El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
18 de febrero de 2007 No.606

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Creer como vocación
bullet¿CÓOOMO DIJO? - A 90 años, la libertad religiosa sigue en veremos
bulletREPORTAJE - Creer, migrar e integrarse: la respuesta cristiana
bulletINTERNACIONAL - Venezuela: ¿Totalitarismo en marcha?
bulletNUESTRO PAÍS - ¿Está Cristo en el centro de México?
bulletLos padres de familia son los únicos guardianes de la libertad de sus hijos, advierte Benedicto XVI
bulletFLOR DE HARINA - Conmoverse las entrañas
bulletPANTALLA CHICA - La televisión y la palabra
bulletLectionautas, un proyecto para jóvenes
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Nicolás Gómez Dávila
bulletRESUELVE TUS DUDAS - La masturbación, ¿buena o mala?
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Sólo proveedor
bulletPINCELADAS - La oración como suspiro

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CARTAS DEL DIRECTOR
Creer como vocación
Por Jaime Septién

Hace unas semanas publicamos en la primera plana de El Observador el discurso del Papa a la Rota Romana a propósito de la nulidad del matrimonio. Palabras más, palabras menos, el Santo Padre decía al máximo tribunal eclesiástico que el relativismo esa corriente de pensamiento y acción tan de moda entre nosotros y que podría sintetizarse en que «todas las opiniones son verdad y todas las verdades valen lo mismo» estaba corroyendo incluso a la práctica del matrimonio entre los católicos (que se supone lo consideramos un Sacramento; por lo tanto, algo sagrado, con lo que no se juega y con lo que no se va al altar «a ver si es cola y pega»).

En el fondo, lo que nos está advirtiendo una y otra vez el Papa es que en nuestro mundo la convicción de que Dios existe es una idea más, una opinión tan válida y tan verdadera como decir que Dios no existe. O que, si existe (como decía un poeta francés), «no es culpa mía». Trivializar la fe es trivializar tanto la bondad que construye como la maldad que aniquila; convertirlos en una cosa indiferente y amorfa: da lo mismo hacer el bien que hacer el mal, al cabo, todos vamos a ser perdonados (o todos vamos a cesar de existir cuando nos llegue la hora de la muerte).

Buscando en una página católica de Internet (www.interrogantes.net), me encontré el siguiente párrafo que me pareció muy interesante para ilustrar, y concluir, esta «Carta»:

«Creer no es añadir una opinión a otras. Muchas informaciones no nos importa si son verdaderas o falsas, pues no cambian nuestra vida. Pero, si Dios no existe, la vida es vacía, el futuro es vacío. En cambio, si Dios existe, todo cambia, la vida es luz, nuestro futuro es luz y tenemos una orientación para saber cómo vivir. Por eso, creer constituye la orientación fundamental de nuestra vida, nos hace encontrar el modo en que debemos vivir. Creer es seguir la senda señalada por la Palabra de Dios. Y la elección de Dios que supone la vocación es una elección de amor, una iniciativa de Dios, que ha pensado lo mejor para cada uno de nosotros. Por eso, descubrir la propia vocación es descubrir el sentido de la propia existencia. Y el secreto de la felicidad está en hacer lo que Dios quiere de nosotros».

EL OBSERVADOR 606-1

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¿CÓOOMO DIJO?
A 90 años, la libertad religiosa sigue en veremos

Después de la muerte del presidente Pablo Benito Juárez García
(18 de julio de 1872), quien llegó al relevo en la silla presidencial fue Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876). Durante su gestión como jefe del Ejecutivo elevó a rango constitucional las Leyes de Reforma y provocó con esto una sublevación armada de católicos («Los Religioneros») que al grito de «¡Viva Dios y muera el mal gobierno protestante!» se opuso al gobierno federal. Con la Batalla de Tecoac (cerca de Huamantla, Tlax.), del 16 de noviembre de 1876, el general Porfirio Díaz Mori tomó las riendas de la presidencia de nuestro país, hasta el 25 de mayo de 1911 (intercalando a su compadre, «El Manco», general Manuel González en la silla presidencial, de 1880 a 1884).

Durante su gobierno, los mandatos constitucionales fueron aplicados discrecionalmente, buscando siempre el equilibrio entre la Iglesia católica y los radicales anticlericales (por ejemplo, permitió la coronación solemne de la Virgen de Guadalupe, por una parte, y el hemiciclo a Juárez en La Alameda de la capital, por otra parte). De iure y de facto, permitió las reformas legales para sus re-elecciones de 1888 hasta el año de 1910. Vino después lo que conocemos como «Revolución Maderista» con el Plan de San Luis, del 5 de octubre de 1910 («Sufragio efectivo. No re-elección»). Sabemos que el Plan de la Embajada (de los Estados Unidos de Norteamérica) apoyó la «Decena Trágica», del 9 al19 de febrero de 1913 para quitarle la presidencia a Francisco Ignacio Madero González.

Al mes siguiente, el 26 de marzo de 1913, se levantó en armas el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, contra el presidente Huerta, presentando en el Plan de Guadalupe la defensa del gobierno maderista y evocando la Constitución del 5 de febrero de 1857 (por eso él se definía como «Primer Jefe del ejército constitucionalista»). Finalmente, con el apoyo del gobierno estadounidense, venció al gobierno federal de los huertistas el 15 de julio de 1914. Al año siguiente, 1915, la Revolución se escindió: los villistas y zapatistas no reconocieron como «Primer Jefe» a Venustiano Carranza.

Siendo Venustiano Carranza el vencedor, es obvio explicar que su Constitución elaborada por los jacobinos resultaba anticlerical y anticatólica. Si bien Carranza no pretendía dictar nuevas leyes en contra de la Iglesia, sino reproducir solamente las Leyes de Reforma, resultó que su grupo de exaltados fue más allá de los planes del autollamado Primer Jefe.

El artículo 3 prohibió a las asociaciones religiosas y a los ministros de culto tener o dirigir primarias. El artículo 24 señaló que los actos de culto se celebrarían exclusivamente dentro de los templos, que estarían siempre bajo la vigilancia de la autoridad. (El entonces diputado Enrique Recio quería que se prohibiera la confesión y que fueran casados civilmente los sacerdotes menores de 50 años).

El artículo 130 negó personalidad a las Iglesias, facultó a las legislaturas estatales para determinar el número de ministros y prohibió a los partidos políticos usar alguna palabra religiosa. Facultó al gobierno para intervenir en el culto y disciplina de la Iglesia. Indicó que los sacerdotes deberían ser mexicanos y no podrían votar ni ser votados, ni criticar las leyes y gobierno, ni heredar después del parentesco de cuarto grado.

El artículo 27, fracción II, quitó a las Iglesias la capacidad de poseer bienes raíces y determinó que los templos pasaran a ser propiedad de la nación así como los obispados, curatos, seminarios, asilos, colegios, conventos. Prohibió que las Iglesias fueran propietarias de instituciones de beneficencia e investigación científica. El artículo 6, por su parte, evitó la profesión de votos religiosos.

La Constitución fue publicada el 5 de febrero de 1917. Desde su destierro, los obispos que pudieron reunirse lo hicieron en la Acordada, Texas, y emitieron un documento titulado «Protesta de los obispos mexicanos por la Constitución de 1917». Decían que la Constitución sancionaba definitivamente la persecución religiosa. En fin, es necesario notar que ya afianzado en el poder ( Villa derrotado por Obregón, y Zapata asesinado), Carranza hizo disminuir la persecución contra la Iglesia y aun trató de derogar las leyes persecutorias de la Constitución, pero se vio impedido ante la imponente sublevación que Obregón llevó a cabo contra él y que, finalmente, le costó la vida con el Plan de Agua Prieta (Sonora) en Mayo de 1920.

Tomado del semanario Koinonía, de la Arquidiócesis de Puebla, escrito por José Ignacio González Molina. (Responsable: J. Septién)

EL OBSERVADOR 606-2

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REPORTAJE
Creer, migrar e integrarse: la respuesta cristiana
¿La religión juega un papel en el proceso de integración del migrante en la sociedad que le recibe? ¿Toda religión es válida por el hecho de ser religión? ¿La fe se presupone o se sucede? ¿Qué respuesta ofrece el cristianismo católico?
Por Jorge Enrique Mújica / GAMA

No hace falta una sensibilidad excesiva para compadecerse de los centenares de inmigrantes procedentes de África que a diario son interceptados en las costas españolas, francesas o italianas en condiciones paupérrimas. En la mayoría de los casos han invertido todo patrimonio, toda posesión, para pagar el medio y la persona que les ayuden a penetrar en una nueva frontera aun a costa de la propia vida.

En otras latitudes de la tierra la odisea no es menor en riesgo ni deja de ser conmovedora: la frontera México-Estados Unidos constituye, hoy por hoy, un punto nodal de excesivo flujo migratorio donde las garantías de éxito para el emigrante ilegal no son halagüeñas.

Razones para migrar

Según datos recientes de las Naciones Unidas, los emigrantes por razones económicas son hoy casi doscientos millones; los refugiados, cerca de nueve millones, y los estudiantes internacionales unos 2 millones. A estos habría que añadir los desplazados internos y los emigrantes irregulares.

No obstante las mil vicisitudes y los casos de muerte en situaciones verdaderamente trágicas, hay quienes alcanzan el objetivo de ingreso y establecimiento en un nuevo país.

Cargando su cultura

Tanto individual como colectivamente, la persona y los distintos grupos de inmigrantes llevan consigo un patrimonio cultural y religioso rico de significativos elementos. El emigrante está marcado por una faceta o medio cultural que, comúnmente, coincide en identificarse con las fronteras de un país.

Es verdad que en algunos países los diferentes grupos étnicos no comparten la totalidad de elementos que pueden determinar universalmente a todos los miembros de un Estado político; sin embargo, es común que a la mayor parte de sus habitantes se les puedan atribuir unos rasgos o características más o menos generalizadas. Una de ellas es la religión.

El papel de la religión

Cada país posee una cultura propia. No obstante, sería falso negar que un gran número de naciones comparten, aunque sólo sea parcialmente, una riqueza común. La religión es un ejemplo claro.

En gran medida, la religión, como elemento constitutivo e imprescindible de una cultura, cuando no fundante, anima la visión que determinará la cerrazón o apertura en el proceso de integración de los inmigrantes y la reciprocidad por parte de los ciudadanos del país que los recibe.

Concientes de que la presencia de extranjeros está constituyendo y va a seguir significando un fenómeno de la máxima importancia social, conviene buscar un encauce que distense el encuentro que supone. Es este encuentro el que plasma un planteamiento peculiar en torno al tema de la aceptación o integración mutua. Un «problema» que parece encontrar solución en las respuestas que ofrece la religión, que aporta la fe. Partimos de la obviedad tocante a la diversidad de credos. No es la religión en su conjunto, por el mero hecho de ser religión, quien puede establecer cauces válidos, aunque eso se desearía.

El problema musulmán

A raíz del viaje realizado a Turquía, Benedicto XVI ha ensalzado el sentido de la hospitalidad que distingue a los países de mayoría musulmana. Al musulmán el asilo se le presenta como un deber. Sin embargo, no se puede esconder el enfoque que al respecto tienen sobre la integración en cuanto toca a los suyos. Los hechos manifiestan la actitud más o menos general del musulmán: no hay espacio para la integración so pena de caer en una mal entendida conversión o abandono de la propia fe.

En el caso de los países de mayoría musulmana, si bien hemos ponderado el sentido del asilo, en la práctica prima el deber del inmigrante a comulgar, en algunos lugares incluso coaccionado por la fuerza física y la presión psicológica, con la cultura del lugar. Se violan los derechos humanos. En los países musulmanes no son desconocidas las graves dificultades que los cristianos experimentan.

El caso hindú y budista

El hindú trata de no estar sujeto al mundo; integrarse supondría ligación. Si bien la práctica actual más extendida del budismo se distingue por el principio práctico religioso de indiferencia hacia las cosas materiales, incluyendo al hombre, se vale de ellas en tanto cuanto le son útiles. Prima un utilitarismo que imposibilita profundamente la compenetración real. También son conocidas las secuelas de violencia hacia cristianos, incluso nativos, en ciertas zonas de la India. Podríamos extendernos hacia otras confesiones pero este botón de muestra basta.

La visión católica

En la visión católica, la realidad de las migraciones no puede ni debe ser vista sólo como un problema, sino también y sobre todo como un gran recurso para el camino de la humanidad. Es esta percepción la que ha justificado desde siempre la libertad de tránsito. En la Pacem in Terris, de Juan XXIII, se profundiza en el derecho del individuo a migrar cuando lo aconsejan los legítimos intereses: el válido y legítimo principio de libertad de tránsito basado en la concepción de la humanidad como una gran y única familia.

Los documentos y declaraciones del Papa, el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y varias conferencias episcopales como la estadounidense, mexicana, española o italiana, han trabajado por establecer una mayor comprensión respecto al sentido del derecho a desplazarse cuando las circunstancias lo ameritan, con la consecuente respuesta y actitud humana tocante a la acogida.

Ésta es una respuesta que concede a la fe un papel protagónico. Obviamente presupone un credo arraigado y vivido y una disponibilidad a cooperar tanto por parte del migrante como del nativo que le recibe. La disyuntiva parece ahora venir del encuentro entre migrantes de otras religiones.

Cada vez es mayor la migración de musulmanes hacia países europeos o americanos. Los católicos están llamados a ser solidarios con los inmigrantes musulmanes, conociendo su cultura y religión, y testimoniando los propios valores cristianos desde la perspectiva de la nueva evangelización: deben profundizar su identidad dando testimonio de ella. Esto presupone el respeto mutuo y la solidaridad humana. De la misma manera, los inmigrantes musulmanes deben respetar la identidad cultural y religiosa del país que les acoge.

Conclusión

El cristianismo no puede entenderse como una fuerza cultural impositiva cerrada a todo lo que no sea ella misma. El cristianismo no ha denostado a aquellas culturas con las que ha entrado en contacto. Ha sabido inculturizarse e inculturizar; ha sabido ser una religión abierta que ha dado forma al concepto de cultura. Esto es algo que deben saber dar y a lo que deben estar dispuestos los que llegan a un nuevo país con la esperanza de mejores oportunidades.

EL OBSERVADOR 606-3

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INTERNACIONAL
Venezuela: ¿Totalitarismo en marcha?
Por monseñor Ovidio Pérez Morales *

Estudiando el fenómeno del totalitarismo, que ensombreció el siglo XX, anunciado como de brillante explosión del progreso humano, recordé un texto muy conmovedor del papa Wojtyla (quien sufrió en carne propia el nazismo y el comunismo). Los párrafos se encuentran en el mensaje publicado con ocasión del 50º aniversario del final de la segunda guerra mundial (8 de mayo de 1995).

Él hace esta dramática pregunta: «¿Por qué se llegó a ese grado de envilecimiento del hombre y de los pueblos?». Y continúa con otra, que interpela hoy no sólo a la gente del viejo continente: «¿Por qué acabada la guerra, no se han sacado las debidas consecuencias de tan amarga lección para todo el continente europeo?».

Condiciones para la violencia

El Papa hace una definición operativa del totalitarismo: «destruye la libertad fundamental del hombre y viola sus derechos. Manipulando la opinión pública con el martilleo incesante de la propaganda empuja a ceder fácilmente al recurso a la violencia y a las armas y acaba por aniquilar el sentido de responsabilidad del ser humano». Añade: «Entonces, por desgracia, no nos dimos cuenta de que cuando se llega a pisotear la libertad se ponen las condiciones para un peligroso deslizamiento hacia la violencia y el odio, precursores de la cultura de la guerra».

Esto fue lo que sucedió en Europa. Resultó fácil a los líderes conducir a las «masas» al conflicto bélico. Se montaron mitos, se estableció la persecución religiosa y la discriminación política, el aplastamiento legal y policiaco de las libertades, así como el condicionamiento psicológico mediante el monopolio comunicacional. La energía moral se debilitó.

Impresionan, de los tiempos y espacios totalitarios, las fotos de muchedumbres enardecidas, en alto los brazos con el saludo beligerante; las imágenes de interminables desfiles de soldados y tanques en plan desafiante. Impresionan los discursos altisonantes como clarines de confrontación. La pasión engullendo la razón.

Lo que se arguya de apoyo popular y de victorias electorales para justificar actuaciones, tiene que ser objeto de discernimiento. Porque Hitler pudo ufanarse de aquéllos. Y la legalidad se puso a la orden de su «nuevo orden». Por eso «legal» no equivale sin más a «legítimo» y «moral». Por lo demás, lo de abrumadoras mayorías electorales es característico en los sistemas totalitarios ya establecidos.

Totalitarismo anticristiano

Lo «único» y «monocolor» constituyen el objetivo y el alborozo de quienes ven en el pluralismo una amenaza al monolito del poder absolutizado.

Juan Pablo II denunció el modelo totalitario en múltiples oportunidades. En la encíclica Centesimus Annus (1991), que siguió a la caída del Muro de Berlín, identificó la raíz del totalitarismo «en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la clase social, ni la nación ni el Estado. No puede hacerlo tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la minoría, marginándola, explotándola o incluso intentando destruirla».

Por eso cuando, bajo el lema del «Socialismo del Siglo XXI», se promocionan encomiásticamente «pensamiento único», «partido único», «hegemonía comunicacional», «educación socialista», se hacen «listas-apartheid» y se promueve la partición maniquea de los ciudadanos en «buenos» (revolucionarios, patriotas, socialistas) y «malos» (contrarrevolucionarios, antipatriotas, capitalistas), se va por un camino perverso, de anticultura de muerte. Siembra de vientos maléficos. Involución histórica. Reviviscencia del totalitarismo (esta vez comunista).

Toda concepción totalitaria choca, inevitablemente, con el cristianismo, que tiene como absoluto y adorable sólo a Dios. Y como Mesías sólo a Jesucristo. Y choca contra toda concepción genuina de humanidad, que tiene como centro y referencia fundamental la persona, no el Estado, la «Revolución», el «Partido», el «Jefe».

* Obispo emérito de los Teques (Venezuela)

EL OBSERVADOR 606-4

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NUESTRO PAÍS
¿Está Cristo en el centro de México?
Por Antonio Maza Pereda

Esta es una pregunta que no es ociosa. ¿Tenemos a Cristo en el centro de nuestro país, en el centro de nuestra sociedad? ¿Lo tenemos en el centro de nuestra cultura? ¿En el de nuestros valores? ¿En la vida pública? ¿Está en el centro de nuestras decisiones, personales, sociales, laborales, económicas? En lo más importante: ¿está en el centro de nuestros corazones? Sí, la pregunta no es ociosa; pero las respuestas no muestran una gran consistencia de nuestras convicciones.

Tenemos a Cristo Rey en el centro geográfico del país, en el cerro del Cubilete donde, desde hace décadas, llegan grandes peregrinaciones, como la peregrinación de jóvenes del pasado fin de enero. Lo tenemos, oculto, en la imagen religiosa más querida de México, en la de nuestra hermosa Guadalupana, que quiso retratarse embarazada. Está en la respuesta que da el 96.5% de los mexicanos a los censos, declarando que somos católicos y cristianos. Está, aunque a muchos se nos olvida y algunos quisieran negarlo, en la base de nuestra cultura, en la estructura y jerarquía de los valores que vivimos hasta sin darnos cuenta. Y, estoy seguro, está en nuestros corazones, en lo más profundo de nuestra esencia nacional.

¿Por qué, entonces, esta centralidad de Jesús, no está en nuestra vida pública, en nuestras decisiones políticas, económicas y sociales? ¿Por qué, frecuentemente, no está en nuestras pequeñas decisiones de cada día? ¿Por qué está presente, con frecuencia, sólo en las grandes ocasiones, en el inicio y el fin de nuestra vida temporal, en los grandes peligros? Y, lo más importante, ¿por qué no nos preocupa o molesta esta gran incongruencia de no vivir de acuerdo con lo que creemos?

A nuestra sociedad, ¿de veras le preocupa que nuestras leyes no estén de acuerdo con las convicciones de la mayoría? ¿Nos preocupan las relaciones laborales que no toman en cuenta las necesidades económicas de las familias más pobres? ¿Nos avergüenza llamarle salario mínimo a uno que no alcanza para las necesidades mínimas? ¿Nos molesta acaso ver a muchos medios promoviendo jerarquías de valores que no son los que la mayoría tienen? ¿Nos importa como individuos?

Ni los individuos ni las sociedades pueden vivir mucho tiempo en la contradicción. Una sociedad así se derrumba. Como se derrumbó el imperio romano y otros imperios. No se derrumbaron porque una fuerza externa los destruyera. Se derrumbaron porque a nadie le importó; porque profesaban unos valores y vivían otros. Y a nosotros, creo, nos está pasando. Es una contradicción que tenemos que resolver desde el centro de la sociedad. Desde el corazón de cada uno de los mexicanos. Volver a poner a Cristo en el centro de nuestra vida, primero. En el centro de toda nuestra vida, la pública y la privada. Sin eso, la sociedad no pondrá a Cristo en el centro de su vida; las sociedades no cambian desde afuera, las cambian las convicciones vividas desde adentro. Si a usted, como a mí, le molesta esta contradicción, el remedio tiene que empezar por nosotros mismos.

EL OBSERVADOR 606-5

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ALACENA
Los padres de familia son los únicos guardianes de la libertad de sus hijos, advierte Benedicto XVI
Publicamos el comentario/reflexión que ha difundido el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el 20 de mayo de 2007 con el tema «Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación». Este es el tema al que ha dedicado en este año su mensaje Benedicto XVI con motivo de la Jornada.

«La educación para los medios, como toda labor educativa, requiere la formación del ejercicio de la libertad. Se trata de una tarea exigente. (...) La verdadera libertad nunca condenaría a un individuo ¯especialmente un niño¯ a la búsqueda insaciable de la novedad. A la luz de la verdad, la auténtica libertad se experimenta como una respuesta definitiva al «sí» de Dios a la humanidad, que nos llama a elegir lo que es bueno, verdadero y bello (...). Los padres de familia son, pues, los guardianes de la libertad de sus hijos; y en la medida en que les devuelven esa libertad los conducen a la profunda alegría de la vida», escribió el Papa en su mensaje. Un comentario que agrega profundidad al debate que hace años sostiene la Iglesia con el mundo de las imágenes.

El más grave desafío de nuestro tiempo

En su texto, el papa Benedicto XVI define toda labor educativa como formación para que los niños y niñas aprendan a ser libres, es decir, vayan ejerciendo cada vez más su libertad en el contexto social en el que han nacido, lo cual les conducirá a una profunda alegría de vivir. Este, que ya de por sí es un gran desafío, en nuestro tiempo no puede ignorar que los pequeños reciben constantemente el impactante influjo de los mensajes mediáticos. Por ello el Papa invita de un modo firme a la Iglesia, a la familia y a la escuela a ejercer una positiva educación para los medios. Es importante notar que, lejos de huir de la realidad mediática en que nos encontramos, el Papa Benedicto XVI nos anima a entrar en ella con valentía, seleccionando lo mejor para nosotros mismos y para las nuevas generaciones».

Tres criterios: belleza, bondad y verdad

El Santo Padre recuerda que los niños no están solos, no deben estar solos ante los estímulos tan atractivos que reciben de los medios y que a veces les lleva a confundir la realidad con la ficción. En primer lugar los padres, pero también la comunidad parroquial y diocesana, así como los maestros y profesores, han de comprender los lenguajes mediáticos para ser ellos mismos selectivos, y poder acompañar y ayudar a los niños de modo que disciernan y elijan progresivamente con acierto qué mensajes, qué programas, qué videojuegos son óptimos para su formación. Ofrece, asimismo, los grandes criterios para orientarse: la belleza, la bondad, la verdad.

El objetivo de todo esto es que los pequeños no sean arrastrados hacia temáticas y enfoques empobrecedores y engañosos que, bajo la aparente bandera de la libertad, los lanzan a una búsqueda insaciable de novedad que a la larga les deteriora y deprime. Más bien se trata de que aprendan a elegir por sí mismos aquello que les construye y les hace crecer en el bien y la alegría: «La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos». Aquí late un mensaje vital para poder desarrollar cualquier labor formativa: la belleza, «espejo de lo divino», orienta y estimula el ejercicio responsable de la libertad.

No ceder antes las presiones comerciales

No falta, además, una fuerte invitación a los responsables de los medios para que pongan en primer lugar el respeto a la persona humana. Comprendiendo que a veces los operadores de los medios se ven sometidos a intensas presiones comerciales, sin embargo exhorta a ellos y a los productores «a salvaguardar el bien común, a preservar la verdad, a proteger la dignidad humana individual y a promover el respeto por las necesidades de la familia.»

EL OBSERVADOR 606-6

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FLOR DE HARINA
Conmoverse las entrañas
Por el P. Justo López Melús

El Evangelio, leído en su lengua original, el hebreo y el griego, adquiere una insospechada riqueza de matices. Por ejemplo, la palabra splagina significa las entrañas, sede de la vida afectiva según los semitas. El verbo derivado, spleginizesthai, es el movimiento de las entrañas, conmoverse las entrañas. Y es curioso que los evangelistas, apunta el P. Sobrino, reservaron este verbo para Jesús, no se lo aplicaron a ningún otro.

A Jesús se le conmueven las entrañas viendo a las turbas como ovejas sin pastor (Mt 9, 36), porque llevan tres días sin comer (Mt 14, 14), y a la vista de la muchedumbre antes de la segunda multiplicación de los panes (Mc 8, 2).

El corazón de Cristo se estremece, sus entrañas se conmuevan ante un leproso, «le tocó y le dijo: 'Quiero, sé limpio'» (Mc 1, 41), y ante unos ciegos: «tocó sus ojos y recobraron la vista» (Mt 20, 34). Jesús se conmueve ante el dolor de un padre que tenía un hijo lunático (Mt 17, 15), ante las lágrimas de una madre, la viuda de Naim (Lc 7, 13), y con ocasión de la muerte de Lázaro (Jn 11, 13).

También en las parábolas aparece el Padre como un Dios a quien se le conmueven las entrañas. Se compadece de un siervo porque era deudor insolvente (Mt 18, 27). Se compadece del hijo pródigo a quien estrecha entre sus brazos (Lc 15, 20). Y el mismo Jesús se autodescribe en la parábola del buen samaritano, como quien se conmueve ante la triste situación del caminante herido y le presta ayuda con sus manos, su aceite, su cabalgadura y su dinero (Lc 10, 33). Es conmovedor y entrañable ver conmoverse las entrañas a Jesús. Es como entrar en el misterio de su corazón. Jesús bien podría definirse así: «El que se conmueve del dolor humano».

EL OBSERVADOR 606-7

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PANTALLA CHICA
La televisión y la palabra
Por Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

Prendemos la televisión y se escuchan palabras, palabras y tanta palabrería. ¡Cuánto esqueleto sonoro sin contenido! Se llenan los minutos pagados por los patrocinadores con frases que no persiguen la comunicación; es el parloteo de merolicos anunciando los productos que pagan ese espacio, comentadores que han aprendido a hablar para no decir nada. Siendo la televisión un medio de comunicación, ésta se va perdiendo a cada instante pues, a pesar de que tiene el doble recurso de la palabra y la imagen, los guiones son cada vez más pobres ¯si no es que vulgares¯ y las imágenes son las que tienen preponderancia, de tal forma que la palabra simula un adorno o un sonido complementario a la imagen que busca impactar y explotar al televidente-consumidor. Este ciclo hace mucho daño a una sociedad que necesita ser humanizada con sus propios medios de comunicación, para restaurar la convivencia social y,s sobre todo, restaurar la conciencia personal de cada uno. Se deben buscar las palabras que tengan no sólo forma y sonido, sino contenido.¿Será mucho pedir, un contenido veraz, útil y enriquecedor?

EL OBSERVADOR 606-8

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Lectionautas, un proyecto para jóvenes
Por fray Gilberto Hernández García, OFM

La Lectio divina, esta forma ancestral de acercarse a la Biblia y orar con ella y nutrir la vida diaria, se está poniendo de moda entre los jóvenes a partir de una feliz iniciativa de las Sociedades Biblicas Unidas en colaboración con el Centro Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL), una institución del CELAM. El proyecto Lectionautas ha puesto en marcha un programa piloto de talleres de capacitación en esta forma de lectura orante de la Biblia en ocho países de América ¯entre ellos México¯, y que durará hasta finales de 2007; además se ha publicado una página de internet para servir de punto de encuentro para los jóvenes iberoamericanos: www.lectionautas.com

Es Ricardo Grzona, presidente de la Fundación Ramón Pané y consultor para los Proyectos Católicos de las Sociedades Bíblicas Unidas, quien nos habla del proyecto Lectionanutas:

¿Cuáles son los objetivos del proyecto Lectionautas? Se pretende colaborar con la formación bíblico-espiritual de los jóvenes, para que, siguiendo los mandatos del Sumo Pontífice, adopten la Lectio divina como forma de oración para sus vidas. Atendiendo la Palabra de Dios como un oyente frecuente, sabemos que se logrará una transformación social. El objetivo actual es capacitar diez mil jóvenes. El proceso implica, primero, formar a los animadores nacionales, para luego seguir con los talleres en los ocho países elegidos para el proyecto piloto. Se darán los talleres para jóvenes en distintas realidades, como son rurales, urbanas, universitarios, trabajadores, etc.

La Biblia «les dice algo» a los jóvenes de este tercer milenio? La Biblia siempre es «joven», y por eso Jesucristo dice algo siempre joven. Jesucristo es el mismo ayer hoy y siempre. El problema no es la Biblia, sino cómo nosotros hemos llevado el mensaje.

La Lectio divina es una fórmula muy antigua y probada por muchos cristianos, pero ¿tiene la suficiente fuerza de atracción para los jóvenes de las nuevas generaciones, educados en la tele-cultura? La Lectio divina, cuando es presentada en un lenguaje que los jóvenes pueden entender, es fascinante para ellos. Primero, porque cuando leemos de esta manera las Sagradas Escrituras, no es que leemos sobre Dios sino que nos leemos a nosotros mismos y aprendemos a ver con los ojos de Dios quiénes somos y cuál es el plan de Dios para nosotros.

EL OBSERVADOR 606-9

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Nicolás Gómez Dávila (1913-1994)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Pensador colombiano. A temprana edad se mudó a Francia, donde fue educado por los monjes benedictinos. También allí recibió la influencia de pensadores como Maurice Barrès y Charles Maurras. Jamás pasó por la universidad, no obstante lo cual fue uno de los más importantes eruditos que ha dado Colombia. Un infortunado accidente lo confinó en su biblioteca (que pasó los 30,000 volúmenes) y allí se convirtió en un docto indiscutido en literatura, filosofía, historia y teología, sin olvidar su carácter de políglota consumado, que le permitió leer los clásicos en su lengua original. Todo ello es la base de su Escolios a un texto implícito que, en forma de varios volúmenes, constituye su obra principal.

Católico tradicionalista, honesto y punzante, Gómez Dávila suele ser mencionado como «pensador reaccionario», lo cual es muy cierto, siempre que se quite de ello todo tinte despectivo. Reaccionó ¯al igual que tantos otros prohombres del pensamiento católico¯ frente a los principios de la Revolución y de la Modernidad que tanto dañan a la humanidad que paradójicamente dicen defender. Así, previó con incomparable agudeza las consecuencias del racionalismo inmanentista que vocifera su agnosticismo, su autonomía respecto de Dios, su antropocentrismo patológico.

Gómez Dávila escribió en un muy particular estilo, casi ajeno a la literatura hispanoamericana: el de las sentencias, los aforismos, en fin, los escolios. Como él mismo aclaró, «los milagros literarios rara vez exceden constelaciones de treinta palabras».

Lamentablemente, por la escasez de sus libros en el mercado y ¯sobre todo¯ por el carácter «antimoderno» de su obra, Gómez Dávila es prácticamente desconocido en su patria y en Hispanoamérica.

Sus obras son: Notas (1954), Textos (1959), Escolios a un texto implícito I y II (1977), Nuevos escolios a un texto implícito I y II (1977), Sucesivos escolios a un texto implícito (1992).

Seleccionamos hoy algunas glosas de sus Escolios a un texto implícito:

«El máximo error moderno no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto». «La humildad cristiana no es el desconocimiento hipócrita de las virtudes que tengamos, sino el reconocimiento explícito de que no son méritos nuestros». «La mayoría de los hombres no tienen derecho a opinar, sino a oír». «Mientras mayor sea la mayoría que lo apoya, el gobernante es menos precavido, menos tolerante, menos respetuoso de la diversidad humana».

EL OBSERVADOR 606-10

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RESUELVE TUS DUDAS
La masturbación, ¿buena o mala?

Pregunta: Me llamo Mario. Soy un adolescente y me gustaría saber qué es lo que piensa la Iglesia respecto a la práctica de la masturbación. ¿Es buena o es mala? Me gustaría que publicaran un extenso artículo de este tema en el periódico «El Observador».

Respuesta: La Iglesia, en el Catecismo de la Iglesia Católica, No. 2352, dice que «la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado» (es decir, pecado grave), si bien «la inmadurez afectiva, la fuerza de hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales reducen o incluso anulan la culpabilidad moral». La razón que da es que «el goce sexual es buscado al margen de la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero».

Esta declaración, en realidad, nos deja con algunas dudas. Por un lado habla de pecado grave y por otro de factores que reducen o anulan la culpabilidad, pero no nos da parámetros objetivos para medir dicha culpabilidad. Tal vez la pregunta sería: ¿Por qué la Iglesia dice que la masturbación es un acto gravemente desordenado, si es tan común, parece inofensiva y responde a un apetito natural?

Muchos moralistas y psicólogos, tanto católicos como no católicos, aseguran que la masturbación causa una serie de trastornos en el campo afectivo, psicológico, intelectual, etc. Debilita la fuerza de voluntad, el carácter y la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad. Crea personas melancólicas e introvertidas. Es fácil que provoque un fuerte sentimiento de culpabilidad y un permanente complejo de inferioridad. Si la persona se masturba frecuentemente, va perdiendo habilidad para relacionarse con otros. También puede tener consecuencias en el matrimonio, como eyaculación precoz o frigidez. El hábito de saciar el apetito sexual de forma anormal, provoca un desinterés por el acto natural, entrando en el campo de la incapacidad sexual psicológica. Aunque a menudo se busca como un desahogo de la tensión sexual, la realidad es que siempre deja insatisfecho a quien se entrega a ella, conduce al vacío y al disgusto, a una erotización mayor y a una obsesión creciente, que deja en la persona una sensación de fracaso e incapacidad para dominar sus instintos sensuales. Cuando se convierte en vicio, esclaviza a la persona y le desinteresa por todo lo demás, como le pasa al drogadicto; se cae entonces en el círculo de una insaciable repetición que siempre termina en más frustración.

Por otro lado, académicos liberales alegan que la masturbación no es la causa, sino la consecuencia de estos problemas. Es decir, que la persona naturalmente tímida, falta de carácter, inmadura, tiende más a refugiarse en la masturbación. Por eso la consideran inofensiva y hasta la recomiendan. En realidad, si nos quedamos en el plano natural, no existen pruebas objetivas de daños físicos o psicológicos causados por la masturbación. La principal razón de que la Iglesia se oponga a su práctica es el daño a nivel espiritual, en el plano sobrenatural. Hay que recordar que no somos animales inteligentes, sino espíritus encarnados.

Dios ha creado al hombre para una felicidad completa y eterna en el cielo, fundada en la unión con Dios por medio del amor perfecto, como el suyo. Hablamos de una «participación de la Vida Divina», infinitamente superior a la vida terrena con sus limitados placeres naturales. Hemos sido puestos en este mundo para descubrir y aceptar esa invitación y para trabajar por realizarla. Todas nuestras acciones en esta vida deberían estar enfocadas a perfeccionar nuestro amor para ganarnos el cielo, y a evitar todo aquello que nos lo pueda entorpecer.

«En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (Ef 2, 10).

Por alguna extraña razón que los humanos no alcanzamos a comprender, parece que es necesario renunciar a los placeres de la carne para alcanzar la vida del Espíritu:

«El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna» (Jn 12, 25).

«Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. (...) hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos...» (Col 3, 2).

«Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos (...) las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, (...) orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. (...) Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias» (Ga 6, 16-24).

La sexualidad puede ser un maravilloso instrumento en este proyecto de Dios cuando se pone al servicio del amor que se dona totalmente y para la eternidad, como es el amor de Dios, como es el amor de los esposos en el plan de Dios. En el acto sexual dentro del matrimonio sacramental y abierto a la procreación, se realiza de forma sobresaliente el designio de Dios para el hombre y la mujer: ser imagen de Dios, participar del amor creador de Dios y vivir la unión con Dios a través del otro cónyuge. En cambio, esa misma sexualidad puede ser un obstáculo temible cuando se pone al servicio del placer egoísta o peor aún, cuando se convierte en amo y el hombre se pone a su servicio.

Muchos hombres hoy en día prácticamente viven para servir a su apetito sexual. Por eso la razón que expone el catecismo: No se debe buscar el goce sexual si no es en la relación en la que se realiza la mutua entrega y la procreación humana en el contexto de un amor verdadero.

Crecer en el amor ¯y en cualquier otro terreno¯ exige de nosotros libertad, ejercicio de la voluntad, reflexión, control de los impulsos, esfuerzo, renuncia, sacrificio, disciplina... para llegar al amor en comunión que se dona al otro, libre y completamente. Eso es la virtud de la castidad: dominio de sí para orientar el instinto sexual al servicio del amor. Entre casados y consagrados, la castidad es una ofrenda de amor al ser amado. Entre solteros, la castidad es una ofrenda de amor a el o la que algún día será nuestro ser amado.

La masturbación, inofensiva como parece, actúa en el sentido contrario de cada uno de estos valores. Siendo un acto individual y egoísta, propicia en la persona una sexualidad egocéntrica, contraria a la unión y a la donación. Por ser un acto compulsivo, frustra el ejercicio de la voluntad. Por ser instintivo, rechaza la libre elección. Por ser un placer puramente carnal, incapacita para los goces del espíritu. A cada nuevo acto, más se endurece en la persona su imagen deformada de la sexualidad y de su ser dependiente. Y claro, también al revés: cuando vencemos una tentación, crecemos como personas en todas esas virtudes.

¿Qué tan destructivo es el efecto? ¿Cuánto se puede recurrir a la masturbación sin que se produzca daño? ¿Qué tan grande es mi culpabilidad? Son preguntas imposibles de responder. Cada caso es diferente. A este respecto es muy atinado el comentario del padre Jordi Rivero, en la página web «Dos Corazones», sección Enciclopedia:

«La masturbación es pecado grave. Es cierto que la gravedad puede ser mitigada por las razones arriba mencionadas. Pero sería un error no luchar para liberarse de ese pecado

«El ambiente moderno hace mas difícil vencer la tentación pero no podemos eximirnos de la lucha. Si no se lucha contra ella la impureza aumenta.


«Aunque se haya convertido en un hábito que le parezca a usted que no puede evitar, confíe en Dios y resuelva romper con él. Confiésese y siga luchando. Rompa con todo tipo de pornografía y con las ocasiones de pecar. Ponga su mente en lo que es bueno y agrada a Dios. Al principio la lucha quizás le parezca inútil, pero quien persevera saldrá victorioso».

P.d.: Así como los libros de «educación» sexual de secundaria recomiendan consultar páginas en las que se promueve la masturbación para que sepas rebatir a tus papás, nosotros te recomendamos que recurras a portales o libros católicos que te explican el verdadero significado de la sexualidad y los peligros de la masturbación y de otros vicios. Afortunadamente hay muchos y muy buenos (libros y portales). En este espacio sólo hemos podido echar un muy pequeño vistazo sobre el tema.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 606-11

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Sólo proveedor
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PORTADA

¿Le podría decir algo a mi esposa? Ella siempre lee «El Observador» y usted podría aconsejarle que me tome en cuenta. Mi familia sólo me ve como el proveedor. Siempre que me dirigen la palabra es para pedirme dinero. Como yo me enojo por eso, tenemos muchas discusiones y el ambiente en la casa es muy feo.

RESPUESTA

Es difícil dar un consejo con tan poca información y sin escuchar a su esposa y a sus hijos. De entrada, le recomiendo una terapia familiar donde todos tengan la oportunidad de expresarse. La mejor manera de aprovechar esta o cualquier otra terapia es ser sincero, aceptar las cosas que se van descubriendo en la terapia y arriesgarse a cambiar ¯por supuesto, para ser mejor persona¯. Mientras tanto, usted podría, con y sobre todo, escuchar a cada miembro de la familia respecto al por qué de esta situación. Por supuesto, antes tiene que lograr que tengan la confianza de hacerlo. Si tienen miedo a una reacción agresiva, es poco probable que hablen o, si lo hacen, puede ser de un modo también agresivo, que dificulte la comunicación.

A lo largo de los años de dar psicoterapia me he encontrado con esta situación una y otra vez, y en la inmensa mayoría de los casos me he encontrado que una de las causas principales por las que un padre de familia es considerado por los suyos solamente como proveedor es precisamente porque esto es lo único que ha hecho ese padre y esposo por su familia. En cambio, padres que cuidan al bebé, que apoyan en las tareas escolares, que juegan con los niños, que organizan paseos, que mantienen una comunicación significativa con cada miembro de la familia, que son amorosos y respetuosos, que colaboran en los quehaceres domésticos, que salen con sus esposas con frecuencia ¯sólo ellos dos¯, que asisten a los eventos escolares y a la escuela para padres, etc., jamás se han quejado conmigo de ser considerados como sólo proveedores por su familia.

Como le digo, no tengo información suficiente sobre el caso de ustedes, así que no puedo darles más consejo que el de hablar y entender qué pasa. Prométale a su esposa que no se va a enojar por lo que ella diga, y cúmplalo, por supuesto, y dígale que se siento considerado como solamente proveedor de la familia (no diga: me consideras, porque eso ya es una acusación que podría resultar falsa, además) y cómo le afecta esto. Pídale que le diga a qué atribuye ella esta situación. El verdadero amor, la serenidad, el respeto y la cortesía son las mejores armas con las que cuenta para salir de esta situación.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza[arroba]msn.com

EL OBSERVADOR 606-12

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PINCELADAS
La oración como suspiro
Por el P. Justo López Melús

¿Cuál es la oración que más aprecia el Señor? Un zapatero le contaba a un rabino: «No sé cómo hacer la oración de la mañana. Los pobres me traen sus zapatos, su único par, al atardecer. No los termino por la noche y he de terminarlos por la mañana, para que cuando van al trabajo los tengan ya preparados.¿Qué solución debo tomar para hacer la oración de la mañana?

El rabino, a su vez, le preguntó: «¿Qué hacías hasta ahora?» «A veces hago la oración de prisa y vuelvo al trabajo, pero eso me deja intranquilo. Otras veces dejo la oración, pero noto que me falta algo. Y otras veces, cada vez que golpeo el zapato, mi corazón suspira: ¡Qué desgraciado soy, pues no soy capaz de hacer mi oración de la mañana!» Y el rabino le respondió: «Si yo fuera Dios, apreciaría más ese suspiro que la oración».

EL OBSERVADOR 606-13

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FIN

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