El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
24 de septiembre de 2006

No.585

SUMARIO

bulletLa opción del Papa a favor del diálogo interreligioso, inequívoca
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La actitud que convence
bulletBenedicto XVI: una invitación al diálogo
bulletFAMILIA - Escuela de padres
bulletPINCELADAS - Éstas son mis joyas
bulletRESUELVE TUS DUDAS - Casada con un protestante
bulletMIRADAS DESDE LA EUROPA DESENCANTADA - Benedicto XVI, dolorido
bulletDOCUMENTOS - ¿Dónde está el insulto del Papa a los musulmanes?
bulletDEBATE - Demostrado: las canciones con letra degradante fomentan el sexo adolescente
bulletTEMAS DE HOY - Misioneros de Guadalupe, 50 años compartiendo la fe en Japón

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LA IGLESIA MIRA CON APRECIO A LOS MUSULMANES
La opción del Papa a favor del diálogo interreligioso, inequívoca

Puntos principales de la declaración del cardenal Tarsicio Bertone, nuevo secretario de Estado del Vaticano, sobre las reacciones islámicas a la conferencia académica sustentada por el papa Benedicto XVI en Ratisbona.

La posición del Papa sobre el Islam está expresada en el documento del concilio Vaticano II Nostra Aetate: «La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma... Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados... Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno» (n. 3).

La opción del Papa a favor del diálogo interreligioso e intercultural es, asimismo, inequívoca. En el encuentro con los representantes de algunas comunidades musulmanas en Colonia, el 20 de agosto de 2005, dijo que este diálogo entre cristianos y musulmanes «no puede reducirse a una opción temporal», añadiendo: «Las lecciones del pasado tienen que servirnos para evitar que se repitan los mismos errores. Queremos buscar los caminos de la reconciliación y aprender a vivir respetando la identidad del otro».

Por lo que se refiere al juicio del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, citado en su conferencia de Ratisbona, el Santo Padre no pretendía ni pretende de ningún modo asumirlo; sólo lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar algunas reflexiones sobre el tema de la relación entre religión y violencia en general y concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda .

Por tanto, el Santo Padre está profundamente apenado por el hecho de que algunos pasajes de su discurso hayan podido parecer ofensivos para la sensibilidad de creyentes musulmanes y hayan sido interpretados de una manera que no corresponde de ninguna manera a sus intenciones.

Al confirmar su respeto y estima por quienes profesan el Islam, el Papa desea que se les ayude a comprender en su justo sentido sus palabras para que, una vez superado este momento difícil, se refuerce el testimonio en el « único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres» y la colaboración para promover y defender «unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (Nostra Aetate, n. 3).

Zenit.org-El Observador

EL OBSERVADOR 585-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La actitud que convence
Por Jaime Septién

«En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté: qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: «Ellos también tienen hambre». Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes, tenían hambre. Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir. Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Yo respondo: Cuando aprendamos a compartir». Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar».

Esta anécdota la ha contado la beata Teresa de Calcuta. Y ayuda a encontrar la justa razón del cristianismo como elemento revolucionario en la vida de los pueblos; como apertura al otro y, sobre todo, como una fuente de acciones extraordinarias (no tanto por su gran calado, sino por ser, justamente, aquellas acciones que el mundo no se espera). La mujer hindú y su familia son dos grandes faros de amor en un mundo en el que nadie, nadie, quiere compartir con el otro no lo que le sobra sino lo que le falta en la realidad, de lo que no tiene mucho, de lo que apenas tiene.

Es la actitud que convence. La palabra musulmán aparece en itálicas en el texto de la narración de la madre Teresa de Calcuta no porque ella lo haya dicho en tono diferente al narrar la anécdota. El subrayado es nuestro. Por dos razones. Porque ahora ha habido una respuesta desproporcionada a las palabras dichas durante un acto académico por el papa Benedicto XVI (ver página 2 de este número), y porque parece ser que existe una corriente de pensamiento «cristiano» que quisiera eliminar al otro como elemento de discordia. En este caso, el «otro» es el musulmán. La mujer hindú, fue a darle a una familia musulmana su medida de arroz. Las relaciones entre católicos, hindúes y musulmanes son muy tensas en la India. Lo que le dio no fue arroz, fue una lección de amor. Si queremos ser testigos creíbles de Jesús; si queremos el diálogo y construir la paz, tenemos que imitar, en nuestras grandes o pequeñas acciones, la obra extraordinaria de un ser anónimo rescatado por una futura santa.

EL OBSERVADOR 585-2

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Benedicto XVI: una invitación al diálogo
Por monseñor Juan del Río*

Todos conocen las protestas de sectores del mundo musulmán por la alusión a Mahoma en un discurso académico de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona. Cuando hay discusión por algo dicho creo que es mejor ir al texto completo, no a extractos, para ver qué se deduce de él.

Lo primero a tener presente es que se trata de una lección de teología titulada: «Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones». No es una homilía, ni una catequesis, sino un texto académico. Quien la imparte es el sucesor de Pedro, también profesor universitario, teólogo y uno de los grandes pensadores de la actualidad.

El ambiente en que se pronuncia el discurso es el de un acto solemne ante intelectuales alemanes. Habla un veterano profesor, que regresa a lo que es casi su casa. El Papa habla de lo que siempre le ha fascinado: «Fe y razón». Como todo científico, trata primero de las dificultades. Recuerda una frase de un antiguo colega escéptico: «Nuestra universidad tenía algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios». También cita un libro reciente donde aparece un diálogo que mantuvo 1391 el emperador de Bizancio, Manuel II Paleólogo, sobre Cristianismo e Islam. El emperador habla de la relación entre religión y violencia, aludiendo al profeta Mahoma a quien atribuye, entre otras críticas, la «orden de difundir la fe usando la espada». El Papa no dice en ningún momento que esté de acuerdo con lo citado, sino que lo toma como punto de partida dialéctico, propio del discurso universitario, para llegar a la clave de la argumentación: «la fe mediante la violencia es algo irracional…no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios».

Sentido del discurso

Estudiando el texto de la disertación no se deduce racionalmente ofensa al Islam. Es cierto que, en dos líneas entre seis páginas, cita la opinión de este personaje del medioevo adversa al profeta Mahoma; eso es algo que pertenece a la historia. Sin embargo, sí se puede decir que hacer una crítica airada sobre las intenciones del Papa, de manera deformante y sesgada, a partir de una simple nota histórica, perfectamente acotada, ignorando el resto, no es racionalmente aceptable. ¿Es que cada vez que se consigna una opinión adversa, con la que obviamente no se está de acuerdo por la trayectoria anterior, hay que decirlo después de cada frase? ¿Es que hay que excluir las buenas intenciones? La finalidad del discurso es poner de manifiesto que la fe en Dios es fuente de paz, no de guerra. El mismo Benedicto XVI lo dijo en un mensaje al encuentro ecuménico de Asís: «las manifestaciones de violencia no pueden atribuirse a la religión en cuanto tal, sino a los límites culturales con los que se viven y desarrollan en el tiempo…».

La opción del Papa en favor del diálogo interreligioso e intercultural es inequívoca: se puede comprobar en todo su pensamiento teológico, plasmado en sus libros anteriores y en los diversos pronunciamientos que, en este año y medio de pontificado, viene haciendo sobre la «cultura, religión y violencia». Lucha, eso sí, contra una idea de la secularización de occidente impuesta por viejos intelectuales anclados en el pasado, extendida después del 11 de Septiembre de 2001 y amplificada mediáticamente, de que la fe en un Dios y las convicciones religiosas traen inexorablemente fanatismo y violencia. Por eso mismo en las conclusiones de su discurso en Ratisbona dice: «Las culturas profundamente religiosas del mundo ven en la exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a sus convicciones más arraigadas. Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de la subcultura es incapaz de entrar al diálogo con las culturas». Esto incluye, evidentemente, a la religión monoteísta islámica. ¿Es esto un ataque a su fe?

Reflexión y diálogo

El Papa intenta en su discurso ampliar el concepto de razón, que la sociedad del consumo, impuesta desde el poder, conduce al escepticismo o cinismo frente a lo sagrado, negando la posibilidad de conocer la trascendencia, infravalorando los sentimientos religiosos y reduciendo toda manifestación humana a lo puramente material. El discurso no va contra nadie, y menos contra los musulmanes, adoradores del Dios único, porque defiende a ultranza cómo sigue siendo necesario y razonable el interrogarse sobre Dios. En el reconocimiento del »único Dios, viviente, misericordioso y todopoderoso» (Nostra Aetate 3) nos podemos encontrar cristianos y musulmanes. Benedicto XVI, más que ofender y atacar al Islam, da aliento a las personas de fe, musulmanes incluidos, que rechazan la violencia religiosa, venga del fanatismo o del poder.

Ante la reacción vehemente y excitadora que han aparecido en relación a las palabras del Papa no se pueden evitar algunas preguntas: ¿Qué se ha trasmitido a las gentes sencillas de lo que realmente ha dicho el obispo de Roma en Alemania? ¿Qué intencionalidad se esconde en sacar una brevísima cita histórica fuera de una lección universitaria que trata de una nueva relación entre fe y razón? ¿Existen fuerzas ocultas interesadas en potenciar el fanatismo y la violencia de determinados sectores de diversas religiones para enfrentar cristianos entre sí y éstos contra musulmanes? El Papa ha hecho suyo el sentimiento de millones de personas de fe que, de una manera u otra, están diciendo que la religión no puede ser fundamento de un conflicto, de una guerra, de ningún tipo de violencia, material o social. Por eso se debe concluir, que el verdadero significado del discurso del Santo Padre en su totalidad era y es una invitación franca y sincera al diálogo.

*Obispo de Jerez y presidente de la Comisión de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española

EL OBSERVADOR 585-3

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FAMILIA
Escuela de padres
Por Bruno Ferrari

Son muy pocas las escuelas o universidades, por no decir excepcionales, donde se estudia al matrimonio, a la familia y, desde luego, a la paternidad. Este arte-oficio no se nos enseña, y vaya que estamos hablando de una de las más importantes y difíciles tareas, la de ser padres.

Esta importante vocación, por lo general, nos cae sin preparación previa. Por desgracia, lo poco que sabemos de cómo ejercerla lo aprendemos por medio de nuestra capacidad de observación, a través de lo que vemos y vivimos con las enseñanzas y el ejemplo de nuestros propios padres. A diario hay decisiones importantísimas que deben tomarse y que marcarán en definitiva el carácter y el futuro de nuestros hijos.

Los niños, como todos los seres humanos desde muy pequeños, casi sin saberlo siempre están negociando. Si sus padres no saben trazar o distinguir la tenue línea que existe y marca la diferencia entre consentir y educar bien podrían estar contribuyendo a la formación, o mejor dicho, a la deformación de sus hijos, transformándolos, ¿por qué no decirlo?, en futuros delincuentes o en buenos para nada.

No se puede ni se debe complacer a los hijos en todo lo que quieran, y aunque pudiera hacerse significaría un grave error. Las limitaciones y las carencias siempre nos hacen apreciar más lo que se obtiene. Hay que distinguir, cosa que no es fácil, cuándo se debe ceder y cuándo no. Hay que acostumbrar a los hijos a que se esfuercen para obtener lo que desean y hay que enseñarlos a estimar aquello que los ayuda.

Así, poco a poco, nuestros hijos van creciendo. El llanto con que de pequeños expresaban sus exigencias se va metamorfoseando en un intrincado y complejo mecanismo de manipulación por medio del cual se busca y, muchas veces se obtiene, aquello que se quiere de los padres.La sabiduría de estos últimos consistiría en poder descifrar y desmantelar los mecanismos de manipulación. Eso requiere de un esfuerzo cotidiano, en el que se lucha por crear un diálogo honrado y sincero entre padres e hijos en el que se pida lo que se necesita, lo que hace falta, y se entregue al mismo tiempo lo que fortalece, lo que edifica.

De todas las enseñanzas que los padres pueden dar a los hijos ésta es quizá la más delicada y encierra nada menos que la base principal de una relación honesta, en que ambos, padres e hijos, piensen en la otra parte antes de entrar en el diálogo sobre qué se pide y qué se da. Qué triste ver a tantos y tantos padres que empiezan a dar sin límites y que acaban no sólo por arruinarse, sino, peor aún, por arruinar a sus hijos.

La pobre sabiduría de la vida diaria nos va enseñando que consentir a los hijos en la infancia y solaparlos en la adolescencia se vuelve, sin remedio, llanto y drama en su vida adulta. Es mucho más importante estimularlos a que desde pequeños aprendan de las limitaciones, a que sepan tomar sus decisiones, a que se levanten con sus propias fuerzas después de un tropiezo. Hacerles ver que la vida es así, que las cosas no son como queremos, sino como tienen que ser y hay que aprender a tomarlas de forma positiva. Hay que saber superarlas y superarse. Hay que comprender que no hay dinero que rinda y dure más que aquel que se ha ganado con esfuerzo. Hay que saber que muchas veces la verdadera felicidad se construye no con sonrisas, sino con lágrimas, disciplina y esfuerzo.

Por eso los padres tenemos que estar ahí, no para resolver los problemas, sino para orientar a nuestros hijos a tomar sus propias decisiones. No para que se haga nuestra voluntad como si ellos fueran unos juguetes, sino para contribuir a que los hombres y las mujeres del futuro sepan administrar y comprometer responsablemente su propia libertad.

EL OBSERVADOR 585-4

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PINCELADAS
Éstas son mis joyas
Por el P. Justo López Melús

Hay quienes pronostican que, al paso que vamos, en el futuro habrá muchos hijos únicos y se perderá la idea de fraternidad. Y aún los hay más pesimistas, los que aseguran que habrá mujeres que pierdan la idea de maternidad: considerarán al hijo como una carga, más que como un tesoro, y no querrán tener ninguno. No fue éste el caso de Cornelia.

Cornelia, esposa de Sempronio Graco, por lo menos tenía dos. Cornelia era una dama romana muy virtuosa que destacó por su sencillez. Un día acudió a una reunión de alta sociedad. Todas las damas iban cargadas de valiosas joyas. Cuando pidieron a Cornelia que mostrase sus joyas, llamó a sus hijos Tiberio y Cayo Graco, y dijo a los presentes: «Éstas son mis joyas».

EL OBSERVADOR 585-5

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RESUELVE TUS DUDAS
Casada con un protestante

Pregunta: Estoy casada con un protestante evangélico presbiteriano. Temo que mi hija se confunda.
Elsa

Respuesta:
Y tiene toda la razón. Efectivamente, el «matrimonio mixto» nunca ha sido bien visto por la Iglesia debido a que implica ciertos peligros para la fe y para la unidad de los involucrados. Es sólo hasta recientemente que Juan Pablo II ve en esas uniones una posible «aportación al movimiento ecuménico, sobre todo cuando los dos cónyuges son fieles a sus deberes religiosos». Por eso la Iglesia, para permitir este tipo de uniones, pone ciertos requisitos, entre ellos:

+ Que el católico se comprometa a mantenerse dentro de la fe católica; también debe prometer que hará lo posible por atraer a la Iglesia católica al cónyuge no católico, y que pondrá todo lo que esté de su parte para bautizar y educar a sus hijos en la Iglesia católica. Finalmente, debe informar oportunamente a la pareja sobre estos compromisos adquiridos.

+ El no católico, por su parte, debe comprometerse a no impedir la práctica de la fe católica al cónyuge ni a los hijos.

Si usted está preocupada y se dirigió a un periódico católico, debo suponer que no tiene inconveniente en tratar de cumplir estos requisitos. Si bien el riesgo de confusión existe para cualquiera, con esto se reduce grandemente.

Por otro lado, estas obligaciones son las mismas que atañen a cualquier cónyuge católico, esté casado con quien esté. Afortunadamente hoy en día, en nuestra sociedad, no existe ningún impedimento para darle a los hijos una educación católica. Empiece por dársela usted misma, sobre todo con el ejemplo. Vaya a una clase de catecismo. Si no le gusta busque otra, seguramente encontrará una buena.

A manera de breviario cultural: la experiencia está demostrando que los católicos tibios y poco instruidos tienden a dejar la Iglesia con facilidad; en cambio, muchos protestantes que se preparan concienzudamente, terminan por cambiarse a la Iglesia católica. Usted ocúpese de instruir debidamente a su hija y deje confiadamente los resultados en manos de Dios.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 585-6

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MIRADAS DESDE LA EUROPA DESENCANTADA
Benedicto XVI, dolorido
Por el P. Miguel Rivilla San Martín

En un mundo convulso, dividido y desnortado, el papa Benedicto XVI es el punto de referencia providencial para convocar a la humanidad entera a la vuelta a Dios, Padre y Creador de cuanto existe. Ninguna otra figura mundial tiene el prestigio y la fuerza moral que el Papa para que su mensaje de paz interpele y llegue a todos los hombres de buena voluntad y «a los que ama el Señor».

Sus palabras han sido sacadas de contexto de uno de los discursos pronunciados en su tierra natal. En ellas afirmaba con rotundidad que la violencia no puede ser apoyo para la difusión de ninguna religión. No sólo han sido mal interpretadas por parte del fundamentalismo musulmán, sino que le han causado el primer disgusto serio de su pontificado.

Algo de este rechazo podría esperarse por parte del fanatismo de algunos enemigos de Occidente. Lo que es más lamentable y doloroso es que sea, precisamente, dentro de países católicos y de nuestra España, donde algunos medios no hayan hecho causa común con el adalid de la paz global.

Sería de desear que todos los católicos y hombres de buena voluntad hagan una piña de cariño, amor y oración por el vicario de Cristo en la tierra, ultrajado, incomprendido y dolorido, para que siga animoso iluminando la oscuridad de este mundo.

EL OBSERVADOR 585-7

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DOCUMENTOS
¿Dónde está el insulto del Papa a los musulmanes?
-Lea usted y compruebe que la tal afrenta no existe-
Extracto del discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona sobre una nueva relación entre fe y razón para permitir el diálogo entre culturas y religiones

Para mí es un momento emocionante estar nuevamente en la cátedra de la universidad y poder impartir una vez más una lección. Mi pensamiento vuelve a aquellos años en los que inicié mi actividad de profesor académico en la Universidad de Bonn.

Una vez al semestre había un «dies academicus», en el que los profesores de todas las facultades se presentaban delante de los estudiantes de toda la universidad, haciendo posible una verdadera experiencia de «universitas». La universidad, sin duda, estaba orgullosa también de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, desarrollan un trabajo que necesariamente forma parte del «todo» de la «universitas scientiarum», aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón tampoco quedó perturbada cuando se supo que uno de los colegas había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad era una convicción indiscutida el hecho de que, incluso frente a un escepticismo así de radical, seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y en el contexto de la tradición de la fe cristiana.

Me acordé de todo esto cuando recientemente leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno del 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad de ambos. Fue probablemente el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, este diálogo. De este modo se explica el que sus razonamientos son reportados con mucho más detalle que las respuestas del erudito persa. El diálogo afronta el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las «tres Leyes» o tres órdenes de vida: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Corán. Quisiera tocar en esta conferencia un solo argumento —más que nada marginal en la estructura del diálogo— que, en el contexto del tema «fe y razón» me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.

En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…».

La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta que para el emperador, como buen bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien revela que Ibh Hazn llega a decir que Dios no estaría condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada lo obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.

Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por lo tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o es válido siempre por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre aquello que es griego en el mejor sentido y aquello que es fe en Dios sobre el fundamento de la Biblia. Modificando el primer verso del libro del Génesis, Juan comenzó el «Prólogo» de su Evangelio con las palabras: «Al principio era el logos». Es justamente esta palabra la que usa el emperador: Dios actúa con «logos». «Logos» significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero, como razón. Con esto, Juan nos ha entregado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra en la que todas las vías frecuentemente fatigosas y tortuosas de la fe bíblica alcanzan su meta, encontrando su síntesis. En principio era el «logos», y el «logos» es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de san Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que, en sueños, vio un macedonio y escuchó su súplica: «¡Ven a Macedonia y ayúdanos!» (cf. Hch 16, 6-10), puede ser interpretada como una «condensación» de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega.

Hoy nosotros sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría —la Biblia de los «Setenta»—, es más que una simple traducción del texto hebreo. En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente desde la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, desde la naturaleza del pensamiento helenístico fusionado ya con la fe, Manuel II podía decir: No actuar «con el 'logos'» es contrario a la naturaleza de Dios.

Honestamente es necesario anotar que en el tardío Medioevo se han desarrollado en la teología tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraposición al así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un planteamiento voluntarista, que al final llevó a la afirmación de que sólo conoceremos de Dios la «voluntas ordinata».

Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual Él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podrían llevar hasta la imagen de un Dios-Árbitro, que no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas.

En contraposición, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que... Dios no se hace más divino por el hecho que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable, sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el «logos» y como «logos» ha actuado y actúa lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor «sobrepasa» el conocimiento y es. por esto, capaz de percibir más que el simple pensamiento (cfr. Ef 3,19); sin embargo, el amor del Dios-Logos concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón; como añade san Pablo, es «lógico» (cfr. Rm 12, 1).

Ese acercamiento recíproco interior, que se ha dado entre la fe bíblica y el interrogarse a nivel filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal, un dato que nos afecta también hoy.

Y así llego a la conclusión. ... Mientras nos regocijamos en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos cómo podemos superarlas. Sólo lo lograremos si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo, si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes.

Sólo así podemos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy.

«No actuar razonablemente (con «logos») es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II, de acuerdo con el entendimiento cristiano de Dios, en respuesta a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran «logos», esta amplitud de la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente.

EL OBSERVADOR 585-8

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DEBATE
Demostrado: las canciones con letra degradante fomentan el sexo adolescente

— ¿Por qué no puedo escuchar esta música? ¡A mí me gusta! —dice una adolescente a su madre.

— ¿Cómo pueden gustarte esas barbaridades? ¿No ves cómo hablan del sexo y de las mujeres, como si fuesen cosas? —dice la madre.

— Mamá, ¿no creerás que por escuchar algo en una canción luego voy a hacerlo yo, no? A mí lo que me gusta es la música, las letras no van en serio, nadie se las cree ni tienen importancia —dice la chica, la misma que repite los estribillos de memoria y los escribirá en su carpeta cuando se aburra en clase.

Sin embargo, lo que preocupa a la madre (a muchos padres de todo el mundo) ahora ya tiene al menos un estudio que lo demuestra: los jóvenes que escuchan música con letras sexualmente explícitas o groseras tienen más tendencia a la precocidad sexual y las relaciones sexuales adolescentes. Siempre se había sospechado: la visión del sexo que tienen los jóvenes está muy influenciada por la música que escuchan.

Un estudio con mil 400 jóvenes durante 4 años

En el año 2001, la casa de investigaciones sobre la salud Rand Health, entrevistó a mil 461 jóvenes adolescentes de Estados Unidos, de 12 a 17 años, preguntándoles por sus hábitos sexuales y sus preferencias musicales. Los volvió a entrevistar en 2002 y en 2004.

Los que escuchaban música con contenido sexual «degradante» tendían a una mayor actividad sexual, tanto los chicos como las chicas, de cualquier raza que fuesen. En un país con 4 millones de casos de infecciones adolescentes de enfermedades de transmisión sexual el dato tiene su interés. Y en cualquier otro país.

Además, las letras degradantes tienen un efecto en la auto-imagen de los adolescentes, sobre todo en las chicas.

«Las letras que clasificamos como degradantes eran especialmente degradantes en su trato de las mujeres, pero pese a ello las chicas resultaban igual de afectadas que los chicos; cuanto más escuchaban la música con contenido sexual degradante, antes iniciaban su actividad sexual», explica al Pittsburgh Post Gazette el responsable del estudio, el psicólogo Steven Martino.

El estudio, financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil (Bational Institute of Chid Health) se publicó en el número de agosto de la revista científica Pediatrics. Los investigadores seleccionaron 16 grupos musicales de gran popularidad entre los adolescentes de Estados Unidos. Había cuatro grupos de pop, tres de rock, también tres de rap-rock, tres de rap, dos de country y un grupo de rythm&blues.

De los 16 grupos, 13 tenían al menos una canción de contenido sexual, aunque no todas de estilo «degradante». Seis de estos grupos (de rap, rap-rock y rythm&blues) tenían letras degradantes que trataban a las mujeres como objetos sexuales y a los hombres como sexualmente insaciables.

Recomendaciones

Según el doctor Martino, los padres deberían escuchar la música que oyen sus hijos y hablar con ellos acerca de su contenido. El estudio recomienda poner límites a lo que se compra y se escucha, tratar con los hijos de las escenas y mensajes sexuales que llegan a ellos y cuidar la música que los mismos padres escuchan.

También se recomienda que se dé educación sobre los medios de comunicación a los adolescentes, que sepan cómo las empresas mediáticas usan intensivamente el sexo para vender música y otros productos. Y también pide el estudio que la industria discográfica sea consciente de los efectos negativos de la música que vende.

ForumLibertas.com

EL OBSERVADOR 585-9

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TEMAS DE HOY
Misioneros de Guadalupe, 50 años compartiendo la fe en Japón

El pasado día 17 de agosto los Misioneros de Guadalupe celebramos en Japón 50 años de la llegada de los primeros tres miembros del Instituto a este impresionante país de Asia.

Desde el 7 de octubre de 1949, fecha de apertura del Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras, habían pasado poco menos de 7 años. ¿Cómo explicar que en tan poco tiempo esta obra del venerable episcopado mexicano lograra tener ya suficientes miembros como para enviar a sus primeros tres misioneros a Japón? La respuesta a esta pregunta clave está en la decisión que tomó el episcopado mexicano, a través de los obispos encargados de la fundación y que le fue comunicada a monseñor Escalante en 1948 por don José Ignacio Márquez y Toriz, arzobispo de Puebla, y por don Miguel Darío Miranda, obispo de Tulancingo en aquel entonces: «Decididamente había que empezar con un seminario mayor, puesto que, no habiendo en México un instituto misionero de la naturaleza del proyectado, ya había jóvenes teólogos y filósofos en los seminarios diocesanos, que querían ser misioneros pero no dentro de las órdenes religiosas...Había que visitar esos seminarios diocesanos para anunciarles la próxima fundación y dar la oportunidad de solicitar entrada a los seminaristas que lo desearan»

Hoy, al cumplirse los primeros cincuenta años del inicio de la misión que los obispos mexicanos encomendaron a los Misioneros de Guadalupe, quiero manifestarles nuestro más profundo agradecimiento por su corazón misionero tan generoso y compartir con ustedes la alegría de esta celebración a través de la carta que con tal motivo envié a todos los Misioneros de Guadalupe en Japón.

Que Santa María de Guadalupe, que nos enseñó en México a evangelizar las culturas, siga guiándolos en el ministerio episcopal tan importante que el Señor les ha encomendado

Filialmente, en Cristo Misionero.
P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, M.G., superior general

EL OBSERVADOR 585-10

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