El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
5 de noviembre de 2006 No.591

SUMARIO

bulletPORTADA - Lozano Barragán: «el muro es hijo del miedo; esperemos que éste tenga el mismo final que el Muro de Berlín»
bulletLa mesa del diálogo -Decálogo-
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Cómo anunciaría Jesús la Buena Nueva hoy?
bulletPINCELADAS - Concentrarse en la tarea
bulletEl Sembrador
bulletNUESTRO PAÍS - VIH y SIDA en México
bulletLa solución al conflicto de Oaxaca está en el corazón de cada mexicano
bulletCatólico «hasta los zapatos»
bulletFLOR DE HARINA - Cuatro clases de oyentes

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule

PORTADA
Lozano Barragán: «el muro es hijo del miedo; esperemos que éste tenga el mismo final que el Muro de Berlín»
El Observador / Redacción
Entrevistado por Gianni Cardinale para el periódico católico italiano Avennire, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán habló sobre el muro que pretende construir la administración Bush en la frontera entre México y Estados Unidos. A continuación, un compendio de la intervención del purpurado, quien es el «ministro» de Salud del Papa.


Eminencia, ¿qué reacción le suscita esta noticia?
Es bueno recordar que todo país tiene el derecho de custodiar la propia soberanía y regular quien se interna dentro de él. Sin embargo, toda ley debe ser respetuosa de la dignidad de la persona humana, y este muro, junto con la custodia de miles de personas armadas dispuestas a actuar contra de quien lo viole, no tiene nada de respetuoso de la dignidad de las personas de los inmigrantes.

¿Por qué?
Los métodos violentos se imponen cuando la inteligencia se oscurece. Y éste es un caso en el que la autoridad estadounidense no ha encontrado una manera inteligente y además humana de resolver el problema. Se ha querido resolverlo por medio de la violencia. Estados Unidos es un país que nació y creció con los inmigrantes. Siendo la más grande democracia del mundo, ¿deben abandonar la vía de la inteligencia e invocar la de la violencia? Además, desde el punto de vista económico, no me parece una acción muy propicia.

¿En qué sentido?
Los inmigrantes mexicanos, sin contar los de otros países latinoamericanos, envían, cada año, a sus familias cerca de 20 mil millones de dólares, lo que constituye la segunda fuente de divisas para México. Yo digo: si las remesas son así de grandes, ¿cuánto no será más grande el beneficio que dejan en Estados Unidos los trabajadores? ¿Están seguros de que no van a matar a la gallina de los huevos de oro?

Sin embargo, aquí se está hablando de inmigración clandestina…
No estamos seguros que el muro resolverá el problema. Es fácil prever que los inmigrantes continuarán queriendo entrar aunque de manera más riesgosa, quedando en manos de traficantes sin escrúpulos. La decisión del muro es negativa para los Estados Unidos tanto desde el punto de vista moral como del geopolítico.

¿Con esto que quiere decir?
En América Latina se está fortaleciendo el sentimiento anti estadounidense. Lo han demostrado algunas elecciones recientes. Con el muro, la señal que manda Estados Unidos fortalecerá este sentimiento. Y nos recuerda la historia de los grandes imperios —el chino, el romano— que cuando han empezado a caer, han creído poder resolver el problema construyendo un muro. Tanto Juan Pablo ll como Benedicto XVI han subrayado que el mundo necesita puentes y no muros, ni entre México y Estados Unidos ni en Tierra Santa. Esperamos que éste tenga el mismo final que el de Berlín.

EL OBSERVADOR 591-1

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


La mesa del diálogo -Decálogo-
Por Mario de Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro
«La autoridad que asiste al diálogo es intrínseca a la verdad que expone, al amor que difunde, al ejemplo que propone; no es un mandato ni una imposición» (P. Pablo VI).


Hablar de diálogo resulta fácil, practicarlo no lo es tanto, sobre todo cuando es verdadero y no sólo un pretexto para imponer la propia opinión. Las exigencias de sus requisitos responden a la altura de su naturaleza, que es del orden trascendente de la verdad y del amor. Señalamos aquí algunos:

1. En un régimen democrático quien no sabe dialogar con paciencia tampoco logra gobernar con sabiduría y eficacia; el diálogo es propiedad y cualidad del ser humano, creado a imagen de la Santísima Trinidad.

2. Todo diálogo auténtico parte de la propia identidad, que no es cerrazón sino condición para escuchar con serenidad y aplomo a quien piensa distinto. Se dialoga desde la verdad y nunca desde la ficción.

3. El diálogo no es para convencer al adversario, sino para enriquecer las propias convicciones, escuchando con atención al interlocutor. Parte siempre del respeto mutuo.

4. En la intimidad profunda del ser humano se oculta la imagen de Dios, idéntica para todos; siempre habrá, por tanto, un punto de convergencia. El diálogo auténtico nunca se agota, siempre es posible.

5. Es indispensable que los dialogantes escuchen primero su propia conciencia, que los invita a preferir el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la sinceridad sobre la malicia, el bien general sobre los intereses particulares.

6. La verdad, aunque es una, suele tener varios rostros y admitir diversas expresiones; pero, de dondequiera que venga, siempre procede del Espíritu Santo. Rechazar la verdad es resistir al Espíritu Santo.

7. El diálogo verdadero mira más al futuro por construir que al pasado por rememorar. Los hechos del pasado son irreversibles y, además, son susceptibles de múltiples interpretaciones. Es temerario querer caminar hacia adelante mirando sólo el espejo retrovisor.

8. Con respecto al pasado, la única actitud racional y razonable es asumirlo, ofrecer el perdón y buscar la reconciliación; con respecto al futuro es indispensable la mano siempre abierta, dispuesta a la colaboración.

9. El hombre verdadero, plenamente humano, no es el que guarda rencor perpetuo ni el que está siempre acusando (Salmo 103), sino el hombre reconciliado, creado a imagen y semejanza de Dios.

10. La «mesa del diálogo» comienza en la «mesa familiar», cuando padres e hijos comen con amor y en paz su pan; y culmina en la «mesa de la Eucaristía», donde Cristo nos reconcilia con el Padre y nos une, con la fuerza de su Espíritu, en un solo cuerpo al darnos a su comer su Pan. La oración del diálogo se llama Padrenuestro.

EL OBSERVADOR 591-2

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


CARTAS DEL DIRECTOR
¿Cómo anunciaría Jesús la Buena Nueva hoy?
Por Jaime Septién

El título en esta columna coincide con el nombre de un concurso lanzado por la Campaña de Comunicación Católica (CCC) de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos; concurso que invita a los niños del país a participar, por medio de dibujos, pinturas o cualquiera otra expresión artística, en la reflexión sobre el modo como Cristo nos propondría el Evangelio en los tiempos que corren

Abierto a niños de 6 a 11 años de edad (los primeros seis grados de educación), el concurso se hace eco del tema que ha escogido Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2007: «Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación». El plazo para presentar propuestas concluye el próximo 5 de marzo. Los ganadores se anunciarán el 1 de mayo (mes en que se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales) del próximo año 2007.

La iniciativa es muy buena, porque estimulará a los niños a entender el Evangelio al tiempo que le dará pistas a la Iglesia estadounidense para saber un poco más de las necesidades de los pequeños de hoy, invadidos por los medios de comunicación, sobre el mensaje y el modo de ser cristianos. En El Observador nos haremos eco de esta iniciativa, y en la tercera semana de enero de 2007 la lanzaremos a los lectores más jóvenes del periódico.

La propuesta del papa Benedicto XVI —como todas las suyas— trae una gran carga de actualidad por detrás. Es mucho lo que los adultos hemos dicho sobre los medios de comunicación y la educación en la fe, pero es muy poco lo que hemos escuchado la voz de los menores de edad. Y tenemos que hacerlo. La Iglesia tiene que hacer un esfuerzo por quitarse de encima lo clerical, y salir al mundo para contemplar a Cristo en la historia actual, sobre todo en los ojos de los niños que hoy están creciendo con la idea de que el Evangelio es cosa de viejos.

Porque, en efecto: ¿cómo haría hoy Jesús para atravesar el caparazón de la gente y anunciarle el Reino de Dios? ¿Cómo podría hacernos sacudir la modorra que nos atenaza, para impulsarnos a dar todo por los demás? La cuestión es bastante compleja. Deben ser los niños los que nos abran las puertas del alma. Su presencia en la Iglesia es cada día más necesaria pues Jesús mismo se quedó a morar entre ellos.

EL OBSERVADOR 591-3

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


PINCELADAS
Concentrarse en la tarea
Por el P. Justo López Melús

El secreto para hacer las cosas bien es la concentración. Fuerza y empeño enfocados en la única tarea del momento. Todo el yo empleado en la acción concreta que me toca hacer. Nada de distracciones, de interrupciones, de miradas a los lados. La capacidad de concentración es la medida del éxito. Si te desparramas y te despistas, lo estropeas todo.

Un célebre jugador de golf estaba a punto de ganar el campeonato, con ventaja sobrante para salir vencedor. Entonces oyó una voz que le felicitaba ya por el triunfo seguro. Se acercó a él y le agradeció su felicitación. Pero ahí estuvo su perdición. Perdió la concentración cuando más la necesitaba, pues sin concentración no hay juego. Erró el último golpe y se le fue el trofeo. La falta de concentración le costó el campeonato.

EL OBSERVADOR 591-4

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


El Sembrador
Por el P. Fernando Pascual

Muchos encuentros de Cristo fueron, aparentemente, casuales. Ocurrieron de maneras muy distintas, entre una turba de discípulos o en solitario, entre alabanzas y críticas mordaces, en pleno día o en el silencio de una noche perfumada de jazmines.

Tantas personas pasaron de mil modos junto al Maestro. Oyeron sus palabras, sintieron el aire fresco en su voz firme y su mensaje nuevo. La semilla fue arrojada sobre muchos corazones, el mensaje era explicado como nadie antes lo había hecho.

Unos guardaron la semilla, como tierra buena, preparada, fecunda. Otros tenían abrojos, espinas, durezas, amarguras, y no entendieron, o no quisieron dar un paso para acoger la Palabra.

El Evangelio hoy, como hace 2000 años, llega a tantos corazones y de tantos modos... También nosotros pasamos junto a Cristo en un templo. O lo vemos y tocamos en ese misterio divino del Pan tierno y repartido. O lo sentimos en tantas gracias que nos invitan a mirar al cielo para encontrar el amor paterno. O lo percibimos en la voz profunda y sencilla del Espíritu que nos invita a dejar pecados y a dar el corazón y el tiempo a los hombres y mujeres que viven bajo el mismo techo.

El Sembrador pasa cada día, respetuoso, junto a hombres y mujeres, junto a niños y ancianos, junto a sanos y enfermos. Nos recordará que tenemos un Padre en los cielos, nos hablará de la belleza del corazón puro, nos pedirá ser luchadores por la paz y la justicia en un mundo hambriento de esperanza.

Nos invitará, nuevamente, a mirar a lirios y jilgueros, a las nubes y a los vientos, a la lluvia y al sol que calienta nuestros campos. Nos dirá que tenemos que ser como los niños, con los ojos redondos y abiertos, con la boca llena de preguntas sin malicia, con los brazos con moretones y deseosos de cuidados maternos.

El Sembrador sigue su camino entre los polvos de un mundo gris y hambriento. Ha dejado, junto a mi alma, semillas de amor y de esperanza. La cizaña amenaza con tallos peligrosos, como si buscase llenar mi vida de sueños necios. Pero quisiera, al menos hoy, cortar pasiones y quitar envidias, para dejar espacio a las palabras de Jesús el Nazareno. Viviré entonces un poco de Evangelio: me dejaré amar por Dios y buscaré amar, de corazón, a mis hermanos...

EL OBSERVADOR 591-5

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


NUESTRO PAÍS
VIH y SIDA en México
COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL - CÁRITAS

Miembros de la Iglesia católica en México, con trabajo en VIH y SIDA, en el marco de las actividades de la Campaña Nacional Esperanza de VIHDA de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), nos hemos reunido en Acatzingo, Puebla, del 20 al 22 de octubre del 2006.

Hemos reconocido que el VIH y SIDA es más que una enfermedad, es un problema social que requiere de respuestas integrales y creativas, fundadas en solidaridad y en una profunda experiencia de fe que coloca en el centro a Jesús, quien tuvo una actitud de amor misericordioso para todos, especialmente los más pobres, los enfermos, los rechazados.

El VIH y SIDA nos demanda a los cristianos la asistencia y la atención al impacto de la pandemia, pero también nos exige la respuesta profética que anuncia y denuncia las causas que son la raíz del problema.

Nos sentimos entristecidos ante el enriquecimiento de algunas empresas farmacéuticas por los altos costos de los medicamentos para tratar el SIDA, que los hace inaccesibles para muchas personas, y, por otra parte, no existen suficientes medicamentos de uso pediátrico.

Apreciamos que nuestros hermanos que viven con VIH y SIDA aportan a la Iglesia una visión enriquecedora. Ellos, presentes en el foro, expresaron lo siguiente: «No pedimos conmiseración, sino comprensión. Somos católicos comprometidos, que tenemos el deseo de servir a nuestra Iglesia, y pedimos ser tratados sin distinciones; pedimos que la sociedad no nos separe de ella».

Creemos que nuestra Iglesia desempeña un papel importante en el cuidado y acompañamiento espiritual de las personas que viven con VIH y sus familias.

A la vez, reconocemos que tenemos la tarea de incluir en nuestra Iglesia y en la sociedad a estas personas, combatir el aislamiento y las concepciones erróneas que provocan el estigma y la discriminación. En estos dos problemas encontramos un campo de acción para nuestra Iglesia y, para enfrentarlos, hemos creado la campaña Esperanza de VIHDA, con el lema: «Sin culpas y sin peros, incluir es fácil».

El SIDA nos invita a regresar a la familia, a vivir la raíz de nuestra fe: el amor al prójimo, sin condiciones y sin juicios de ninguna naturaleza.

Señalamos como un reto la necesidad de aumentar la formación en el campo del VIH y SIDA de los diversos agentes de pastoral, para impulsar el acompañamiento a las personas afectadas por el VIH y la respuesta eficaz a la epidemia.

En este Foro se vivió un espíritu ecuménico con la presencia de Linda Hartke, coordinadora general de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial, institución con la que hemos comenzado, junto con otras, la organización de la Conferencia Ecuménica Mundial sobre VIH y SIDA. Esta reunión se celebrará previa al Congreso Internacional de SIDA en 2008 en la ciudad de México; ambos encuentros nos convocan para preparar una participación activa y creativa de nuestra Iglesia.

Hablamos de la prevención de nuevas infecciones y encontramos grandes retos.

Creemos que no hay soluciones fáciles, nuestra respuesta debe ser dada desde nuestra vocación a la vida, promoviendo la dignidad humana y los valores cristianos.

Concluimos llenos de esperanza nuestro encuentro; disfrutamos las diferencias y el sentido de que, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, unidos en una tarea común: dar una respuesta profundamente cristiana al problema del VIH y SIDA, fundada en el amor de Dios.

Pedimos a Dios una pronta cura para el SIDA, y la erradicación del estigma y la discriminación en nuestras comunidades.

Queremos decir a nuestros hermanos afectados por el VIH y SIDA que no están solos, que son bienvenidos en nuestras comunidades de fe, y que reforzamos nuestro compromiso solidario con su lucha, nuestra lucha.

Unidos en Cristo.

www.ceps-caritasmexico.org

EL OBSERVADOR 591-6

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


La solución al conflicto de Oaxaca está en el corazón de cada mexicano, asegura la Conferencia Episcopal

Los obispos mexicanos, «preocupados por la gravedad de los conflictos que, día a día, crecen en el pueblo de Oaxaca y que son la causa de un estado de ingobernabilidad que lastima la dignidad de su gente», han alzado la voz a través de un comunicado para «proclamar que hay esperanza para lograr la paz».

El estado mexicano de Oaxaca lleva cinco meses inmerso en una profunda crisis social después de que los maestros comenzaran un paro de actividades el 22 de mayo para exigir salarios más altos.

A los maestros se les unió la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) y otras 200 organizaciones civiles, que mantuvieron ocupados plazas, calles, edificios públicos y emisoras.

«La solución está en el corazón de cada mexicano; en el amor del hombre y para el hombre; en el desprendimiento de intereses particulares para buscar el interés del pueblo», dicen los obispos.

En el documento, firmado por monseñor José Guadalupe Martín Rábago, obispo de León, y por monseñor Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco, presidente y secretario, respectivamente, de la Conferencia Episcopal, «hace un llamado a mantener viva y activa la esperanza, comprometiéndonos en la construcción de la paz, de la reconciliación y el bien común por medio de nuestra participación».

«En un problema social como el que sufrimos nadie tiene todas las respuestas ni la solución absoluta, por eso es necesario confiar en un diálogo honesto donde experimentemos que la solución se encuentra entre todos», afirman los pastores de la Iglesia mexicana.

«Es imprescindible —consideran— que surja una madura reconciliación en todos los niveles, que propicie el reconocimiento de los derechos y deberes de cada oaxaqueño, que motive la pronta solución de los conflictos que por años se han visto y sentido en Oaxaca».

Los prelados piden «respetuosamente al gobierno que supere toda tentación de venganza, que actúe con plena imparcialidad, que impulse las reformas que necesita el pueblo restableciendo la anhelada gobernabilidad y la vigencia del estado de derecho».

«Tanto el gobierno como la APPO, el magisterio, las organizaciones civiles y sectores de la sociedad, tienen la oportunidad histórica de impulsar esta reconstrucción social de Oaxaca. Cada uno de nosotros puede ser parte de la solución de los conflictos», aclara la Conferencia.

«Es necesario un pacto social entre las diferentes organizaciones y fuerzas de la sociedad», finaliza el comunicado.

Zenit.org-El Observador

EL OBSERVADOR 591-7

horizontal rule

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

horizontal rule


Católico «hasta los zapatos»
Por José H. Gómez /arzobispo de San Antonio, Texas

Probablemente alguna vez han escuchado que alguien diga: «¡soy católico hasta los zapatos!». Esa expresión no quiere decir que necesitamos que nuestros zapatos sean católicos para poder ser buenos hijos e hijas de la Iglesia. Pero tiene un significado simbólico importante: que cuando somos católicos debemos serlo en todos los aspectos de nuestra vida.

Esto es especialmente cierto si consideramos que ninguno de nosotros es un ser individual, aislado, cuya felicidad y salvación dependen exclusivamente de «ser bueno» y cumplir con algunas devociones y algunos sacramentos. Cada uno de nosotros vive en medio de un tejido que incluye a otras personas en él: nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra sociedad, nuestro país.

Como nos explica el Compendio del Catecismo, «junto con el llamado personal a la bienaventuranza divina, el hombre posee una dimensión social que es parte esencial de su naturaleza y de su vocación»; y por eso «el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios» (Compendio, n. 401).

Nuestra fe, por ello, se debe extender al prójimo, no sólo al que vive junto a mí, sino a todo aquel que participa de la misma comunidad, de la misma sociedad en la que vivo. De una manera misteriosa pero real, todos los seres humanos compartimos, en alguna medida, un llamado común.

Nuestra vida cristiana, por tanto, si es auténtica, debe proyectarse naturalmente en nuestro entorno, y debe influir en la construcción de un mundo que el siervo de Dios Juan Pablo II describía con tres palabras: «más fraterno, más justo y más reconciliado». El mismo Juan Pablo II nos invitaba, en su encíclica Centesimus annus, a construir una «ecología humana», es decir, una sociedad donde no sólo reine la justicia social, sino también los valores morales y espirituales que hagan que el mundo no sea tóxico para los seres humanos, sino propicio para su desarrollo integral.

Como explica el Compendio, «una auténtica convivencia humana requiere respetar la justicia y la recta jerarquía de valores, así como el subordinar las dimensiones materiales e instintivas a las interiores y espirituales. En particular, cuando el pecado pervierte el clima social se necesita hacer un llamamiento a la conversión del corazón y a la gracia de Dios, para conseguir los cambios sociales que estén realmente al servicio de cada persona, considerada en su integridad» (Compendio, n. 404). Lo más importante de este texto es que establece claramente la íntima relación que existe entre la conversión personal y el cambio social; entre la santidad individual y la justicia en nuestro entorno.

Esta realidad no tiene nada de nuevo: ya san Juan nos decía en su carta que «Quien no ama a su hermano a quien ve, miente si dice que ama a Dios, a quien no ve».

La caridad, en efecto, es el más grande mandamiento social, pues nos lleva a la construcción del bien común.

EL OBSERVADOR 591-8

horizontal rule

  [SUMARIO] [INICIO]

horizontal rule


FLOR DE HARINA (Sal 147, 14)
Cuatro clases de oyentes
Por el P. Justo López Melús

Hay cuatro clases de oyentes de la Palabra de Dios (Mt 13).

1.) Los que no quieren escuchar, les rebota la Palabra. Pronto se la comen los pájaros de la distracción. Evely comenta: ¿En qué pensamos cuando la oímos? ¿De qué trataba el Evangelio del domingo? Cómo recordamos, en cambio, la canción de moda, la última película. La rapidez con que olvidamos la Palabra de Dios parece un argumento de la existencia del demonio. «Son los hombres-camino».

2.) Luego están los oyentes superficiales. Sensibles, impresionables. Pero no cambian, no se empapan. Está bien, dicen. ¡Qué bonito! ¡Qué bien habla! «Son los hombres-piedra».

3.) En los terceros hay tierra profunda. Son espíritus reflexivos. Pero sofocan la Palabra para no complicarse. Ya tienen bastantes problemas. No tienen tiempo. Encuentran excusas. Discuten. Pero nada más. «Son los hombres-espinas».

4.) ¿Y cuál es la tierra buena, la cuarta clase de oyentes, «los hombres-esponjas»? Ahora viene la sorpresa. No son los que esperaban que ahora se hablase de ellos. Son los que se han reconocido en las tres clases anteriores. Son los que escuchan la Palabra como una llamada personal de Dios a ellos, para dejarse vaciar, desenmascarar, desalojar de su buena conciencia. Los que, cuando escuchaban las disposiciones de los tres primeros, pensaban: ése soy yo, eso es para mí, yo soy el aludido, el que ha de cambiar. Ante el peligro de estar aplicando a los demás lo que oían, escuchaban en su interior la acusación del profeta Natán a David: ese hombre eres tú.

EL OBSERVADOR 591-9

horizontal rule

[SUMARIO] [INICIO]

horizontal rule


FIN

horizontal rule

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006