantente firme en tu vida espiritual. Pase lo que pase, nadie puede arrebatarte la paz y el gozo de los hijos de Dios.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador.

EL OBSERVADOR 576-5

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PINCELADAS
Las ediciones invisibles
Por el P. Justo López Melús

n sabio de la escuela Zen se comprometió a imprimir en japonés siete mil ejemplares de unas oraciones que sólo existían en chino. Recorrió el Japón recaudando fondos. Al cabo de diez años había recaudado lo suficiente. Pero entonces se desbordó un río y dejó en la miseria a miles de personas. Entonces empleó todo el dinero que había recogido en ayudar a aquellas pobres gentes.

De nuevo comenzó a recoger fondos, y en varios años reunió la suma necesaria. Pero entonces se desató una epidemia en el país y el sabio volvió a gastar todo el dinero en ayudar a la damnificación. Otra vez volvió a empezar de cero, y al cabo de veinte años pudo cumplir su propósito. Las planchas de aquella edición se conservan en un monasterio de Kyoto. Los japoneses cuentan a sus hijos que sacó tres ediciones de oraciones, pero que las dos primeras son invisibles y muy superiores a la tercera.

EL OBSERVADOR 576-6

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REPORTAJE
Adopciones espirituales de los no nacidos, ¿cómo hacerlas?

Ante el terrible genocidio, el arzobispo estadounidense Fulton J. Sheen (+1979) promovió el programa «Adopción Espiritual de un Niño por Nacer en Peligro de ser Abortado». La beata Teresa de Calcuta apoyó también esta iniciativa a la que cualquier cristiano se puede sumar.
Anualmente, a nivel mundial, más de 50 millones de bebés son abortados.
De cada cuatro embarazos uno termina en aborto.
Ante este genocidio monseñor Fulton J. Sheen, (Estados Unidos) promovió el programa «Adopción Espiritual de un Niño por Nacer en Peligro de ser Abortado».

¿En qué consiste el programa?

Los participantes del Programa de «Adopción Espiritual de un Niño por Nacer en Peligro de ser Abortado» se comprometen a orar diariamente, durante 9 meses, por un bebé a quien le han puesto un nombre a través de esta brevísima oración:
«Jesús, María y José: los amo mucho y les ruego que salven la vida de xxxxx (nombre que elijan para el bebé) que está por nacer. Lo he adoptado y está en peligro de ser abortado».
Aunque este bebé será desconocido para sus «padres espirituales», muchas personas reconocen que ponerle un nombre a «su niño» les ayuda a mantenerse enfocados en la realidad de que sus oraciones están ayudando a salvar al bebé (y a su madre) de la maldad del aborto.

¿Cuál es el propósito del programa?

+ Que en los colegios y comunidades parroquiales oren por los bebés que están en peligro de ser abortados.
+ Educar a los estudiantes y a los feligreses sobre el desarrollo prenatal, que los conducirá a valorar, respetar y defender la vida desde el momento de la concepción.
+ Proveer ayuda a madres necesitadas con donación de objetos para el bebé.

¿Quiénes pueden participar?
Feligreses, estudiantes, grupos de oración y cualquier persona que desee defender la vida y que esté dispuesta a orar por los bebés que están en peligro de ser abortados, por sus madres, padres y otros miembros de la familia.

¿Quiénes se benefician?

¡Todo el mundo! Sabemos que Dios responde a nuestras peticiones.
El efecto educacional del programa es benéfico para personas de todas las edades y todas las religiones.

¿Cómo desarrollar el programa?

El material necesario para desarrollar el programa puede descargarse en http://www.aciprensa.com/vida/adopcion.htm
Lo ideal es imprimir, para uno mismo y para aquellas personas a las que se quiera invitar al programa, el siguiente material:
+ Una estampa de la Virgen de Guadalupe, patrona de los niños por nacer, con la oración por el bebé.
+ Un certificado de adopción espiritual donde se anotará el nombre que llevará el bebé y la fecha de nacimiento (nueve meses desde de la fecha de adopción).
+ Una tarjeta desglosable del programa de adopción espiritual con el compromiso del participante y sus datos personales.

¿Cómo puedo formar un grupo en mi parroquia o escuela?

Primero que nada se requiere una explicación, en forma sencilla y motivadora, a las personas interesadas en el objetivo y desarrollo del programa.
Al comienzo del programa se hace un anuncio breve en el templo parroquial o en el colegio (en común acuerdo con su párroco o con el director del centro educativo) describiendo el programa. Las tarjetas con la oración por la vida se pueden distribuir cuando los feligreses entran o salen del templo. Por los 9 meses siguientes del programa se exhibe un cartel (se descargan en el mismo sitio de internet), uno por mes, referente al desarrollo del niño durante ese mes del embarazo, para educar y poder llegar a los corazones de las personas. Una breve descripción del desarrollo del niño conviene que sea incluida en el boletín dominical de la parroquia.

Lluvia de regalos

Al fin de los nueve meses, que es el fin del programa, se promueve un «baby shower» (lluvia de regalos) en el que los estudiantes del colegio o los miembros de la parroquia que se inscribieron en el programa de adopción espritial donan objetos para bebés, que luego llevan juntos a un centro local para mujeres embarazadas.
Si el programa se aplica en colegios, se pueden organizar durante ese periodo (9 meses) concursos de dibujos, o composiciones sobre el valor de la vida, o elaboración de obsequios para bebés: ropones, chambritas, mitones, colchitas, etc., para mantener la motivación y contar al final del programa con las donaciones suficientes para los bebés necesitados.

Fuentes: Aciprensa.com y Adopcionespiritual.org

EL OBSERVADOR 576-7

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JÓVENES
¿Hasta cuándo debes obedecer a tus padres?
Por el P. Jorge Loring, S.I. / Catholic.net

Honrar a los padres es obedecer, si se vive bajo su potestad, sus mandatos; mientras no manden lo que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 626). También asistirlos en sus necesidades y reverenciarlos con amor. «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 627).

En algunas traducciones del Evangelio hay una frase que puede entenderse mal. Dice Jesucristo: «El que no odia a sus padres no es digno de Mí». Hay que tener en cuenta que la palabra «odiar» en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano. En hebreo significa «tener en menos». Por lo tanto el sentido de la frase es: «El que antepone sus padres a Mí, no es digno de Mí».

La desobediencia a los padres es más grave cuando se trata de cosas relacionadas con el bien de nuestra alma : deberes religiosos, amistades, diversiones, etc.

La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no así el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre. Aunque sean viejos y achacosos, debes conservarles el respeto y el cariño. No seas jamás un hijo desagradecido. Todo lo que tienes, a ellos se lo debes. Dice la Biblia: «Cómo podrías pagarles lo que han hecho por ti?». Piensa en los pobres niños abandonados que no conocen a su padre, ni saben lo que es el cariño de una madre. A los padres no basta quererlos, hay que manifestárselo. No hay en el mundo amor más desinteresado que el de los padres: no es mucho pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de sus hijos.

Hoy se habla poco de obedecer a los padres. Incluso algunos hijos se creen que desobedeciendo dan muestras de independencia y personalidad. Es decir, que consideran la desobediencia como una valor. Esto es una equivocación. Esos mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que les aman, luego obedecen a los amigos, a las modas, o a sus caprichos que les tiranizan. Cambian de obediencia: la buena por la mala. Ser libre no es hacer lo que me da la gana. Ése es esclavo de sus caprichos. Libre es el que voluntariamente cumple con su deber. La persona más libre fue Jesucristo , que era Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre.

Hoy día es muy fácil que los hijos se contagien del espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada del ambiente. Todos somos testigos de casos de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra vez por padres experimentados y responsables, pero ellos prefieren «discurrir por su cuenta», para descubrir demasiado tarde lo que sus papás les predecían certeramente.

Por desgracia, son muchos los jóvenes que no quieren escuchar consejos. Semejante hostilidad de la gente joven hacia la autoridad paterna supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios de la experiencia.

EL OBSERVADOR 576-8

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Familias en misión, la nueva avanzada de la Iglesia
Javier Algara


Hasta hace poco, cuando un católico pensaba en las misiones normalmente pensaba en hombres de sotana blanca y sarakoff, con un crucifijo en la mano, que atravesaban impertérritos ríos poblados de cocodrilos para predicar a tribus primitivas, o en religiosas que solícitas curaban a niños enfermos en chozas de paja que servían de hospitales y enseñaban el catecismo en un claro de la selva. Sin embargo, el advenimiento de la aldea global, y los niveles económicos y condiciones de vida alcanzados por muchas naciones han hecho que el concepto de «tierras de misión» haya perdido mucho del romanticismo aventurero ligado con aquella imagen del misionero católico. Y junto con las transformaciones socioeconómicas han llegado también otras variables que la Iglesia está tomando en cuenta al proseguir su misión ad gentes. Los nuevos estilos de vida y las formas de pensar de los millones de no creyentes- muchos de los cuales habitan en regiones antes consideradas plazas fuertes de la cristiandad; poblaciones de las que partían los misioneros de antaño- ya no necesariamente reconocen el testimonio de esos sacerdotes y religiosas como un signo de salvación. La misma Iglesia, Pueblo de Dios, en esta época posterior al Concilio Vaticano II, busca reconocerse a sí misma más plenamente en otras formas de evangelización que testimonien su naturaleza de forma más clara. Y es aquí donde los seglares, y en forma especial, la familia cristiana entran en escena.

Al día siguiente de la clausura del Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, en una asamblea en la que participaron cerca de 150 mil miembros de las comunidades neocatecumenales, además de varios cardenales y obispos, ciento cincuenta familias pertenecientes a esa realidad eclesial aceptaron la invitación que se hizo de ser enviadas a vivir en lugares no cristianos o descristianizados, donde Cristo no se conoce o ha dejado de ser objeto de fe, para dar testimonio de vida cristiana, como células básicas de la comunidad de amor que es la Iglesia. La familia entera, padres e hijos, acompañada de un sacerdote, dejará la casa y la ciudad donde vive, sus ocupaciones, amigos y parientes, para irse a vivir en algún barrio no cristiano, de otra nación o de otra parte de su patria. Ahí el papá deberá conseguir una chamba nueva, con todo lo que ello implica; los hijos irán a escuelas ajenas y buscarán nuevas amistades; la mamá deberá cambiar algunos hábitos domésticos. Ahí se convertirán en fermento, luz y sal.

Antes de partir, enviados por la Iglesia, esas familias se someterán obviamente a un período de discernimiento para verificar lo genuino de su vocación. Pero no serán las primeras familias que se incorporen a las avanzadas misioneras de la Iglesia. Otro número semejante o mayor ya las ha antecedido. Se encuentran desperdigadas por los cinco continentes, en los lugares donde la Iglesia considera que hace falta la fuerza del testimonio poderoso de la familia que, como la Sagrada Familia de Nazaret, vive con criterios evangélicos, transmitiendo la fe a los hijos, cercana a la Palabra de Dios y fortaleciéndose en la liturgia, amándose y aprendiendo a descubrir la voluntad de Dios en la cotidianeidad y los claroscuros de la vida familiar.

EL OBSERVADOR 576-9

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El poder de los dones espirituales
Cuando entré en contacto con la Renovación Carismática escuché hablar sobre los «dones del Espíritu Santo». Tengo que confesar que al comienzo era un escéptico
Por el P. Rufus Pereira

Una de las primeras cosas que escuché cuando entré en contacto con la Renovación Carismática fue todo ese hablar sobre los «dones del Espíritu Santo». Tengo que confesar que al comienzo no sólo era escéptico sobre este asunto sino que también frecuentemente me irritaba la manera de hablar de los carismáticos con tanta seguridad de los dones espirituales. Estaba seguro de que, a pesar de que deseaba el poder del Espíritu Santo para mi vida cristiana y mi sacerdocio, yo no quería ninguno de los dones y podía prescindir de ellos.

Consulté a teólogos sobre los dones, pero recibí de ellos escaso aliento, hasta que escuché al padre Grasso, jesuita, hablar en el coloquio de teólogos que siguió a la Conferencia Carismática de 1975, en Roma. Él nos regañó a nosotros sacerdotes y teólogos muy críticos acerca de los dones. Dijo que necesitamos proclamar que la Iglesia necesita los dones más que nunca.

Sin embargo, una cosa es saber sobre los dones y otra experimentarlos personalmente, a pesar de que en esos primeros años yo aceptaba gradualmente los dones para otros y no para mí. Yo estaba convencido de que no quería complicar mi vida permitiendo que estos dones operasen en mi sacerdocio.
El cambio se dio durante el primer seminario carismático en Jharsagudda. Justo antes de que empezáramos a rezar por la gente por medio de la imposición de manos para la efusión del Espíritu, de pronto me di cuenta de que no tenía ni el don de lenguas, el cual, como me habían dicho, es la puerta de entrada para el resto de los dones. En ese momento me acordé también que solía burlarme de este don y solía citar la Biblia contra él (cfr. 1 Co 14, 12-14). En ese entonces me parecía tan desquiciado e inservible que me decía: ¡cualquier don menos ése!

Al menos por el bien de la gente por la cual rezaba, pensé que debía someterme al don de lenguas, a pesar que lo encontraba difícil de aceptar racionalmente. Mientras rezábamos escuché a un hombre al lado mío rezando en sonidos vocales que me parecían repetitivos, divertidos y sin significado. Yo dije: «Señor, si éste es el don de lenguas yo estoy abierto a rezar de esta manera extraña por el bien de la gente que está delante de mí». Y luego me dejé ir. Desde ese mismo momento el Señor me dio la convicción en la fe, que nunca más he dudado que era el don de lenguas. Desde ese día, alabo al Señor e impongo las manos orando en lenguas.

El hecho de que anteriormente a ese día nada parecía suceder cada vez que rezaba en inglés, y que luego algunas cosas empezaron a suceder, es prueba fehaciente, al menos para mí, del poder tremendo de la oración en lenguas, no sólo para mi vida cristiana sino también para mi sacerdocio.

Sometiéndome al don de lenguas siguió el don de profecía, el cual se puede llamar «Dios hablando al hombre por el poder del Espíritu Santo». Mientras yo no recuerdo que antes ninguna persona haya sido cambiada por mis sermones, a pesar de que los preparaba bien, desde ese momento, como me había sometido al don de profecía, yo encontré que aun mis enseñanzas y sermones más simples parecían transformar a la gente de la noche a la mañana.

El tercer don al cual me encontré sometiéndome fue el don de sanación y liberación. A pesar de que ya estaba muy involucrado en ese entonces en la Renovación Carismática Católica, me dije a mí mismo: ya tengo suficiente con el don de oración (lenguas) y el de la Palabra (profecía). No eran para mí los dones de sanación y de liberación sino para personas muy dotadas y santas. Sin embargo, también en este aspecto me encontré que sucedían cosas que nunca antes habían sucedido; había gente que se sanaba y se liberaba. Ahí fue que me di cuenta de que, en la medida en que yo empezaba a llegar a la gente con interés y amor, con la compasión del mismo Cristo, el poder del Espíritu se derramaba a través del llamado don de sanación.

De mi experiencia de los últimos trece años yo diría que sólo el Espíritu Santo puede reconstruir su Iglesia en la medida en que nosotros los miembros del Cuerpo de Cristo nos sometamos sin reserva a la presencia y al poder del mismo Espíritu que operó en Jesucristo (cfr. Hch 10, 38), especialmente a través de estos tres dones de: lenguas (oración eficaz), profecía (proclamación eficaz) y sanación (amor eficaz).

Fuente: Boletín de ICCRS

EL OBSERVADOR 576-10

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
La relación entre Biblia y moral

Benedicto XVI se refirió al tema al dirigirse a los miembros de la Comisión Pontificia Bíblica:
«La relación entre Biblia y moral es un tema que afecta no sólo al creyente, sino a toda persona como tal. El impulso primordial del hombre, de hecho, es su deseo de felicidad y de una vida plenamente lograda. Hoy, sin embargo, muchos piensan que esta realización tiene que alcanzarse de manera autónoma, sin ninguna referencia a Dios y a su ley. Algunos han llegado a teorizar una soberanía absoluta de la razón y de la libertad en el ámbito de las normas morales: estas normas constituirían el ámbito de una ética meramente 'humana', es decir, serían la expresión de una ley que el hombre se da autónomamente: los promotores de esta 'moral laica' afirman que el hombre, como ser racional, no sólo 'puede' sino que incluso 'debe' decidir libremente el valor de sus comportamientos.

«Esta convicción equivocada se basa en un presunto conflicto entre la libertad humana y toda forma de ley. En realidad, el Creador ha inscrito en nuestro mismo ser la 'ley natural', reflejo de su idea creadora en nuestro corazón, como brújula y medida interior de nuestra vida. Precisamente por este motivo, la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia nos dicen que la vocación y la plena realización del hombre no consisten en el rechazo de la ley de Dios, sino en la vida según la nueva ley, que consiste en la gracia del Espíritu Santo: junto con la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, ésta se manifiesta en 'la fe que actúa por la caridad' (Gálatas 5, 6). Y precisamente, en esta acogida de la caridad que procede de Dios, la libertad del hombre encuentra su más alta realización.

«La ley de Dios no atenúa ni mucho menos elimina la libertad del hombre; por el contrario, la garantiza y promueve, pues, como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, 'la libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza' (n. 1731).

«La ley moral, establecida por Dios en la creación y confirmada en la revelación del Antiguo Testamento, encuentra en Cristo su cumplimiento y su grandeza. Jesucristo es el camino de la perfección, la síntesis viva y personal de la perfecta libertad en la obediencia total a la voluntad de Dios. La función original de los Diez Mandamientos no queda abolida por el encuentro con Cristo, sino que la lleva a su plenitud. Una ética que, en la escucha de la revelación, quiere ser también auténticamente racional, tiene en el encuentro con Cristo, que nos da la nueva alianza, su perfección».

EL OBSERVADOR 576-11

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FIN

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