El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
3 de septiembre de 2006 No.582

SUMARIO

bulletPORTADA - Irreverente manipuleo de la imagen guadalupana
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Objetivo concordia
bulletCOLUMNA HUÉSPED - Odio autodestructivo
bulletPINCELADAS - El centinela de Pompeya
bulletDOCUMENTOS - El cuidado de la creación
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Dios aprueba las guerras?
bulletLO QUE VALE EL MEXICANO - Izquierda y religión
bulletENTREVISTA - Habla Benedicto XVI: «La fe cristiana no es un impedimento, sino un puente para el diálogo con los otros mundos» (III de IV)
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Leonardo Castellani S.J.
bullet Cristianismo descafeinado
bulletCOMUNICACIÓN - La segunda parte de la vida de Juan Pablo II se presentará en los cines de México

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PORTADA
Irreverente manipuleo de la imagen guadalupana
El episcopado mexicano y en particular la arquidióceis primada de México dan respuesta a la inquietud y al sentimiento de muchos católicos que han visto, con dolor y perplejidad, cómo ha sido usada la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe por un grupo de personas que protestaban por los resultados preliminares de la reciente elección presidencial.

1. Desde la aparición de la sagrada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe la tilma quedó bajo el cuidado del arzobispo de México y, hasta nuestros días, el arzobispo tiene el deber de cuidar por la integridad, el respeto, el culto y el uso que se le dé a la imagen.

2. El reconocimiento y culto de la Virgen de Guadalupe se ha extendido hasta los últimos rincones de la tierra y es, por tanto, patrimonio universal y no sólo del pueblo mexicano, que forjó su identidad desde la fe en este símbolo extraordinario del amor de Dios.

3. María de Guadalupe fue un símbolo en torno al cual se fue forjando nuestra identidad como un pueblo autónomo de España. Ella acompañó al cura Hidalgo en el movimiento independentista, fue también tomada como estandarte durante la Revolución de 1910 y ha acompañado a innumerables luchas por la libertad y los derechos de los más pobres y desamparados. Jamás fue alterada su imagen original, se respetó su icono tal y como se apareció, cosa que por desgracia no ha sucedido con quienes ahora, de una manera irreverente, han manipulado su diseño original para presentarla emitiendo su voto a favor de una opción política, excluyendo así de su protección y maternidad a quienes tienen una preferencia diferente.

4. Una imagen adulterada así divide y no une al pueblo de México, ofende el sentimiento religioso de millones de católicos que no quieren verla contaminada con las contiendas políticas.

5. Le asiste la razón a la clase política, desde la perspectiva legal y canónica, cuando pide que la Iglesia no participe en política partidista, pero la Iglesia también exige a los políticos, sea cual sea su afiliación partidaria, no usar y manipular los símbolos sagrados para apoyar sus fines, mucho menos cambiar las formas originales.

6. La inmensa mayoría de los católicos nos sentimos profundamente lastimados y ofendidos por la deformación abusiva que raya en el sacrilegio al presentar a la sagrada imagen como «la madre de todos los plantones».

7. Exigimos a la Coordinación de Organizaciones Ciudadanas retirar inmediatamente la imagen que han deformado para sus fines.

8. La arquidiócesis primada de México aclara que Nuestra Señora de Guadalupe es patrona y madre de todos los mexicanos, nadie puede impedir que se acerquen a ella en sus necesidades y aflicciones. Todos pueden hacer uso de su sagrada imagen para rendirle veneración y experimentar su amor y protección; pero rechazamos la deformación irrespetuosa de su imagen. Recordemos la frase célebre de don Benito Juárez: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Por tanto, los católicos tenemos el derecho de que nuestras imágenes sagradas y nuestros templos sean respetados siempre, y más aún al momento de celebrarse la santa Misa; por lo que toda manifestación política dentro de los templos es una violación a este derecho y al respeto que se le debe a los fieles y a Dios.

9. La Virgen de Guadalupe puede seguir acompañando a todos sus hijos sin distinción de preferencias políticas en la búsqueda de la justicia, la libertad y la paz, siempre y cuando se tenga clara su sacralidad y la veneración que le deben todos.

EL OBSERVADOR 582-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Objetivo concordia
Por Jaime Septién


Un país dividido va a la ruina. Solamente la unión de esfuerzos puede darle viabilidad a un proyecto de futuro. Pelear unos contra otros es sinónimo de derrota, desolación, pobreza y violencia.

Hace pocos días, el obispo de Orlando, Florida, monseñor Thomas Wenski, escribía en «El Sentiniel», periódico de la diócesis, un artículo celebrando la presencia hispana en Estados Unidos. Decía, palabras más, palabras menos, que los hispanos —los mexicanos, que somos los más numerosos en el país del Norte— teníamos valores colectivos que el individualismo estadounidense no tiene.

Esos valores de trabajo, esfuerzo, mirar por los demás, hacer las cosas bien y a la primera, siempre pensando en los que se quedaron en casa, son producto de la profunda raíz católica que en los inmigrantes subyace, aunque algunos no la quisieran reconocer o no la pudieran reconocer.

Pues bien, si esto es así, como seguramente lo es, la pregunta que uno se hace es «¿por qué allá y no aquí también?»; es decir, por qué no ensayamos aquí y ahora lo que somos capaces de hacer y producir en otros lugares del mundo, concretamente en el seno de la nación más poderosa del planeta.

Si hay voces que hablan de la fecundación hispana-mexicana de la cultura anglosajona, me pregunto si no habrá voces aquí mismo que se levanten para decir un ¡ya basta! a la desunión, al encono y a la falsa salida del conflicto de intereses personales o de partido contra el interés general, contra el bien común.

Sin diferencia de opciones políticas —todos somos hijos del mismo Padre, todos tenemos una misma patria en el corazón— hemos de iniciar millones de «operaciones cicatriz» para ver por nuestros hijos. Ni el PRD es un monstruo sangriento, ni el PAN es una colección de hermanitas de la caridad. Tú y yo, la gente de a pie, los que no tenemos intereses que defender por encima de México, hemos de mostrarle el camino a los políticos que lo han tomado como una guerra. No es por ahí. Es por el lado de la concordia.

EL OBSERVADOR 582-2

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COLUMNA HUÉSPED
Odio autodestructivo
Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro

El papa Benedicto XVI llegó a afirmar que «Occidente se odia a sí mismo», refiriéndose a la negativa de Europa a reconocer sus raíces cristianas y los valores tradicionales que dieron origen a tan notable civilización y cultura. La capacidad de autodestrucción también suele darse entre los pueblos y las civilizaciones, no sólo entre individuos y minorías. Existe un inconsciente colectivo autodestructivo, pero requieren generalmente de líderes o jefes mesiánicos que alimenten el necesario caldo de cultivo (proporcionado generosamente por los medios de comunicación), que permita germinar a esta semilla del mal.

Quizá no hayamos llegado a este extremo porque, mal que bien, el pueblo mexicano sigue creyendo en Jesucristo, hablando en español y amando a la Iglesia católica, sostén de sus raíces y garante de su identidad. Aquí el origen de la enfermedad anida en ciertos líderes, «intelectuales», comunicadores y grupos enfermizos de poder que quieren, a como dé lugar, negar la historia y pervertir las costumbres haciendo burla de las nobles e imponiendo las extrañas.

En nombre del pluralismo y del derecho a la diversidad se menosprecian los valores familiares firmes y probados, que dieron origen al país y dan sustento a la sociedad. Se atenta contra la vida del débil y del indefenso y se fomentan políticas familiares contrarias al orden natural de las cosas y al sentido común; se exacerba la sexualidad de niños y adolescentes y después se proponen remedios de carácter veterinario; se trata a los ciudadanos como clientes, pasado sobre su dignidad de personas y sobre sus derechos privados y familiares, provocando no sólo el caos sino el suicidio colectivo que nadie quiere ver ni reconocer.

El justo reclamo que hace la autoridad para que se respeten las leyes y las instituciones debe estar precedido y acompañado del respeto a la dignidad de las personas y a los derechos primarios e inalienables a la vida, a la libertad religiosa y a la libre elección de los padres a la educación de sus hijos. Sin el respeto a las personas, sin principios éticos firmes y sin convicciones morales estables no se puede edificar ninguna sociedad respetable y duradera; el pluralismo se vuelve relativismo, la tolerancia cobardía y la democracia rebatiña del poder.

La responsabilidad de la autoridad en este campo de los valores morales y democráticos es ineludible, no excluido el uso del poder. El pueblo otorga el poder al gobernante no para su propia comodidad ni para favorecer a un grupo privilegiado o vociferante, sino para el bien de la sociedad en su totalidad. La virtud de la prudencia aquí es de capital importancia, siempre y cuando no se confunda con la cobardía o degenere en irresponsabilidad.

EL OBSERVADOR 582-3

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PINCELADAS
El centinela de Pompeya
Por el P. Justo López Melús


La sociedad de consumo está creando jóvenes light, superficiales y pasotas. En cambio, una cierta austeridad engendra caracteres fuertes. «La carne engorda, el espíritu enflaquece. La carne enflaquece, el espíritu engorda». Ya santa Teresa se quejaba de su tiempo a propósito de san Pedro de Alcántara, al que exceptuaba: «Dicen que están las saludes más flacas y que no son los tiempos pasados». Desde luego hoy no sería tan fácil la gesta de Pompeya.

Ha pasado a la historia el gesto heroico del centinela de Pompeya. Cuando en el año 79 sobrevino la erupción del Vesubio y la lava inundó toda la región, un soldado romano quedó firme en su puesto. Su deber lo clavaba allí y la lava lo cubrió. Las excavaciones modernas hallaron en la postura de firme al centinela. El museo de Nápoles guarda, como valioso tesoro, el yelmo, la lanza y la coraza de este soldado que se dejó sepultar por la lava ardiente antes que manchar el honor del soldado romano.

EL OBSERVADOR 582-4

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DOCUMENTOS
El cuidado de la creación
Extracto de la carta pastoral de los obispos de la Provincia Eclesiástica del Sur sobre el medio ambiente

Necesitamos contar con una comprensión teológica y pastoral del medio ambiente y de sus recursos para integrar su uso de manera racional y acorde con la voluntad del Creador.

Nuestra realidad

Si, por un lado, contamos con una gran riqueza de recursos naturales, por otro lado, no contamos con una actitud respetuosa y responsable hacia ellos.

Cada día emergen problemas y conflictos relacionados con el medio ambiente. Hay problemas de contaminación ambiental, como el manejo irresponsable de la basura, o la deforestación irracional de los bosques en diversas regiones. Se ha incrementado en el campo el uso de agroquímicos, de pesticidas y herbicidas, que, junto con los usos de «tumba y quema», van deteriorando los campos. También hay que señalar que la carencia de sistemas de drenaje adecuados y suficientes hace problemático el manejo de las aguas negras.

Por otra parte, los compromisos comerciales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, han «mercantilizado» los recursos naturales (agua, tierra, bosques), de manera que de ser bienes públicos se han convertido es simples mercancías.

La creación, manifestación de Dios

Aunque la Iglesia tiene en la doctrina social una comprensión y orientaciones sobre el medio ambiente, nuestras Iglesias particulares, en su conjunto, no han incorporado aún, de manera sistemática y suficiente, esta preocupación a su práctica pastoral. Notamos en la sociedad una grave inconsciencia ante los problemas ambientales, ya que a la vida cristiana no se ha integrado suficientemente la relación con la creación.

«Y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien» (Gn 1, 31). La creación es una manifestación de Dios, de su belleza y de su bondad, y cada una de las criaturas refleja a Dios y lleva a Él. Pero el hombre es la manifestación más plena de la obra de la creación que, por designio de Dios, no tiene igual en el resto de las criaturas.

El respeto y el cuidado de la Creación son un imperativo del amor a Dios.

El hombre y la creación

La pareja humana es la coronación de la creación.

La creación no es un mal del cual liberarse, sino el lugar y el proyecto que Dios confía a la guía responsable y al trabajo del hombre. «Dominar la tierra» (Gn 1, 28) fue el mandato divino dado al hombre, en el que se le invita a «sentirse en casa», domesticar, familiarizarse y administrar la creación entera, muy lejos de todo instinto de depredación y de abuso sobre las criaturas.

El pecado desgarró la original armonía existente en la creación entera. Como consecuencia de la ruptura con Dios, se trastornan las relaciones entre el varón y la mujer y las relaciones con la naturaleza: «Maldito sea el suelo por tu causa» (Gn 3, 17).

El deterioro de la naturaleza y el abuso de los recursos naturales son consecuencias de una situación de pecado.

La creación reconciliada

La misión y la obra de Jesús son vistas como una nueva creación, como una liberación de las heridas causadas por el pecado. «Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, ya todo es nuevo» (2 Cor 5, 17).

Nuestra conciencia de los desequilibrios entre el hombre y la naturaleza debe ir acompañada de la convicción de que en Jesús se ha realizado la reconciliación del hombre y del mundo con Dios.

La creación, don de Dios

Los cristianos no miramos el universo solamente como naturaleza considerada en sí misma, sino como creación y primer don del amor del Señor por nosotros. «Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan» (Sal 24, 1).

Esta verdad que la fe nos recuerda viene a contrarrestar la concepción mercantilista que se ha propagado sobre el manejo del medio ambiente.

La evangelización, una renovación total

La evangelización, como misión de la Iglesia que realiza mediante el anuncio y la denuncia profética, mediante la liturgia y mediante la transformación del mundo con la fuerza del Evangelio, tiene un alcance cósmico y ecológico. Si la evangelización conduce a la renovación profunda del hombre, implica una renovación de sus relaciones con la naturaleza con la Creación, que es su casa.

El cuidado del medio ambiente lo vemos como una tarea específica de la evangelización que busca redimir la creación entera.

Vida cristiana y creación

Los cristianos tomamos de la revelación bíblica las actitudes específicas relacionadas con el uso de la tierra, y el desarrollo de la ciencia y de la técnica. La obediencia puntual de los mandamientos de Dios asegura las lluvias para la tierra y los frutos abundantes para saciar las necesidades humanas (cfr. Dt 13-15). San Francisco de Asís logró cultivar una relación amorosa hacia la creación entera, que surgía de su amor a Dios y a Cristo. Él es un modelo para todos los que tenemos la preocupación del cuidado del medio ambiente.

Eucaristía

Los elementos de la naturaleza son tomados en los sacramentos para expresar la obra de Dios. Agua, fuego, viento, aceite, vino y pan nos sirven para expresar y celebrar nuestra relación con Dios. En la Eucaristía celebramos la comunión con Dios, con los hermanos, y también nuestra relación de comunión con la naturaleza, con la creación entera.

Celebrar la Eucaristía nos compromete a un esfuerzo decidido y firme a favor del medio ambiente.

Hacia una pastoral ambiental

Si hay una unidad en la creación entera que salió de las manos de Dios, es necesario promover una relación solidaria con todas las criaturas reconociendo el lugar insustituible del ser humano, que tiene que dominarla a partir del plan divino.

Es necesario que la evangelización integre la relación justa con la creación entera, mediante orientaciones pastorales precisas:

+ Emprender una tarea de educación de todos ante el don de la creación.
+ Cultivar —mediante la catequesis, la predicación y la liturgia— una espiritualidad que recupere el sentido de Dios, siempre presente en la naturaleza.
+ Recoger las expresiones de la religiosidad popular ligadas al medio ambiente, como bendición de animales, de semillas, de siembras, vigilia de las espigas, súplica por las lluvias, procesiones a los montes, etc.
+ Promover el diálogo y colaborar en las iniciativas ecológicas gubernamentales o de la sociedad civil que conduzcan al uso racional de los recursos naturales.
+ Asumir pastoralmente la celebración del Día Internacional del Medio Ambiente (5 de junio).
+ Promover una cultura de respeto al medio ambiente para conservarlo limpio de toda contaminación y deshechos.
+ Generar iniciativas pastorales en las parroquias para organizar acciones de defensa y cuidado del medio ambiente.

EL OBSERVADOR 582-5

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Dios aprueba las guerras?

Pregunta: ¿Por qué en el Antiguo Testamento parece que Dios aprobara las guerras y hasta parece que él apoyara a su fin como es el caso de la conquista de la tierra prometida? Atte. Alicia

Respuesta:
Hay que tener en cuenta dos propiedades de la literatura bíblica:

1) Dios no dicta la Biblia a sus escritores, sino que respeta el estilo, la idiosincrasia y la intención del autor al momento de escribir. El Espíritu Santo, por su parte, de algún modo hace aparecer en el escrito las palabras necesarias para que la Palabra se vaya revelando.

2) El entendimiento de la voluntad de Dios y el cambio en las conductas por parte del pueblo no se dan en forma instantánea, sino de forma gradual en un proceso pedagógico. Un padre no puede esperar de su hijo un comportamiento de adulto, sino que lo va educando a través del tiempo, entre las conductas propias del niño. Igualmente, el pueblo de Dios se comporta igual que cualquier otro pueblo de su época, y los acontecimientos que le ocurren son los que corresponden a las leyes naturales y sociales, salvo en contadas ocasiones en las que Dios interviene para darse a conocer y para que su plan se lleve a cabo (Es interesante observar que los pueblos a los que los Israelitas eliminan eran pueblos que por su propio comportamiento equivocado estaban destinados a la extinción). Así se entiende que no todas las ideas del Antiguo Testamento son correctas ni los sucesos son dignos de imitarse. La plenitud de la revelación sólo llega con Cristo al llegar la plenitud de los tiempos.

En los tiempos de la ocupación de Canaán (y hasta mucho tiempo después), era una práctica común y éticamente aceptable la lucha entre pueblos por la conquista de territorios y la aniquilación del pueblo vencido como ofrenda a Dios. Para el pueblo de Israel —el pueblo elegido—, en los tiempos en que el libro fue escrito, era perfectamente lógico que Dios los ayudara a someter a sus enemigos y que les concediera la tierra que había prometido a sus padres. Cuando se dice que «Dios ordenó a Josué...», significa que, al realizar Josué una acción propia de las costumbres de aquel entonces, estaba colaborando a la consumación del plan de Yahvé.

Todas las ideas y acontecimientos presentadas en el Antiguo Testamento son prefiguraciones de la verdadera doctrina y designios de Dios, que poco a poco se van revelando, a veces directamente, a veces entre líneas, y tienen básicamente la finalidad de educar al pueblo en la confianza y fidelidad a Dios, y anunciar la salvación en Cristo Jesús. La lucha por la tierra prometida nos recuerda a los creyentes de hoy, que Cristo nos ha abierto las puertas del cielo pero nosotros tenemos que luchar para entrar por ellas.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 582-6

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LO QUE VALE EL MEXICANO
Izquierda y religión
Por Antonio Maza Pereda


Hablar de la izquierda, así como de la derecha, se presta fácilmente a los excesos. Siempre hay excepciones que se omiten, siempre hay exageraciones en las que es fácil caer, sobre todo cuando se trata de izquierda y religión. Posiblemente, a pesar de mis esfuerzos, este artículo pueda caer en esas trampas. Las evitaré con cuidado, y pido disculpas de antemano si fallo, sin mala intención.

En las semanas pasadas, grupos de izquierda invadieron la Catedral Metropolitana en la ciudad de México, interrumpiendo los oficios y presentando carteles a favor de su candidato y con ataques al arzobispo de la arquidiócesis de México. En esta última semana no entraron a la Catedral, pero en el atrio renovaron los ataques al arzobispo. Los acontecimientoss me recordaron a los de 1983, durante una visita del papa Juan Pablo II a Nicaragua. En esa ocasión un grupo interrumpió la Misa del Papa gritando consignas de la izquierda y exigiéndole a Juan Pablo II apoyo a sus postulados. El gobierno sandinista se dijo ajeno a los hechos, pero todos sabían que el ataque lo llevaron a cabo grupos propiciados por ese gobierno. ¿Estamos frente al mismo fenómeno? ¿Tendremos en nuestro país eventos similares? De hecho, el socialismo real ha tenido siempre un sesgo antirreligioso. Desde la frase de Marx (la religión es el opio de los pueblos, escribió), en los países donde se ha establecido el socialismo en forma totalitaria, se ha atacado y perseguido a las religiones. Todavía hoy ocurre en China, Corea y Cuba. Aun en los países democráticos gobernados por socialistas, hay ejemplos recientes de ataques a la religión, como en Francia, donde se prohibió en las escuelas que las niñas musulmanas usaran el velo y los cristianos portaran cruces y medallas; como en España, donde se pretende limitar los fondos que el Estado da a la Iglesia.

De gobernar la izquierda en México, ¿así se trataría a la Iglesia y a las religiones? No, me dicen mis conocidos izquierdistas. Esos no son toda la izquierda; la mayoría de los izquierdistas son respetuosos de la religión. ¡Hasta Lopez Obrador dijo que tiene su rosario en el bolsillo!, dicen. No lo dudo. También Fidel Castro tomó el poder en Cuba, llevando rosarios en el cuello y asistiendo a Misa en la catedral de La Habana, donde comulgó. Lo cual no le impidió después reconocerse ateo y reprimir a la Iglesia. Puede ser que mis conocidos izquierdistas tengan razón pero, si así es, ¿por qué no señalan esa intolerancia? ¿Acaso los dirigentes de la izquierda han hablado en contra de esas acciones contra el arzobispo? Sus «intelectuales», tan celosos de la tolerancia, ¿se han distanciado de estos hechos? No, no lo han hecho. Ni una palabra en contra de estos hechos reprobables.

Puede que exagere, pero me da miedo. Veo que, en nombre de sus ambiciones de gobierno, cierta izquierda esta dispuesta a todo. Y la Izquierda democrática, que seguramente la hay, no se atreve a señalar los excesos. Tal vez a ellos les da miedo de ser nombrados como mochos o de no ser suficientemente revolucionarios. Puede ser. El caso es que no han hablado a favor de la tolerancia a las religiones; tal parece que no les parece importante el respeto a los actos de culto. Si llegaran al poder, ¿cómo nos tratarían?

EL OBSERVADOR 582-7

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ENTREVISTA
Habla Benedicto XVI: «La fe cristiana no es un impedimento, sino un puente para el diálogo con los otros mundos» (III de IV)
Entrevista al papa Benedicto XVI realizada por Radio Vaticano el 5 de agosto en Castel Gandolfo, en preparación al viaje apostólico a München, Altötting y Regensburg (Alemania, 9-14 septiembre de 2006)

Santo Padre, el cristianismo se ha difundido por todo el mundo partiendo de Europa. Ahora, muchos piensan que el futuro de la Iglesia se encuentra en los otros continentes. ¿Es verdad? O, en otras palabras, ¿qué futuro tiene el cristianismo en Europa, donde parece que se está reduciendo a asunto privado de una minoría?
Sobre todo yo querría introducir algún matiz. En realidad, como sabemos, el cristianismo nació en Oriente Próximo, y durante mucho tiempo su desarrollo principal se quedó allí difundiéndose por Asia mucho más de lo que nosotros pensamos tras los cambios traídos por el Islam. Por otro lado, justo por este motivo, su eje se trasladó sensiblemente hacia Occidente y Europa, y Europa —estamos orgullosos y nos alegramos— ha desarrollado ulteriormente el cristianismo en sus grandes dimensiones, también intelectual y cultural. Pero creo que es importante que recordemos a los cristianos de Oriente, ya que es el periodo en el que ellos, que han sido siempre una minoría importante, en relación fructuosa con el contexto circunstante, ahora emigren. Existe el peligro de que justo estos lugares que dieron origen al cristianismo se queden sin cristianos. Pienso que debemos ayudar mucho para que se puedan quedar. Pero ahora contesto a su pregunta. Europa se ha transformado sin lugar a dudas en el centro del cristianismo y de su movimiento misionero. Hoy los demás continentes, las otras culturas, entran con igual peso en el concierto de la historia del mundo. De este modo crece el número de voces de la Iglesia, y este es un bien. Es bueno que se puedan expresar los diferentes caracteres, los dones propios de África, de Asia y de América, en particular de América Latina. Naturalmente, todos ellos tocados no sólo por la palabra del cristianismo, sino también por el mensaje secular de este mundo, que lleva también a los demás continentes la prueba irrebatible que hemos vivido en nosotros mismos. Todos los obispos del resto del mundo dicen: todavía necesitamos a Europa, aunque Europa es sólo una parte de un todo más grande. Todavía tenemos la responsabilidad, que nos da nuestra experiencia, de la ciencia teológica que ha sido desarrollada aquí, de nuestra experiencia litúrgica, de nuestras tradiciones, y también de las experiencias ecuménicas que hemos acumulado: todo esto es muy importante también para los otros continentes. Por eso es necesario que nosotros no nos rindamos, compadeciéndonos y diciendo: «Ya está, somos sólo una minoría, intentemos al menos conservar nuestro número reducido»; sino que tenemos que conservar vivo el dinamismo, abrir relaciones de intercambio, para que, en consecuencia, de ahí nos lleguen nuevas fuerzas. Hoy hay sacerdotes indios y africanos en Europa, también en Canadá, donde muchos sacerdotes africanos trabajan de modo muy intenso. Es un dar y recibir recíprocos. Pero si nosotros en un futuro recibimos más, tendremos que continuar a dar con un valor y un dinamismo crecientes.

Las sociedades modernas, en las decisiones importantes sobre política y ciencia, no se orientan en valores cristianos y la Iglesia está considerada la mayor parte de las veces sólo como una voz que amonesta o que incluso frena. ¿La Iglesia no debería salir de esta posición defensiva y asumir una actitud más positiva en lo relacionado al futuro y a su construcción?
Diría que en cualquier caso tenemos nuestro deber de poner de relieve lo que nosotros queremos de positivo. Y esto sobre todo tenemos que hacerlo a través del diálogo de culturas y de religiones, ya que, como ya he dicho, el continente africano, el alma africana y también el alma asiática están horrorizadas de la frialdad de nuestra racionalidad. Es importante que vean que aquí no hay sólo esto. De forma recíproca es importante que nuestro mundo laicista se dé cuenta de que la fe cristiana no es un impedimento, sino un puente para el diálogo con los otros mundos. No es justo pensar que la cultura puramente racional, gracias a su tolerancia, tenga un acercamiento más fácil a las otras religiones. Le falta en gran parte «el órgano religioso» y con este el punto de enganche a partir del cual y hacia el cual los otros quieren entrar en relación. Por eso debemos y podemos mostrar que justo por la nueva interculturalidad en la que vivimos la pura racionalidad desenganchada de Dios no es suficiente, sino que es necesaria una racionalidad más amplia, que ve a Dios en armonía con la razón, y es consciente de que la fe cristiana que se ha desarrollado en Europa es también un medio para hacer confluir juntas razón y cultura y para integrarlas también con las acciones en una visión unitaria y comprensiva. En este sentido creo que tenemos un gran deber, es decir, mostrar que esta Palabra, que nosotros poseemos, no pertenece —por decirlo de algún modo— a los trastos de la historia, sino que es necesaria precisamente hoy».

Hablemos de sus viajes. Usted está en el Vaticano; posiblemente le cueste estar un poco lejos de la gente y separado del mundo. ¿Piensa, con la ayuda de Dios, realizar muchos viajes?
Verdaderamente no estoy tan solo. Efectivamente existen —por decirlo de alguna manera— las murallas que dificultan el acceso, pero hay una «familia pontificia», todos los días muchas visitas, en particular cuando estoy en Roma. Llegan obispos, otras personas, hay visitas de Estado, de personalidades que quieren hablar conmigo también personalmente y no solamente de cuestiones políticas. En este sentido hay una multiplicidad de encuentros que, gracias a Dios, se me dan continuamente. Y es también importante que la sede del Sucesor de Pedro sea un lugar de encuentro, ¿no es verdad? Desde el tiempo de Juan XXIII, después el péndulo ha cambiado en otra dirección: son los papas los que han comenzado a visitar. Debo decir que no me siento tan fuerte de apuntar en la agenda muchos y grandes viajes, pero donde estos permiten dirigir un mensaje, donde —digamos así— responden a un verdadero deseo, los quisiera hacer, con la «dosis» que me es posible. Alguna cosa está ya prevista: el próximo año en Brasil hay un encuentro del CELAM, el consejo Episcopal Latinoamericano, y pienso que estar allí sea un paso importante en el contexto de las vicisitudes que América del Sur está viviendo intensamente, y para reforzar la esperanza que está viva en aquella región. Después quisiera ir a Tierra Santa, y espero poder visitarla en tiempo de paz, y del resto veremos qué me reserva la Providencia.

Los austriacos hablan también alemán y le esperan en Mariazell.
Sí, ha sido concordado. Yo lo he prometido sencillamente, de manera un poco imprudente. Es un lugar que me ha gustado tanto que he dicho: Sí, volveré a la Magna Mater Austriae. Naturalmente ésta se ha convertido inmediatamente en una promesa, que mantendré, y la mantendré con gusto.

Cada miércoles, cuando celebra la audiencia general, hay 50 mil personas. Debe ser cansado, muy cansado. ¿Usted consigue resistir?
Sí, el Buen Dios me da la fuerza necesaria. Y cuando se ve la acogida cordial, naturalmente se queda uno animado.

Acaba de decir que ha hecho una promesa un poco imprudente. Quiere decir que, a pesar de su ministerio, ¿no se deja arrebatar su espontaneidad?
De todas formas, yo lo intento. Además, aunque las cosas puedan estar concretadas, yo quisiera conservar y realizar también alguna cosa personal.

Las mujeres son muy activas en las diversas funciones en la Iglesia. ¿Su aportación no quedaría más visible, también, en lugares de mayor responsabilidad en la Iglesia?
Sobre este argumento naturalmente se reflexiona mucho. Como usted sabe, nosotros pensamos que nuestra fe, la constitución del Colegio de los Apóstoles, nos obliga y no nos permite conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Pero, además, no hay que pensar que en la Iglesia la única posibilidad de tener un papel sea la de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimos deberes y funciones. Para comenzar, las hermanas de los Padres de la Iglesia, llegando a la Edad Media, cuando grandes mujeres han desarrollado un papel determinante, hasta la época moderna. Pensemos en Ildegarda de Bingen, que con fuerza protestaba respecto a los obispos y el Papa; a Catalina de Siena y a Brígida de Suecia. También en los tiempos modernos las mujeres deben— y nosotros con ellas —buscar, por decirlo de alguna manera, su justo lugar. Hoy, están bien presentes también en los Dicasterios de la Santa Sede. Pero existe un problema jurídico: el de la jurisdicción, es decir el hecho que según el Derecho Canónico el poder de tomar decisiones jurídicamente vinculantes va unido al Orden sagrado. Desde este punto de vista hay límites, pero creo que las mismas mujeres, con su empuje y su fuerza, con su superioridad, con aquella que definiría su «potencia espiritual», sabrán hacerse espacio. Y nosotros deberemos intentar ponernos a la escucha de Dios, para que no seamos nosotros a impedirlo; es más, nos alegramos de que el elemento femenino obtenga en la Iglesia el pleno lugar de eficacia que le conviene, comenzando por la Madre de Dios y María Magdalena.

EL OBSERVADOR 582-8

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Leonardo Castellani S.J. (1899-1981)
Por Sebastián Sánchez / Argentina


Sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y poeta argentino. En 1918 ingresó comenzó el noviciado en la Compañía de Jesús en Córdoba. En 1929 fue enviado a Europa a proseguir sus estudios y allí fue ordenado sacerdote.

En el Viejo Continente, el P. Castellani obtuvo los doctorados en Teología y Filosofía y profundizó estudios de Psicología y problemas educacionales. Pero su mayor logro como teólogo fue su postulación al examen Ad Gradum, que exige el conocimiento y desarrollo de temas tan especializados y difíciles que, en cada siglo, uno o dos candidatos se presentan a rendirlos; mas, en ocasiones, ninguno los aprueba. Con sus notas sobresalientes, Castellani obtuvo el título más alto que la Iglesia otorga a los más sabios entre sus doctores. Es el apodado «diploma bulado», por llevar como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias. En él, Su Santidad Pío XI y el General de la Compañía de Jesús acreditaron con su firma que nuestro jesuita era «Doctor Sacro Universal» cum licentia ubique docendi, título que lo habilitaba a enseñar filosofía y teología en cualquier universidad católica del mundo sin reválida. Nadie, antes o después de él, ha obtenido tamaño logro en la iglesia americana.

Los años transcurridos entre 1946 y 1949 resultan penosos para nuestro autor que, luego de una serie de infortunados e injustos episodios, fue expulsado de la Compañía de Jesús hasta que, el año 1966, el nuncio apostólico le restituyó plenamente el ministerio sacerdotal que tenía restringido.

Falleció el 15 de marzo de 1981 en la ciudad de Buenos Aires. Su ingente obra ha sido dividida en cuatro planos primordiales: el literario, con obras como Las canciones de Militis (1845), Sonatas tristes (1948), La muerte de Martín Fierro (1953), Su Majestad Dulcinea (1956), Martita Ofelia (1939), El crimen de Ducadelia (1959) y El nuevo gobierno de Sancho (1942), entre otras. El plano pedagógico está representado por obras como La reforma de la enseñanza (1939). En el plano teológico sobresalen: Cristo, ¿vuelve o no vuelve? (1951), Los papeles de Benjamín Benavides (1954), El Evangelio de Jesucristo (1957), Las parábolas de Cristo (1959), Doce parábolas cimarronas (1960), El Apokalypsis de San Juan (1963) y Domingueras prédicas (1997). Y, finalmente, el plano filosófico con obras tales como: Elementos de metafísica (1951), Psicología humana (1995), De Kirkegord a Tomás de Aquino (1973). Este breve listado no agota en modo alguno la formidable opera omnia de nuestro jesuita.

Su versión libre del poema chestertoniano Eclesiastés es una excelente muestra de los dones con que el Espíritu Santo lo invistió:

Hay un solo pecado: pensar que el Sol no existe
Una sola blasfemia: que la Verdad es triste;

Un peligro temible realmente:
Tener mancas las manos de la mente
Sacrilegio hay uno tan sólo: hacerse grandes,
Matar igual que Herodes al niño- Dios en mí,
Ir en avión al cono de los Andes
Para vivir ángel frustrado allí
Sólo hay un vicio, un vicio: vivir de té beodo
Y no tocar el vino por no soltar verdades
Sólo una cosa hay necesaria: Todo
El resto es vanidad de vanidades.

EL OBSERVADOR 582-9

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Cristianismo descafeinado
Por el P. Fernando Pascual


Se trata de un peligro real: pensar que uno es cristiano porque fue bautizado, porque recibió algunas charlas de doctrina, porque se educó en una escuela católica, porque hizo la Primera Comunión, tal vez porque también se confirmó.

En muchos casos, la formación religiosa se redujo luego a un barniz tenue y tranquilizante. Lecturas más o menos buenas sobre la fe, sobre la Iglesia, sobre la moral. Convicciones formadas a partir de experiencias, sin confrontarlas con el Catecismo de la Iglesia Católica o con algún católico bien formado. Críticas recogidas aquí o allá, en un programa de radio o televisión, en una novela barata saturada de rabia contra la Iglesia, en una conferencia de un ilustre profesor lleno de títulos, sofismas y medias verdades (que son a veces peores que medias mentiras)...

Al final, muchos viven según un coctel confuso de ideas movedizas. Más o menos se acepta la Trinidad, pero Cristo es visto en algunos casos simplemente como un gran hombre, o como un extraterrestre. Muchos no tienen claro si resucitó de veras, si fundó la Iglesia. Más o menos se recuerdan los mandamientos, pero se dejan de lado a la hora de vivir la propia sexualidad, la justicia social, el respeto a la fama del próximo.
Total, que uno cree que ya sabe más que el Papa y los obispos.

Dicen que la ignorancia es atrevida. Quizá habría que añadir que sin fe profunda, sin oración sincera, sin caridad alegre, sin obediencia redentora, podemos llegar a formas descafeinadas de vivir que son todo menos verdadero cristianismo.

EL OBSERVADOR 582-10

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COMUNICACIÓN
La segunda parte de la vida de Juan Pablo II se presentará en los cines de México

Dirigida por el cineasta italiano Giacomo Battiato y protagonizada por el actor polaco Piotr Adamczyk, la segunda parte de la vida del papa Juan Pablo II se estrenará el 22 de septiembre en México.

La cadena de cines «Cinépolis» ha confirmado la información a Zenit-El Observador, al tiempo que ha precisado que serán 70 salas de cine en todo el país las que contarán con esta primicia.

En principio, tal como lo fue Karol, el hombre que llegó a ser Papa, la segunda parte, Karol II, un Papa que siguió siendo hombre, se encontraba lista para pasar como una serie televisiva; no obstante, las empresas encargadas de su lanzamiento de esta segunda parte —Dos Corazones y Mercamedia— tomaron la historia para llevarla al cine.

La película continuará con la historia de Karol Józef Wojtyla a partir de su llegada al pontificado como Juan Pablo II en octubre de 1978, justamente donde terminaba la primera parte, con el célebre discurso en donde llamó al mundo a «no tener miedo» y a «abrir las puertas a Cristo».

Con esta segunda parte se concluye la narración de la vida del pontífice, con escenas sobre las visitas a los países del mundo, el encuentro con grandes personajes, los sucesos que marcaron la fe y el amor que le tuvo a la Iglesia y a sus feligreses; así como el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro, hasta llegar al momento en que Juan Pablo II es llamado a la Casa del Padre.

La cinta fue vista por Benedicto XVI, quien a continuación reconoció su «sabia maestría a la hora de presentar los momentos centrales de mi venerado predecesor».

«Si retratar la vida de un hombre ordinario ya es suficientemente difícil, ésta lo ha sido más», dijo Battiato a la prensa. «Una vida nunca es sólo una película, son muchas películas. Imagínense cuanto más difícil es interpretar la vida de uno de los hombres más grandes del siglo veinte», concluyó el director.

Zenit-El Observador

EL OBSERVADOR 582-11

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FIN

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