El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
6 de agosto de 2006 - No.578

SUMARIO

bulletPORTADA - Ochenta años de la Cristiada
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La Cristiada y la crisis de hoy
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Agosto en llamas
bulletDos modelos de nación
bulletPINCELADAS - Feministas sensatas
bulletREPORTAJE - ¿Qué hace la Iglesia por mitigar los sufrimientos en el actual conflicto de Medio Oriente?
bulletJÓVENES - Tabaco y adolescentes
bulletRESUELVE TUS DUDAS - Poder para perdonar los pecados
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Antonio Caponnetto (1951 - )

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PORTADA
Ochenta años de la Cristiada
Por J. Jesús García y García


Podemos determinar que el 31 de julio de 1926 (¡ochenta años ya!) se inició la guerra interna de religión conocida como la Cristiada, que duró aproximadamente tres años y costó a México más de 300 mil víctimas de ambos bandos, incluyendo un gran número de sacerdotes y seglares que, sin tomar las armas, cayeron por el solo «delito» de intentar sus prácticas religiosas en una forzada clandestinidad.

Cierto que la persecución religiosa en nuestra patria venía de mucho antes y se prolongaría mucho después (de hecho, todavía quedan residuos); pero el 21 de febrero de 1925 el gobierno de Plutarco Elías Calles quiso dividir a los católicos al crear una iglesia «nacional», encabezada por el sacerdote renegado Joaquín Pérez, lo cual despertaría popular repudio. Desatada su irreligiosidad, el gobierno expulsó a sacerdotes extranjeros; cerró escuelas y colegios particulares; clausuró seminarios; suprimió asilos y hospitales sostenidos por corporaciones religiosas; persiguió a la prensa católica; canceló el culto privado; exigió un registro de sacerdotes para manejarlos bajo inadmisibles limitaciones: uno por cada seis mil habitantes (proporción que algunos caciques regionales elevaron a la de un sacerdote por cada 500 mil habitantes, y con la condición de que ese sacerdote fuera casado).

Eran violaciones flagrantes a lo que la lógica evolución iba consagrando como garantías inalienables antes de que en 1948 se plasmaran en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Me refiero a la inicial consideración, en éstos, de que es básico el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales de todos los miembros de la familia humana; que el hombre aspira, naturalmente, a disfrutar de la libertad de palabra y de la libertad de creencias, y aludo concretamente a los artículos 2, 18 y 20, que rezan, respectivamente:

* Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
* Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
* Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
* Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.


A toda acción sucede una reacción

En México y en 1926 el despotismo de un régimen revolucionario trasnochado había impuesto de manera por demás antidemocrática las medidas antes mencionadas, las cuales se agruparon en la llamada «Ley Calles», que pretendía igualar las infracciones en materia de culto religioso con los delitos de derecho común. Según quien aplicara tales disposiciones, se podía llegar al asesinato frío de cualquier persona que presentase a sus hijos a bautizar, se presentase a contraer matrimonio o se congregase a escuchar prédicas. A la reacción armada que se suscitó en contra del presidente Calles, por poco recomendable que en sí pareciera, sólo podemos darle el nombre de defensa de la dignidad, defensa del concepto de derechos humanos que poco más tarde se puntualizaría universalmente; en suma, defensa personal que se ejerció buscando la compañía de otros agraviados.

Algunos obispos desaprobaron el recurso de las armas; otros reconocieron la licitud de su empleo; pero, con alguna salvedad, se abstuvieron de participar en la guerra estimulándola o dirigiéndola. La responsabilidad del alzamiento armado la asumió la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, organizada como entidad laica independiente de la jerarquía, que antes del alzamiento intentó otros medios, como el bloqueo económico o boicot social, sin resultado.

Los obispos mexicanos se vieron obligados a emitir un decreto excepcional, por el cual se suspendía el culto público a partir del día ahora recordado, y empezó formalmente la lucha. El grito de guerra de los combatientes católicos fue ¡Viva Cristo Rey!, por lo cual se les apodó «cristeros», y aquí está el origen del término Cristiada, que designa una etapa dolorosa pero noble de quienes con el corazón ardiente y con impulsos de reivindicación humana, envueltos en amor al Señor, fueron al combate.

EL OBSERVADOR 578-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La Cristiada y la crisis de hoy
Por Jaime Septién


El historiador Jean Meyer nos recordó una fecha que debería ser inolvidable para todos los mexicanos: el 31 de julio de 1926. Hace 80 años iniciaron las hostilidades entre el pueblo fiel y el gobierno federal por causa de la cerrazón de éste a reconocer el culto a Cristo Rey del Universo y a su santísima Madre en su advocación de Guadalupe. Ese día los obispos suspendieron el culto en todo el país. Poco tiempo después arrancó la guerra.

Enredados, como lo estamos, en un conflicto postelectoral que parece ser interminable, nos escapamos de lo esencial; de recordar que una vez hubo un pueblo agraviado que decidió jugarse el pellejo contra el despotismo autoritario del gobierno que odiaba su fe; un pueblo mártir y martirizado que, de no haber llegado los «arreglos» de 1929 (una especie de componenda para evitar más derramamiento de sangre), podría haber, incluso, derrotado al ejército profesional de Calles.

Hay quienes han querido comparar la actual crisis con la de aquel julio-agosto de hace ocho décadas. Ven las protestas y se imaginan trifulcas. Ni por asomo. La de entonces fue una respuesta fraguada en la convicción de la fe en Cristo; la de hoy es una coalición política originada en torno al coraje de un ser humano, López Obrador, cuya cualidad mayor consiste en agitar y movilizar multitudes para pedirles que tengan fe en él (y que se olviden del sistema de seguridades —léase instituciones— que hemos construido en México, justamente para que no se repitan los infaustos acontecimientos del 26). Dos cosas bien diferentes.

Con la distancia de 16 lustros y los trabajos de una buena cantidad de historiadores (aunque no la suficiente), encabezados por Jean Meyer, la Cristiada puede ser vista hoy con cierta claridad. La definió don Luis González: el pueblo vio a su padre, borracho, golpear a su madre, y se enojó: a mi madre (la fe, la Iglesia) no la tocas, aunque tengan fusiles y me puedas matar... Algunos cálculos arrojan 250 mil muertos en la «primera Cristiada» (del 26 al 29). Los de la «segunda» (del 34 al 38), nadie los conoce. Pero fueron muchas almas nobles, del pueblo llano, las que se entregaron por defender la asistencia a Misa, la adoración de Jesús sacramentado y la veneración de María de Guadalupe.

Que la Iglesia nunca ha aprobado el recurso a las armas, es verdad. Ni lo aprobará. Fue la gente la que decidió ir al frente de batalla. Y esa gente sencilla de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Zacatecas, Aguascalientes, Querétaro o San Luís Potosí, principalmente, enseñó a la Iglesia de entonces, nos sigue enseñando ahora, a tantos años de distancia, que hay verdades que no se negocian, que hay agravios con los cuales es imposible convivir, que hay burlas a la fe que son imposibles de soslayar. Claro, si la fe nos importa.

Por cierto, también nos importa que las elecciones se ganen en las urnas y no en la calle. No queremos repetir los tiempos de «la bola» ni ver, de nuevo, generalotes quemando confesionarios. La libertad religiosa suele ser la primera de todas las libertades que se «cargan» las revoluciones. Ya hubo miles de muertos para acceder a la democracia institucional. Insisto: veamos lo que nos une, no lo que nos separa.

EL OBSERVADOR 578-2

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¿CÓOOMO DIJO?
Agosto en llamas

Por cortesía del señor López Obrador, sus antiguos gobernados y principales
electores, el pueblo de la ciudad de México se encuentra a la víspera de un mes caldeado al extremo. La «toma del DF» ha sido realizada con la anuencia y la colaboración de las «autoridades» capitalinas, encabezadas por Alejandro Encinas Rodríguez, quienes han puesto alfombra roja para que «el Peje» y sus amigos, seguidores e incondicionales, acampen en medio de las calles y las plazas de la otrora «Ciudad de los Palacios», convertida ahora, por la barahúnda del PRD, en la «ciudad de las carpas».

Ciertamente, nuestra democracia consagra la libertad de protesta y de asociación para oponerse a una decisión del poder omnímodo. Pero, hasta donde nos da por recordar, el pasado 2 de julio no fue una jornada en la que el gobierno acudiera a las urnas, sino la gente de a pie, que, por cierto, fue la misma que cuidó los comicios. ¿No se estará burlando de ella, de nosotros, el PRD con sus plantones y barricadas del siglo XIX? Curiosamente, la gente que más sufre este desafío es la más pobre del DF. Y, de nuevo, otra pregunta: ¿de dónde sale tanto dinero?

La respuesta es bastante sencilla: de la misma gente pobre que obtuvo su posibilidad de instalar el puesto de tacos sin pagar impuestos al gobierno del DF. Esa gente que le pone «una corta» diaria al inspector capitalino, que, a su vez, se la lleva al jefe, que a su vez... El mismo sistema de corrupción que, por años, denunció la izquierda. Un sistema que no hace otra cosa sino perpetuar la miseria material de millones de familias, a la que le añade el inciso de la miseria moral: tu trabajo está chueco, y solamente si me pagas a mí, gobierno, puedes operar, pero siempre lo harás de manera fraudulenta...

Es curioso cómo intelectuales de grande talla nacional e internacional han caído en la defensa del «voto por voto» cuando lo que se pide por la Alianza PRD-PT-Convergencia es otra cosa: la anulación de las elecciones, el nombramiento de un interino y la vuelta a las urnas en 18 meses a partir de diciembre de 2006. Claro que esta sería la salida «salomónica» del TFPJF (el Trife). Pero se lanzaría una señal malísima para la democracia mexicana: si mañana no te gustan los resultados, ponte en huelga de hambre, levanta a la gente, haz ruido y verás que las instituciones se doblegan a tu capricho de mandar.

En fin, hay acontecimientos que no se pueden predecir ni se pueden normar fácilmente, pero es muy importante que, por encima de los reclamos, prevalezca el orden público, prevalezca la unidad. Habemos millones de mexicanos que apostamos, día a día, por este escenario. Y a esos mexicanos hay que hacerles caso. No a los gritones.

EL OBSERVADOR 578-3

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Dos modelos de nación
Por Antonio Maza Pereda


Durante la pasada campaña electoral se habló mucho en los medios de dos modelos de nación de los contendientes: uno supuestamente basado en favorecer a los pobres y el otro en favorecer a los ricos (o, por lo menos, a los que no son pobres). Independientemente de la imprecisión en los términos, había una clara intención de desprestigiar a uno de los bandos, tratando de etiquetarlo como a uno desinteresado por los pobres. Nada nuevo: la vieja receta de Marx para fomentar la lucha de clases para provocar la revolución; una receta que la historia ya ha demostrado que no genera mejor situación económica a los pobres, como se encargaron de demostrarlo la Unión Soviética y los países que siguieron sus modos de gobernar. Nada nuevo, pero que sirve para hacer análisis simplificadores a algunos analistas. Al terminar las elecciones, esos mismos analistas aplican el análisis a los resultados, sobre el mapa del país: un Norte de México que apoya el modelo de los apoyos a los ricos (con la excepción de Zacatecas) y un Sur que apoya el modelo de favorecer a los pobres (con la excepción de Yucatán). Como acaba de comentar Gabriel Zaid (30 de julio pasado), el argumento no se sostiene: Si de veras los pobres hubieran votado de esa manera, la votación hubiera sido mayoritariamente para el PRD, ya qué, siguiendo el argumento de Zaid, el PRD hubiera tenido 28 millones de votos o más. O sea, que muchos pobres votaron por otro de los supuestos modelos.

La realidad, sin embargo, nos está demostrando otra cosa. Algunos están siguiendo el modelo de buscar la justicia fuera de las leyes, mediante la presión y la movilizaron. Otros están ateniéndose a las leyes y al sistema legal. No necesariamente son los mismos que votaron por el modelo de los pobres: de hecho, muchos de los que votaron por una supuesta izquierda, lo hicieron aceptando las reglas y las leyes de la democracia y algunos, incluso en escritos públicos, reconocen que se equivocaron al votar así. Pero, claro, ellos no salen a las calles ni bloquean vialidades.

No es un punto menor. Una parte importante de la población no cree en jueces o tribunales. Hay una enorme desconfianza hacia el sistema de justicia. Hay motivos, no siempre razonables, pero muy reales. A todos nos ha tocado saber o sufrir en carne propia el gran número de injusticias que se cometen legalmente. Pero la solución no es actuar de manera fuera de la ley. Ningún país ha prosperado, ninguno se ha hecho democrático, sin tener una obediencia a las leyes. Aún en los países de gobiernos izquierdistas, las leyes se cumplen y se hacen cumplir. Muchas veces, incluso, de un modo dictatorial e injusto.

Sí, dirá alguno. Pero primero hay que acabar con el sistema injusto; después pondremos otras leyes. ¿Será? ¿Quién decide que ya se acabó el momento de brincarnos las leyes? ¿Quién nos quitará la costumbre de presionar a la autoridad cuando un dictamen de un juez no nos convenga?

¡Ya basta! ¡Hay que decidirnos a apoyar las leyes! Si hay leyes malas, y seguramente las hay, busquemos su reforma, mediante los propios cauces de la ley. Eduquemos a nuestros hijos en el respeto a la ley, exijamos y exijámonos a nosotros mismos su cumplimiento. De otro modo sólo vamos al caos o a la dictadura.

EL OBSERVADOR 578-4

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PINCELADAS
Feministas sensatas
Por el P. Justo López Melús


Las feministas sensatas tienen un ejemplo preclaro en santa Teresa de Jesús. En el lenguaje escrito se muestra hija de su tiempo, en el que la mujer tenía poca relevancia. Repite con frecuencia: «Aunque me vi ruin y mujer», en oposición al estilo varonil. Pero en la práctica no tenía complejos ante los varones. Un provincial dominico fue a visitar a santa Teresa y comentó: «He ido a verla. ¡Qué monja! Aquello era un fraile y muy barbado».

Se las tuvo tiesas con el nuncio Sega, que pretendió encerrarla en un convento de Toledo, declarándola: «fémina inquieta y andariega, desobediente y contumaz». Pero ella discutió con príncipes y prelados, desenredó la madeja y siguió adelante con la reforma. Ella aportó su generosa colaboración, siempre apoyada en la gracia de Dios. Solía repetir: «Teresa sola no vale nada. Teresa y un maravedí ya es algo. ¡Teresa, un maravedí y Dios, lo pueden todo!

EL OBSERVADOR 578-5

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REPORTAJE
¿Qué hace la Iglesia por mitigar los sufrimientos en el actual conflicto de Medio Oriente?
Aunque los medios de comunicación secular no lo digan, la Iglesia está trabajando de muchas maneras por la paz ante la guerra Líbano-Israel. Usted, por ser hijo de la Iglesia, también puede ayudar.

Ante el recrudecimiento de la violencia, Benedicto XVI convocó el pasado 20 de julio una Jornada de oración y penitencia por la paz en Oriente Medio, que se llevó a cabo el domingo 23 de julio. Con esta iniciativa el pontífice invitó «a los pastores y a los fieles de todas las iglesias particulares, así como a todos los creyentes del mundo, a implorar de Dios el don precioso de la paz».
En particular, invitó a rezar al Señor «para que cese inmediatamente el fuego entre las partes». Según el Papa, «los libaneses tienen derecho a que se respete la integridad y la soberanía de su país, los israelíes tienen derecho a vivir en paz en su Estado y los palestinos tienen derecho a una patria libre y soberana».

Ayuden, ayuden...

El Papa también hizo un llamado «a las organizaciones caritativas para que ayuden a todas las poblaciones afectadas por este despiadado conflicto».
Pero la petición no es sólo para dichas organizaciones sino para todos y cada uno de los más de mil millones de católicos, para que ofrezcan gestos de caridad evangélica a los afectados por el conflicto en Oriente Medio y les envíen ayuda concreta.
Pero el Papa no sólo pide, sino que pone el ejemplo. Por eso, a través del Consejo Pontificio «Cor Unum», dicasterio vaticano que coordina las iniciativas de caridad del Papa, ya se envió la primer ayuda económica a la zona de conflicto.

Los más vulnerables

Durante la Jornada especial de oración y penitencia por la paz en Oriente Medio, Benedicto XVI dijo que se sentía «particularmente cerca de las inermes poblaciones civiles, injustamente golpeadas en un conflicto en el que no son más que víctimas: tanto de las de Galilea, obligadas a vivir en los refugios, como de la gran multitud de los libaneses que, una vez más, ven destruido su país y han tenido que dejarlo todo y tratar de salvarse en otro lugar», agregó.
L'Osservatore Romano ha denunciado que en la actual guerra Líbano-Israel «los niños está sufriendo las consecuencias más duras del conflicto», pues en el Líbano y en Gaza, en algunos ataques, el 50% de los muertos o heridos han sido niños.

Respuesta cristiana

Ahora bien, ¿cómo ha respondido la comunidad cristiana ante el conflicto y las solicitudes de ayuda que demanda el Papa? La respuesta ha sido favorable, pero podría ser mucho mayor con la ayuda de todos los cristianos del mundo.
Por lo pronto, los salesianos abrieron las puertas de sus estructuras a los refugiados en el Líbano. La casa salesiana «Don Bosco» de El Houssoun, a 35 kilómetros al norte de Beirut, aloja a más de 200 personas que necesitaban refugio.
Los salesianos están instalando un campamento —que se espera tenga más de 200 tiendas— en un terreno disponible con un pinar en torno a la casa «Don Bosco».
Por otra parte, Cáritas Líbano está suministrando alimentos y medicinas a por lo menos 75 mil personas. Camiones con agua potable y alimentos están recorriendo algunos puntos del país con el con el fin de atender a las víctimas del conflicto armado.
Desgracidamente, en algunas ciudades los equipos de Cáritas están totalmente aislados, no hay comunicación porque las carreteras y puentes están destruidos.
Uno de los principales problemas de la población es que con la guerra el precio del combustible subió un 50%, e igual se ha incrementado el valor de algunos productos de primera necesidad. Para hacer frente a esto, Cáritas Líbano está distribuyendo entre la gente cupones de compra.
En la Franja de Gaza la situación es deplorable. No hay comida, agua potable, luz eléctrica, velas o medicamentos. Los bombardeos han destruido los generadores eléctricos.
Cáritas Jerusalén reparte raciones de comida, tiene 23 equipos de primeros auxilios, y distribuye cupones de alimentos a 750 familias.
Cáritas Líbano y Cáritas Jerusalén han pedido el apoyo y la colaboración de la red internacional de Cáritas para poder atender a las víctimas. Usted también puede ayudar económicamente y con su oración.

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«Hagan lo que Él les diga» ( Jn 2,5 )

Estamos siendo testigos a nivel internacional del terrible flagelo de la guerra que se ha desatado en Medio Oriente.

Los obispos de México nos unimos al dolor y a la pena que embargan a estos pueblos del Medio Oriente (...). Nos solidarizamos de manera especial con la comunidad libanesa, palestina e israelí que viven en México (...). Toda violencia es condenable porque sólo conduce a la destrucción y la muerte. Cualquier interés político o religioso debe estar sometido a la firme búsqueda de la justicia y la paz donde todos podamos vivir como hermanos e hijos de Dios

Mons. Georges M. Saad Abiyunes, O.L.M., obispo de la Eparquía Maronita, nos pide su apoyo solidario; enviamos a continuación los números de cuentas donde usted puede depositar su aportación:

1-Diócesis Maronita de México
Banco Santander Serfin, Suc. 5823
Teatro Insurgentes, México DF
No. de cuenta: 82500302106

2-Caritas Lebanon
Banque Nacional de Paris, Beirut,
Achrafieh - Líbano
No. de cuenta : 136 932 001 24
SWIFT: BNPI LBBX

3- Saint Vincent de Paul, Líbano
Banque Audi Beirut
No. de cuenta : 088587/461/002/009/39
Swift : AUDBLBBX

+ José Gpe. Martín Rábago
Obispo de León, presidente de la CEM

EL OBSERVADOR 578-6

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JÓVENES
Tabaco y adolescentes
Por el P. Fernando Pascual


Hay dos características en los adolescentes y jóvenes, que tienen un gran peso a la hora de tomar decisiones y luego pueden dejar muy marcada toda la existencia futura.

«Los peligros no me van a tocar»

La primera se refiere a un cierto sentimiento de invulnerabilidad. Es normal que los adultos (padres, educadores) avisen y prevengan a los hijos sobre los peligros que van a encontrarse. Emborracharse, empezar a fumar, ciertas fiestas donde se vive un ambiente de desenfreno, el inicio precoz de una vida sexual descontrolada, conllevan numerosos peligros. Pero el joven, con no poca inconsciencia, piensa que a él los peligros no le van a tocar, mientras que sólo se concentra en vivir nuevas aventuras. Luego llega la hora de las sorpresas: la vida se impone con todo su realismo, a veces con la noticia de una enfermedad grave o por medio de un accidente; o, en nuestro caso, con una dependencia muy difícil de cortar.

En busca de identidad

La segunda característica es la búsqueda de identidad a través del grupo. El adolescente se siente inseguro, inestable, necesitado de apoyos. El grupo le permite en parte perderse, delegar la responsabilidad en la masa, y en parte aferrarse a quien lleva la voz cantante al orientar y "dirigir" el comportamiento de los que tienen una psicología más débil. La búsqueda de ser aceptado en el grupo, de ser considerado como "grande", lleva muchas veces a transgresiones de normas y a aventuras más o menos peligrosas, así como al consumo de ciertas sustancias "prohibidas" o excitantes, especialmente del tabaco.

Ante el mundo de las adicciones

Estas dos características tienen una mayor incidencia cuando el joven se encuentra ante el mundo de las drogas, del alcohol, y del tabaco. La situación es más compleja respecto del alcohol y del tabaco por el hecho de que se trata de sustancias aceptados normalmente en el mundo de los adultos, mientras que todavía persiste en muchos ambientes un rechazo a las drogas.
Por lo mismo, cada año miles de jóvenes son introducidos en el mundo del humo, en la dependencia (mayor o menor) del tabaco.

Las campañas no bastan

Las campañas basadas sólo en la información sobre los peligros del humo son muy importantes, pero no son suficientes, por lo que acabamos de decir acerca de la psicología del adolescente.
Un joven de 18 años, fumador incontrolado, se reía cuando los demás le aconsejaban que dejase el tabaco. ¿Qué respondía? Que su padre, médico, también fumaba y estaba tan sano...
No faltan, es verdad, jóvenes maduros que comprenden el peligro y se apartan del cigarro. Pero la mayoría se siente bastante desprotegido, y cede con facilidad a la imitación de lo que observan en sus coetáneos.
Una campaña de prevención, por lo tanto, tiene que ir más a fondo. Interpela a toda la sociedad, desde los niveles más altos de liderazgo hasta la familia y los amigos.

La importancia de los modelos

A nivel general, ayuda mucho el ofrecer modelos ("ídolos") que no fuman. Si los cantantes que arrastran a miles de adolescentes son vistos con el cigarrillo en la mano, la influencia de este gesto es enorme. Si, en cambio, en conciertos de jóvenes, en películas y programas televisivos, en los campos de juego, etc., el cigarrillo resulta prácticamente invisible, se podrá controlar mucho la imaginación más o menos consciente de los jóvenes a la hora de apreciar la atracción del humo.

Testimonio de vida, no sólo palabras

A un nivel más cercano, la familia y la escuela juegan un papel decisivo. Si el padre y la madre, si los profesores, fuman, sus consejos al hijo o al estudiante para que no entre en el mundo de la dependencia tendrán muy poco valor, serán escuchados como palabras casi huecas. Si, en cambio, los padres y educadores no fuman o, al menos, se esfuerzan por no hacerlo ante los hijos o los alumnos, al menos sus consejos estarán acompañados por un ejemplo que ensalza en mucho el valor de las palabras.
Pero el punto central es siempre el mismo joven. Si al inicio de estas líneas subrayamos su complejo de invulnerabilidad y su dependencia del grupo, no por ello hemos de minusvalorar su libertad, su capacidad de comprensión y su apertura a los valores.

Si el adolescente no ha fumado y tiene un temperamento más independiente, basta con que haya recibido una buena información para que diga no a quienes le invitan a entrar en el mundo del tabaco. En cambio, si ya se ha acostumbrado al gusto de la nicotina, o piensa que si deja los cigarrillos empezará a engordar (una idea que pueden tener no pocas muchachas), necesitará una mayor fuerza de voluntad para cortar con aquello a lo que ya se ha iniciado. Sobre todo, necesitará convencerse de que lo que ahora hace por gusto pronto lo hará por dependencia, y entonces su libertad (el gran tesoro de cualquier joven o adulto) empezará a debilitarse bajo las cadenas de la adicción.

Con paciencia y afecto, las dos llaves que todo joven acoge en su corazón, podrá aceptar aquellos consejos que le damos por su bien. Vale mucho su salud y ese autodominio de quien se libera de cadenas que dañan a base de ofrecer satisfacciones pasajeras y poco saludables.

EL OBSERVADOR 578-7

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RESUELVE TUS DUDAS
Poder para perdonar los pecados

Pregunta: ¿Por qué los sacerdotes tienen ese poder sobrehumano para perdonarte los pecados?
Ana.

Respuesta:
Lo tienen simplemente porque Jesucristo se los dio. En el Evangelio según san Juan lo encontramos más claro que el agua: «Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 'La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío'. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: 'Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos' (Juan 20, 19-23).

Cuando un sacerdote de la Iglesia católica perdona los pecados lo hace por el poder de Cristo y en representación de Él, por intervención del Espíritu Santo. En realidad es Cristo quien perdona los pecados, pero fue su voluntad hacerlo en forma tangible por mediación de sus discípulos y de los sucesores de ellos.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 578-8

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Antonio Caponnetto (1951 - )
Por Sebastián Sánchez / Argentina


Historiador y filósofo argentino. Desde muy joven, Caponnetto se dedicó a la docencia, primero como maestro y luego como Profesor de Historia, título que obtuvo en la Universidad de Buenos Aires. Ya vital e intelectualmente maduro, alcanzó el grado de Doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Guadalajara, que supo distinguirlo como Profesor Honorario, y en la que dicta cátedra hace más de una década.

Como buen católico historiador, Caponnetto ha subordinado la tarea historiográfica a la filosofía y la teología, subrayando ante todo el carácter sobrenatural —esencialmente cristocéntrico— de la historia.
Cuatro preocupaciones cardinales rubrican el derrotero intelectual de nuestro autor: la ya mencionada reflexión sobre la historia, la pedagogía, la política y el arte poética.

La preocupación histórica se patentiza en títulos como Los arquetipos y la Historia (1991), Hispanidad y leyendas negras (1989), Las consecuencias culturales de la Revolución Francesa (1989) y Los críticos del Revisionismo Histórico (1998 y 2006)». En El deber cristiano de la lucha (1992) hace explícita una reflexión sobre el Buen Combate a través de la historia, con el ápice de la Cristiandad y la decadencia de la Modernidad como ejes centrales.

Por otro lado, la reflexión sesuda sobre la educación y los no pocos dislates de muchos pedagogos modernos han quedado impresos en sus obras: Estado y educación católica (1979), Pedagogía y educación (1981), La misión educadora de la familia (1988) y Lenguaje y educación. Crítica a la psicogénesis de la lectoescritura (1993).

La acción política ha tomado en Caponnetto la forma del periodismo de combate al que tan afectos fueran los grandes hombres del catolicismo hispanoamericano. Así, es director de la revista Cabildo (3ª época), consejero editorial de la revista Maritornes y director de la ya desaparecida revista Memoria.

Asimismo, Caponnetto se distingue como un notable poeta. Su libro Campanas de tierra y cielo (2002), pletórico en la exaltación de héroes y santos, es una clara muestra de que posee el estro del católico puesto a cazar esencias. Reproducimos ahora un fragmento de su poema al maistro Anacleto González Flores:

Lo saben por los llanos y en la cumbre del risco
Las piedras que semejan de la roca un desangre,

Lo dicen enlutados los Altos de Jalisco:
Enseñó con la vida, la palabra y la sangre.

O se canta en corridos con sabor de elegía
Cuando ensaya la tarde un unánime adiós,
Era cierto el bautismo de la alegre osadía,
Era cierto que mueres pero no muere Dios.

(…)

Nuevamente, Anacleto, hay que criar coraza,
Acuñar entusiasmo con la arenga y el grito,
Dar sostén a las almas con el bien hecho hogaza
Anunciar el martirio, singular plebiscito.

Por eso quien visita tu sepulcro doliente
En la tierra olorosa de campiña mojada
Te pide que lo alistes en la guardia pendiente
Para librar heroicos una justa Cristiada

EL OBSERVADOR 578-9

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FIN

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