El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
24 de diciembre de 2006 No.598

SUMARIO

bulletLa primera Nochebuena en México
bulletPINCELADAS - El país de la alegría
bulletINTERNACIONAL - El interés en Acteal, internacionalizado
bulletFLOR DE HARINA - Encarnación y trascendencia
bulletLa noche de los gallos
bulletPROMOCIÓN HUMANA - El día más importante de nuestra vida
bulletEl bautismo del mass-media

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La primera Nochebuena en México
Por Joaquín Antonio Peñalosa
«Este artículos y La noche de los gallos fueron publicados por el padre Joaquín Antonio Peñalosa en las navidades de 1992 y 1994, respectivamente, y ya no alcanzaron a ser recogidos en forma de libro.


De estirpes imperiales y sabidurías universitarias, el lego franciscano que por humildad no quiso ordenarse de sacerdote, fray Pedro de Gante, llegó a nuestras tierras acompañado de fray Juan de Tecto y fray Juan de Aora ?los tres lirios de Flandes?, el 13 de agosto de 1523.

Fray Pedro de Gante supo ser el primero en todo. El primero que abrió una escuela en el nuevo mundo, el primero que enseñó el canto y la música occidental en tierra azteca, el primero que construyó una grandiosa capilla para los naturales, el primero que fundó las cofradías tan arraigadas en los nuevos cristianos, el primero que utilizó el náhuatl para la evangelización, el primero que instituyó en México la fiesta de la Navidad.

Nos regaló la fiesta

Cuando hoy irrumpe el cristal de los villancicos y la algarabía de las piñatas, cuando las avenidas de las ciudades crecen como ríos de colores y en el hogar se congrega la más pura tibieza y el corazón recobra, siquiera una vez al año, el paraíso perdido de la ternura, hay que volver los ojos memoriosos a fray Pedro de Gante que nos regaló la fiesta de la Navidad. Alabado sea su nombre ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Una carta al rey

El 23 de junio de 1557, el buen fraile menor, tal vez a la luz indecisa de un cirio, en su celda encalada, pónese a escribir esta linda carta al rey nuestro señor Felipe II, donde le cuenta cómo fue la primera nochebuena que celebró con sus hermanos los indios, 33 años atrás.

«Cuando se acercaba la Pascua ?escribe fray Pedro? hice llamar a todos los convidados de toda la tierra de diez leguas a la redonda de México para que viniesen a la fiesta de la Natividad de Cristo nuestro Redentor». Los emisarios de fray Pedro cumplieron tan bien sus órdenes y la invitación fue tan cálidamente aceptada, que los indios vinieron a celebrar la fiesta al atrio ?al patio, se decía entonces? de San Francisco de México, en alegre tumulto por tierra y agua, que hasta los enfermos llegaron a la cita conducidos en hamacas.

Cantos como de ángeles

«Y así vinieron tantos, prosigue la carta, que no cabían en el patio, aunque es harto grande, y cada provincia tenía hecho un jacal donde se recogían los principales, y unos venían de siete y ocho leguas, y otros de seis y siete leguas por agua, los cuales oían cantar en la misma noche de la Natividad, los ángeles en el cielo que decían: En tal noche nació el redentor del mundo y otras palabras semejantes». (Ay, fray Pedro debió estar arrobado, los que cantaban no eran ángeles, sino los muchachos indígenas a los que ensayó por vez primera los villancicos y coros de la Misa).

Fray Pedro sigue escribiendo al rey: «Así que de esta manera vinieron primeramente los indios a la obediencia de la Iglesia y desde entonces hinchan las iglesias y patios de gente. De manera que esta fue la entrada primera de ellos a la Natividad de nuestro Redentor y en el patio de San Francisco de México».

Fray Pedro de Gante firma la carta, deja la pluma en reposo, el cirio gotea, cae la noche sobre la celda encalada, del valle vienen cantos. (Salgan acá afuera, verán qué primor, que a la medianoche ha nacido el Sol. Del tronco nació la rama, y de la rama la flor, de la flor nació María y de María el Redentor. Manzanita de oro si yo te hallara, se la diera al Niño porque no llorara. Palomita blanca, palomita azul, tiéndele la cama al Niño Jesús. Airecillos de Belén, quedito soplad, quedito corred, no lo despierten no, a la e a la o, no lo despierte yo…).

EL OBSERVADOR 598-1

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PINCELADAS
El país de la alegría
Por el P. Justo López Melús


Un maestro oriental indicaba un día a sus discípulos las fases por las que había pasado en búsqueda de Dios. «Primero Dios me condujo al país de la Acción. Después me llevó al país de la Aflicción, para purificar mi corazón de todo afecto desordenado. Luego estuve en el país del Amor y sus ardientes llamas consumieron lo que me quedaba de egoísmo. Más tarde llegué al país del Silencio, donde se me desvelaron los misterios de la vida y de la muerte».

«¿Esa fue la fase final?», le preguntaron los discípulos. «No», respondió el maestro. «Un día me dijo Dios: hoy voy a llevarte al altar más escondido del templo, al mismo corazón de Dios. Y fui conducido al país de la Alegría». Esto recuerda el grito de los ángeles a los pastores: 'Les anunciamos un Gran Gozo, les ha nacido el Salvador'. Y a la Virgen María la llamamos en las letanías Causa de nuestra Alegría.

EL OBSERVADOR 598-2

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INTERNACIONAL
El interés en Acteal, internacionalizado
Por fray Gilberto Hernández García, OFM


Hay acontecimientos que duelen y no pueden, no deben ser olvidados; y no sólo porque nos mostraríamos insensibles sino porque con ellos también se ha configurado nuestra patria y su historia. A éste acontecimiento se le acomoda muy bien aquello de «en las lágrimas que ahí se sembraron, nuevas flores nacerán»

El 23 de diciembre de 1997 nos despertamos con la terrible noticia del asesinato de 49 indígenas tzotziles del campamento de desplazados Los Naranjos, en la comunidad de Acteal, municipio de San Pedro Chenalhó, Chiapas, perpetrado un día antes por hombres fuertemente armados, que luego fueron identificados como integrantes de bandas paramilitares priístas.

De ambos sexos y de diversas edades

Entre las víctimas se encontraban 4 recién nacidos, 32 mujeres ?de las cuales 14 eran niñas de entre 11 meses y 17 años, y 18 entre 18 y 65 años?, 4 niños entre 4 y 15 años, y 8 hombres entre 25 y 68 años de edad. La comunidad masacrada se encontraba haciendo una jornada de ayuno y oración para pedir por la paz en la región. Estaban completamente desarmados. Pertenecían a una organización de la sociedad civil denominada «Las Abejas», formada en 1992 para reivindicar sus derechos.

Han pasado nueve años y seguimos esperando que se haga plena justicia, para que todos los responsables sean juzgados conforme a la verdad de los hechos.

Ahora es asunto internacional

Los familiares de las víctimas se pusieron de acuerdo para que sus muertos fueran sepultados no en tumbas separadas e individuales, sino en el mismo lugar de los hechos con el fin de que su sacrificio fuera recordado. Días después varios artistas de fama internacional formularon la propuesta de levantar un monumento.

Hoy día se puede ver y visitar, en el lugar de la masacre, una discreta capilla que se ha levantado para recibir a cientos de personas de muchas partes del mundo, pues el pequeño paraje se ha convertido en centro de peregrinaciones. Prueba de la vida nueva es la organización «Maya Vinik», que ha crecido en forma muy notable y que está logrando poner su café en los mercados internacionales. Los hermanos que murieron están vivos en el corazón de Dios para que los que sobreviven tengan una vida digna.

La organización «Las Abejas» y el maravilloso coro formado para llevar a diversos lugares de México y del mundo el mensaje de paz y esperanza surgido de Acteal a raíz de la masacre, son reconocidos en muchas partes y son tomados muy en cuenta. La sangre de sus hermanos ha abierto el corazón de muchas personas solidarias y fraternas, incluso de otras religiones. Así las cosas, en el marco de este noveno aniversario de aquellos sangrientos hechos, la búsqueda de la justicia, la verdad y la paz hoy en México implica que asumamos la tarea de velar por la verdad histórica; que caminemos con la firmeza de los hombres y las mujeres que luchan y viven sus derechos con dignidad, hacia la construcción de otro México posible.

EL OBSERVADOR 598-3

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FLOR DE HARINA (Sal 147, 14)
Encarnación y trascendencia
Por el P. Justo López Melús


Además del desarrollo personal en profundidad, hay que prestar atención a la latitud u horizontalidad. Si el hombre se contentara con contemplarse a sí mismo, se empobrecería, caería en el más torpe narcisismo. Sería como un río tributario de sí mismo, sin salida hacia el mar. Sus aguas estaría podridas.

No podemos decir como Caín: ¿qué tengo yo que ver con mi hermano? Jesús nos juzgará por el trato que hayamos dado al prójimo (Mt 25, 31-46). «Al caer de la tarde te examinarán en el amor» (san Juan de la Cruz). El yo no es completo sin el tú y el nosotros. Toda vida humana me enriquece, y toda muerte me empobrece. «La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque pertenezco a la humanidad, y por eso no es preciso que pregunte por quién doblan las campanas: doblan por mí» (John Donne). Sí, «los hombres no son islas» (Merton). «Hombre soy, y nada humano me es ajeno» (Terencio).

Tampoco basta la horizontalidad. Es preciso a garrarse a la verticalidad, a la altura. Si no, viene el mareo, el mundo se hunde a nuestros pies y se pierde el rumbo. Nuestras raíces están muy altas. Hay que pasar de la encarnación a la trascendencia. Hay que cultivar ilusiones de altura. Hay que hacer planes que superen la temporalidad. Sólo Dios da sentido a nuestra vida.

Sólo desde Dios puede entenderse qué es el hombre. El hombre no puede definirse sino incluyendo a Dios en la definición, pues Dios es imagen del hombre. «La existencia se acrisola cuando está apoyada en el misterio, no acudiendo a lo más bajo, a lo relativo, sino a lo más alto, a lo absoluto» (Guardini) «El corazón del hombre ha sido creado lo suficientemente grande para contener a Dios mismo» (Cabasilas).

EL OBSERVADOR 598-4

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La noche de los gallos
Por Mons. Joaquín Antonio Peñalosa


Aquel día era el día más largo del año; y su noche, la noche más azul y codiciada. Los chiquillos de la ciudad provinciana ?yo, nosotros, todos? habíamos escrito una carta, la primera carta de nuestra vida que en realidad no era una carta, sino un pliego de peticiones a otro Niño, ése sí gigantesco, que en esos precisos momentos se preparaba a nacer en Belén entre un olor de paja, de musgo y de leche nueva.

? Escribe con buena letra. Si no, no te va a entender el Niño Dios.

? Pero, tía, si es Dios, tiene que entender también la mala letra.

La pobre confundía la teología con la caligrafía y, para desentenderse de mis argumentos, endulzaba su té de tila anaranjado y somnífero.

? Querido Niño Dios, te pido que me traigas un carrito de madera como el de Pepe, un trompo zumbador que venden en «Las siete esquinas», un caballito de ruedas, una caja de canicas, muchas, y también una guitarra de tejamanil pintada de amarillo con flores y, «si me ases el fabor» (frase censurada por la tía), unas serpientes y escaleras con dos dados grandes.

Todas las cartas, todas, terminaban con arrepentimientos y buenos propósitos. Te prometo portarme bien y no ser desobedecido con mi mamá. La noche de los juguetes. Niños, duérmanse pronto, porque tenemos que ir a la Misa de gallo. No dormíamos. O despertábamos a cada rato entre unas sábanas nerviosas, acechando pequeños ruidos, oliendo a té de tila anaranjado y neblinoso, viendo visiones de cajas de regalo al pie de la cama. El asnillo, el buey, el pesebre, la estrella, el Niño llorando.

«A dormir va la rosa de los rosales, a dormir va mi Niño porque ya es tarde. Dormir, dormir, que cantan los gallos de San Agustín, que la vieja cucuruca pasó por aquí vendiendo tamales de San Marroquí. De una de dola, de tela canela, zumbaca tabaca, que vira virón, toca las horas que ya mero son, tócalas bien, que las doce son».

Se acabaron los juguetes mexicanos que unas manos anónimas, inocentes y mágicas convertían el cartón en caballitos de ruedas, el plomo en soldaditos de gran gala, la paja en mulillas de orejas como flores, la madera en casitas amuebladas, las torombolas, los ponches, como una lluvia de estrellas rodando en la tierra suelta del jardín bajo la noche de oro.

Se fueron los juguetes sencillos, cándidos y baratos. Llegaron los caros, extranjerizos y sofisticados. El mundo frío y abstracto de la técnica, el alma de los niños, tan temprano, sometida, amortajada ya por costumbres exóticas y adultas. La Navidad ya no nos hace niños.

Yo guardo, por ahí, un puñado de canicas irisadas que me hicieron felices tantas tardes de niño. Unas cuantas canicas que una Noche Buena me regaló mi madre. A dormir va la rosa de los rosales. Una madre muerta no acaba nunca de morirse.

EL OBSERVADOR 598-5

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PROMOCIÓN HUMANA
El día más importante de nuestra vida
Por Sergio Yakovlev Giorgana / Fundación México Unido


Me han preguntado muchas veces cuál es el día más importante de mi vida, y ahora que yo mismo me hago la pregunta me doy cuenta de que a lo largo de mi vida he respondido siempre algo distinto. Según el orden cronológico de mis respuestas he contestado que el día en que me titulé, el día que me casé o cuando nació mi primer hijo.

Cada uno de estos días fue de vital importancia en su momento; sin embargo, debo reconocer también otros días igual de importantes, los cuales tal vez no han tomado el lugar privilegiado de los anteriores porque quizás yo mismo me he obligado a resaltar uno y no otro. Me refiero al día del nacimiento de mi hija, a algún aniversario de bodas o a celebraciones familiares.

Mas al ir recuperando la memoria de otros días importantes, voy reconociendo que hay muchos más de los que he considerado: Navidades, encuentros deportivos, reuniones con amigos, cenas románticas y alguno de esos maravillosos días en los que todo sale bien. Finalmente, descubro tantos días importantes como me lo permiten mis recuerdos.

Entonces, me pregunto: ¿qué es aquello que hace importante a un día? Días comunes y corrientes pasan desapercibidos, no los recordamos, no son importantes. En cambio, los que permanecen en nuestra memoria están ahí porque han impactado nuestra conciencia. No podemos, por lo mismo, descartar en importancia los días difíciles y tristes de los cuales nos acordamos, pues de una u otra forma han alterado la cotidianidad a modo de dejar impreso el evento en la memoria.

De este modo, el conjunto de los días importantes se hace grande; todos ellos han cambiado nuestra vida. Cuando observamos el acontecimiento desde el presente y nos preguntamos qué hubiera sucedido si las cosas hubiesen resultado de otra manera, hacemos patente la importancia de aquel evento. Nuestra existencia ha tomado otra dirección desde entonces.

¿A dónde voy con todo esto? El día más importante de nuestra vida es, en realidad, el que vivimos actualmente, el que tenemos hoy, en este momento, ahora. Ya no contamos con ese día del pasado cuyo valor una vez fue lo más importante, contamos con este día, el del presente, el único abierto a las posibilidades, el único real y vigente.

EL OBSERVADOR 598-6

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El bautismo del mass-media
Por Carlos Gutiérrez, L.C. / Buenas Noticias


Desde hace varios años la programación en los medios de comunicación ha venido cambiando vertiginosamente. Quizá los chicos de ahora no conocen el significado de la palabra «censura», o, si la conocen, seguramente le adjudican una connotación negativa. Lo que a los papás de los años 70 y 80 escandalizaba ver en la televisión, a los niños de hoy no les inmuta.

No obstante, parece que el mundo empieza a hartarse de que con tanta frecuencia aparezcan contenidos negativos en la programación y busca productos más valiosos, dignos de ver y pagar.

¿Y qué es lo que vale, lo que la gente parece estar buscando? Simple y llanamente aquello que le ayude a construir un mundo mejor, que le ayude a crecer como persona, que le aporte algo positivo: buen humor, buen ejemplo, descanso, alguna enseñanza, etc.

Se podría pensar que esta idea es utópica; sin embargo, en Estados Unidos, la productora Fox, una de las más grandes de la industria del cine y de la televisión, ha descubierto un mercado importante: los hogares cristianos.

Según los últimos estudios de audiencia, un mercado creciente de 14 millones de hogares está interesado en este tipo de productos. En la misma empresa en la que nacieron Los Simpson y en los mismos estudios en los que se han ideado algunos de los «realities» y series de televisión más controvertidos, se ha creado ahora una división dedicada a la creación de películas que fomenten valores cristianos: FoxFaith.

Y ¿qué fue lo que movió a los productores a plantearse esta posibilidad? El éxito económico y mediático de la película La pasión de Cristo, distribuida por la Fox, que recaudó 600 millones de dólares por todo el mundo, vendiendo 15 millones de copias en DVD.

Aunque el mass-media es un negocio y se mueve hacia donde está el dinero, la gente exige calidad en los productos que consume. La calidad que exige no es sólo técnica, sino también artística, moral y doctrinal.

EL OBSERVADOR 598-7

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FIN

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