El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
15 de octubre de 2006 No.588

SUMARIO

bulletPORTADA - El trigésimo santo mexicano aumentará nuestra fe y bendecirá a la nación
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El dios pequeño del último siglo
bulletESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
bulletCEM: Un nuevo santo mexicano
bulletUn michoacano encuentra su vocación
bulletSan Rafael, ¡qué padre espiritual!
bullet¿Fundador de una Orden? ¡También!
bulletPreternatural: su primera misión fue la primera pelea de frente contra Satanás
bulletTras los revolucionarios, entre las balas, estuvo a punto de ser fusilado el padre Rafae
bullet¿Santo rico o santo pobre?
bulletAllá en Cuba, el sacerdote Rafael «Ruiz»: ¿Qué tenía este padrecito, que atraía multitudes?
bulletRetornó a México convertido en obispo
bulletDe su muerte y algunos milagros
bulletFlorecillas de san Rafael
bulletSan Rafael Guízar será patrono de los obispos mexicanos
bulletENTREVISTA - Monseñor Rafael Guízar Valencia, el primer obispo nacido en América que es canonizado
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Por qué sacerdotes bendicen matrimonios civiles de divorciados?
bulletPINCELADAS - El efecto mariposa

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PORTADA
El trigésimo santo mexicano aumentará nuestra fe y bendecirá a la nación
Su Santidad Benedicto XVI estará proclamando santo, éste domingo 15 de octubre de 2006, al que venía siendo beato Rafael Guízar Valencia, sacerdote michoacano de origen, que fuera pastor de la diócesis de Veracruz durante una de tantas épocas difíciles que ha vivido México. Pretendemos poner de relieve la importancia de este acontecimiento y la esperanza que representa para la concordia nacional.


Los santos son mediadores entre Dios y los hombres. Todos necesitamos apoyos. Se dice, con verdad, que nos apoyamos los unos en los otros incluso ante Dios. Ya en las catacumbas se solía enterrar a la gente lo más cerca posible de las tumbas de los mártires, en la esperanza de poder, en el momento de la resurrección, aferrarse al menos a la orla de la vestidura de los mártires, para de este modo ir en compañía del santo a la vida eterna.

Empero, hay que puntualizar: no todos los santos fueron mártires (san Rafael Guízar no lo fue) y, además, no sólo los invocamos en caso de necesidad espiritual y con miras a la salvación eterna; también solicitamos su ayuda en lo temporal, en lo terreno. En estas circunstancias, es natural que hoy invoquemos al nuevo san Rafael para que se resuelvan las más graves disidencias internas en nuestro país; pero si dentro de nuestras posibilidades no actuamos al mismo tiempo contra los infiernos que existen en la tierra en las mil formas distintas en las que podemos percibirlo: en las diversas formas de egoísmo, de mentira, de brutalidad, de odio, de estructuras injustas, de deshonestidad, etc., entonces nuestra esperanza en la solidaridad de los santos es ficticia. En México, al igual que en todas partes, la esperanza en lo extraterreno debe aunarse a nuestro honrado y activo compromiso por los demás.

¿De quiénes será especial intercesor?

La Iglesia siempre ha confiado en que los que pertenecieron una vez a ella no olvidarán a los que están todavía en tribulaciones. Reza para que los santos sigan acordándose de los hermanos que todavía padecen. Por ello es que les reconoce o asigna una especial intercesión para el alivio de algunos males específicos, o bien el patronazgo de algún grupo humano para la protección y encauzamiento personal de los miembros de éste.

San Rafael Guízar, por los prodigios que ha obtenido del Señor, se perfila como intercesor de las parejas imposibilitadas para tener hijos pero que ansían tenerlos, así como de los aún no nacidos que presentan malformaciones. Por sus acciones y su conducta, podrá ser patrono de los seminaristas (ni en los peores momentos abandonó a su seminario), y de los obispos.

Incrementará nuestra fe

La CEM nos recuerda unas palabras de nuestro nuevo santo: «El que huye de Dios se aparta de la verdad y se precipita en el abismo del error». Cabe esperar que quien esto dijo será estimulador constante de la fe, hoy tan debilitada, de todos los mexicanos. Así nos apartaremos de nuestros errores y de nuestras claudicaciones. Y, en la medida en que logremos lo anterior, volveremos a reconocernos dignos y grandes como criaturas hechas a imagen y semejanza del Creador, y asumiremos nuestro humano papel en la historia de la salvación.

La legitimidad de esta canonización

Una canonización es precedida por uno de los procesos más rigurosos que hay en la tierra. La de hoy, como todas, está avalada por una investigación muy exigente y por la comprobación de que el bienaventurado que va a los altares, con sus ruegos, ha obtenido de Dios la concesión de dos milagros que sobresalen entre otros muchos que la piedad atribuye al mismo intercesor.

Vivamos con intensidad este acontecimiento de gracia.

EL OBSERVADOR 588-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El dios pequeño del último siglo
Por Jaime Septién

He leído de un tirón el ensayo del húngaro László Földényi cuyo título es más que elocuente: Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar. Se trata de un alegato en contra de lo que ahora se lleva mucho: olvidarse de Dios y darle Su lugar (el lugar de Dios) a la razón.

El genial escritor ruso F. M. Dostoyevski fue mandado a Siberia por el Zar en 1854 por rebelión en contra del régimen. Primero sufriría un simulacro de fusilamiento. Y después cuatro años de trabajos forzados.

En el desolado norte de Rusia leyó al filósofo alemán G. W. F. Hegel, quien en sus Lecciones sobre filosofía de la Historia Universal se despachaba a Siberia (luego a África) de un plumazo: ni los siberianos ni los africanos están «dentro» de la historia: no poseen las características ni siquiera para se considerados pueblos históricos.

El autor del ensayo supone a Dostoyevsky, al mismo tiempo que asombrado, terriblemente ofendido: él, que estaba en Siberia, de pronto no estaba en ningún lado, o más bien, estaba en el lado oculto de la razón.

Desde ese infierno, Dostoyevski descubre el cielo. El cielo del dolor y de la solidaridad; del acompañamiento y de la soledad: descubre a Dios a través del amor de Jesucristo a las criaturas que están, justamente, «fuera de la historia».

Y de golpe también descubre —como un visionario— los horrores de su siglo y del siglo XX. La razón sustituyendo a Dios y la técnica sirviendo no para enterrarlo sino para enterrar el miedo que enfrenta el hombre cuando no tiene un Ser infinitamente superior ante el cual ponerse de rodillas.

El hipotético llanto de Dostoyevski en Siberia, tras leer las discriminaciones de Hegel, es el grito desesperado contra la perdida de lo humano en la humanidad. Pérdida que hoy vemos a diario en todos los conflictos y en todas las incomprensiones del poder hacia los pobres, hacia los marginados, hacia los que sufren.

Fóldenyi resume nuestros dioses y nuestros siglos con una frase incuestionable: «El ser humano nunca ha sentido tanta autocomplacencia; parece un niño irresponsable que se ha quedado solo y puede hacer por fin lo que quiere. Pero, cuando cae la noche, no sabe qué hacer con su libertad y empieza a sentir miedo». Hoy tenemos miedo. Y una libertad tan extraordinaria como irracional. ¿Se puede ser libre sin amar al prójimo?

EL OBSERVADOR 588-2

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
¿Un obispo americano santo? ¡Por qué no! San Rafael Guízar, de México para el mundo
Obispos santos claro que los hay, comenzando por una larga lista de obispos de Roma (Papas). Hay un número importante de sucesores de los apóstoles que han sufrido o sufren, en muchas partes del mundo, persecución, prisión, tortura y muerte por ser fieles al Evangelio. Pero tenemos que reconocerlo: en América, nuestra católica América, los obispos con vidas ejemplares capaces de cambiar los corazones se cuentan con los dedos. Hoy, sin embargo, san Rafael Guízar Valencia, un obispo mexicano, salva el honor de nuestro continente al ser declarado el primer obispo santo de América. Y con su canonización ya no sólo es ejemplo para nosotros, los americanos, sino para todos los cristianos del mundo.

EL OBSERVADOR 588-3

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO
Un nuevo santo mexicano

Con gran gozo en el espíritu, la Iglesia católica en México vivirá un acontecimiento de gracia: la canonización este 15 de octubre de monseñor Rafael Guízar y Valencia, primer obispo santo nacido en el continente americano.

Decía monseñor. Guízar que «el que huye de Dios se aparta de la verdad y se precipita en el abismo del error». Estas palabras nos invitan a poner nuestra confianza en el Señor, a escucharlo y a entender que el ser humano descubre su dignidad y grandeza reconociéndose criatura hecha a imagen y semejanza del Creador.

San Rafael es un gran ejemplo de entrega y servicio a los demás; su personalidad y su intenso celo apostólico, probado por las graves dificultades de su tiempo, manifiestan que es posible entregar la vida en beneficio de los más necesitados, aún ante inmensas adversidades, y con el testimonio transformar a los diversos sectores de la sociedad. Este es el camino que conduce a la fraternidad y al establecimiento del Reino de Dios que es «Justicia y Paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14, 17).

Los obispos de México invitamos al pueblo cristiano a elevar una oración de gratitud y alabanza a Dios por el regalo de San Rafael. Hagamos de su canonización una fiesta para promover la paz, la unidad y la concordia.

Que el recuerdo y testimonio de san Rafael Guízar y Valencia siga avivando el deseo de justicia entre todos los mexicanos y renueve el compromiso de trabajar, ojalá tan generosamente como él, en la búsqueda de una sociedad más justa y fraterna.

Por los obispos de México,

+ José Guadalupe Martín Rábago,
Obispo de León y presidente de la CEM

+ Carlos Aguiar Retes,
Obispo de Texcoco y secretario general de la CEM

EL OBSERVADOR 588-4

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Un michoacano encuentra su vocación

El niño Rafael Guízar Valencia vino al mundo el 26 de abril de 1878, en casa de sus padres, con domicilio en la calle de Colón No. 4, en Cotija, Michoacán, perteneciente a la diócesis de Zamora.

Sus padres, Prudencio Guízar González y Natividad Valencia de Guízar, formaban una de las familias pudientes de la localidad, siendo propietarios de la hacienda «San Diego», en Michoacán.

Al día siguiente de su nacimiento, el niño fue bautizado.

Rafael fue el sexto de una familia de diez hijos, nacidos en este orden: Maura, María Dolores, Emiliano, Prudencio, María Jesús, Rafael, Antonio, María, María Natividad y María Guadalupe. Antonio llegó a ser arzobispo de Chihuahua en 1958, y tres de sus hermanas profesaron como religiosas teresianas.

A los 9 años Rafael perdió a su madre. El año de 1890, cuando tenía la edad de 12, Rafael ingresó, junto con su hermano Antonio, al noviciado de los jesuitas; pero en 1891 interrumpió sus estudios después de pedirle a su padre que le permitiera dedicarse a las labores del campo en la hacienda de su familia.

Tenía facilidad para la música y aprendió a tocar piano, acordeón, guitarra, mandolina y violín.

Encontró su vocación religiosa en medio de una tormenta, según contó él mismo:

«Mi hermano Prudencio me pidió que le ayudara a reunir, de las diversas estancias, las vacas que estaban recién paridas; serían unas doscientas, para repartirlas después en las ordeñadas diseminadas por aquellos inmensos campos. Íbamos a caballo, el sombrero ancho, las reatas de lazar, acompañados de un buen número de mozos.

«En eso se soltó una tempestad furiosa que nos obligó a refugiarnos en unos acantilados. Como el agua no cesaba y los víveres se nos habían agotado desde hacía veinticuatro horas, Prudencio me mandó con dos mozos a conseguir alimentos, mientras él se quedaba cuidando el ganado.

«Horas después regresaron los dos mozos con suficiente comida.

«— ¿Dónde está Rafael? —preguntó Prudencio.

«Yo me había ido camino a Cotija. Al pasar por el barrio que está a una legua de mi pueblo, oí las campanas del santuario donde se venera una imagen de Nuestra Señora de San Juan, que había pertenecido a una familia de negros, hacía finales del Virreinato».

Al pasar por el santuario de Nuestra Señora de San Juan del Barrio se detuvo un momento. Tuvo un estremecimiento del alma. Nadie sabe lo que pasó entre Dios y él en aquel santuario... Después de esa visita a la Imagen de María, Rafael ya no volvió a la hacienda de San Diego a encontrar a su hermano Prudencio.

Al llegar a su casa le dijo a su hermana Lola que acababa de decidir ser sacerdote y le pidió que se lo informara a su padre pues no quería que éste pensara que estaba negándose a trabajar en la hacienda; ella se asesoró con el cura de Cotija, Alejo Carranza, quien habló con su padre y consiguió el permiso.

Ingresó al Seminario Mayor de Zamora en el año de 1896. Poco después falleció su padre. Recibió el sacramento del Orden en grado de presbítero en el templo de San Francisco, en Zamora, el 1º de junio de 1901, cuando contaba con 23 años de edad. El día 6, en la Festividad de Corpus Christi, celebró su primera Misa en la parroquia de su tierra natal. Recordaba el padre Rafael:

«Mi familia alquiló un tren especial para que vinieran de Zamora mis compañeros de Seminario y todos los invitados. Una banda de músicos recorrió el pueblo desde muy de mañana anunciando la buena nueva. No pude contener las lágrimas cuando en el sermón el padre Alejandro Silva recordó las virtudes de mis padres. Sí, ellos estuvieron ahí».

Apenas ordenado, comenzó a acompañar en las visitas pastorales al obispo de Zamora, José Ma. Cázares, y luego al obispo auxiliar, José de Jesús Fernández.

Adaptado del sitio oficial de su causa, http://www.rafaelguizar.org/ 

EL OBSERVADOR 588-5

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
San Rafael, ¡qué padre espiritual!

El padre Rafael tuvo la encomienda de ser el director espiritual del Seminario de Zamora, donde impartió la cátedra de teología dogmática. También fue nombrado canónigo de la Catedral. Con estos cargos, pudo desarrollar una amplia actividad misionera, en la que involucraba a los alumnos del Seminario y les enseñaba a la vez el arte del apostolado.

Pronto fue nombrado misionero apostólico por su Santidad León XIII. El amor a Dios y la presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía, así como la devoción a la Santísima Virgen María, eran las notas distintivas de sus misiones.

A todos los pueblos que llegaba, siempre predicaba la doctrina cristiana, inspirado en un sencillo Catecismo que él mismo compuso y escribió.

Dedicó gran parte de su vida de pastor —sus biógrafos apuntan que un tercio de ella— a poner al alcance de la gente el sacramento de la Confesión.

El jesuita Ignacio Custodio relató lo que le tocó ver en su tiempo de seminarista:

«Al comenzar el curso de 1903, en enero, fue nombrado [san Rafael] padre espiritual del seminario (...) Yo recuerdo la impresión que me causaba ver los jueves al padre Guízar, sentado desde las cinco de la tarde en un confesionario sui generis que se mandó hacer él mismo en un corredor, muy cerca de la entrada de la capilla. Allí estaba, hubiera o no hubiera penitentes, y no se levantaba sino hasta las nueve o diez de la noche...».

Con información de Oremosjuntos.com / Santoral Latino, y de «Angel sin ojos», de Carlos Loret de Mola

EL OBSERVADOR 588-6

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
¿Fundador de una Orden? ¡También!

Para el padre Rafael Guízar, «ganar almas para Dios» era el gran reto de su vida. Esto lo lograba mediante las misiones predicadas tanto en el territorio mexicano como en lugares fuera de México: Cuba, Guatemala, Colombia y el Sur de los Estados Unidos.

Su experiencia en las misiones lo llevó a fundar una congregación religiosa para sacerdotes, puesta bajo el cuidado de Nuestra Señora de la Esperanza. Esta advocación mariana se venera en Jacona, Michoacán, por ser taumaturga desde que se la conoció, ya que unos labradores la encontraron casi formada en su totalidad, en la raíz de un árbol, por lo que durante mucho tiempo se la nombró «Nuestra Señora de la Raíz». Fue coronada esta imagen, a nombre del papa León XIII, por el arzobispo de México don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos en 1886.

Desgraciadamente, esta orden religiosa, cuyo nombre específico fue «Congregación de Misioneros de Nuestra Señora de la Esperanza», tuvo muy poco tiempo de existencia, debido, sobre todo, a las circunstancias que se vivían en los inicios del siglo XX en la nación mexicana: revolución, persecución religiosa...

Adaptado de Oremosjuntos.com/SantoralLatino

EL OBSERVADOR 588-7

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Preternatural: su primera misión fue la primera pelea de frente contra Satanás

Rafael fue nombrado misionero apostólico por la Santa Sede, y se lo tomó en serio.

La primera misión la hizo en su tierra natal. Estuvo varios días completos recorriendo aldeas y rancherías, llevando invitaciones para su misión —sus invitaciones eran personales, no familiares o grupales—, y luego en el templo celebrando la Misa, predicando y confesando, gracias a lo cual muchas parejas que vivían en amasiato recibieron el sacramento del Matrimonio, innumerables niños recibieron el Bautismo y la Primera Comunión, y se efectuaron muchas conversiones.

Su hermano Prudencio cuenta que, cansado Rafael de tan largas jornadas, le dijo un día: «Me siento cansado, hermano; pero Satanás está que arde en los requintos infiernos, por todo lo que hago».

Cuando fue al templo para despedirse y rezar sus últimas oraciones del día, sólo estaban con él tres personas, entre ellas el párroco y una mujer encargada de atender la casa parroquial. Estaban orando cuando de pronto la mujer fue elevada por el aire hasta quedar colgada de la cúpula del templo; se escuchó un gran escándalo, la mesa para misas de difuntos se movió, el párroco y la otra persona se desmayaron, y el padre Guízar corrió al Sagrario, extrajo una Hostia y con ella expulsó de la iglesia a los demonios. Este relato lo hizo el propio san Rafael a su hermano.

Visitaba sin cesar los pueblos y rancherías, invitando a la gente a asistir a las misiones.Después del rezo público y comunitario del Rosario, llegaba el turno de las predicaciones para hombres y para mujeres, que desembocaban en las confesiones, extendidas a lo largo de la noche cuanto fuera necesario. En una de esas noches de confesiones, uno de los sacerdotes avisó al padre Guízar que a otro sacerdote, que le estaba ayudando en tan prolongada labor espiritual, se le cerraban los ojos de sueño. Y el santo respondió:

«Dígale al Padre que se ponga de pie por algunos momentos y que se ponga alcohol o agua en el rostro para ver si así se le espanta el sueño, y si ni así puede, entonces que vaya a descansar; pero nosotros seguiremos confesando hasta que no quede una sola alma sin haber recibido la gracia de Dios».

Un testigo asegura: «Muchas veces pasaba las noches íntegras confesando, y del confesionario se iba a celebrar la Santa Misa y continuaba el programa de sus misiones». Y otro comenta que, en las misiones, las «dificultades le daban más ánimo y entusiasmo para proseguirlas, pues veía el interés que tenía el demonio en desanimarlo [...] En todas sus empresas esperaba siempre en el Cielo y así el éxito de sus misiones siempre fue copiosísimo».

Con información de www.demisiones.com  y «Ángel sin ojos»

EL OBSERVADOR 588-8

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Tras los revolucionarios, entre las balas, estuvo a punto de ser fusilado el padre Rafael

El padre Rafael tenía tan clara cuál era la misión del ministerio sacerdotal, que iba siempre a donde sabía que había almas necesitadas de conversión. Por eso hizo algo a lo que pocos se atreverían: se metió entre los combatientes en la época de la Revolución, a fin de brindar auxilio espiritual.

Así, el 9 de febrero de 1913, durante la Decena Trágica, el presbítero se encontraba justo frente al Palacio Nacional en la ciudad de México. Los combatientes caían por las balas, y, en medio de los tiroteos, el padre Guízar se arrastraba por el suelo y confesaba a los heridos, impartía absoluciones a los que estaban agonizando, cerraba los ojos de los muertos, y hasta dio una absolución general sobre todos los que yacían en el Zócalo.

Al alejarse de ahí, un grupo de soldados le gritó: «¿Quién vive?». Y al santo, que no perdía nunca el humor, ni siquiera en las situaciones más difíciles, se le ocurrió dar la respuesta más realista posible, y que arrancó la risa de la soldadesca: «Casi nadie vive ya...».

Cuando estuvo lejos del peligro, se quitó el sombrero, y sólo entonces se dio cuenta de que éste había sido agujerado muchas veces por las balas durante el combate.

El día 11 de febrero repitió su hazaña, pero en la Ciudadela, donde muchos más que en el Zócalo recibieron de él el auxilio espiritual.

Al apoderarse Huerta del poder, Rafael se fue a Morelos. Disfrazado de vendedor de baratijasy tocando su acordeón, anduvo siguiendo a los zapatistas. Y cuando éstos libraban batallas, el padre se acercaba a cada herido y le preguntaba en secreto: «¿Eres católico? ¿Te confesarías? Yo soy sacerdote».

Luego siguió a los carrancistas, y en una ocasión estuvo a punto de morir cuando varios soldados, gracias a un delator, advirtieron que los seguía uno que no lo era de los suyos y decidieron ejecutarlo. Antes de morir, Rafael dijo al pelotón de fusilamiento que quería regalarles su reloj de oro. Lo lanzó al aire y, mientras los soldados se peleaban por ganarlo, él se fugó.

La burla no fue perdonada. Fueron a buscarlo y lo encontraron, pero en esta ocasión sus conocimientos de música lo salvaron. En relato del propio san Rafael, le preguntaron:

«— ¿Qué tocas?

«— Cualquier instrumento, piano, guitarra, mandolina, violín, clarinete, saxofón, lo que guste, y también sé cantar.

«— A ver si es cierto, jálale para la otra calle.

«Pasamos frente a la agencia de música Otto y Arzos; el jefe de la escolta se metió a la tienda, sustrajo un acordeón y me lo entregó.

«—Ahora, sóplale.

«Le bastó oír la primera pieza; quedó encantado. Entonces discurrió irse de parranda por lugares no muy santos y que yo amenizara la función. Hasta las cuatro de la mañana estuve tocando y cantando canciones rancheras... El oficial se me acercó:

«— Tu qué cura ni qué canónigo has de ser. Eres un buen músico; toma esos veinticinco pesos por tu trabajo y llévate el acordeón para que tengas con qué comer».

México continuó convulsionado durante los siguientes años, y cuando los problemas alcanzaron el punto de la persecución contra el clero católico, el padre Guízar tuvo que huir de prisa: sólo tomó su manta de viaje, su breviario y su acordeón, y se fue a Guatemala.

De ahí pasó a Cuba. Tuvo que cambiar su apellido por el de «Ruiz», dado el peligro que corría. Pero no se quedó pasivo ni oculto, sino que se lanzó a misionar en las diócesis de Cienfuegos, Camagüey y la Habana. En la ciudad capital llegó a atraer tal cantidad de personas que se convertían y confesaban, que el número de los que comulgaban ascendió a cifras nunca antes vistas en la isla.

Monseñor Arteaga y Betancourt, quien se convirtiera más tarde en cardenal, cuenta del padre «Ruiz»:

«Moraba en el obispado de La Habana y era tremendamente sobrio en la mesa. Su lecho, con siete días, se advertía intocado. Era el último día de la misión cuando, picado por la curiosidad, le pregunté cómo era que su cama estaba sin usar y me dijo: 'Es que no puedo acostarme, señor; duermo apoyando la cabeza en el respaldo de esta silla —me mostró una— porque tengo un forúnculo». Se quitó el pañuelo y a mi vista apareció la parte posterior del cuello atormentada por enorme forúnculo. 'Padre —le dije—, ¿por qué no nos dijo que estaba enfermo?'. 'Señor, no quería interrumpir la misión'».

Con información de http://www.rafaelguizar.org/  y «Ángel sin ojos».

EL OBSERVADOR 588-9

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
¿Santo rico o santo pobre?

Rafael Guízar Valencia era hijo de una familia adinerada, poseedora de una hacienda y diversas propiedades.

Cuando el padre de familia murió, dejó partes iguales de la herencia a cada uno de sus diez hijos. Los cinco que optaron por la vida seglar tomaron su legítima parte, pero Antonio (sacerdote y más tarde obispo) y las tres monjas de la familia depositaron su heredad en las manos de Rafael para que, administrador de la mitad del total de los bienes heredados, usara el dinero en buenas obras. De ahí se financiaron numerosas misiones, la fundación de la congregación sacerdotal y muchas obras de caridad.

Pero Rafael nunca usaba el dinero para sí mismo, ni le importaba su aspecto. Sus sotanas siempre estaban raídas y hasta grasientas por el uso constante.

A diferencia de muchos eclesiásticos adinerados de la época, que aspiraban siembre a una mitra, el padre Guízar se alejó de las sociedades encumbradas y buscó estar con el pueblo común y trabajar para él.

Con toda razón se le llamó Padre de los Pobres y, más tarde, Obispo de los Pobres.

Y cuando le llegó la hora de la muerte, ya no tenía ni un solo centavo de aquella fortuna que le había tocado administrar para bien de otros.

EL OBSERVADOR 588-10

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Allá en Cuba, el sacerdote Rafael «Ruiz»: ¿Qué tenía este padrecito, que atraía multitudes?
Lo que vivió en Cuba el padre «Ruiz» —es decir, el padre Guízar Valencia— puede dar una idea bastante clara de lo extraordinario de este pastor de la Iglesia de Dios.

Cuenta Loret de Mola en su libro «Angel sin ojos» que el cubano monseñor Arteaga, en una carta suscrita en Roma en 1938, describe al padre Ruiz cuando lo conoció en La Habana:

«Una mañana de 1917, en la sacristía de la catedral de La Habana, apareció a mi vista un sacerdote de extraña facha. Bastante obeso, pálido y de ojos claros; portaba sobre la sotana una capa madrileña, en la mano un gran sombrero de fieltro, y un pañuelo amarrado al cuello. Nada dije. Dos horas después entraba en mi despacho (...) Se hacía llamar Rafael Ruiz.

«Sentado junto a mí me contaba (...) episodios y, a medida que me interesaba el relato, el fuego de su palabra, ardiente de mística pasión, el fuego de sus grandes ojos azules velados por una modestia angelical, me daba a comprender que aquél no era un hombre común. Era loco o era santo; pronto vi que no era loco...».

Por su parte, esto es lo que atestiguó el jesuita Ignacio Custodio:

«Yo oí contar a algunos padres de la Compañía que lo conocieron en Cuba, que el padre Guízar logró lo que ningún misionero había logrado antes en aquella isla. Que poco antes del señor Guízar había venido de España un misionero de la Compañía, cuyo nombre no recuerdo, el cual, en sus misiones, hablaba con mucho fervor pero sin lograr mover a la gente, que no hacía sino reírse de él. Pero que cuando el padre Guízar dio sus misiones, cambiaba no se sabe cómo a los pueblos, atrayendo multitudes... Yo le oí contar varias cosas, extraordinaras al parecer, que le acaecieron en sus misiones. Una fue haberse apagado de repente todas las lámparas de gasolina —sin viento ni fenómeno físico apreciable—, que había esparcidas por toda la iglesia en que estaba... Otra, que en una población de Cuba, habiendo mandado salir desde el púlpito a todas las mujeres, ordenó a los hombres que se quedaran, y lo obedecieron. Él se sentóa confesar. Los hombres, o nunca se habíanc onfesado, o hacía mucho tiempo que no lo hacían. De repente todos se espantaron y en tropel se dirigieron a la puerta para escapar corriendo, pero la puerta estaba cerrada. Trabajo costó al señor Guízar calmarlos, lo que al fin consiguió, y todos se confesaron. Qué fue lo que los espantó, no recuerdo, pero me parece haber sido un hombre que, como endemoniado, se puso a dar de gritos...».

Y otro jesuita, el padre Carlos M. Heredia, agrega:

«...Sobre todo, estaban (los jesuitas) espantados de sus misiones en La Habana. A ellas habían asistido hombres como nunca. Abogados, médicos, militares, financieros que nunca pisaban la iglesia; no solamente se habían confesado, sino que —y esto es lo que asombraba a los padres— les enseñaba públicamente el catecismo. «No lo creerá —me decían—, pero se subía el padre Ruiz al púlpito, y les hacía repetir, como si fueran doctrinos, las respuestas de su catecismo. '¿ Cuántos dioses hay? ', les preguntaba. Y ellos, los hombres más nobles de La Habana, contestaban: 'Un solo Dios verdadero'...».

EL OBSERVADOR 588-11

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Retornó a México convertido en obispo

En julio de 1919, a los 41 años, se encontraba en La Habana, Cuba, cuando el padre Hilario Chaurrondo le comunicó que había recibido un cablegrama de la Delegación Apostólica de Washington pidiéndole que se pusiera en contacto con el delegado apostólico para Cuba y las Antillas, monseñor Tito Trochi, quien le comunicó que el papa Benedicto XV lo nombraba 5º obispo de Veracruz.

El 30 de noviembre de 1919 recibió en La Habana la consagración episcopal.

El día 1º de enero de 1920 partió rumbo a Veracruz en el navío llamado «La Esperanza».

A su arribo al Puerto, monseñor Guízar fue notificado del desastre ocurrido:

«El día 3 de enero, como a las 9:30 de la noche, un terremoto había sacudido gran parte de la diócesis de Veracruz. La misma sede de su obispado, la ciudad de Xalapa, había sufrido derrumbes y había víctimas».

El nuevo prelado empezó a recaudar fondos, personalmente, entre la gente del Puerto. El 6 de enero de 1920 salió en tren rumbo a Xalapa, donde el cabildo catedralicio lo esperaba, pero la toma de posesión de su diócesis se efectuó el día 9 de enero. El obispo Guízar Valencia pidió que el dinero reservado para su recibimiento se destinara a los damnificados, y abrió una cuenta bancaria para recibir los donativos. Después se dio a la incansable tarea de ayudar a quienes lo necesitaban y a visitar personalmente las regiones más afectadas, llevando la Palabra del Señor y víveres para asistir a todos los dañados por el sismo.

Su labor pastoral fue obstaculizada por el ambiente anticlerical del gobierno oficial; a pesar de todo, no solamente atendió espiritual y materialmente a los feligreses de su nueva diócesis, sino que se dedicó a la evangelización — en otras palabras, nunca dejó de ser misionero— y a la formación de sacerdotes y seminaristas.

Decía: «Un obispo puede carecer de catedral, báculo o mitra, pero no de seminario».

Reconstruyó el Seminario Diocesano, estableciéndolo en Xalapa, para trasladarlo después a México, D. F., cuando las tropas sectarias se apoderaban de los inmuebles de la Iglesia. Al estallar nuevamente la persecución religiosa, bajo el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles, tuvo que viajar a la ciudad de México con muchos de sus seminaristas; sin embargo, pidió a los sacerdotes de Veracruz continuar con sus servicios desde el anonimato.

Monseñor Guízar Valencia logró mantener activo el Seminario; mas las autoridades buscaron al obispo y, para salvar la vida, abandonó nuevamente el país; pasó a los Estados Unidos, Cuba, Guatemala y Colombia.

El 7 de mayo de 1929, el presidente mexicano Portes Gil declaró tener voluntad de diálogo con los obispos, de manera que san Rafael pudo volver a su patria.

Al iniciar su visita pastoral a la diócesis, tan duramente probada, el gobernador de Veracruz, Adalberto Tejeda, con su intransigencia y su espíritu jacobino, pretendió, de hecho, convertir toda la diócesis en un departamento religioso de su gobierno. El 18 de junio de 1931 promulgó la Ley 197, en la que se limitaba el número de sacerdotes a uno por cada cien mil habitantes; eso significaba trece sacerdotes para todo el estado de Veracruz.

Monseñor Guízar apeló sin resultado. Se desató entonces una nueva ola de violencia por todo Veracruz, por lo que los cultos se volvieron a suspender. Rafael fue desterrado por tercera vez, con una orden de arresto en su contra. Desde las ciudades de Puebla y México pastoreaba a su grey.

Había una orden de arresto en su contra y una sentencia de muerte ya firmada. Aun así, decidió regresar a Xalapa y presentarse en la oficina del gobernador Tejeda para decirle:
«He venido a demostrarle que soy respetuoso de la autoridad. Usted ha ordenado que me fusilen en el lugar que me encuentren. He venido para que usted mismo pueda darse el gusto de hacerlo, y evitar así que ninguno de mis fieles tenga que mancharse sus manos disparando contra su obispo».

El gobernador Tejeda no esperaba la visita; quedó admirado de su valentía y retiró los cargos. En 1932 el funcionario dejó el gobierno del estado al ser nombrado embajador en Francia; pero los conflictos siguieron hasta 1937.

Así quiso la Divina Providencia que el santo obispo regresara, en las postrimerías de su vida, a estar en medio de sus feligreses para cerrar, con broche de oro, la profunda entrega característica de su vida. Muy enfermo, organizó nuevas misiones, hasta que las enfermedades le pusieron un alto y lo acercaron a la tumba.

Adaptado de http://www.rafaelguizar.org 

EL OBSERVADOR 588-12

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
De su muerte y algunos milagros

La salud del santo fue menguando. En 1937, predicando en Córdoba, sufrió un ataque al corazón que lo obligó al reposo forzado. Monseñor Guízar y Valencia padeció los últimos meses de su vida flebitis crónica, sus fuerzas de habían agotado y tuvo momentos de extrema gravedad. Cada vez se debilitaba más a causa de la arritmia cardiaca, sufría espasmos que le hacían perder el conocimiento durante unos segundos, aunque luego se recuperaba. La diabetes le había deformado los pies. La flebitis no le dejaba caminar. Pero, ante todos estos malestares, él repetía una y otra vez: «Bendito sea Dios».

Sabía que su hora estaba cerca. Escribió el 18 de marzo de 1938: «Me ha parecido que la flebitis aguda que padezco y que me tiene postrado desde hace tres meses, habrá de llevar mi cuerpo al sepulcro».

En sus últimos días, hablando con su hermano Antonio, le decía llorando: «¡No pude hacer más! ¡Cuán poco es lo que he hecho!». Y Antonio, en broma, le respondió: «¡Bah, que parece que tienes miedo al juicio!». Rafael sonrió y respondió señalando el Sagrario: «Míralo bien, hermano. Ahí está Jesús en la Eucaristía. Cundo muera no tendré que llegar hasta su trono. Me presentaré a Él inmediatamente. ¿Ves? No temo el juicio. Mis actos, que le pertenecen, están ante sus ojos...».

El mismo día en que habría de morir dijo: «Llegué a mi diócesis con un peso en el bolsillo. Mi mayor satisfacción es morir sin un centavo».

Era el 6 de junio de 1938. Murió en una casa contigua al edificio de su Seminario, en la ciudad de México, y auxiliado espiritualmente por su hermano Antonio, obispo de Chihuahua, quien relató:

«Sentado en un sillón recibió el Sagrado Viático... Acabando de comulgar, recibió la Extremaunción, dándose cuenta él de que eran sus últimos momentos de la vida, por eso quiso recibir el Sagrado Viático y la Extremaunción con todo conocimiento y conciencia repitiendo las palabras rituales. Hubo dificultad para acostarlo en la cama, así que lo acostaron en el piso cumpliéndose lo que San Francisco de Asís pidió con humildad, de morir en el suelo».

Su cuerpo fue trasladado a Xalapa, donde fue sepultado en el Panteón Municipal, en medio de grandes manifestaciones del pueblo.

Transcurridos doce años después de su muerte, el Cabildo de la diócesis decidió trasladar los restos a la capilla de Santa Teodora, en la catedral de Xalapa. Por ello, el 28 de mayo de 1950 se procedió a exhumar su cadáver que fue encontrado incorrupto.

Los restos mortales de Rafael Guízar Valencia fueron depositados en una cripta de la Catedral de Xalapa. Su fama de santidad se extendió por todo México y por diversos países, particularmente en donde misionó incansablemente: Guatemala, Cuba, Colombia y el sur de los Estados Unidos. Muchas gracias se han logrado por su valiosa intercesión, particularmente curaciones asombrosas y ayudas en situaciones de penuria, especialmente para los necesitados.

Uno de estos milagros fue reconocido por la Comisión de la Congregación para las Causas de los Santos en abril de 1994, y este se dio cuando, por intercesión del siervo de Dios Rafael Guízar, la familia Montiel Rivera pudo tener un hijo, siendo que la señora era clínicamente estéril.

Aquel milagro permitió la beatificación del obispo, la cual tuvo lugar el 29 de enero de 1995, en la basílica de San Pedro, en ceremonia presidida por Juan Pablo II.

Pero hacía falta otro milagro para que se diera la canonización. Este consistió en el nacimiento de un niño que a las 31 semanas de gestación se le detectó paladar hendido y labio leporino. El niño nació completamente sano. Todo consta —la anormalidad detectada previamente— en estudios de gabinete.

Diversas fuentes

EL OBSERVADOR 588-13

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Florecillas de san Rafael

«Lo conocí muy bien [al obispo santo]; no era huraño como muchos, sino que era muy tratable y amable con las personas, y, es más, cuando iba pasando por aquí en estas calles, los mayores nos mandaban a cortar florecillas del campo para esparcirlas cuando él fuera pasando».
Sra. Rosa Domínguez

«Recuerdo que en alguna ocasión me invitó a acompañarlo a la Alameda de la ciudad de México. Él llevaba un acordeón que tocaba muy bien, pero yo no sabía para qué lo iba a usar. Llegamos a este lugar, muy concurrido, sacó su acordeón y comenzó a tocar canciones populares. La gente se reunió en círculo en torno a él. Cuando hubo un número suficientemente grande, dejó de lado el acordeón y comenzó a predicar a Cristo».
P. Marcial Maciel

«En 1924 el maestro de Maltrata, de acuerdo con el alcalde, no permitía que los niños abandonaran la escuela para ir a la catequesis del obispo; sin embargo, a la hora conveniente, se derrumbó la escuela misteriosamente, quedando todos los niños en libertad».
www.demisiones.com

«Cuando yo era niño recibí de monseñor Guízar lecciones de catecismo, y de sus manos obtuve algo que un niño pobre nunca olvida: el primer libro de cuentos que pude llamar mío, y que tenía cantos dorados y una pasta magnifica con preciosos caracteres. Me lo gané estudiando la doctrina... Lo guardé como un tesoro y lo leí muchas veces, porque no tenía otro...».
Ernesto Tarragó, 1938

«Cierta noche (...) estaba absorto escuchando el sermón [del obispo] , cuando vi salir cerca de mí a un extraño individuo de negro, que se tapaba el rostro con las manos, y que decía con furia: '¡Cómo me quita almas este hombre!'. Lo perseguí un trecho, para ver quien era, mas (...) desapareció. Salí, y a nadie pude ver... Relaté esto a monseñor Guízar en la primera ocasión, y él no se inmutó sino que, con extraña sonrisa, hizo este comentario: 'Sí, efectivamente. ¡Le he quitado muchas almas!'».
Fernado Gaitán H., cuando era monaguillo

«En 1920 —me platicaron— hubo un terremoto muy fuerte aquí en Xalapa. En ese tiempo ocurrieron los primeros milagros de Rafaelito (...). Se derrumbaron los cerros y mucha gente había quedado atrapada. Cuentan que, acompañado de otras personas, se fue a ayudar. Había partes por donde no se podía pasar porque se abrieron zanjas y la gente muy afligida decía: '¿Cómo vamos a pasar?'. Les contestó el padre Guízar: '¡Corten unas cañas, de esas grandes!'. Agarró su caña, la plantó y cruzó, diciéndoles: '¡Ahora, síganme!'. Entonces las personas con miedo y todo, lo siguieron».
Sra. Juanita Alemán

«Mi hermano Rafael fue puro y limpio de corazón en todas las edades. En una ocasión me preguntó: '¿Cómo se conoce a las mujeres malas? ¡Causan tantos trastornos de los que yo sé por el confesionario! Me gustaría poder identificarlas en la calle, para aconsejarlas que hicieran menos mal'. Yo me limité a reir y le dije: 'Tú no podrás conocerlas nunca, hermano'.
Prudencio Guízar Vlencia

EL OBSERVADOR 588-14

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
San Rafael Guízar será patrono de los obispos mexicanos

El primer obispo americano declarado santo, el mexicano Rafael Guízar y Valencia, será el patrono de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

San Rafael es uno de los pocos santos de México que llegan a los altares por su espiritualidad y no por martirio.

La canonización tuvo lugar el día de hoy, 15 de octubre, en la basílica de San Pedro del Vaticano, a las 2:30 a.m., hora de México. En todos los templos de la arquidiócesis de Xalapa se tocaron las campanas al momento de la canonización.

La fiesta de san Rafael Guízar, decretada por la Iglesia, es el día 24 de octubre.

EL OBSERVADOR 588-15

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ESPECIAL: SAN RAFAEL GUÍZAR
Monseñor Rafael Guízar Valencia, el primer obispo nacido en América que es canonizado
Entrevista con el postulador diocesano de la causa

El anuncio, en abril, de la autorización del papa Benedicto XVI de la promulgación del decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión del beato Rafael Guízar Valencia (1878-1938), trajo una enorme alegría a Veracruz, a México y al continente, pues se trata del primer obispo nacido en América que llega a la gloria de los altares.

En entrevista para Zenit-El Observador, el padre Rafael González Hernández, vicario judicial del arzobispado y postulador diocesano de la causa del que fuera quinto obispo de Veracruz, responde a las preguntas con alegría desbordante: a don Rafael se le considera el gran evangelizador de Veracruz, un misionero constante, un amante del seminario y de los pobres.

¿Cuál fue el origen de la causa de beatificación del obispo don Rafael Guízar Valencia?

Tras el décimo aniversario de su muerte, se trasladaron sus restos mortales del cementerio a la catedral de Xalapa. Y, no obstante los múltiples problemas de salud de don Rafael Guízar en la última etapa de su vida, su cuerpo se encontraba incorrupto. En el año de 1951 se inicia la causa, no por que su cuerpo se encontrara incorrupto sino, sobre todo, por la fama de santidad que ya en vida tenía. La gente se refería a él como «el santo obispo don Rafael».

¿Cuáles fueron los milagros de la beatificación y de la próxima canonización?

El de la beatificación fue la intercesión de don Rafael para que el matrimonio formado por Cirana Rivera Fernández y Sergio Montiel Alvarado, de Córdoba, Veracruz, pudieran tener un solo hijo: Sergio Montiel Rivera, no obstante ser ella fisiológicamente estéril por un padecimiento familiar. Su rogativa al Siervo de Dios don Rafael tuvo un efecto milagroso. Los doctores del Gemelli en Roma se asombraron de que pudiese haber concebido. El de la canonización es más reciente: se trata de un pequeño, Rafael de Jesús Barroso Santiago, que en el útero de su madre tenía el paladar hendido y nació perfectamente sano tras de que la familia rezó mucho en la tumba de don Rafael.

¿Qué implicaciones tiene que sea éste el primer obispo canonizado de México?

Voy más allá. Se trata del primer obispo santo nacido en Latinoamérica, pues hasta ahora los dos obispos santos que teníamos eran naturales de España. El señor Guízar fue un gran pastor, como decía su epitafio primero, en el cementerio de Xalapa: «Yace aquí Rafael, digno del nombre de pastor». Fue alguien que luchó por vivir el Evangelio y lo vivió con bastante alegría. Tenía un corazón de niño.

¿Podría ser santo patrono de los niños, entonces?

¡Claro! Tenía ese gran corazón de niño que le permitía actos de heroicidad muy grande. Pero también podría ser llamado patrono de los seminarios y de los sacerdotes que en ellos se forman porque su gran preocupación fue el seminario, incluso cuando la persecución religiosa en México, el único seminario que seguía funcionando era del de Veracruz, pero no estaba aquí, sino que era un seminario clandestino en la ciudad de México. Ahí recibía seminaristas de todos lados del país, de Cuba, de Guatemala Y él conseguía, quién sabe cómo, el dinero para su manutención.

¿Puede considerarse una víctima de la persecución religiosa?

Sí, pero con la condición de aclarar que don Rafael siempre se opuso a la violencia, nunca estuvo de acuerdo con el levantamiento armado de los «cristeros»; fue un alma de paz. Es decir, representa la resistencia activa y pacífica de la Iglesia a las leyes injustas; además, la creatividad de la propia Iglesia para no cesar en su tarea de formación de sacerdotes. En su epitafio dice, en otra parte, que fue vencedor no por la espada sino por el amor de un país oprimido por leyes antirreligiosas.

¿Qué aspecto de la vida de monseñor Guízar Valencia considera usted preponderante?

Su pobreza. Su enorme pobreza. No obstante provenir de una familia acaudalada, don Rafael vivía con una pobreza y humildad extremas. Contaba una de sus hermanas que un día lo vio en México con un traje bueno y le dijo que ya era hora de que vistiera bien, a lo que el obispo le respondió que ese traje se lo acababan de regalar en el sanatorio de enfrente y que era de un señor que había muerto hacía pocos minutos Además, era un excelente administrador. Recibía mucho y daba mucho. Aún ahora, en Veracruz, tierra de la que puede considerarse el gran evangelizador, los obispos que piden en su nombre reciben a manos llenas.

¿Qué lecciones trae al México actual su canonización?

Un hombre de paz que no sabía dar otra cosa que misiones, que nos enseñó a cantarle a la Virgen María y el Catecismo compuesto por él mismo; un constructor de bien y de unidad, no puede sino ser una grande luz en tiempos como los que vivimos en México, revueltos y de confusión. Además, su predilección por los niños, por los más pobres, nos abre los ojos a esas realidades tan olvidadas del país. En fin, creo que es una maravillosa noticia para todo el país.

Si alguna frase de las que dijo en su vida el beato Rafael Guízar Valencia pudiera resumir su espiritualidad, ¿cuál escogería?

Yo escogería la que él siempre ponía en la rúbrica de sus cartas o de sus escritos, ya en primera persona, ya en plural: «Dios colme a usted de bendiciones y lo llene de su santo amor». En esa frase está contenida toda la luz del hombre de fe, del pastor, del misionero y del siervo del Señor.

EL OBSERVADOR 588-16

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Por qué sacerdotes bendicen matrimonios civiles de divorciados?
La Iglesia no tiene una política o una consigna de tolerar un pecado para favorecer a un poderoso.

Preguntas:

1) A propósito de las bendiciones de matrimonios civiles de políticos que no se pueden casar por la Iglesia porque alguno sigue casado por la Iglesia. Aunque no ha habido matrimonio religioso en sí, esas conductas de los ministros de la Iglesia ¿no se prestan a que el pueblo católico considere que la Iglesia da su consentimiento oficial por un lado y que, por otro, sigue repitiéndole al pueblo que el matrimonio eclesiástico es indisoluble, que los que se casen por el civil por segunda vez sin previa declaración de nulidad del primer matrimonio están en pecado y que la Iglesia no divorcia? ¿O sólo si se es presidente de México o jefe de gobierno electo del DF se tiene derecho a esos actos eclesiásticos incongruentes no exentos de sospechosismo? (Guillermo)

2) ¿Por qué las leyes católicas no son para todos? Lo pregunto porque siempre me han enseñado que un divorciado no se puede volver a casar porque sería amasiato y eso es pecado. Entonces, ¿por qué cuando se casan famosos como actores o políticos que ya fueron casados se casan por lo civil y un sacerdote bendice la unión aunque no los case porque no se puede? Lo que yo no entiendo es si un pecado se bendice o los mandamientos de la ley de Dios cambian dependiendo de quién eres. (Gabriela)

Respuesta: Me habría gustado enterarme más de lo ocurrido en estas ceremonias-de-bendición-de-uniones-irregulares, porque existen actualmente iglesias patito que se hacen pasar por católicas, bribones que se hacen pasar por sacerdotes y sacerdotes que ya no creen en la doctrina católica pero siguen actuando como si sí creyeran; pero suponiendo que sí haya sido dentro de la Iglesia católica y que sí hayan sido sacerdotes católicos en funciones los que las realizaron, las respuestas a sus tres preguntas —que en realidad son acusaciones— son:

Sí: Estas ceremonias sí se prestan a confusiones y a sospechas por parte del pueblo, como ustedes lo están demostrando. Absolutamente no deberían ser celebradas. La exhortación apostólica Familiaris consortio, de Juan Pablo II, es muy clara al respecto: «El respeto debido al sacramento del Matrimonio, a los mismos esposos y sus familiares, así como a la comunidad de los fieles, prohíbe a todo pastor —por cualquier motivo o pretexto, incluso pastoral,— efectuar ceremonias de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído».

No: No se tiene derecho a estos actos por ser presidente de México, ni por ser famoso, ni por ser rico, ni por lástima, ni por ninguna otra condición. Los mandamientos no cambian dependiendo de quien eres. Tengo un amigo tan desconocido y tan clasemediero como cualquier otro, y también recibió una bendición de éstas.

Por desacato: Más lógico y más leal que pensar que la Iglesia practica la corrupción, la doble moral y la acepción de personas, es pensar que en la Iglesia hay leyes perfectas que son desobedecidas por hombres imperfectos, como ustedes y como yo. ¿Por qué un sacerdote otorga una bendición que no debería? Puede ser por ignorancia, por miedo, por lástima, por necesidad, por celo apostólico mal entendido, por rebeldía, por soberbia... o simplemente porque él sí es corrupto y sí hace acepción de personas; de todo hay en la viña del Señor. Lo último que nos podemos permitir pensar como católicos es que haya, por parte de nuestra Iglesia, una política o una consigna de tolerar un pecado para favorecer a un poderoso.

(Walter Turnbull)

EL OBSERVADOR 588-17

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PINCELADAS
El efecto mariposa
Por el P. Justo López Melús

Empezar bien no es poco, pero tampoco es mucho. Si se empieza y no se continúa no se llega a ninguna parte, pero si no se comienza tampoco se consigue nada. Hay que empezar, y ver cómo se empieza. De la buena o mala orientación de los principios depende la trayectoria correcta o incorrecta. Si no se le corrigen pronto al niño las malas inclinaciones crecerá torcido y será un desastre.

Algunos drogadictos irreversibles empezaron por la simple curiosidad de «hacer un viaje» a mundos idílicos. Algunos aparatos enviados al espacio tuvieron que ser destruidos apenas disparados, pues un mínimo desvío al principio supondría luego un desvío incontrolable. Es lo que se llama el Efecto Mariposa: según ha descubierto la ciencia, un débil aleteo de un insecto en Nueva Zelanda puede levantar un vendaval y un verdadero tornado en las antípodas.

EL OBSERVADOR 588-18

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FIN

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