El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
22 de octubre de 2006 No.589

SUMARIO

bulletPORTADA - Emocionado, el papa Benedicto XVI se refirió a san Rafael Guízar como «el gran obispo de los pobres»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La sombra de un santo
bullet¿CÓOOMO DIJO? - La canonización tras bambalinas
bulletHoy, 80º DOMUND - La humanidad del tercer milenio tiene necesidad urgente de conocer a Jesucristo
bulletPINCELADAS - El mensaje del talismán
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Estrategias para desarrollar la autoestima
bulletDOCUMENTOS - La caridad, alma de la misión
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Se compran las Misas?
bulletNiños con capacidades diferentes: la manifestación del amor de Dios
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Álvaro d'Ors
bulletTEMAS DE HOY - El regreso de la moneda de plata

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PORTADA
Emocionado, el papa Benedicto XVI se refirió a san Rafael Guízar como «el gran obispo de los pobres»
Por Jaime Septién / Enviado especial

Ciudad del Vaticano. Ante una plaza de San Pedro absolutamente abarrotada de peregrino italianos, mexicanos, franceses y estadounidenses, el papa Benedicto XVI proclamó cuatro nuevos santos a la veneración de la Iglesia universal.

«Sus nombres serán recordados por siempre», dijo el Papa antes de reconocer que, en contraposición con el joven rico, del que habló el Evangelio del domingo, «los cuatro nuevos santos no pusieron su seguridad en la riqueza de este mundo».

«Si el hombre así lo hace, añadió el Santo Padre, no encuentra el sentido pleno de la vida ni la verdadera alegría».

Querida nación mexicana

«El santo —dijo Benedicto XVI durante su homilía— es aquel hombre o aquella mujer que, respondiendo con alegría y generosidad, deja toda las cosas, para responder a la llamada de Cristo, para seguirlo».

Más adelante, hablando en español, el Papa dijo que «el Evangelio que hemos escuchado nos ayuda a entender la figura de san Rafael Guízar Valencia, obispo de Veracruz, en la querida nación mexicana».

«Como un ejemplo de quienes lo han dejado todo para seguir a Jesús —añadió el vicario de Cristo—, este santo es un ejemplo de la vida eficaz que penetra en lo más hondo del espíritu: imitando a Cristo pobre, se desprendió de sus bienes y nunca aceptó regalos de los poderosos, o bien los daba en seguida».

Predicador incansable, misionero eficaz

«Por ello recibió cien veces más y pudo ayudar así a los pobres, incluso en medio de persecuciones sin tregua: su caridad, vivida en grado heroico, hizo que le llamaran el obispo de los pobres», dijo el Papa ante la algarabía de miles de mexicanos que corearon, una a una, sus frases sobre san Rafael Guízar Valencia.

En otra parte de su homilía, Benedicto XVI se refirió al nuevo santo mexicano como un «incansable predicador en sus misiones populares» que usaba su particular catecismo de la doctrina cristiana.

El Pontífice recordó a la audiencia que una de las prioridades de san Rafael Guízar Valencia fue la formación de los sacerdotes y el seminario, al que consideraba, apuntó Benedicto XVI, como «la pupila de sus ojos».

«Por eso solía exclamar: 'a un obispo le pueden faltar mitra, báculo y hasta catedral, pero nunca le puede faltar el seminario; porque del seminario depende el futuro de su diócesis'», recapituló el Papa arrancando un gran aplauso de los peregrinos asistentes a la ceremonia de canonización.

Persecución y vocaciones

Al señalar las persecuciones y destierros a las que hizo frente el ahora trigésimo santo mexicano, el Papa pidió que el ejemplo de san Rafael Guízar Valencia «sea un llamado para que obispos y sacerdotes consideren como fundamental, en los programas pastorales, además del espíritu de pobreza y de la evangelización, el fomento de las vocaciones sacerdotales y religiosas y su formación según el corazón de Cristo».

EL OBSERVADOR 589-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La sombra de un santo
Por Jaime Septién

ROMA. Asistir a una canonización es un privilegio. Más aún si se trata de un nuevo santo para México, país que los necesita para obtener de su intercesión ante Dios, el camino de la paz.

He estado en medio de la algarabía de cerca de diez mil mexicanos que corearon las palabras del Papa con alegría, haciendo, incluso, sonreír abiertamente al Pontífice. El jolgorio estaba justificado. Con san Rafael Guízar Valencia llegamos a la primera treintena de santos mexicanos: ya tenemos a 30 amigos de Jesús que supieron testimoniarlo durante su vida; que supieron ser testigos creíbles del Evangelio.

La homilía del papa Benedicto fue, sencillamente, magistral; de una finura intelectual y de un contenido teológico comprensible para todos. Dijo que san Rafael y los otros tres canonizados (san Filippo Smaldone, santa Rosa Venerini y santa Théodore Guérin) dejaron todo (a diferencia del «joven rico») para seguir a Cristo.

Pero, en verdad, dejaron todo lo superfluo (los bienes del mundo) para comprar la perla más preciosa: la vida eterna. El ejemplo de san Rafael le arrancó expresiones de entusiasmo al Papa. Una de ellas fue cuando citó las palabras de monseñor Guízar: a un obispo le pueden faltar mitra, báculo y hasta catedral, pero no le puede faltar su seminario.

Porque en las vocaciones sacerdotales está el futuro de la Iglesia. De toda la Iglesia; es decir, de nosotros los católicos en conjunto. Eso lo sabía san Rafael y eso lo sabe el papa Benedicto. El año pasado, a todos los obispos mexicanos, en su visita ad limina, se los expresó muy claro.

Ahora, apoyado en el santo mexicano, el Papa nos viene a recordar una verdad de nuestra vida religiosa: o ponemos los recursos familiares, económicos y espirituales para seguir teniendo sacerdotes santos o corremos el inminente peligro de que nos arrastren las aguas heladas y tumultuosas del egoísmo. Para eso «sirven» los santos: para recordarnos las verdades sencillas de la fe; para que podamos crecer, como humanos y como cristianos, a su sombra.

EL OBSERVADOR 589-2

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¿CÓOOMO DIJO?
La canonización tras bambalinas

La peregrinación mexicana a Roma no fue la más nutrida
pues el Papa elevaba a los altares a dos italianos; pero sí fue la más ruidosa, la única que gritaba «viva el Papa» y la que, de verdad, sintió como suya el domingo pasado la Plaza de San Pedro. Tanto así que en las ocasiones en que se refirió a México, Benedicto XVI cambió su tono de voz y le imprimió un entusiasmo imposible de expresarse en los despachos de prensa.

Hablando de nuestros periódicos y de nuestra tele, una vez más han demostrado —por si a alguien le quedaba alguna duda— que tienen la cabeza puesta en otra parte, o que del catolicismo no entienden ni la o por lo redondo. La mayoría se pusieron a hacer comparaciones entre tío y nieto, hasta llegar a la peregrina conclusión que Rafael Guízar no es Marcial Maciel. Pues no. Tampoco es Hugo Sánchez o el Dalai Lama.

Don Sergio Obeso, arzobispo de Xalapa y sucesor del nuevo santo mexicano, estaba muy contento de haber concelebrado con el Papa. Y dijo una frase que habrá que meditarla (sobre todo entre quienes creen que para ser santo solamente hay que pagar una «corta»): «Los tres o cuatro minutos que tardó el Papa en recitar la fórmula de canonización nos costaron a nosotros un proceso de 55 años».

Movidísimo, el gobernador del estado de México, Fernando Peña Nieto, trató de hacer aparecer su figura como el indudable candidato del PRI a la próxima elección del 2012. Como buen hijo de ese instituto político, Peña Nieto sabe medir los tiempos. Y estos tiempos son los de «dejarse ver» en lugares donde, antes, los priistas no ponían un pie. Por ejemplo, en una canonización de un obispo perseguido por el gobierno... emanado del PRI.

También Luis Ernesto Derbez, secretario de Relaciones Exteriores, aunque, dijo, «a título personal» (como era domingo, no hubo «peje» que lo acusara), el ex gobernador de Veracruz, Miguel Alemán, y la familia del gobernador actual, Fidel Herrera, quien no fue no porque no quisiera sino porque alguna parte de su entidad estaba inundada. ¿Qué irían a hacer estos y otros personajes? Esperemos que a tomar ejemplos de santidad para llevarlos a su vida práctica. Aunque una densa sombra de duda nos corroa por dentro...

Intensa y muy visible se ha vuelto la seguridad papal, sobre todo después de las reacciones en el mundo de Oriente tras el discurso académico pronunciado en Ratisbona por Benedicto XVI. No es para menos. En Europa se respira un ambiente de tensión brutal. Y el blanco siempre es el cristianismo. La sangre de Juan Pablo II sigue fresca en los adoquines de la plaza de San Pedro...

EL OBSERVADOR 589-3

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Hoy, 80º DOMUND
La humanidad del tercer milenio tiene necesidad urgente de conocer a Jesucristo

La intención de oración del Papa para octubre de 2006 dice: «Para que la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones aumente por doquier el espíritu de animación y cooperación misioneras». Esta intención suscitó el siguiente comentario del cardenal Iván Dias, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos:

El 14 de abril de 1926 Pío XI dio su aprobación a la petición formulada por el consejo superior general de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, que pidió al Pontífice poder establecer «un día de oración y propaganda de las misiones que se celebrara en un mismo día en todas las diócesis, parroquias e institutos del mundo católico». Los motivos que llevaron a esta petición estaban bien definidos: «Ella haría comprender la grandiosidad del problema misionero, excitaría el celo del clero y del pueblo; daría ocasión propicia para dar a mejor conocer cada vez más la Obra de la Propagación de la fe, promover las inscripciones y pedir el óbolo para las misiones; pero, sobre todo, a modo de santa cruzada, haría dulce violencia al Corazón Sacratísimo de Jesús para conseguir que el mundo se apresurase a reconocer a Su Divina Majestad» (cfr. Rescrito de la Sagrada Congregación de Ritos, 14 de abril de 1926).

En estos ochenta años la humanidad ha caminado con paso rápido, acelerándose cada vez más en los últimos tiempos. Ha vivido acontecimientos sobrecogedores como dos guerras mundiales, el holocausto, los conflictos que surgen en todas las partes del planeta; pero también ha progresado en el campo de la ciencia, de la tecnología, de la medicina; se ha lanzado a la conquista del espacio, se ha dotado con instrumentos de comunicación sofisticados, ha proclamado solemnemente los derechos inviolables de todo hombre, ha visto profundos cambios sociales y políticos como la caída del muro de Berlín.

Sin embargo, cuántas veces, también en estas últimas décadas, el hombre ha intentado borrar a Dios de la historia, de alejarlo de la propia vida, de cortar toda unión vital con Él, proclamándose el dueño del universo, de la humanidad, de la creación. Entonces el hombre se ha lanzado contra el propio hombre, la humanidad se ha precipitado en el abismo de la violencia y la brutalidad. La pretendida voluntad de renegar de Dios no ha procurado ciertamente la felicidad y el bienestar, antes bien, ha provocado dolor, infelicidad, inseguridad... «Los grandes éxitos de la técnica y la ciencia, que han mejorado notablemente la condición de la humanidad, dejan sin solución las preguntas más profundas del ser humano. Sólo la apertura al misterio de Dios, que es Amor, puede llenar la sed de verdad y felicidad de nuestro corazón» (Papa Benedicto XVI, audiencia general, 16 de agosto de 2006).

Después de 80 años ¿continúa siendo actual la petición del consejo superior general de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe? ¿Continúa siendo necesario incrementar la animación y la cooperación misionera? «También la comunidad cristiana en esta nuestra época se siente enviada a los hombres y mujeres del tercer milenio, para hacer que conozcan la verdad del mensaje evangélico y abrirles de este modo el camino de la salvación. Y esto no constituye algo facultativo sino que es la vocación propia del Pueblo de Dios, un deber que le incumbe por mandato del mismo Señor Jesucristo», recordó el Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en el congreso promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en el 40 aniversario del decreto conciliar Ad gentes (audiencia 11 de marzo de 2006).

Por tanto, la humanidad del tercer milenio tiene más que nunca necesidad de Cristo, de conocer el amor del Padre y la fuerza de su Espíritu. Continua siendo necesario, hoy, hacerse misioneros ante esta humanidad tan atormentada e inquieta, para que los que no han oído todavía hablar de Jesucristo puedan conocerlo y quienes los han rechazado con su comportamiento puedan volver al camino correcto. La misión confiada por Jesucristo a su Iglesia es más actual que nunca, «está todavía en sus comienzos», como dijo el Santo Padre Juan Pablo II en la Redemptoris missio, (n.1). Pero para que se realice la Misión es necesario que haya alguien que se encargue de ello, es necesario que cada bautizado cargue sobre sus hombros esta misión.

La intención misionera propuesta por Benedicto XVI para este mes nos invita a rezar para que «la celebración de la Jornada Mundial incremente por todas partes el espíritu de animación y cooperación». Siguiendo el llamamiento del Papa, pedimos para que cada uno asuma de forma consciente que está llamado, en cuanto bautizado, a anunciar al mensaje de Jesucristo. Según la bella expresión del concilio Vaticano II, esta Jornada es la ocasión de reconocernos todos como Pueblo de Dios «en misión» con quienes entramos en contacto y el Señor pone en nuestro camino. Sólo así crecerá «el espíritu de animación y cooperación» y la Misión no será tan sólo una cita de pocas horas al año sino el latido del reloj que marca nuestra vida espiritual día tras día, mes tras mes, año tras año. La oración será la que cargará el reloj de la vida misionera, porque «el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él y en su trabajo» (Deus Caritas est, n.37).

Fuente: Agencia Fides

EL OBSERVADOR 589-4

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PINCELADAS
El mensaje del talismán
Por el P. Justo López Melús

El maestro entregó a su discípulo un talismán con el que podía conseguir todo lo que desease. Pero sólo podría usarlo para algo importante, que no hiciera daño a nadie y que no pudiera conseguir por sí mismo. El discípulo pensó pronto en el dinero, o en viajar por el mundo, pero eso vio que podría conseguirlo él mismo, poco a poco. Pensó en el amor de una chica, pero eso comprendió que era más bonito conseguirlo con su cariño.

Entonces entendió el mensaje del talismán. Le ayudaba a discernir las cosas importantes y a poner en marcha todos sus talentos, y veía que era mucho más satisfactorio conseguir sus deseos con su propio esfuerzo que con la magia del talismán. La fuerza del talismán estaba en no ser usado. Ayudaba a reflexionar, a sacar a flote nuestras fuerzas ocultas, a hacer lo que está a nuestro alcance antes de pedir ayuda. Lo importante era saber usar el talismán, sin usarlo.

EL OBSERVADOR 589-5

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Estrategias para desarrollar la autoestima
Por Yusi Cervantes Leyzaola

He notado en mis hijos algunas inseguridades, esto a pesar de que en casa reciben mucho amor, de que los cuidamos y los apoyamos en sus intereses individuales. ¿Cómo podemos ayudarlos a desarrollar una mejor autoestima?


Lo básico, por supuesto, es algo que sus hijos ya tienen: ser amados. Eso implica ser bienvenidos, la conciencia de que son un don del cielo, que es un placer su presencia aquí y que su valor es inmenso por el simple hecho de que son quienes son.

No es suficiente con que los padres sepan que aman a sus hijos: es necesario que este amor se exprese por medio de caricias, abrazos, gestos, detalles, tiempo compartido…

El amor debe ser incondicional: se ama a los hijos lo mismo si se portan bien que si se portan mal, si sacan buenas calificaciones o si reprueban, si nos complacen o no. Otra cosa es la educación: los hijos necesitan ser guiados, tener límites, conocer las reglas. Las normas de conducta les dan estabilidad; sin ellas se encontrarían confundidos. Incluso los adolescentes necesitan esas normas para cuestionarlas y rebatirlas o aceptarlas y así ir formando criterios propios.

También es fundamental que los hijos se sientan en completa libertad para expresarse y que sepan que, si bien no siempre serán comprendidos por sus padres, al menos éstos se esforzarán al máximo para lograrlo. Por supuesto, hay que pedir que los hijos, a su vez, escuchen y traten de comprender a sus padres. Esto, no sólo poder confiar en los padres, sino que éstos confíen en los hijos, también desarrolla la autoestima. Un ambiente de seguridad, de franqueza, de respeto, donde cada miembro de la familia se sienta tomado en cuenta, es fundamental para un sano desarrollo de las personas.

Otros consejos:

1) Tomar en cuenta los valores de cada miembro de la familia. Hacerlos notar, destacarlos, pero no como un mero halago, sino orientándolos hacia la responsabilidad de utilizarlos en bien de la humanidad. Es una forma de insistir en que cada hijo es un regalo, no solamente para los padres, sino para el mundo, y tiene una misión que solamente él o ella puede desempeñar. Y, por supuesto, tiene y está adquiriendo las capacidades necesarias para ello.

2) Hay que estar atentos al lenguaje negativo y reencuadrarlo constantemente. No permitamos que nuestros hijos —y no lo hagamos nosotros mismos— utilicen conceptos de menosprecio hacia ellos mismos. Para esto resulta muy útil enfocarnos en los hechos y en las opciones para superar los obstáculos y evitar calificar negativamente a las personas. Por ejemplo, no es que un niño sea torpe: lo que sucede es que no tiene la madurez o la habilidad necesaria para manejar una jarra de agua. Si un hijo nos dice que es tonto por reprobar, lo que tenemos que hacer es analizar por qué ocurrió eso y poner el remedio necesario. Podemos decirle, si es el caso: no eres tonto, te faltó estudiar.

3) Ayudemos a nuestros hijos a compensar sus debilidades con sus puntos fuertes. Que vayan descubriendo que todos somos distintos, y que todos tenemos debilidades y fortalezas. Y eso no nos hace más o menos valiosos que los demás. Para desarrollar esas fortalezas hace falta disciplina, trabajo, estudio, práctica, orden, atención, cuidado…... Ser en exceso complacientes con los hijos, y por lo tanto, no estimular su mejor desarrollo, a la larga va a afectar su seguridad en sí mismos pues se van a sentir en desventaja ante los compañeros y ante los retos de la vida.

4) Es importante apoyar a nuestros hijos en todo tipo de competencia en las que se involucren, pero enseñándoles a no depositar su felicidad o su seguridad en éstas. Competir está bien para motivarnos a crecer y exigirnos nuestro máximo desempeño, pero no está bien depender emocionalmente del éxito en la competencia. Es necesario también saber perder y reconocer y felicitar a quien lo hizo mejor.

5) En cambio, hay que instruir a los hijos en los verdaderos valores: amor por la humanidad, integridad, autenticidad, honestidad, fe, responsabilidad, justicia, etc.

6) Finalmente, pero no lo menos importante, hay que mencionar un error de los padres por desgracia muy frecuente: la sobreprotección. Al proteger en exceso a los hijos, los padres les transmiten sus miedos, les hacen sentir que la vida es difícil y peligrosa y les envían un mensaje oculto terrible. Es como decirles: «hijo mío, no sirves, no eres capaz de resolver o de enfrentar esto, pero aquí estoy yo, para hacerlo por ti, sin mí no puedes vivir». Evidentemente, esto daña gravemente la autoestima.

EL OBSERVADOR 589-6

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DOCUMENTOS
La caridad, alma de la misión
Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Misionera Mundial, 22 de octubre de 2006

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. La Jornada Misionera Mundial, que celebraremos, si Dios quiere, el domingo 22 de octubre, ofrece la oportunidad de reflexionar este año sobre el tema «La caridad, alma de la misión». La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no surge de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad filantrópica y social. El amor que Dios tiene por cada persona constituye, de hecho, el corazón de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que se nos ha entregado en Jesús, Palabra de salvación, imagen perfecta de la misericordia del Padre celestial. El mensaje salvífico podría sintetizarse, por tanto, en las palabras del Evangelista Juan: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él» (1 Juan 4, 9). El mandato de difundir el anuncio de este amor fue confiado por Jesús a los apóstoles después de su resurrección, y los apóstoles, trasformados interiormente el día de Pentecostés por la potencia del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Desde entonces, la Iglesia sigue esta misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente.

2. Toda comunidad cristiana está llamada, por tanto, a dar a conocer que Dios es Amor. En este misterio fundamental de nuestra fe quise detenerme a reflexionar en la encíclica «Deus caritas est». Dios penetra con su amor toda la creación y la historia humana. El hombre, en su origen, salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor. El pecado ofuscó después en el la impronta divina. Engañados por el maligno, los primeros padres, Adán y Eva, abandonaron la relación de confianza con su Señor, cediendo a la tentación del maligno, que introdujo en ellos la sospecha de que Él era un rival y quería limitarles su libertad. De este modo se prefirieron a sí mismos en lugar del amor gratuito divino, persuadidos de que de esta manera estaban reafirmando su libre albedrío. Como consecuencia acabaron perdiendo la felicidad original y experimentaron la amargura de la tristeza del pecado y de la muerte. Dios, sin embargo, no les abandonó y les prometió a ellos y a su descendencia la salvación, preanunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que revelaría, en la plenitud de los tiempos, su amor de Padre, un amor capaz de rescatar a toda criatura humana de la esclavitud del mal y de la muerte. En Cristo, por tanto, se ha comunicado la vida inmortal, la misma vida de la Trinidad. Gracias a Cristo, buen Pastor, que no abandona a la oveja perdida, se da la posibilidad a los hombres de todos los tiempos de entrar en la comunión con Dios, Padre misericordioso, dispuesto a volver a acoger en su casa al hijo pródigo. Signo sorprendente de este amor es la cruz. En su muerte en la cruz, Cristo —como he escrito en la encíclica Deus caritas est— «se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical […]. Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar» (n. 12).

3.
En la vigilia de su pasión, Jesús dejó como testamento a los discípulos, reunidos en el Cenáculo para celebrar la Pascua, el «mandamiento nuevo del amor–mandatum novum»:

«Lo que os mando es que os améis los unos a los otros» (Juan 15, 17). El amor fraterno que el Señor pide a sus «amigos» tiene su manantial en el amor paterno de Dios. Observa el apóstol Juan: «todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios» (1 Juan 4, 7). Por tanto, para amar según Dios es necesario vivir en Él y de Él: es Dios la primera «casa» del hombre y sólo quien habita en Él arde con un fuego de caridad divina capaz de «incendiar» al mundo. ¿No es esta la misión de la Iglesia en todos los tiempos? Entonces no es difícil comprender que la autentica solicitud misionera, compromiso primario de la comunidad eclesial, está unida a la fidelidad al amor divino, y esto vale para cada cristiano, para cada comunidad local, para las Iglesias particulares y para todo el Pueblo de Dios. Precisamente, de la conciencia de esta misión común recobra fuerzas la generosa disponibilidad de los discípulos de Cristo para realizar obras de promoción humana y espiritual que testimonian, como escribía el querido Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris missio, «el alma de toda la actividad misionera»: «el amor, que es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno» (número 60). Ser misioneros significa amar a Dios con todo nuestro ser, hasta dar, si es necesario, incluso la vida por Él. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, también en nuestros días, han ofrecido el supremo testimonio de amor con el martirio! Ser misioneros es atender, como el buen samaritano, las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el corazón de Cristo no busca el propio interés, sino únicamente la gloria del Padre y el bien del prójimo. Este es el secreto de la fecundidad apostólica de la acción misionera, que supera las fronteras y las culturas, llega a los pueblos y se difunde hasta los confines extremos del mundo.

4. Queridos hermanos y hermanas: que la Jornada Misionera Mundial sea una oportunidad para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misión, concierne a todos. Servir al Evangelio no debe considerarse como una aventura en solitario, sino como un compromiso compartido de toda comunidad. Junto a los que están en primera línea en las fronteras de la evangelización —y pienso con reconocimiento en los misioneros y las misioneras— muchos otros, niños, jóvenes y adultos, contribuyen con la oración y su cooperación en diversos modos a la difusión del Reino de Dios en la tierra. El deseo es que esta participación crezca cada vez más gracias a la contribución de todos. Aprovecho esta oportunidad para manifestar mi gratitud a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y a las Pontificias Obras Misioneras (PP.OO.MM.), que con entrega coordinan los esfuerzos desplegados en todas las partes del mundo en apoyo a la acción de cuantos se encuentran en primera fila en las fronteras de la misión. Que la Virgen María, que con su presencia en la Cruz y su oración en el Cenáculo colaboró activamente en los inicios de la misión eclesial, apoye su acción y ayude a los creyentes en Cristo a ser cada vez más capaces de auténtico amor, para que, en un mundo espiritualmente sediento, se conviertan en manantial de agua viva. Presento mi auspicio de corazón, mientras envío a todos mi bendición.

EL OBSERVADOR 589-7

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Se compran las Misas?

Pregunta: En ocasiones escucho cómo los sacerdotes dicen que cuesta «x» cantidad de dinero celebrar la Misa por los 15 años, matrimonio, etc. ¿Esto no es comprar la misa como si fuera algo material? Mis abuelos decían que los padres vivían de la providencia que Dios les daba cada día, y que reciben lo que las personas puedan.

Un amigo presbítero me comentó que tenía una Misa para un difunto, y que llegaban a su bolsillo doscientos pesos, que con esto hacía «x» cosa. ¿Por qué cobrar doscientos pesos mientras los deudos tienen que comprar lo del funeral, y están en una población con recursos económicos muy debajo de un nivel digno? ¿Qué pasa con cobrar por algo que es manantial y cumbre de nuestra fe?

Los Santos Padres de que tengo memoria han combatido la compra y venta de asuntos de Iglesia, en los primeros siglos, como en todo tiempo. Actualmente, ¿esto no sería compra y venta de bienes de la iglesia, compra y venta de la Eucaristía como algo que no es más que para los padres una fuente de ingresos de dinero para irse de vacaciones al mar o comprarle a un amigo ropa? ¿No sería mejor que este dinero ayudara a los pobres a salir adelante?

Respeto mucho a la gente con la vocación religiosa, y me da gusto que no todos los padres sean así.

Paco

Respuesta:
Los sacerdotes viven de la Providencia —de hecho, todos vivimos de la Providencia—, pero eso no significa que puedan vivir del aire. Igual que todo el mundo, necesitan comida, ropa, un techo, gas, electricidad, transporte y, de vez en cuando, hasta unas vacaciones; y nosotros, como pueblo que recibe sus servicios, tenemos la obligación de mantenerlos dignamente. En culturas antiguas se consideraba una vergüenza para el pueblo que su sacerdote sufriera privaciones. A los modernos nos encantaría ver a nuestros sacerdotes descalzos, a pan y agua, con una túnica raída y mal durmiendo sobre una tabla, pero no tenemos derecho a exigírselo mientras nosotros no estemos dispuestos a hacer lo mismo. Los sacerdotes que yo he conocido, salvo muy contadas y lamentables excepciones, llevan una vida bastante austera si la comparamos con la de cualquier profesionista que se haya preparado durante 8 años para su trabajo.

La Iglesia, por otro lado, tiene muchos otros gastos, como conservación de templos, gastos de oficina, mantenimiento de seminarios y muchas más obras benéficas que todas las demás instituciones del mundo juntas, incluyendo los gobiernos. Le puedo asegurar que el dinero entregado a la Iglesia es el mejor aprovechado que hay.

Dice san Pablo en sus cartas: «Si en ustedes hemos sembrado bienes espirituales, ¿será mucho que recojamos de ustedes bienes materiales?» (1Co. 9, 11).

Una Misa, efectivamente, no se puede cobrar, porque no habría dinero en todo el mundo para pagar el sacrificio de Cristo, pero se pide una colaboración para la supervivencia del sacerdote, para que siga habiendo Misas. Teóricamente para eso son las limosnas, pero si usted se asoma a las charolas de la limosna de una Misa promedio y hace algunas cuentas, descubrirá que no alcanzarían para que los sacerdotes comieran ni bien ni mal. El diezmo es otra fuente de entradas, pero también es insuficiente. Por eso la Iglesia pide, para ceremonias especiales, una colaboración conocida como «estipendio» en apego a un estricto reglamento.

Aquí en Querétaro, por ejemplo, se pide por intención en Misa ordinaria $50.00, por bautizo $80.00, por Misa de quince años y por matrimonio $400.00, incluyendo la presentación. A este estipendio hay que agregar, según el templo, gastos de luz, arreglo floral, velas, salario del sacristán... Parte de esta colaboración es para el sacerdote, parte para la Diócesis y parte para el fondo parroquial. Si comparamos estos gastos con el costo de un banquete o la contratación de un salón o un conjunto, tendremos que reconocer que son verdaderamente irrisorios.

Otros servicios que realizan los sacerdotes como confesiones, consultas, dirección espiritual, juntas con sus grupos o equipos, retiros espirituales, organización de catequesis, visitas a enfermos, administración de la parroquia, etc., son completamente gratuitos.

El reglamento también establece que «los fieles que no tengan lo suficiente para cubrir el importe del estipendio, darán lo que puedan (o nada). Nadie se verá privado de un servicio religioso por carecer de medios económicos».

No dudamos que pueda haber abusos o incomprensiones de parte de algunos párrocos o notarios parroquiales, pero podemos asegurar que son abusos y que son excepciones, no reglas; y, en cambio, sabemos de gente que, teniendo dinero para otros lujos, no quiere pagar el estipendio a la Iglesia; y de parroquias en las que siempre de principio se pide a la gente que dé lo que pueda dar, e incluso de una parroquia en una zona muy pobre en la que el párroco ha comprado por su cuenta vestidos de novia, anillos, arras y lazos, y se los presta a los novios para que se puedan casar.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 589-8

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Niños con capacidades diferentes: la manifestación del amor de Dios
Por María Velázquez Dorantes

Todos los días miles de seres humanos nacen en el mundo; algunos de ellos sanos y fuertes, otros son niños especiales, con capacidades diferentes de las del resto.

A través de ellos el lenguaje de Dios para el hombre se hace presente, porque les ha otorgado características peculiares no sólo en lo físico o en lo mental, sino que además han llegado a las familias con dones propios, logrando así la unión familiar, el tejido de puentes entre los padres, y robando millones de sonrisas con sus gestos de amor, ternura, inocencia y paz.

Son niños que hacen presente el amor infinito de su Creador, que no lastiman a nadie, y que en su ser lo que hay para brindar a quienes les rodean se sustenta en la universalidad del amor.

En el 2005 el obispo de Toluca, Francisco Javier Chavolla Ramos, aclaró que la discapacidad no es un castigo de Dios; por el contrario, los menores que la padecen nos permiten santificarnos, son como ángeles que nos enseñan el valor de la persona y nos enseñan a no pensar sólo en lo material.

Un caso de amor

Hace 22 años los médicos anunciaron el nacimiento de una niña sana y fuerte . Llegó a una familia que la esperaba, con seis hermanos que veían su llegada.

Todo marchaba normal, pero a los tres meses sus padres la llevaron a que la vacunaran.

Por negligencia médica se le aplicó a esa bebé una vacuna caducada. Ese mismo día los primeros síntomas se manifestaron: convulsiones.

Los médicos diagnosticaron parálisis cerebral que afectó el hemisferio izquierdo, imposibilitando el caminar y el habla. Además, una baja de defensas en el organismo. Otros médicos no daban esperanzas de vida.

Sus padres y hermanos se entristecieron. Cuando la niña tenía cinco años de vida su padre falleció. Sin embargo, Dios le envió la fortaleza a su mamá y a una hermana mayor para cuidarla y aceptarla, a pesar de ser diferente.

Las terapias empezaron, el esfuerzo se doblo, la unión de la familia se fortaleció. La fe en Dios y la Virgen María han hecho maravillas. Ahora la familia ve a través de la sonrisa de una niña especial que convirtió un hogar en un lugar especial, en una manifestación del amor de Dios.

EL OBSERVADOR 589-9

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Álvaro d'Ors (1915-2004)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Filósofo y jurista romanista español. Don Álvaro fue el tercer hijo de Eugenio d'Ors, una de las figuras centrales del pensamiento español. Se formó en el derecho, pero en forma paralela siguió la carrera de filología clásica, lo que demuestra su temprana devoción por la antigüedad.

Abrazado a la causa carlista y tradicionalista, se alistó en el ejército nacional cuando estalló la Guerra Civil en 1936. Al terminar ese conflicto se dio de lleno a la vida académica, primero en la Universidad de Granada, más tarde en la de Santiago de Compostela y finalmente en la de Navarra, fundada por el Opus Dei, a cuya espiritualidad adhirió prácticamente desde su fundación.

Un aspecto central del ideario orsiano fue su crítica al concepto subjetivo del derecho, que le llevó a cuestionar los llamados derechos humanos y las declaraciones de derechos del hombre, que sufren aquella sorprendente contradicción que marcara Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae, pues mientras más se los anuncia, más se los conculca. Se trata —como sin duda comprendió d' Ors— de las consecuencias de un concepto pervertido de libertad y de autonomía moral. Por otro lado, la mirada punzante de don Álvaro se extendió también sobre la secularización de raíz europeizante y el concepto de Estado democrático totalitario; en la crítica al consumismo capitalista y en los conceptos de región y nación, autarquía y autonomía. Asimismo, una de las piedras basales de su pensamiento es la teoría de la auctoritas, expresada en primer término en su ensayo Autoridad y potestad. Allí, d'Ors define la autoridad como «un saber socialmente reconocido» —la vida intelectual, por ejemplo— y la potestad como «un poder socialmente reconocido», la política práctica.

Sus obras: Presupuestos críticos para el estudio del derecho romano (Salamanca, 1943), Epigrafía jurídica de la España romana (Madrid, 1953), Principios para una teoría realista del derecho (1953), Papeles del oficio universitario (Madrid, 1961), Una introducción al estudio del derecho (1963), Escritos varios sobre el derecho en crisis (Madrid, 1973).

EL OBSERVADOR 589-10

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TEMAS DE HOY
El regreso de la moneda de plata
Por Carlos Montiel

Juan Pablo II —de feliz memoria— dijo que la lucha contra la pobreza encuentra una fuerte motivación en la opción o amor preferencial de la Iglesia por los pobres. La Comisión Episcopal de Pastoral Social, preocupada por el uso moral del dinero, ha presentado el libro El regreso de la moneda de plata, como dinero justo y honesto, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, del autor José Alberto Villasana.

El autor logra conjuntar la perspectiva de la Iglesia con la perspectiva de la economía política y temas como el proceso monetario internacional que priva en este momento, el modelo neoliberal y el proyecto de monetizar la plata, aplicando los principios de solidaridad, subsidiaridad y bien común, son analizados en el libro. Realidades como el colapso bancario de 1995 en nuestro país, la devaluación del peso en un 89,590% en los últimos treinta años y la dependencia del peso respecto al dólar, hacen del proyecto de monetización de la plata un blindaje al ahorro popular.

Manuel Gómez Morín refirió que la plata representaba la última tabla de salvación de fraudes monetarios organizados por los gobiernos, y el recurso final de nuestras economías empobrecidas o desquiciadas por malos gobiernos. Primeramente las monedas de oro y la plata fueron los instrumentos de intercambio y riqueza utilizados. Posteriormente se usó el dinero de papel llamado «fiduciario», que no se trataba de monedas físicas de oro o plata, sino de certificados que prometían la entrega de dichas monedas. Actualmente es utilizado el dinero «fiat», el cual no tiene respaldo, ni promete la entrega de valor a su dueño. Es la introducción gradual de la onza de plata «Libertad» en paralelo al peso fiduciario a la circulación monetaria lo que pretende el presente ensayo y no volver al patrón plata, ni abrir cuentas bancarias denominadas en plata, ni sustituir las reservas del Banco de México por depósitos de plata, ni mucho menos reemplazar el peso con monedas de plata. El regreso del dinero justo y honesto —la plata— contribuye a la construcción de una sociedad donde reine la justicia, del cual urge una profunda reflexión en estos momentos, ya que tal moneda no sufrirá devaluaciones y garantiza la supervivencia del ahorro popular. Hoy día el proyecto de monetizar la plata se consolido como iniciativa de reforma a la Ley Monetaria.

EL OBSERVADOR 589-11

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FIN

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