El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
3 de diciembre de 2006 No.595

SUMARIO

bulletPORTADA - Hay señales evidentes de acercamiento entre cristianos y musulmanes, dice la teóloga de las religiones Ilaria Morali
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Comunicar desde Cristo
bullet¿CÓOOMO DIJO? - La deuda con la patria
bulletFAMILIA - Matrimonio: comunidad abierta
bulletPINCELADAS - El picapedrero
bulletCOLUMNA ABIERTA - Adviento en buen tiempo
bulletINTERNACIONAL - Hay 246 millones de niños explotados en el mundo
bulletENTREVISTA - La migración y México están en el punto de mira de los católicos alemanes en 2007
bulletEl Adviento y sus símbolos
bulletMimados por Dios
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Luis Fernando Figari
bulletEl papa Benedicto XVI decreta una reestructuración de las provincias eclesiásticas de México

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PORTADA
El diálogo Islam-Cristianismo en Turquía
Hay señales evidentes de acercamiento entre cristianos y musulmanes, dice la teóloga de las religiones Ilaria Morali
Por Miriam Díez i Bosch / Especial para El Observador
La profesora Ilaria Morali –de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma— ha estado recientemente en Turquía, país que visita con frecuencia para encuentros de diálogo cristiano-musulmán. Esta experta en la doctrina de la Gracia relata, en exclusiva para El Observador, su experiencia en tierra turca con profesores musulmanes. Ilaria Morali es autora de varias publicaciones sobre teología de las religiones y ha participado en encuentros en Japón, Indonesia y la India sobre este tema. Ofrecemos esta entrevista a nuestros lectores como reflexión que acompaña el viaje de Benedicto XVI a este país, una república democrática y laica de mayoría musulmana.


¿Está mejorando el diálogo entre cristianos y musulmanes en Turquía? Justamente el encuentro de Estambul, del que acabo de regresar, que este año llega a la cuarta edición, es una señal evidente del progresivo acercamiento. Yo participo desde hace tres años y admito que, etapa tras etapa, el clima de nuestros 'aclaraciones» —nosotros llamamos así de común acuerdo nuestro diálogo— ha ido cambiando y se ha hecho cada vez más franco y amigable, aunque lo que nos comunicamos no es siempre fácil de aceptar por el otro.

¿Los musulmanes aprecian que les hable de la fe cristiana? Hay, sobre todo, un enorme interés por el cristianismo por parte de las jóvenes generaciones. Un colega musulmán, experto en historia, tiempo atrás me dijo que cree necesario conocer no sólo el cristianismo basándose en las fuentes interiores del Islam, sino también leyendo directamente libros cristianos. Yo estoy viviendo una extraordinaria experiencia de intercambio intelectual y humano con mis amigos musulmanes, basada sobre el interés recíproco y sobre todo en la sinceridad.

¿Todavía persisten muchos prejuicios? Tanto nuestra comprensión del Islam como la de ellos del Cristianismo padece de atávicos prejuicios que pueden ser sólo superados poco a poco, conociéndose, poniéndose preguntas, aclarándonos en la señal de la máxima transparencia. En Turquía lo hemos entendido juntos y nos hemos dado cuenta de que el camino será muy largo. En estos años hemos tratado muchos temas: la responsabilidad del hombre en la creación, la persona de Cristo, 'la salvación de los otros', o sea la concepción de salvación que el Corán y la Tradición cristiana tienen, respectivamente, del no musulmán y del no cristiano. La disertación de estos temas ha solicitado un gran empeño de parte de todos nosotros, especialmente para superar juntos algunos riesgos emotivos que se presentaron tocando materias de esta índole.

¿Cuál es la clave para un auténtico diálogo con los musulmanes? Mi experiencia está demasiado limitada para darle una respuesta exhaustiva; le correspondería ciertamente al islamólogo Padre Borrmans dársela, en virtud de su conocimiento y experiencia de los varios Islams que componen el universo musulmán. Es precisamente esta multiplicidad de tradiciones la que, según mi opinión, impide hallar una única clave por esta comparación. Con base en mi vivencia de estos años y en los coloquios con mis colegas musulmanes de Turquía, puedo decir que el secreto de un auténtico diálogo es la pasión por la verdad y el ánimo de la transparencia. Éstas son condiciones necesarias para la creación de un clima humano, de confianza y consideración recíproca.

¿Sobre qué bases debe trazar la Iglesia el diálogo? Sobre el plano en cambio estrictamente técnico, desde mi punto de vista de experta de teología dogmática católica, puedo decirle que la clave más eficaz ha sido la presentación del desarrollo dogmático enseñando la coherencia y continuidad que existen entre dato bíblico, Tradición y Magisterio. Ciertamente, nuestro modo de presentar la Escritura es diferente a su modo de leer el Corán. Creo, sin embargo, que justamente la exégesis espiritual que ha acompañado el desarrollo dogmático cristiano les ofrezca a los musulmanes una clave para comprender el dogma y su extrema vitalidad.

EL OBSERVADOR 595-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Comunicar desde Cristo
Por Jaime Septién

Los medios de comunicación que nos asumimos como cristianos —tal es el caso de El Observador— debemos tener un compromiso ineludible con la verdad. Más allá de las etiquetas, nuestra misión es «educar la inteligencia y formar a la opinión pública según el espíritu del Evangelio». Así lo pide Benedicto XVI y así lo entendemos nosotros.

Sin embargo, para «educar la inteligencia» del público, primero debemos educar nuestra propia inteligencia. En El Observador hacemos un ejercicio semanal de edición mediante el cual descartamos todo aquello que ofenda la capacidad de nuestros lectores por profundizar los misterios de la fe e iluminar con ésta los acontecimientos del mundo. Preferimos que se nos tache de «elevados» a caer en el más grave de los pecados de la prensa cristiana: la superficialidad.

Acto seguido, debemos ir a las fuentes mismas de la Verdad, a la buena nueva que es el Evangelio. Ser fieles a la doctrina de la Iglesia, a sus mandatos y a su magisterio. La fe católica, si bien no es un artículo de lujo, merece respeto, consideración, estudio, estilo, penetración y discernimiento. Es primorosa la llamada «fe del carbonero», la que no pregunta y acepta. Pero esa fe no hace cultura. Y lo que nosotros tenemos que fecundar es, precisamente, a la cultura. Porque nuestra tarea —de nuevo Benedicto XVI— consiste en «servir a la verdad con valor, ayudando a la opinión pública a observar, leer y vivir la realidad con la mirada de Dios».

Usar las herramientas tecnológicas, la técnica periodística, la fuerza de la información para estructurar una «mirada» diferente de nuestros lectores ante los acontecimientos de la actualidad. Pero, también, hacerles saber y sentir que la esperanza existe, que hay muchos que viven el Evangelio y que el amor de Cristo ha de triunfar sobre el mal y sobre la corrupción del mundo. Comunicar desde Cristo es darle voz a los sin voz. Y comprometerse en la generación de una pastoral de comunidad que será la única capaz de mostrarnos el camino de la alegría de los hijos de Dios.

EL OBSERVADOR 595-2

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¿CÓOOMO DIJO?
La deuda con la patria

No es que nos pongamos grandilocuentes, pero lo cierto es que ahora es cuando debemos darle a México algo de lo mucho que México nos ha dado a cada uno de nosotros. Eso es lo que querríamos ver de todos los actores políticos y lo que, por desgracia, no estamos viendo. Cada quien para su molino y al país que se lo lleve la trampa.

Desde que Andrés Manuel nos mandó al diablo con nuestras instituciones, la moda parece ser desestabilizar al país para sacar pringues ganancias políticas, sacar «raja», como se dice en el argot de la polaca. No importan los 52 millones de pobres ni los 20 millones que viven en la miseria. Lo que importa, parece ser, es que yo y los míos tengamos el poder. ¿Para qué? Luego se verá.

Todavía no lleva ni 48 horas en la presidencia Felipe Calderón y ya le han echado todo tipo de cohetes, buscapiés, obuses y espanta suegras. Puede que sea cierto aquello de que «el que no quiera que le den palos que no se meta de piñata», como dijo un político local. Pero el problema es que la «piñata» nos representa a todos los mexicanos. Ante esto, como escribió hace poco Germán Dehesa, lo único que podemos decir es: ¿en qué ayudo?

Con un Estados Unidos en desaceleración económica, con un Frente Amplio decidido a dinamitar todo cuanto sea orden y acuerdo, con Oaxaca en cenizas, la guerrilla en aumento, el narcotráfico galopando, la guerra de cárteles en su apogeo, el descenso del turismo internacional y el ascenso del crimen organizado, Felipe Calderón no la tiene fácil. Pero no será él solito el que nos saque del atolladero. O jalamos parejo todos o a todos nos carga el pintor.

Por lo pronto —¿quién lo fuera a decir?— el PRI lleva mano en el equilibrio de las fuerzas políticas de México. Su papel será determinante en los acuerdos inmediatos que el Presidente necesita para rendir resultados visibles a ojos de una opinión pública cada día más hastiada de los políticos. El PRD se ha alejado de una postura de izquierda democrática y el PAN, con la «sana cercanía», todavía no encuentra bien el camino de la luz. No es que quiera uno que renieguen del Presidente, pero sí que sean críticos y sepan acompañarlo en aquello donde pudiera equivocarse.

El México que todos queremos ver, un país con justicia, no se construye por decreto. Del gobierno pueden salir muchas cosas, pero nunca el cambio. Ese viene desde abajo o es pura demagogia. O le entramos nosotros o pasado mañana vamos a estar recolectando las cenizas desesperanzadas de lo que pudo ser y no fue. Que no se repita en la sociedad mexicana el «ya merito» de la selección de futbol. Por favor.

EL OBSERVADOR 595-3

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FAMILIA
Matrimonio: comunidad abierta
Por el P. Umberto Marsich m.j. / Madrid

«Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn 13, 34): el nuevo mandamiento del amor es, para nosotros los cristianos, el alma de nuestra fe y la razón de nuestra vida. Lo es para todos y, para todos, es signo de fidelidad y de autenticidad al Señor. Además, cuando lo practicamos con entusiasmo y coherencia, nos convertimos en signo del amor de Jesús para con toda la humanidad.

«Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13): es el amor de Jesús en la cruz. Hasta la última gota de sangre. Éste es el amor que acaba con los egoísmos e irrumpe en la historia humana como viento huracanado. Purifica de los egoísmos humanos, redime la maldad colectiva de la humanidad y se impone como modelo a imitar. Cada quien, luego, buscará su forma peculiar para amar. La contemplación orante del crucificado inspirará nuestra creatividad y alentará nuestro compromiso de amor. Sin contemplación de la cruz, poco a poco, nuestro amor se reducirá a pequeñas acciones filantrópicas, intrascendentes y sin proyección.

La vocación, también de nuestros matrimonios, es la de amarse, como pareja, hasta fundirse en una nueva e irreversible realidad, o sea, en un nuevo ser. Llamados a asociar energías para que su amor, lejos de reducirse a experiencia cerrada de egoísmos compartidos, se proyecte y se extienda hacia los demás.

Los matrimonios cristianos no pueden prescindir de esta proyección amorosa. La apertura a este compromiso de amor no solo no afectará su unión, sino, más bien, la consolidará. Los cristianos no podemos aceptar esta comunidad conyugal como algo cerrado en sí mismo. En la apertura a los demás radica, en gran medida, la condición de su crecimiento humano. Intimidad y apertura han de ser compaginadas en el entramado de nuestros matrimonios cristianos. Estos no tienen por qué encerrarse en un ámbito puramente interpersonal si quieren permanecer fieles al legado de convertirse en sacramento permanente del amor de Jesús para con la Iglesia, su esposa. A la luz del Crucificado nuestros matrimonios aprenderán a abrirse al amplio horizonte del «amor social». La plenitud del amor conyugal está en la «caridad social» y se hace auténtico en la entrega y en el servicio.

Puesto que la fecundidad conyugal no debería agotarse en la procreación biológica, el matrimonio tiene que alcanzar cotas más elevadas de vitalidad social. El futuro del amor conyugal se mide decididamente por la fuerza que proyecte en la transformación de la realidad social, o sea, en el servicio generoso a los demás. La fecundidad biológica debe complementarse con la fecundidad social. Solamente así el amor conyugal cumplirá con su misión de ser «escuela del más rico humanismo y verdadera iglesia doméstica» (LG, 11). El amor debe ser la verdadera fuente de unidad y la fuerza de la familia. Cuando vive el «amor abierto», la familia se convierte en la «primera y principal escuela de socialidad» (FC, 6).

EL OBSERVADOR 595-4

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PINCELADAS
El picapedrero
Por el P. Justo López Melús

Vivió en China un picapedrero llamado Chen, que estaba muy descontento con su suerte. Cobraba un pobre sueldo y tenía una pobre choza. Siempre estaba quejándose. Una noche tuvo una aparición, el dios de la ambición. «¿Qué deseas?», le preguntó. «Me gustaría ser un gran mandarín». Y al momento se vio en un palacio espléndido, rodeado de numerosa servidumbre que cumplía todos sus deseos.

Salió a pasear y el sol era muy fuerte y le molestaba. «Quisiera ser sol», dijo. Y quedó convertido en sol. Pero luego una nube se interpuso y pidió ser nube. Una vez convertido en nube, se descargó en forma de lluvia que se estrelló contra las rocas. Ahora Chen deseó ser roca fuerte, contra la que se deshacía la lluvia. Y era feliz siendo roca dura y fuerte. Hasta que vio un picapedrero con un pico que le estaba golpeando. «¡Quiero ser picapedrero!», gritó. Y despertó. Desde entonces Chen no volvió jamás a quejarse de su suerte.

EL OBSERVADOR 595-5

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COLUMNA ABIERTA
Adviento en buen tiempo
Por Walter Turnbull

El Adviento, esa hermosa y edificante temporada del año litúrgico, nos invita, como cada año, a la preparación para la fiesta, para la venida de Cristo. No es propiamente un momento de celebración. Por eso en las coronas usamos velas moradas y en las Misas nos abstenemos de cantar el Gloria. Es, más bien, una oportunidad para la oración más intensa, la reflexión, incluso para la penitencia y el sacrificio. Es época de esperar y practicar la esperanza.

Dice Juan Pablo II en una catequesis sobre el Adviento (1978), que «el cristianismo es el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre. Ésta es sencillamente la vida misma del cristianismo». Toda la vida del cristiano consiste en eso, en prepararse a recibir a Dios. El Adviento es como una práctica intensiva de la tarea de toda la vida.

Este Adviento de 2006 a los mexicanos nos llega en muy buen momento. Casi coincide con el comienzo de otro sexenio, tiempo de esperanza. Esperanza de cambios benéficos para unos; esperanza de revueltas sociales para otros. Momento en que el gobernador de Oaxaca da por resuelto el problema y los grupos radicales reinician la violencia, el gobierno saliente aumenta los precios de dos productos básicos y la oposición entrante promete seguir promoviendo la anarquía mientras se enriquece a costa de las instituciones. Hay el peligro de que el nuevo gobierno, en su afán por aumentar la competitividad, se olvide de la justicia para los más necesitados, y de que la misma oposición, esgrimiendo esa razón, se empeñe en hacer fracasar cualquier proyecto, perjudicando a todos, sobre todo a los más necesitados. Las propuestas secularizantes (promover el aborto, permitir los matrimonios entre homosexuales, etc...) y la instrucción sexual inmoralizante en la secundaria comienzan a aparecer, como inevitable revancha a las «fuerzas de izquierda». Es más urgente que nunca que Cristo nazca entre nosotros. Porque Cristo «viene «por causa del pecado», viene «a pesar del pecado», viene para quitar el pecado.» (JPII, misma catequesis).

¿Qué se necesita para que México mejore? Justamente lo que recuerda el Adviento. Espíritu de cooperación y de sacrificio, amor por el prójimo, trabajo, reconciliación, don de sí mismo, crecimiento espiritual, mucha oración, acoger a la familia, recibir a Cristo en nuestra vida, que Cristo reine.

Para el santo —que no es mi caso, por supuesto— no existen tiempos buenos y malos. Todo son oportunidades de plantar el Reino de Dios, en condiciones más urgentes o menos urgentes. Dice Benedicto XVI en su homilía de primeras vísperas del primer domingo de Adviento de 2005:

«En cierto sentido, el Señor desea venir siempre a través de nosotros, y llama a la puerta de nuestro corazón: ¿estás dispuesto a darme tu carne, tu tiempo, tu vida? Esta es la voz del Señor, que quiere entrar también en nuestro tiempo, quiere entrar en la historia humana a través de nosotros. Busca también una morada viva, nuestra vida personal. Ésta es la venida del Señor»

«Esto es lo que queremos aprender de nuevo en el tiempo del Adviento: que el Señor pueda venir a través de nosotros.»

Finalmente, Cristo tiene que venir. Hay que ser de los que lo reciban con gusto.

EL OBSERVADOR 595-6

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INTERNACIONAL
Hay 246 millones de niños explotados en el mundo
Por fray Gilberto Hernández García, O.F.M.
Cuando se emitió la Declaración de los Derechos del Niño, ciertamente las condiciones de vida de muchos menores no eran las más adecuadas para asegurarles un desarrollo armónico y feliz. ¿Y qué pasa ahora?

Decía Rabrindanat Tagore que cada vez que nace un niño es señal de que Dios no ha perdido la fe en la humanidad.

En 1959 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, y unos años después —en 1989— los países miembros asumieron la Convención de los Derechos del Niño. Han pasado casi 50 años de lo primero y casi 20 de lo segundo; sin embargo, el panorama para muchos menores no ha mejorado. Estamos hablando de que cada año cientos de miles de niños de todo el mundo siguen siendo víctimas de la explotación, el maltrato y la violencia. En algunas regiones son secuestrados de sus hogares y obligados a alistarse en los ejércitos, y en otras son arrastrados a círculos de prostitución por redes organizadas, o se ven forzados a trabajar en condiciones de esclavitud.

La UNICEF y otros organismos, buenos fiscales

El Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que las consecuencias de esas situaciones pueden ser devastadoras: la violencia y el maltrato pueden matar, pero el resultado más habitual es una infancia con una salud física y mental frágil, privada de su derecho a la educación o abocada a la indigencia, el vagabundeo y la desesperanza. Además, estos niños hoy maltratados, cuando sean adultos, tendrán un alto porcentaje de probabilidad de someter a sus hijos a lo mismo que ellos sufrieron.

A través de informes de la misma UNICEF o de diversos organismos internacionales, podemos darnos cuenta del elevado índice de suicidios existente entre los jóvenes que han padecido abusos sexuales y de la cantidad de fallecimientos de niñas jóvenes a consecuencia de la mutilación genital.

Entre maltratadores y solapadores

Pese a las muestras puntuales de indignación por parte de la comunidad mundial ante los casos de explotación y violencia en contra de niños, frecuentemente las medidas adoptadas encuentran obstáculos en todos los niveles de la sociedad, ya sea por parte de los gobiernos, de los dirigentes comunitarios o de los propios progenitores, debido a que, en la mayoría de los casos, el maltrato infantil se da en privado o se halla ligado a la delincuencia y a la corrupción. En numerosas ocasiones se tolera en privado y se niega públicamente.

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Cifras para pensar

La Organización Internacional del Trabajo estima que existen, aproximadamente, 246 millones de víctimas de la explotación infantil. De ellos, casi tres cuartas partes trabajan en entornos de riesgo, como minas o fábricas, o manipulando sustancias peligrosas.

Millones de niños huérfanos viven como internos en hospitales, orfanatos, unidades psiquiátricas, prisiones y centros de detención. Este grupo abarca casos tan diversos como los de los niños que han sido separados de sus familias por causa de la guerra, los que han sido privados por el Estado de la tutela de sus progenitores, y los que han quedado huérfanos por causa del SIDA.

Cada año cerca de un millón de menores de edad son víctimas de la industria multimillonaria de la explotación sexual. Es principalmente la demanda local, y no la extranjera, la que propicia la explotación sexual de la infancia. En la mayoría de los casos, los abusos sexuales son perpetrados por las personas más cercanas a las víctimas.

Se cree que existen más de 300 mil niños soldados, algunos de los cuales no rebasan los ocho años de edad, que luchan en conflictos armados en más de 30 países. Durante la última década han muerto más de dos millones de niños como resultado directo de los conflictos armados. Otros han sufrido heridas graves o han quedado incapacitados de por vida. Entretanto, las minas terrestres continúan matando o mutilando entre 8 mil y 10 mil niños y niñas cada año.

EL OBSERVADOR 595-7

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ENTREVISTA
La migración y México están en el punto de mira de los católicos alemanes en 2007
Por Jaime Septién / Enviado especial

Adveniat es la organización de la Iglesia en Alemania que tiene como misión ayudar a la Iglesia católica de Iberoamérica a consolidar su presencia en la sociedad, formar a los sacerdotes y apoyar los procesos de autogestión financiera que emprendan las diócesis, entre muchas otras obras que llevan a cabo.

Cada año se enfoca un problema y un país en particular. El 2007, el problema elegido es el de la migración y el país es México. Con el primer domingo de Adviento —este 3 de diciembre de 2006— inicia la campaña que intentará sensibilizar a los católicos alemanes de que América sigue ahí, presentando el rostro multiforme de la injusticia, y que hay que apoyar a la Iglesia para obtener, a cambio, un catolicismo renovado.

Cada año Adveniat mueve 40 millones de euros en promedio para más de cuatro mil proyectos de parroquias, diócesis, laicos y movimientos religiosos que se los proponen. Sobre esto y otros tópicos del problema migratorio, México y la posibilidad de actuar con mayor firmeza para volver autogestiva a la Iglesia del «continente de la esperanza», habla Marisa Blanco, responsable de Adveniat para México y República Dominicana.

¿Por qué se eligió México para hacer una campaña de Adveniat el 2007 y cuál es la directriz de esa campaña?

Cada año elegimos a un país de Iberoamérica para enfocar la campaña de Adveniat, porque Iberoamérica, para la gente de Alemania, es demasiado grande para ayudarla de una vez. Es mejor concentrarse en un país y en sus peculiaridades. Este año tocó a México. Junto con los obispos mexicanos, Adveniat pensó que un tema fundamental es el de la migración, y la Conferencia del Episcopado Mexicano lo ha visto con muy buenos ojos.

El tema de la migración no es un tema exclusivamente iberoamericano, ¿no es así?

En efecto, es también europeo y mundial. Pero el problema de la frontera entre México y Estados Unidos es muy grande, y tenemos la ventaja de que la Iglesia católica de México —y también la de Estados Unidos— ha trabajado muy fuertemente este tema.

¿Cómo se prepara una campaña como la que se emprenderá en 2007?

Llevamos, prácticamente, un año haciéndolo. Hemos estado en contacto con la Conferencia del Episcopado Mexicano, con los encargados de la pastoral social y ha habido delegaciones que han ido a México para hacer trabajo previo. También cinco grupos de periodistas y fotógrafos que han trabajado todos los puntos sensibles de la migración en México. Tanto la migración hacia Estados Unidos como la migración interna, la que se da de los pueblos a las grandes ciudades mexicanas. Ahora viene la fase decisiva que es el Adviento. Porque Adviento es la época en la que nuestra organización recauda dinero para América.

¿Qué han descubierto sobre el fenómeno de la migración en el trabajo previo que han hecho en México?

Que las rutas han cambiado y que ha aumentado muchísimo la migración interior. Por ejemplo, en la diócesis de León hay muchísimos indígenas del sur del país. En la diócesis de Texcoco, de donde es titular el nuevo presidente de la Conferencia episcopal, Aguiar Retes, también hay enormes volúmenes de migración. O en Saltillo, donde el obispo Vera López nos ha mostrado las rutas de la migración centroamericana y las situaciones terribles que enfrentan los que van de paso hacia Estados Unidos. Las zonas clásicas de paso de los movimientos migratorios han cambiado. Ya no es tanto por Tijuana, Mexicali o Ciudad Juárez, sino por las zonas de Piedras Negras, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros por donde se está produciendo la mayor parte del flujo. Y las parroquias de San Luis Potosí, Matehuala, etcétera, se están enfrentando a esta nueva realidad.

¿Tiene otra cara la migración de hoy en día?

Si, tiene otra cara. Otro aspecto, otras características que la migración de hace, digamos, una década. El nuevo rostro de la migración es el de las mujeres y los niños. Nosotros hemos hecho un registro minucioso de estos nuevos rostros de la migración y en una serie de publicaciones tanto como con la difusión los hemos dado a la publicidad, para que el católico alemán conozca el trabajo de Adveniat, para que, a través de Adveniat conozca Iberoamérica —que, por cierto, se está olvidando mucho en Europa— y, finalmente sepa del asunto migratorio y del país que hemos elegido para el 2007: México.

¿Ya no está Iberoamérica de moda en Europa?

Se ha venido diluyendo la imagen que tenía, por ejemplo, hace veinte años. Ahora parece que llama más la atención la ayuda que se pueda dar a Asia y a África. América, bueno, pues está ahí, pero ya habiendo «superado» sus problemas más acuciantes, ya no es el momento de las revoluciones, de la teología de la liberación, de las comunidades de base en la Iglesia brasileña… A nivel político, la gente en Alemania ya no ve grandes problemas en América, ahora los ven en el mundo árabe. Adveniat —que se dedica únicamente a Iberoamérica— tiene también como misión que este enorme espacio de convivencia no se olvide. Queremos que haya puentes de intercambio entre los católicos de Alemania y la Iglesia católica de Iberoamérica y el Caribe.

¿Creen ustedes que la Iglesia de América puede aportar a la Iglesia de Europa?

El catolicismo del siglo veintiuno es de ida y vuelta. Esa es una de las cosas más importantes para Adveniat. Pensamos que damos mucho, pero también que tenemos mucho que recibir. No a nivel económico, sino de otro modo, en el mutuo enriquecimiento de experiencias. Los 40 millones de euros que repartimos anualmente en América, a partir de una fórmula muy objetiva, casi diría matemática, son para proyectos que nos proponen las parroquias, los obispos, los laicos, las congregaciones religiosas de allá y que, muchas veces, nos muestran el verdadero camino de la ayuda cristiana.

¿Tienen ustedes algún proyecto para llevar a cabo de manera general en la Iglesia de América?

Creo que el más importante es el de apoyar el autofinanciamiento de las diócesis, de las parroquias. Pero esto no se va a lograr si no existe una mayor justicia entre las diócesis que tienen recursos y las diócesis pobres. El caso de México es muy claro: la mala distribución de la riqueza pasa en la misma Iglesia. Tiene que haber solidaridad interna para que las diócesis pobres salgan adelante.

EL OBSERVADOR 595-8

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El Adviento y sus símbolos
Por Sergio Ibarra

El Adviento es el comienzo del año litúrgico. Es un tiempo litúrgico que comienza en el domingo más cercano a la fiesta de san Andrés Apóstol (30 de voviembre) y abarca cuatro domingos. El primer domingo puede adelantarse hasta el 27 de noviembre, y entonces el Adviento tiene veintiocho días, o retrasarse hasta el 3 de diciembre, teniendo solo veintiún días. Es preciso distinguir la parte litúrgica y la parte simbólica

De acuerdo con la información disponible, no se puede determinar con exactitud cuando fue por primera vez introducida en la Iglesia la celebración del Adviento. Es probable que se deba a san Gregorio el Grande, quien en sus homilías mencionaba el Adviento (590-604)

El tema de la espera es vivido en la Iglesia con la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva: el Marana-tha (Ven, Señor) o el Maran-athá (el Señor viene) de los textos de Pablo (1 Cor 16,22) y del Apocalipsis (Ap 22,20). Durante este tiempo la Iglesia nos invita a prepararnos dignamente a celebrar el aniversario de la venida del Señor al mundo como la encarnación del Dios de amor. En consecuencia, como parte de este tiempo litúrgico, debe guardarse una actitud pertinente.

El símbolo que nos vincula con el Adviento es la corona de Adviento. Tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas.

La corona tiene una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo, que nunca debe terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas.

Las cuatro velas: Representan la luz ante la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Son cuatro las velas que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios, y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de Adviento. Luego se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote. El dilema es manifestarse y entenderle.

EL OBSERVADOR 595-9

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Mimados por Dios
Por el P. Fernando Pascual

El cielo estrellado en una noche limpia de viento seco. El mar enérgico con sus momentos de bonanza cautelosa. El caminar danzante de un petirrojo que busca comida en una fresca mañana de invierno. El abrirse tímido de una flor sobria y alegre.

Tantas señales nos hablan de un mundo lleno de grandeza y de ternura. Colibrís y gaviotas, halcones y jilgueros, gatos esponjados ante el sol tibio, búhos que llenan de sugestión la noche de un valle tranquilo, chicharras bulliciosas en los días de calor, peces que brillan bajo el mar ante la mirada de un niño de ojos redondos y boca extasiada.

Más allá y más adentro, más lejano y más íntimo, más tierno y más sublime, Dios susurra. Nos muestra cariño y grandeza, nos dice que somos hijos muy amados, nos acompaña con la caricia de un trébol fresco o con los caprichos de un amanecer con tonalidades de esperanza.

Nos acompaña en quienes viven aquí, bajo el mismo techo, en el mismo tren, junto a la misma vitrina del mercado, delante y detrás de la cola de una oficina del ayuntamiento...

Nos quiere mucho, porque somos hijos, porque nos sabe frágiles, porque nos ve miedosos, porque se alegra cuando empleamos este breve tiempo para amar a quienes necesitan bálsamos de consuelo con los que curar las mil heridas de la vida.

El arcoiris de la tarde pone en fuga a la lluvia que dará verde a las espigas y fragancia intensa a los jazmines. Nos recuerda, con sus colores vivos, con su forma arqueada y comprensiva, que Dios es fiel y bueno, porque tiene corazón de Padre, porque desea cobijarnos a todos, en casa, como a hijos.

Cada uno de nosotros sigue su camino. A veces entre espinas, quizá con lágrimas de penas profundas que vienen de muy lejos. En el cielo, una golondrina nos invita a confiar y a buscar el Reino, a vivir cada día más serenos, a recordar el gran secreto: el Amor es la clave que permite descifrar el misterio de la existencia humana.

EL OBSERVADOR 595-10

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Luis Fernando Figari (1947)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Pensador y fundador peruano. Cursó Humanidades y Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y más tarde estudió Teología en la Universidad Pontificia de Lima. Se destaca por la devota lucidez con que excogita los asuntos contemporáneos, virtud que, sumada a su infatigable vocación fundadora, hace de él uno de los más importantes laicos hispanoamericanos de la actualidad.

La conversión de Luis Fernando Figari se produjo tras su paso fugaz por la política y encontró su cenit en la fundación del Sodalitium Christianae Vitae en el año 1971. Ese fue, según sus palabras, el «bautismo de una búsqueda», que iniciaría una larga lista de fundaciones. Así, creó también la Asociación de María Inmaculada (1974), el Movimiento de Vida Cristiana (que fue aprobado como Asociación de Derecho Pontificio en 1994), la Fraternidad Mariana de la Reconciliación (1991), la Hermandad de Nuestra Señora de la Reconciliación (1995) y las Siervas del Plan de Dios. Todos estos institutos de vida religiosa se agrupan en la Familia Sodálite, honrosamente presidida por Luis Fernando Figari e integrada por millares de personas de todo el continente americano, así como de algunos países europeos.

En 1984 Figari participó —por expresa invitación del Sumo Pontífice— en la Jornada Mundial de la Juventud, en la que pronunció la Catequesis sobre el Amor en la Basílica de San Pablo Extramuros. En 2002 Juan Pablo II lo nombró Consejero del Pontificio Consejo para los Laicos.

Su obra édita es vastísima, por lo que presentamos sólo sus títulos fundamentales: Voz de esperanza (1979), La Populorum progressio (1988), Dios no ha muerto. Reflexiones sobre la teología de la muerte de Dios (1988), La dignidad del hombre y los derechos humanos (1991), María, paradigma de unidad (1992), Hacia las fuentes de la enseñanza social en la Sagrada Escritura (1995), Lenguaje, homogeneización y globalización (1998), Misión reconciliadora de la Iglesia (1999), Páginas de fe (2000), Aportes para una teología de la reconciliación (2000), Nostalgia de infinito (2002), El modelo de San José ante los desafíos del Tercer Milenio (2004) y La búsqueda de la Verdad (2006).

Compartimos hoy un fragmento de un artículo titulado «Dimisión de lo humano», en el que Figari explica el proceso de cosificación y reducción de la persona y las funestas consecuencias que de ello se siguen:

«Una serie de antropologías erradas, principalmente nacidas de la Ilustración, alimentan este proceso cosificador del ser humano (...) Por alguna curiosa mistificación el horror ha sido despojado de su sentido. A las muertes premeditadas de los más indefensos —los concebidos cuyas vidas han sido segadas en el vientre materno— se las designa con eufemismos buscando ocultar lo que en realidad son. El que la legislación pueda permitir una barbaridad así evidencia el grave retroceso moral de muchos sectores de la humanidad en este siglo (...) Urge tomar conciencia de esta realidad, pues es un proceso que atenta directamente contra la dignidad del ser humano y obviamente vulnera los derechos naturales que de esa dignidad brotan. Igualmente, es muy importante detectar lo que se puede llamar autocosificación, no sólo por los graves efectos sobre quien la vive, sino porque afecta también gravemente a cuantos sufren su irradiación. Parece claro que el futuro depende en buena medida de la respuesta que se otorgue a la auténtica vocación de ser persona humana».

EL OBSERVADOR 595-11

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El papa Benedicto XVI decreta una reestructuración de las provincias eclesiásticas de México

En el proceso de reestructuración de la Conferencia del Episcopado Mexicano, iniciado en noviembre de 2003 durante la LXXVI Asamblea Plenaria y gestionado durante el trienio 2003-2006, los obispos de México se plantearon la necesidad de revisar la estructura de las provincias eclesiásticas y continuar el camino trazado por el concilio Vaticano II y la exhortación apostólica Pastores Gregis.

A la luz del Evangelio y apoyados por un estudio serio y una amplia consulta al episcopado sobre la realidad en sus aspectos sociopolítico, económico, cultural, religioso, de comunicación y desarrollo, y de su propia experiencia pastoral, los obispos de nuestro país establecieron los criterios para proponer a la Santa Sede una nueva organización de las provincias eclesiásticas, con el fin de ofrecer un servicio evangelizador más eficiente e inculturado a la Iglesia en México.

Cuatro nuevas provicinias eclesiásticas

Llenos de alegría, en la víspera de la celebración de la fiesta de Cristo Rey, recibimos agradecidos la decisión de Benedicto XVI de reestructurar la organización de las provincias eclesiásticas, que comprende también la creación de cuatro nuevas provincias:

1) Baja California, teniendo por sede metropolitana Tijuana;
2) Bajío, con la sede metropolitana de León;
3) Chiapas, con la sede metropolitana de Tuxtla Gutiérrez; e
4) Hidalgo, cuya sede metropolitana será Tulancingo.

Se reubican cuatro diócesis

Además de la reubicación de cuatro diócesis:

+ Zacatecas, que de la provincia eclesiástica de Guadalajara pasa a la provincia eclesiástica de San Luis Potosí;

+ Culiacán, de la provincia eclesiástica de Durango, pasa a la provincia eclesiástica de Hermosillo;

Ciudad Valles, de la provincia eclesiástica de Monterrey pasa a la provincia eclesiástica de San Luis Potosí; y

+ Lázaro Cárdenas, de la provincia eclesiástica de Acapulco, pasa a la provincia eclesiástica de Morelia.

México ahora cuenta con 18 provincias eclesiásticas, cada una de ellas formada por varias diócesis vecinas que, por semejanza de cultura, geografía y experiencia histórica, presentan también características pastorales similares. En la mayoría de los casos se ha buscado que la estructura de las provincias atienda la división política mexicana, para una mejor colaboración con la autoridad civil. Cada provincia es una unidad pastoral y de colaboración colegial entre obispos, reunidos en torno al arzobispo metropolitano que preside la arquidiócesis respectiva.

Esta decisión del Papa viene a confirmar la intención de los obispos de México de servir mejor a nuestra patria.

+ José Leopoldo González González,
obispo auxiliar de Guadalajara y secretario general de la CEM

EL OBSERVADOR 595-12

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FIN

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