El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
10 de diciembre de 2006 No.596

SUMARIO

bulletPORTADA - Piden obispos al presidente Felipe Calderón decisión para superar «las enormes desigualdades sociales» que aún existen en México
bulletUno con el Padre
bulletLas diez ventajas del matrimonio y la familia natural sobre cualquier otra opción, según especialistas
bulletVuestras rosas que os dio el Tepeyac
bulletPINCELADAS - La unión hace la fuerza
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Por qué somos católicos?
bulletMuchas veces me pregunté
bulletENTREVISTA - Valoración de la visita de Benedicto XVI a Turquía: «Un viaje de consecuencias impresionantes»
bulletFLOR DE HARINA - Prometeo y el fuego
bulletPICADURA LETRÍSTICA - De suave fragancia
bulletCuídanos, Virgencita
bulletCOMUNICACIÓN - Guadalupe, película sobre el milagro de hace 500 años
bulletMorenita

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PORTADA
Piden obispos al presidente Felipe Calderón decisión para superar «las enormes desigualdades sociales» que aún existen en México
Mediante un comunicado que lleva el nombre de «Todos, artífices del futuro de México», los obispos de este país han saludado la toma de posesión del nuevo presidente, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, que tuvo lugar el pasado 1 de diciembre en medio de la gritería y el tumulto provocado por partidos de oposición.
El Observador / Redacción

En el comunicado, firmado por el Presidente y el Secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), monseñor Carlos Aguiar Retes y monseñor José Leopoldo González González, respectivamente, los prelados reconocen que el nuevo Presidente de México y su administración tienen por responsabilidad «atender el flagelo de la inseguridad y del crimen organizado, brindar una adecuada educación a nuestros niños y jóvenes, una vida digna a las personas más vulnerables y combatir la impunidad, el narcotráfico y la corrupción que tanto han dañado a nuestras instituciones».

Respeto por los adversarios

«El nuevo gobierno necesita de la colaboración generosa y fraterna de todos los mexicanos, de todos los partidos políticos, de todos los actores sociales, haciendo a un lado intereses personales y de grupo para contribuir a esta gran tarea», reconoce el comunicado y enfatiza la necesidad de «promover la reconciliación nacional, teniendo en cuenta la inclusión, el respeto por el adversario y por quien ejerce una oposición crítica, responsable y constructiva».

Las primeras medidas anunciadas por el Presidente Calderón —política social, combate a la pobreza, seguro de salud a todos los niños, austeridad gubernamental— han hecho que muchos sectores manifiesten esperanza de una transformación de un país que tiene la décima economía mundial y ocupa, sin embargo, el lugar número 54 en desigualdad.

El reto: superar la desigualdad

«El reciente proceso electoral —que culminó el 2 de julio pasado— trajo como consecuencia la sensibilidad de que el gran reto de México es superar las enormes desigualdades sociales», enfatizaron los obispos mexicanos.

«Por eso es indispensable la colaboración de todos los sectores, especialmente de las fuerzas políticas entre sí, estableciendo los puentes para el diálogo y el entendimiento, y lograr así los acuerdos imprescindibles que nos conduzcan al desarrollo integral del país», concluye la misiva de los representantes episcopales al pueblo de México.

EL OBSERVADOR 596-1

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Uno con el Padre

En Jesús se cumple la promesa del nuevo Profeta. En Él se realiza plenamente lo que, en Moisés, aparece sólo de forma fragmentada: vive, de cara a Dios, no sólo como amigo, sino como Hijo, en la más estrecha unión con el Padre. Sus obras, sus hechos, sus padecimientos, su gloria se fundan en esto. La reacción de quienes le escuchaban era clara: esta enseñanza no procede de ninguna escuela.

Para comprender a Jesús son fundamentales las recurrentes referencias a que se retiró «al monte» y rezó toda la noche, solo con el Padre. Esta oración es el conversar del Hijo con el Padre. El alma humana de Jesús se implica en su comunión filial con el Padre en el acto de la oración. Quien ve a Jesús ve al Padre ( Jn 14,9). El discípulo que sigue a Jesús es llevado, de este modo, a la comunión con Dios. Y esto es lo realmente salvífico: la superación de los límites de lo humano que, en el hombre, a través de la vinculación a Dios, como esperanza y como posibilidad, está ya establecida antes de la Creación.

De la Introducción a Jesús de Nazaret, libro que Editrice Vaticana publicará la primavera del 2007. En él, Benedicto XVI quiere despejar una gran duda que ronda a algunos creyentes: ¿conocemos razonablemente quién fue Jesús de Nazaret?

EL OBSERVADOR 596-2

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Las diez ventajas del matrimonio y la familia natural sobre cualquier otra opción, según especialistas
La asociación estadounidense FamilyFacts señala 10 estudios sobre los beneficios sociales y sanitarios de que los niños se eduquen dentro del matrimonio. La web www.familyfacts.org está especializada en rastrear y clasificar estudios médicos o sociológicos sobre familia, matrimonio y sociedad. A continuación, el resumen de éstos.
El Observador / Redacción

1. Los niños criados en familias intactas tienen, como media, mejores resultados académicos, más salud emocional y menos problemas de comportamiento.

2. Los padres de familias intactas pasan, como media, más tiempo con sus hijos.

3. Los adolescentes que cenan con su familia tienen menos riesgo de fumar, beber y drogarse.

4. Los adolescentes de familias intactas tienen menos riesgo de implicarse en sexo prematuro.

5. Los niños criados en familias intactas por padres felizmente casados tienden a ser más religiosos en la edad adulta.

6. Los niños criados en familias intactas tienen más probabilidad de tener relaciones sentimentales más sanas y estables en la edad adulta.

7. Las familias intactas tienen más probabilidad de ofrecer un hogar seguro a los niños.

8. Las madres casadas tienden a crear un mejor ambiente doméstico para sus hijos.

9. Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia.

10. Los padres casados tienen mayor bienestar psicológico.

Aunque a muchas personas estos estudios les suenen a descubrir «el agua tibia»» (es decir, confirmar lo que la práctica de millones de matrimonios ha demostrado durante años) parece importante poner de relieve la acumulación de evidencias científicas: la familia, basada en el matrimonio, compromiso de estabilidad, fidelidad y esfuerzo mutuo, es un generador de capital social... y no hay ningún otro generador de capital social tan eficaz. Ponerla en riesgo tiene costes sociales, sanitarios y económicos.

Información sobre cada uno de los estudios en www.familyfacts.org

EL OBSERVADOR 596-3

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Vuestras rosas que os dio el Tepeyac
Por Walter Turnbull

Del colegio en el que cursé la primaria y el bachillerato tengo un recuerdo muy especial del himno. Recuerdo que casi todos lo cantábamos con mucho entusiasmo, todos tratando de ser el que sonara más fuerte. Era emocionante escuchar aquello al final de las Misas y de las entregas de premios.

La letra, en aquel entonces, debo confesar que no la sabía apreciar en toda su bondad. Ahora me doy cuenta de que era la obra de un visionario. Los dos últimos renglones del himno de mi escuela planteaban una singular consigna: «defended con la frente serena vuestras rosas que os dio el Tepeyac».

Las rosas que os dio el Tepeyac. El amor de Dios manifestado en María con toda la belleza y la gloria de su presencia real, el amor de Cristo que nos entrega a su misma Madre para que cuide nuestros pasos, el privilegio de tener con nosotros a la mejor mediadora ante Dios, y el derecho-deber de darle todo nuestro cariño. Las rosas del Tepeyac, la prueba de la voluntad de Dios de hacer alianza con este pueblo.

Hay muchos hoy día que atacan a estas rosas, y los ha habido en años anteriores. Desde el que, en tiempos de la persecución religiosa, mandó poner una bomba para volar la imagen milagrosa, hasta el intelectual escéptico que repite ingeniosas teorías sobre la fabricación de la imagen y la «invención del mito».

Por eso hay que defenderlas con la frente serena. No con el fanatismo o la beligerancia de la religiosidad ignorante, sino con el argumento razonable y el testimonio que nace de la experiencia de ese amor y del conocimiento de la verdad. Estar siempre preparados para presentar la verdad que se nos revela en el Tepeyac.

Escuadrón de la Virgen Morena,
siempre alertas estad al vivac;
defended con la frente serena
vuestras rosas que os dio el Tepeyac.

EL OBSERVADOR 596-4

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PINCELADAS
La unión hace la fuerza
Por el P. Justo López Melús

Hay muchas cosas que no podemos hacerlas solos. Pero podemos hacerlas pidiendo ayuda a los demás, y así crece la fraternidad, y pidiendo ayuda al Señor, y así crece nuestra filiación hacia el Señor. Pedro había estado toda la noche pescando en el lago de Genesaret y no había pescado nada. Jesús le ordenó que echara la red al otro lado y la pesca fue muy abundante. Trabajando con el Señor todo fue más fácil y mejor.

David estaba cavando en el huerto con su padre, cuando tropezaron con una gran piedra. «Tenemos que quitarla», dijo el padre. «Yo la quitaré», dijo David. Pero, después de esforzarse mucho, confesó: «No puedo». «Yo creo que puedes, si lo intentas en serio». «Ya lo he intentado todo, y no puedo». «¿Ya has intentado todo?». «Yo creo que sí». «Hay algo que has olvidado. Podías haberme pedido ayuda a mí». «Papá, ¿quieres ayudarme?». Y los dos juntos lo consiguieron.

EL OBSERVADOR 596-5

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Por qué somos católicos?

Pregunta: Pregunta una niña de 9 años: Papá, si existen tantas religiones, ¿por qué somos católicos?

Respuesta: Somos católicos primero porque nuestros papás, a su vez, fueron católicos. Y nuestros papás fueron gente que vivió una vida provechosa, llena de virtudes y de servicio al prójimo, gracias a que practicaban los principios de la religión católica en los que creían. No es que obedezcamos ciegamente a nuestros papás, que podrían equivocarse, sino que su ejemplo nos hace pensar que sus creencias eran las buenas. Ahora que tenemos capacidad para juzgar por nosotros mismos, nos damos cuenta de que nuestros papás tenían razón y elegimos seguir con la misma religión.

Muchas religiones aconsejan cosas buenas, pero la religión católica, con sus creencias y sus ceremonias, es la única que fue formada directamente por Dios. Dios mismo, en la persona de Cristo, fundó una Iglesia y nombró un Papa y obispos, y nos mandó practicar unas ceremonias muy sencillas, llamadas sacramentos, para que la gracia de Dios llegara a nosotros en de forma fácil y directa.

Sabemos que Cristo es Dios por los milagros que hizo, como curar enfermos, multiplicar panes o calmar una tempestad, y, sobre todo, por el milagro de resucitar por sí mismo. También creemos que es Dios por el cambio que provocó en la historia de la humanidad. Creemos que la Iglesia católica es la misma que Cristo fundó porque ha conservado sus creencias y principios a lo largo de 2000 años, sin cambiarlas por miedo o por conveniencia. Finalmente, somos católicos porque hemos visto personalmente que, donde se practica la religión católica las personas cambian y se respira un ambiente de unidad que no se siente en ninguna otra parte.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 596-6

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Muchas veces me pregunté
Por María Urquiza Conde

Muchas veces me pregunté: «¿Dónde está Dios?». Y les preguntaba a mis papás, maestros, abuelos y a las monjitas de mi colegio. Ellos siempre me contestaban lo mismo. «Dios está en el cielo» o «Dios está en todas partes». Pero no me quedaba claro, porque, ¿qué es el «cielo»? y ¿qué es «todas partes»?

Porque Dios no sólo puede estar en el cielo, también tiene que estar en otras partes. Empecé a buscarlo en su creación, la naturaleza. Lo encontré en el infinito de las estrellas, en los colores del amanecer y anochecer, en la magnitud y fuerza del mar, en lo majestuoso y grande de las montañas, en la frondosidad de un gran árbol, en la ferocidad del rugido de un león y en la gracia de un caballo.

Pero vi también que no sólo está en lo grande, también está en lo pequeño, como en el trabajo de las hormigas, que nos muestran que la unión es la fuerza; en el revoloteo de una mariposa, en el juego de mi perro, en la pureza de las flores, en la perfección de una telaraña mojada por el rocío y en los sabores de las frutas. Ví que Dios está en toda la naturaleza, en todo lo bueno. También quise ver si lo encontraba en algún otro lugar, y lo encontré en la alegría o tristeza de una lágrima, en la espontaneidad de una sonrisa, en el calor de un abrazo, en la inocencia de un niño, en las divertidas pláticas con alguien interesante, en la compañía de mis amigas, y más que nada lo encontré en el amor: en el amor de dos esposos, en el amor entre hermanos, en el amor de una madre a su hijo, ¡eso! Dios está en el amor de un padre, que es Él, a sus hijos que somos nosotros, y el amor que nosotros sentimos, que es Él, a todo lo y los que nos rodean.

Y porque Él es amor y nos quiere felices, se permite mostrar en la pequeñez de un átomo al infinito del espacio.

Finalmente vi a Dios en mí al permitirme encontrar tanta felicidad.

EL OBSERVADOR 596-7

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ENTREVISTA
Valoración de la visita de Benedicto XVI a Turquía: «Un viaje de consecuencias impresionantes»
Entrevista a Joan-Andreu Rocha Scarpetta, teólogo y director del máster en Iglesia, Ecumenismo y Religiones, en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma
Por Miriam Díez Bosch, para El Observador

El valor del viaje del Papa a Turquía no se mide sólo con criterios interreligiosos sino, sobre todo, ecuménicos. Es decir, que este viaje tiene más repercusión para la unión entre los cristianos que para el diálogo con el islam, aunque este haya sido el tema estrella. Lo comenta al El Observador el teólogo y historiador Joan-Andreu Rocha Scarpetta, que considera que la semilla plantada con la Declaración Conjunta firmada por Benedicto XVI y el Patriarca Bartolomé I puede dar frutos de unidad para la Iglesia de dimensiones impresionantes. Rocha Scarpetta, laico español, enseña teología de las religiones, Iglesia e Islam, Ecumenismo, Espiritualidades Comparadas y Bioética y Religiones en la Universidad Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, en la Universidad Europea de Roma y es docente de Medios, Ecumenismo y Religiones en la Universidad Pontificia Gregoriana de la capital italiana.

¿Nueva etapa entre la Iglesia y el islam?

Bueno, primero que todo le diría nueva etapa entre los católicos y los musulmanes, porque en el diálogo son las personas las que se encuentran, y no las religiones.
Antes de adentrarnos en el islam querría resaltar el valor enorme, cuyas proporciones todavía no alcanzamos a vislumbrar, del viaje del Papa a Estambul. Insisto en Estambul y no en Turquía, pues si bien Benedicto XVI ha estado en Ankara, Éfeso y otras ciudades de importancia caudal para el cristianismo y su formación, es en Estambul donde él mismo ha confesado que ha dejado «parte de su corazón».

¿Y por qué cree que el Papa ha dejado parte de su corazón en Estambul?

Aparte de la embriagadora belleza de esta ciudad, auténtico puente entre Oriente y Occidente, creo que no es aventurado pensar que el Papa lo ha dicho porque su encuentro en el Patriarcado Ecuménico asume un valor incalculable.

El Papa descalzo y rezando en dirección a la Meca en la Mezquita Azul no deja de ser una imagen insólita. ¿Qué simboliza este viaje?

Como ha subrayado el mismo portavoz del Papa, éste ha sido el momento que ha atraído más la atención, por la novedad y por ser inesperado. Pensemos que no estaba en el programa. Este gesto ha sido un catalizador y esperemos que sirva de bálsamo para todas las heridas creadas involuntariamente a raíz del discurso en Ratisbona.
Dicho esto es importante no magnificar tampoco los gestos: es un gesto de enorme importancia simbólica, pero ahora continúa el diálogo del día a día, que el Papa anima continuamente. Me parece obvio que Benedicto XVI está dejando claro que el diálogo entre culturas y religiones es vital y necesario para radicar aquellas tendencias nocivas que surgen en las religiones y las instrumentalizan con violencia.
El Papa insiste en una buena convivencia entre las religiones sin dejar de recalcar que es Cristo el salvador del mundo. En este sentido insisto en la importancia del encuentro con Bartolomé I, el líder espiritual de la Ortodoxia, hermano en la fe.

El mismo patriarca ha confesado que ha hablado con el Papa de «algo muy importante» para la Iglesia.

Soy un teólogo y no un profeta, y le responderé desde la teología. Como dos grandes hombres de fe, con una edad ya respetable, es probable que hayan hablado de temas de alta transcendencia espiritual. Me aventuro a dos posibles temas: uno sería que realmente se han puesto de acuerdo en cómo ejercer el ministerio petrino.
Entiéndame: el Papa ya sabe, obviamente, cómo ejercer este ministerio, pero al mismo tiempo reconoce que éste es el gran escollo ecuménico. No descartaría que «algo muy importante» pudiera ser una fórmula en este sentido.
La Declaración Conjunta que ha firmado es muy positiva y deja entender que los católicos y los ortodoxos están unidos en la misma fe, y esto, hoy día, no es un dato baladí, así como el compromiso conjunto para promover la paz de manera efectiva.
También podrían haber hablado de cómo potenciar la comunión, la koinonía, para acelerar la anhelada unión visible entre las Iglesias.
Y me atrevería a hipotizar en voz alta otro posible tema: la convocatoria de un tercer concilio ecuménico.
No olvidemos que Juan XXIII, el convocador del concilio Vaticano II, estuvo de nuncio en Estambul y su presencia ha sido muy fuerte estos días.

EL OBSERVADOR 596-8

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FLOR DE HARINA
Prometeo y el fuego
Por el P. Justo López Melús

Según el Génesis, después de crear al hombre, Dios descansó. Se coloca en actitud expectante ante la acción humana, para ver cómo el hombre llamaría a las cosas, que equivale a tomar posesión de ellas. Dios Creador adopta paradójicamente la actitud del que descansa, y pasa al hombre la tarea de continuar y desarrollar la creación, sin interferir la autonomía que Dios mismo ha otorgado a su criatura. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (San Ireneo).

Los dioses paganos se muestran envidiosos del hombre, y Prometeo tiene que robarles el fuego. Pero en la Biblia no es así. La tierra es la morada del hombre. «Creced y multiplicaos, llenad la tierra, dominadla y sometedla» (Gen 1, 28). Lo profano no es una reivindicación del hombre contra Dios, sino un don irrevocable hecho por Dios al hombre. Dios, generoso, entrega la creación al hombre, con lo que se acaba el drama prometeico. Más aún, podíamos decir que ahora Prometeo es el hombre religioso de la Biblia, que cumple su tarea dominando al mundo, en nombre y en presencia de Dios. No, Dios no tiene envidia del hombre. Dios ha entregado al hombre, sin medida, el fuego, la vida y la luz.

Los himnos litúrgicos nos muestran la tarea creadora de Dios, que se prolonga a través de las manos del hombre. «Y Tú te regocijas, oh Dios, y Tú prolongas / en sus pequeñas manos tus manos poderosas,/ y estáis de cuerpo entero los dos así creando, / los dos así velando por las cosas».

El hombre continúa la tarea de Dios. Que no olvide la responsabilidad a que le compromete esta misión: «Y descansó el Señor el día séptimo. / Y el hombre continúa su tarea / ...Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte / de haberle dado un día las llaves de la tierra».

EL OBSERVADOR 596-9

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PICADURA LETRÍSTICA
De suave fragancia
Por J. Jesús García y García

Ya nunca podré ver rosas sin ver tus ojos.
ÁNGEL MARTÍNEZ

Por el examen de ciertos fósiles se estima que la rosa apareció en el mundo hace (días más, días menos) 35 millones de años. De ser una flor silvestre pasó a cultivarse en China hace 5 mil años. Se dice que, desde muy antiguo, a la rosa se le atribuía un significado de misterio y también de reina de las flores. Los primeros cristianos cambiaron esa y muchas otras cosas y convirtieron a la rosa en metáfora del paraíso (catacumba de san Calixto, siglo III). Ellos también dibujaron rosas como signo del martirio, si es verdad lo que afirma Cipriano de Cartago.

Babilonios, sirios, egipcios, romanos y griegos, además de considerar a la rosa como símbolo de belleza, le dieron una diversidad de usos: cosméticos, medicinales y hasta culinarios. Persia exportaba el aceite de la rosa de Damasco para la perfumería. Los griegos no sólo usaban este óleo para perfumarse, sino también para ahuyentar enfermedades y ungir a los muertos. Cleopatra, maestra de la seducción, popularizó las rosas en el antiguo Egipto; se cuenta que, para sus encuentros con Marco Antonio, la astuta mujer llenaba las fuentes de agua de rosas y tupía el suelo de su dormitorio con pétalos fragantes. Es fama que Nerón alfombraba los salones con pétalos de rosas cuando daba sus opulentos banquetes... Encontramos rosas por todas partes: la rosa de los vientos; santa Rosa de Lima, inauguradora de la lista de santos de América; la Guerra de las Rosas en Inglaterra; «Yo no estoy en un lecho de rosas»; el movimiento universitario alemán «La Rosa Blanca», que operó contra el nazismo; El nombre de la rosa; Yo también hablo de la rosa, La vida en rosa; Rosas en el mar; Te llegará una rosa; Entre las almas y entre las rosas; las rosas del milagro...

La rosa es la reina de las flores y es, también, el emblema de la caridad. Ésta, a su vez, es la reina de las virtudes, como el milagro es el rey de los prodigios. El lazo entre la rosa y la caridad queda claro en sendos milagros de Santa Casilda, Santa Isabel de Hungría y San Diego de Alcalá. Los tres —cada uno en su tiempo y en su espacio— protagonizaron un milagro idéntico: el pan que más o menos a escondidas llevaban consigo para darlo a los pobres se les convirtió en manojos de rosas a fin de pasar sin problemas una aduana inoportuna.

Hace quince siglos la rosa era ya un signo metafórico de la Virgen María. Ella era llamada «Rosa entre espinas», en razón de su pureza y de la fragancia de su gracia. El autor de las letanías lauretanas, inspirado en el libro del Sirácida o Eclesiástico, acuñó y adjudicó a María la frase laudatoria «Rosa mística», que recitamos en el Rosario (Rosario, etimológicamente, significaría sarta de rosas, que no de bolillas). Y María, la Rosa, es un milagro ella misma y, en gran medida, agente de milagros.

Entre tantas virtudes místicas y profanas de la rosa, México proclama su milagro de las rosas, ligado a la Virgen. En él no hubo pan material detrás de aquellas flores, sino una imagen de María que se imprimió en burda tela gracias a la caridad de Dios para con nosotros. El hombre de Iglesia y poeta José Luz Ojeda lo canta así, introduciendo líricamente el sueño de todos: que se opere en nuestra alma tal milagro con repercusión personal.

Me gustaban las rosas, Madre mía. / Pero supe que un día, / en la gloria del alba deslumbrante, / tus manos luminosas / —ni de mi esperanza y mis amores— / tomaron un fragante / puñado de esas rosas milagrosas / llenas de transparencias y rubores; / y, obedeciendo a todos tus anhelos, / pintaron de una tilma en la aspereza, / con todas las bellezas de los cielos, / el cielo virginal de tu belleza... / Y hoy las amo, Señora, / con un amor que con tu amor se inflama. / Y al mirar que el abril las desparrama / con alarde gentil, y el huerto enflora, / cuajándolo de estrellas, / pienso en la dulce aurora / en que cayeron de tus manos bellas. / Y... sueño que un día / —en el alba, radiosa cual ninguna— / Tú me pondrás tus flores, una a una, / dentro del alma mía... / Y en esa tilma obscura, / de tosquedades y miserias llena, / las manos de tu amor y tu ternura / pintarán tu magnífica hermosura, / con milagro inmortal, Virgen morena.

EL OBSERVADOR 596-10

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Cuídanos, Virgencita
¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa. (Del Nican Mopohua)
Por Antonio Maza Pereda

No sé si a usted le ha pasado lo que a mí en estos días de fin de sexenio e inicio de uno nuevo. Han sido días de temor, de zozobra. De pronto, nos damos cuenta de lo frágil que es nuestra nación, de lo fácil que es que aquí se repita lo que hemos visto en otros países, irremediablemente divididos entre bandos que no quieren ni hablar entre sí.

Esa consciencia clara de que hay muy poco que podemos hacer los ciudadanos comunes para evitar los males que vemos para nuestro país, nos hace tal vez desesperarnos, pero también nos hace volvernos hacia Dios, nuestro Padre y pedirle: ten misericordia de nuestra patria. Y, como es de esperarse, nos hace volvernos hacia nuestra madrecita, la Virgencita de Guadalupe, nuestra reina y patrona. Con confianza, con familiaridad, le decimos: «Tú, que tanto nos quieres, no nos dejes solos, no nos abandones. ¿Qué no ves lo mal que estamos, lo divididos que nos hallamos, lo tercos que nos hemos puesto?» Así, un poco con cariño, un poco con reclamación, con confianza y hasta con un poco de miedo, le decimos: «Dulce Madre, no nos dejes…»

Y, de repente, en medio de esa conversación, nos viene a la mente ese amable reproche que Nuestra Madre le hizo a san Juan Diego: «¿Qué no estoy aquí, yo que soy tu Madre? ¿De qué más has de menester?» Esas palabras que nos contaron nuestras queridas catequistas, ahora regresan a nuestra mente. Y nos hablan a nosotros, los católicos mexicanos del siglo XXI.

Vale la pena, sin embargo, recordar cuándo dijo Nuestra Madre esas palabras. Juan Dieguito, hoy san Juan Diego, tenía que ir a ver a María, para que ella le diera una señal para el obispo. Pero esa mañana, él le dio la vuelta al cerro, para no ver a la Señora. Tenía muy enfermo a su tío y quería llevarle a un sacerdote para que lo confesara, Muy humanamente, quiso evitar enfrentarse a María. Ya después le daría explicaciones. Pero ella no lo dejó; salió a su encuentro y le dijo las palabras que están al inicio de este artículo.

María le decía muchas cosas con esas palabras, pero hay un mensaje que hoy sigue siendo válido para nosotros: «Haz lo que yo te pido, y yo me encargaré de tus problemas».

Ante las dificultades que hoy nos preocupan, pedimos a María que nos ayude. Y hacemos bien: hay que pedir a María que obtenga para México lo que Dios quiere de México. Ni más ni menos. Que se haga en México la voluntad de Dios. Y si mi voluntad es la misma que la voluntad de Dios, se cumplirá. Pidámosle el mayor bien posible para México y los mexicanos. Pidámosle lo que mejor sirva para la salvación de las almas de todos nuestros compatriotas. Y, después de haber pedido, pongámonos a hacer lo que Dios nos pide: cumplir con nuestras obligaciones, amar al prójimo, hacernos cada día más santos. Y Ella, nuestra dulce Madre, cuidará de nosotros, nos tendrá en su regazo y se asegurará de que nada nos separará del amor de Dios.

EL OBSERVADOR 596-11

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COMUNICACIÓN
Guadalupe, película sobre el milagro de hace 500 años
Por María Velázquez Dorantes

El cineasta Santiago Parra, de origen ecuatoriano, formado en Francia pero radicado en América, es el autor de la nueva película que aborda el misterio mexicano de la Virgen Morena.

Guadalupe es el título de este homenaje a la Virgen del Tepeyac que se realiza dentro del marco del 475 aniversario de sus apariciones. La productora encargada de dar a conocer esta cinta es Dos corazones films.

De acuerdo con las declaraciones de Santiago Parra, «lo que el público de este país encontrará en la pantalla una vez que la cinta se estrene a finales de este año, será su movimiento guadalupano desde el punto de vista de alguien que viene de afuera y ve cosas tan lindas y mágicas que los nativos no valoran tanto como nosotros los extranjeros.

La autora del guión es la mexicana Tessy Gutiérrez de Picazo, y la mayor parte del reparto está conformado por actores mexicanos y españoles, quienes se concentraron en contar una de las historias más impresionantes de México, para lo que, junto con el director, fueron asesorados por el Instituto Superior de Estudios Guadalupanos.

La cadena que distribuye en México la película es Cinepólis, con la firma de la empresa Mercamedia. México fue el escenario para el estreno mundial el pasado 30 de noviembre, contando con un total de 150 salas del país para ser vista. Desde el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, también se exhibe en los Estados Unidos.

La banda sonora de la película se titula Lupita y está a cargo de la cantante Lucero.

www.guadalupelapelicula.com

EL OBSERVADOR 596-12

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Morenita

Relata la historia el surgimiento de un poderoso imperio como resultado de un fratricidio. Otro gran país se formó de la amalgama de muchas nacionalidades, que resultaron aglutinadas por una sabia constitución, afirmando como lema de su escudo De pluribus unum. La predicación del apóstol Santiago dio cohesión bajo una sola fe a lo que después sería el reino español. Pero nuestra patria no emergió de un fratricidio, ni de sabios legisladores, ni aun incluso de la predicación de un apóstol. Nuestra patria la formó María. Quizá por eso los mexicanos no cosechamos triunfos espectaculares ni tenemos los mayores índices de crecimiento económico. Ni falta nos hace. Nuestro timbre de gloria es haber sido arropados desde nuestros primeros vagidos en el regazo maternal de la Guadalupana.

¿Será esto presunción? Quizás. Pero las cosas son como son, y éstas son así: non feci taliter omni nationi. Una Virgen morena que amalgama dos razas y se hace Ella la primera de esa unión. La primera mestiza. Un detalle de delicado amor y de tierna condescendencia, tal como lo canta el Madrigal Guadalupano:

Eras más blanca que la azucena,
eras más clara que el claro sol;
mas te quisiste volver morena
para robarte mi corazón.

Lo oscuro de su faz no es sino un subido rosa. Alfonso Escárcega quiso titular su poesía guadalupana con el sugestivo título de Rosa morena:

Rosa Morena, del Rosal divino
que Cristo con sus lágrimas regara,
Rosa de barro fresco y cantarino
que el Cielo sólo a México donara...
Rosa-canela, hermosamente obscura,
que el sol besara tanto, tantas veces,
que transformó su virginal blancura
en el color trigueño de las mieses...
Rosa nuestra, pintada por las rosas
que Juan Diego tomó de los rosales
nacidos entre peñas venturosas:
¡Dame, Rosa de rosas, una rosa
que arome mis tristezas y mis males
tan huérfanos de rosas, Rosa hermosa...!

Prensa CEM

EL OBSERVADOR 596-13

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FIN

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