El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
29 de octubre de 2006 No. 590

SUMARIO

bulletPORTADA - Los obispos de Estados Unidos piden al presidente Bush vetar la construcción del muro fronterizo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El tema de la fe
bulletNIÑOS - Si eres de Cristo no celebres la «noche de brujas»
bulletPINCELADAS - Cruzar el desierto
bulletREPORTAJE - A propósito del 1º de noviembre: ¿Para qué sirven los santos?
bulletUn esposo y cinco hijos
bulletLa demanda contra el cardenal Rivera no busca proteger a los menores de edad, sino fomentar el odio contra la religión
bulletALACENA - La comunión, espíritu de la comunicación
bullet¿Quién olvidó qué en el Día de Muertos?
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Eugenio d'Ors

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PORTADA
Los obispos de Estados Unidos piden al presidente Bush vetar la construcción del muro fronterizo

El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, monseñor William Skylstad, anunció ante la prensa mexicana que ha enviado una carta al presidente George W.Bush pidiendo vetar la ley que autorizará la construcción de más de mil kilómetros de muro en la frontera con México.

«Nos oponemos a esta legislación porque creemos que puede conducir a la muerte de inmigrantes que intenten ingresar a Estados Unidos y a un incremento en los casos de violencia relacionado al contrabando», dijo monseñor Skylstad en Dallas, luego de visitar la región fronteriza con México, acompañado de otros obispos.

El presidente del episcopado estadounidense señaló a la prensa mexicana que la carta al presidente Bush señala que el muro «enviará una señal errónea a nuestro pacífico vecino del sur, México, así como a la comunidad internacional».

Monseñor Skylstad destaca en la carta que las muertes de inmigrantes se han duplicado desde 1995, cuando el gobierno federal comenzó una serie de iniciativas diseñadas a desviar el flujo de indocumentados de los puertos de entrada y de otras rutas tradicionales.

«En nuestra estimación, la edificación de un muro en la frontera obligaría a los migrantes, desesperados por encontrar un empleo para alimentar a sus familias, a buscar alternativas más peligrosas para ingresar al país, contribuyendo a un aumento en las muertes», dijo Skylstad.

«La Iglesia católica es testigo de la pobreza que conduce a gente desesperada a buscar empleo en nuestro país y esos asuntos de raíz económica que provocan la inmigración indocumentada no se resolverán con más cercas o barreras», dijo el obispo.

«Desde esta perspectiva, sentimos que solo el desarrollo de las políticas de economía global y de comercio diseñadas a ayudar a crear mejores salarios en sus países de origen permitirán a las personas permanecer en sus hogares, mantenerse a sí mismos y a sus familias», concluyó.

Mientras tanto, en México, el arzobispo de Puebla, monseñor Rosendo Huesca, expresó su esperanza en que los gobiernos de México y de Estados Unidos lleguen a un acuerdo migratorio porque «los dos países se necesitan».

Según el prelado, el anunciado muro fronterizo no resolverá el problema del flujo migratorio. «Lo hará más peligroso, más mortal, pero no lo va a resolver. No servirá para una política ordenada y humanitaria de migración, de convenio de mano de obra entre dos países que se necesitan», indicó y reconoció que México necesita crear empleos debidamente remunerados para que nadie tenga que emigrar.

Fuente: ACI

EL OBSERVADOR 590-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El tema de la fe
Por Jaime Septién

ROMA. A escuchar al Papa van pocos, ha verlo y tomarle una fotografía, van millares. Las audiencias de los miércoles han aumentado en su población y llegan ya a las 50 mil almas. Pero hay que estar en la parte trasera de la Plaza de San Pedro para darse cuenta quiénes van.

Muchos son peregrinos, pero la gran mayoría son turistas. Lo que buscan es estar cerca del hombre vestido de blanco, de ser posible (ya no es posible) tocarlo e irse a seguir el paseo por las calles de Roma. Lo que diga o deje se decir poco importante. Pero si es difícil entenderlo con los de Taiwán, mucho más difícil resulta con los de países «católicos» como el nuestro.

Muchas banderas, muchas imágenes de la Virgen de Guadalupe o de San Rafael Guízar, pero poco caso al mensaje papal. Cuando Benedicto XVI nos invita a ser testigos creíbles de Cristo, a no desesperar de la misericordia de Dios, a trabajar siempre a favor de los más débiles o a nadar contra la corriente del relativismo, defendiendo la Verdad aún a costa de nuestra seguridad, nos está invitando a tomar partido, a jugárnosla por Jesús, a ser cristianos de tiempo completo.

He estado ya en múltiples actos en los que habla el Papa. Su tono de voz, pero sobre todo su exigencia cristiana, me han impresionado hondamente. Habla al corazón de quien quiere escucharlo. También a la razón. Y expresa un Evangelio actual, para el hombre que hoy ha cambiado el ser por el saber, el parecer, el tener o el poder.

«Dios nos es una palabra vacía, no es una hipótesis abstracta, es el fundamento de la propia vida», dijo hace unos días, al inaugurar el año de las academias pontificias romanas. Pero el mundo se niega a conocer esa Verdad, los católicos a proclamarla desde los tejados. Por eso el mundo vive como si Dios se hubiera ido, y los católicos no somos capaces de volverlo a poner en el centro de la historia.

Falta mucho por escuchar de Benedicto XVI. Pero lo importante no nada más es escucharlo (que ya es bastante), sino hacerle caso, estudiar con él nuestra fe y volver al mundo más humano, que esa es nuestra misión.

EL OBSERVADOR 590-2

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NIÑOS
Si eres de Cristo no celebres la «noche de brujas»

En la noche del 31 de octubre —a veces también el 1º y el 2 de noviembre— muchos niños de tu ciudad salen a las calles vestidos de espantosos mamarrachos, tocando de puerta en puerta, y pidiendo que les regalen dulces.

Se trata de una costumbre que México ha querido copiar de los Estados Unidos. Hay quien dice que no hay que celebrar esta «noche de brujas» —o Halloween, como la llaman los gringos— porque contribuye a que desaparezcan las creencias mexicanas relacionadas con el Día de Muertos. Pero no todas las tradiciones, costumbres o creencias son buenas por el solo hecho de ser mexicanas; por ejemplo: todavía hay gente que va los panteones y pone una ofrenda con comida sobre las tumbas de sus difuntos porque cree —o al menos eso dice— que esa noche el muerto va a venir del más allá y se va a dar un buen banquete con esos alimentos. Eso, por supuesto, es una creencia absurda y contraria a lo que la Biblia nos enseña, pues Jesús fue muy claro al decir que cuando uno muere ya no tiene las necesidades que tenemos los que aún peregrinamos en la Tierra. La persona que fallece es llamada a la presencia de Dios para recibir su premio o su castigo; entonces, ¿por qué habría de venir a su tumba para comer?

Lo que nos debe mover a celebrar o a no celebrar ciertas fiestas es Cristo. Tú fuiste bautizado de pequeño, y le perteneces a Dios. El Halloween es una festividad de origen pagano, o sea que es de una religión que no reconoce ni obedece a Jesucristo.

Desde el Antiguo Testamento, Dios advierte que no debe imitarse a los paganos que promueven lo diabólico; no hay por qué celebrar a brujas, duendes, monstruos y demás, ni promover que se tome el mal como si fuera un juego. Dice san Pablo: «Busquen lo que agrada al Señor. No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas» (Efesios 5, 10-11).

Claro que cuesta trabajo ir contracorriente. Y, por desgracia, las tiendas están llenas de máscaras de vampiros, zombies, etc., para que se te antoje participar en el Halloween. Y si estás inscrito en una escuela particular, a lo mejor hasta tu maestra te va a pedir que un día vayas con un disfraz macabro porque ella cree que es muy importante enseñarte a practicar las costumbres de Estados Unidos (aunque tu colegio se llame «Alemán», «Franco», «Japonés», etc.).

Hay niños y papás que justifican salir disfrazados la noche del Halloween, Todos Santos o Día de Muertos porque dicen que ellos no piden «dulces o travesuras», como en Estados Unidos, sino que solicitan dinero «para mi calaverita» porque las calaveritas de azúcar son mexicanas. Pero no es una costumbre mexicana mendigar para comprar calaveras de azúcar; los niños mexicanos no le piden a los extraños sino a su papá o a mamá que les compren su calavera. Tú no eres un limosnero, tú eres hijo de Dios, el Rey del Universo.

EL OBSERVADOR 590-3

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PINCELADAS
Cruzar el desierto
Por el P. Justo López Melús

Nasrudín tenía que atravesar el desierto, pero era muy peligroso, pues había muchos leones. Había que ser previsor y prepararse muy bien. Se cargó una gran piedra y empezó a caminar. «¿Para qué quieres esa piedra, para matar al león cuando te ataque?». «No, para tirarla cuando vea al león y así correr más rápido. Al sentirme ligero, me será más fácil escapar de él».

La moraleja es bien clara. Hay que arrojar el lastre, las cargas que todos llevamos encima: preocupaciones, miedos, apegos, para poder ir más ligeros. Lo mejor hubiera sido no cargar con la piedra. La postura más sabia es no cargarse la mochila con pesos inútiles. Pero una vez cargados, procurar desprenderse de ellos. Una mente libre es la mejor preparación para cruzar el desierto de la vida.

EL OBSERVADOR 590-4

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REPORTAJE
A propósito del 1º de noviembre: ¿Para qué sirven los santos?
Autor: P. Jordi Rivero | Fuente: Corazones.org
¿Es importante rezar a los santos? ¿Debemos venerarlos? ¿Por qué son santos?


Todos fuimos creados por Dios para ser santos, pues Dios quiere que todos se salven (cfr. 1Tm 2,4), mas para salvarse es necesario renunciar al pecado y seguir a Cristo con fe.

Los primeros santos venerados fueron los discípulos de Jesús y los mártires (los que murieron por Cristo). Más tarde también se incluyó a los confesores (se les llama así porque con su vida «confesaron» su fe), las vírgenes y otros cristianos que demostraron amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia y vivieron con virtud heroica.

Con el tiempo creció el número de los reconocidos como santos y se dieron abusos y exageraciones, por lo que la Iglesia instituyó un proceso para estudiar cuidadosamente la santidad. Este proceso, que culmina con la «canonización», es guiado por el Espíritu Santo según la promesa de Jesucristo a la Iglesia de asistirla siempre (cfr. Jn 14:26, Mt 16:18). Podemos estar seguros de que quien es canonizado es verdaderamente santo.

La Iglesia no puede contar la cantidad de santos en el Cielo, ya que son innumerables, y por eso celebra la Fiesta de todos los Santos. Solo se consideran para canonización unos pocos que han vivido la santidad en grado heroico.

La canonización es para el bien de nosotros en la Tierra y en nada beneficia a los santos que ya gozan de la visión beatífica (ven a Dios cara a cara).

Los santos en el Cielo son nuestros hermanos mayores que nos ayudan con su ejemplo e intercesión hasta llegar a reunirnos con ellos.La devoción a los santos es una expresión de la doctrina de la Comunión de los Santos que enseña que la muerte no rompe los lazos que unen a los cristianos en Cristo. Los protestantes rechazaron la devoción a los santos por no comprender la doctrina de la Comunión de los Santos. El concilio de Trento (1545-63) reafirmó la doctrina católica. Los santos interceden por nosotros. En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca reemplaza la oración directa a Dios, quien puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos en una gran familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten.

Los santos son modelos. Debemos imitar la virtud heroica de los santos. Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la cultura. Por ejemplo, al ver cómo los santos aman la Eucaristía, a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta dónde puede llegar el amor en un corazón que se abre a la gracia.

Al venerar a los santos damos gloria a Dios, de quien proceden todas las gracias.Sin duda hay quienes se desvían de una sana devoción y hasta existen personajes que son venerados popularmente al margen de la Iglesia y no son sino falsos santos. Estos errores no justifican que se descuide la auténtica devoción, sino más bien resalta la importancia de la catequesis.

Un santo puede ser declarado patrono de un país, diócesis o institución religiosa. También hay santos patronos de diferentes gremios y causas. Además, todos podemos elegir un santo patrono de nuestra devoción como modelo e intercesor.

La santidad consiste en la participación más íntima en la vida de Dios. Todos estamos llamados a la santidad: «Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48).

No son superfluos los santos, pues nos ayudan a ver en la práctica cómo es posible dejarse poseer por el Espíritu Santo y vivir según las Bienaventuranzas.

Ellos no nos sobran, pero tampoco suplen a Dios. Son personas que han entregado su vida y que Dios nos los pone como puntos de referencia.

EL OBSERVADOR 590-5

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Un esposo y cinco hijos
«Si pudiera volver a empezar, me buscaría un marido que trabaje y me dedicaría a nuestros cinco hijos»
Por Marco Antonio Batta, L.C. / Buenas Noticias

«Si pudiera volver a empezar, me buscaría un marido que trabaje y me dedicaría a nuestros cinco hijos». A esta conclusión llegó Eva Herman, una bella y famosa presentadora de televisión alemana. El problema es que su vida ha sido casi lo opuesto: cuatro esposos y un hijo.

Eva Herman fue hasta hace poco la conocidísima conductora del noticiero transmitido por ARD, el canal público más importante de Alemania. Inteligente, rubia, de ojos azules, era para muchos y muchas el modelo de una mujer moderna plenamente realizada. Aún no tenía 30 años cuando ya dirigía el noticiero más importante de todo el país.

Por ello su libro «El principio de Eva. Por un nuevo feminismo», publicado por la editorial Pendo Verlag, ha despertado una polémica en el país. Su tesis llama la atención, sobre todo, porque parece contradecir sus propias opciones de vida. El libro se ha convertido en un incómodo interrogante para quienes veían en ella un modelo a imitar.

El mensaje central de «El principio de Eva» podríamos resumirlo así: «Queridas amigas: ¿vale la pena sacrificar lo más nuestro, es decir, nuestra maternidad y nuestra capacidad para hacer del hogar un lugar cálido y acogedor, con tal de llegar a una presunta realización profesional?». Su respuesta tiene dos letras: no.

Alemania es uno de los países con más baja tasa de natalidad en Europa y algunos, entre ellos Eva Herman, acusan a las mujeres de este hecho. Alice Schwarzer feminista y directora del semanario Emma comparte la teoría de que no es obligación de las mujeres impedir la extinción de la especie humana. Ellas quieren tener hijos, pero también quieren trabajar y realizarse profesionalmente.

Margot Käsmann, de la iglesia protestante, atiza el fuego: «Está demostrado que quienes no quieren tener hijos son, sobre todo, los hombres y no las mujeres, porque tienen miedo a comprometerse».

Mientras tanto Eva, surfeando sobre la polémica, precisa su pensamiento: «Es completamente equivocado —dijo mientras presentaba su libro en Berlín— reducir mi tesis a simplemente «volvamos todas a la cocina»». Sin embargo, ha reiterado: «la mujer debe volver a ser mujer, y no una fea imitación del hombre».

Según un sondeo hecho sobre mil personas, el 75% de los entrevistados considera anticuada su postura. Resultado enigmático, pues el libro se vende como pan caliente. A lo mejor mintieron los entrevistados… o quizás Eva Herman está diciendo algo que nadie se atreve a reconocer públicamente.

EL OBSERVADOR 590-6

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La demanda contra el cardenal Rivera no busca proteger a los menores de edad, sino fomentar el odio contra la religión
Declaración publica del Colegio de Abogados Católicos de México, A.C.

Los miembros del Colegio hemos seguido con atención el vaivén de declaraciones en torno a una supuesta demanda interpuesta en el estado de California, en los Estados Unidos de América, en contra del ciudadano mexicano cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de la arquidiócesis de México. Queremos recordar que, hasta que no exista una sentencia en que se prueben los cargos, la presunción de inocencia es un principio no discutido en todo estado de derecho.

La conducta pública y privada del señor Cardenal no ha violado la ley, ni mucho menos actualiza tipo penal alguno respecto a las supuestas conductas imputadas.

Nos repugna la pederastia. Es un acto aún más deleznable que la difamación; pero es la difamación, y no la pederastia, lo que priva en este caso. No es la niñez a quien se está pretendiendo defender con estas supuestas acusaciones, ni tampoco se busca su protección, aunque la tomen —quienes acusan— mezquinamente como bandera. De lo que realmente hablamos es de una institución extranjera cuyo objetivo principal no es defender la integridad de los menores de edad sino, por el contrario, vengar y fomentar el odio contra quienes dedican su vida a la religión.

Cuando las acusaciones resulten fundadas, callaremos y aceptaremos las sentencias de los jueces. Pero cuando no, haremos todo lo que esté en nuestras manos, con toda la fuerza que nos dan la ley, la moral cristiana y la razón, para que el terrible daño moral que ocasionan personas enfermas de odio a los servidores de Cristo no siga siendo negocio de oportunistas.

Como abogados, los miembros del Colegio estamos dispuestos a asistir al cardenal Rivera y a cualquier otro miembro del clero que, en nuestro territorio nacional, sea acusado falsamente, para preservar las garantías individuales de las que gozan como mexicanos. No permitiremos que una soberanía extranjera (legal o de cualquier tipo) se cruce en nuestro camino.

EL OBSERVADOR 590-7

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ALACENA
La comunión, espíritu de la comunicación
XVI Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación
Por fray Gilberto Hernández García, O.F.M.

Bajo el lema «La comunión, espíritu de la comunicación», se llevó a cabo en la ciudad de Puebla, del 9 al 13 de octubre, el XVI Encuentro Nacional de Responsables de Pastoral de la Comunicación, con la participación de más de 80 agentes de pastoral. La reunión, convocada y coordinada por la Comisión Episcopal de Comunicación Social, estuvo encabezada por el mismo presidente de la CECS, monseñor Guillermo Ortiz Mondragón, obispo de Cuatitlán-Izcalli. La reunión tuvo como finalidad, además del encuentro fraterno y la puesta en común de experiencias en esta pastoral, «fortalecer los trabajos y unificar criterios que incidan en la Nueva Evangelización», como rezaba el objetivo propuesto.

Los protagonistas

La reunión tuvo como protagonistas a los agentes de pastoral —entre obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos comprometidos— que ofrecen sus servicios en las Comisiones Diocesanas de Comunicación Social (CODIPACS), en las publicaciones diocesanas, en programas televisivos y radiofónicos, en los portales web, en empresas editoriales, en la docencia y cualquier otra iniciativa a favor de la comunicación eclesial.

En la reunión se contó con las valiosas aportaciones de Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano; de Teodoro Pino Miranda, obispo de Huajuapan de León, Oaxaca y vocal de la CECS; de Eduardo Garzón, director de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación; además de otros especialistas en materia de comunicación eclesial como los padres Rafael González, de la Sociedad de San Pablo; Sergio Valdivia, de Puebla; Luis García Orso, jesuita; entre otros.

Pastoral de la comunicación, columna vertebral

El lema que impulsó los trabajos del encuentro fue abordado desde diversos ángulos, por medio de conferencias magistrales, testimonios, trabajos en equipo y los momentos de oración. Se destacó la importancia de la comunicación para impulsar la comunión no sólo al interior de la Iglesia sino con toda la familia humana.

En las reflexiones propuestas también se dejó ver cómo es percibida la Iglesia a través de los medios de comunicación nacionales y cómo es preciso que la pastoral de la comunicación asuma su papel de columna vertebral de la acción pastoral de la Iglesia en búsqueda de la comunión.

Además se hizo hincapié en la necesaria vivencia interior o espiritualidad que los comunicadores católicos deben tener para ser fieles en el anuncio del Evangelio con los modernos medios de comunicación social.

EL OBSERVADOR 590-8

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¿Quién olvidó qué en el Día de Muertos?
Por María Velázquez Dorantes

¿Qué ha pasado con el México que revivía año con año una tradición cultural en la que el sentido religioso sobre el fenómeno de la muerte tenía una mayor relevancia? ¿Es, acaso, que las tradiciones y costumbres se han ido apagando por el desenfrenado flujo de productos importados desde el extranjero, de nuevas ideas e ideologías transmitidas de otros países, que se mezclan para producir una hibridación que culmina muy lejos de un sentido religioso y se aproxima a la confusión por los festejos terroríficos con los que se relaciona a la muerte?

El hecho de traer a la memoria a quienes han dejado el mundo, el significado de rezar por el descanso del alma y estar a la espera de encontrarnos un día en la gloria eterna con quienes se nos adelantaron en el camino sin retorno, se ha convertido para algunos en un asunto de poco interés, es un asunto en que pocos desean pensar. La mortalidad del ser humano le preocupa sólo a algunos cuantos. En lugar de intervenir en la reconstrucción de una costumbre ancestral, lo importante es organizar bailes de disfraces, comprarse máscaras que demuestren un sentido aterrador y creer que mientras se le causa un buen susto a una persona la carcajada convertirá a la muerte en placer.

La incursión de los medios de comunicación en los hogares ha tomado parte en esta comercialización de la muerte como un fenómeno de tortura, puesto que las industrias culturales se están ocupando en sembrar una especie de suspenso en determinadas fechas, amparándose en la frase: «es lo que el público pide». La televisión, el cine, la radio e incluso la propia internet se masifican para ofrecer breves datos en forma de flash seudoinformativos sobre la cultura de la muerte, pero se concentran en producir mensajes que aceleren la adrenalina de las audiencias «olvidando a los muertos», una forma paradójica.

El sentido religioso y la religiosidad popular para algunas de las industrias de medios de difusión resultan innecesarios porque no les deja rentabilidad. En cambio, en día de muertos arman un gran conjunto que va desde los tolk shows, la nueva modalidad de quienes encuentran fantasmas hasta en su sombra, hasta la exhibición de películas de miedo supuestamente cómicas, llegando a las verdaderamente terroríficas. Mientras que, por el lado de lo social, lo más taquillero son los bailes populares de disfraces, la cena-noche de brujas, hasta lo más lamentable: el grupo de amigos que se reúnen para ir construyendo leyendas urbanas.

Entonces, ¿quién olvido qué el día de muertos? Dónde quedan los altares que van más allá del concurso por parte de los ayuntamientos, dónde dejaron las calaveras literarias, cuándo decidieron cambiar las calaveras de azúcar por máscaras de halloween, dónde quedaron las ofrendas, la comida, las flores mexicanas, el ritual, ¿entre las industrias o entre los consumidores?

EL OBSERVADOR 590-9

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Eugenio d'Ors (1881-1954)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Escritor y filósofo español. Doctor en derecho y en filosofía, d'Ors inició su vida pública en el 'catalanismo', con ciertos ribetes 'progresistas'. A él se debe la fundación del noucentismo, movimiento estético-político puesto en marcha para la 'modernización' de Cataluña. No obstante, en 1931, d'Ors condenó el advenimiento de la República con frase diamantina («el plebeyo jolgorio en que una inconsciente muchedumbre se tragó quince siglos de tradición como pueden tragarse doce granos de uva») y desestimó su catalanismo de juventud, del que sólo quedaron —según él mismo cuenta— 'unos vínculos sentimentales' con su región natal. La unidad española había ganado otro poeta para sí.

D'Ors se define a sí mismo y a su obra utilizando el término heliomaquia, o combate por la luz del espíritu y la inteligencia. Ese estilo orsiano, esencialmente agónico, no puede ser comprendido sino a la luz de la tradición hispánico-católica de la que fue originalísimo testigo. En pos de ese testimonio, nuestro autor se distinguió en el mundo académico, en el periodismo y también en la política. La Guerra Civil lo sorprendió en París y allí permaneció parte del conflicto. No obstante, en 1937 se afilió a la Falange Española y sus tres hijos (inclusive Álvaro, a quien recordábamos en la entrega anterior) empuñaron las armas en el Ejército Nacional. Poco después fue nombrado Jefe Nacional de Bellas Artes y durante la posguerra se dedicó a difundir la cultura hispánica por el mundo entero. Fue, sin dudas, uno de los grandes pensadores que ostentó la España franquista.

Traemos a colación algunos de sus títulos: De la amistad y del diálogo (1914), Aprendizaje y heroísmo. Grandeza y servidumbre de la inteligencia (1914), La filosofía del hombre que trabaja y que juega (1914), Glosario (1915-1917), Nuevo glosario (1920-1943), Introducción a la filosofía (1921), Introducción a la vida angélica (1939), La civilización en la historia (1943), Lo barroco (1944), El secreto de la filosofía (1947), La ciencia de la cultura (1964) y Novísimo glosario (1944-1945). Al efecto de homenajear a este gigante de las letras españolas tomamos hoy un poético fragmento de su obra Nuevo glosario:

Yo tengo una pena antigua,
Yo tengo una pena – pena
Que no la remediaría
Pidiendo de puerta en puerta.
Ni la pueden remediar
Discursos en Academia,
Ni pastorales de obispo,
Ni pláticas de Ginebra,
Ni un rey tampoco, a no ser
Un rey de tal real realeza,
Que, sin andar por las ramas,
Ni convocar asambleas,
Quitara a los peces gordos
Los pluses con que se ceban
Y se los pasara al pobre
Para alivio de su pena:
Porque esa pena es el hambre,
Con permiso de Vuecencias.

EL OBSERVADOR 590-10

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FIN

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