El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
18 de marzo de 2007 No.610

SUMARIO

bulletPORTADA - El Papa quiere que los católicos redescubramos a la Eucaristía como el sacramento del amor
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Ilegal e inmoral
bullet¿CÓOOMO DIJO? - La Iglesia de Martín Moreno
bulletHISTORIA RECIENTE - Juan Pablo II: seguir a Cristo es posible (también) hoy
bulletLOS VALORES DE MÉXICO - Hablando bien del país
bulletALACENA - Jérôme Lejeune, francés, católico y padre de la genética humana moderna, va camino a los altares
bulletCUESTIONES DE ÉTICA - Ignorancias culpables
Píldoras para la conversión
bulletEcumenismo: un largo y lento camino que se ensancha
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - P. Luis Alberto Hurtado Cruchaga
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Por qué las personas no deben matar animalitos?
bulletEL ESPEJO ROTO - La belleza, camino hacia la persona
bulletPINCELADAS - La perla preciosa

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PORTADA
El Papa quiere que los católicos redescubramos a la Eucaristía como el sacramento del amor
ZENIT / El Observador

Sacramento del amor («Sacramentum caritatis») es el título del segundo documento más importante del pontificado de Benedicto XVI, después de su encíclica Deus caritas est; en él recoge las conclusiones del sínodo de obispos del mundo celebrado en octubre de 2005 sobre la Eucaristía.

El documento, como el sínodo celebrado en el Vaticano, busca que los fieles católicos de todo el mundo redescubran que «en el Sacramento del altar, el Señor va al encuentro del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, acompañándole en su camino». «En este Sacramento el Señor se hace comida para el hombre hambriento de verdad y libertad. Puesto que sólo la verdad nos hace auténticamente libres, Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad», aclara el Papa.

Renovar el amor a la Eucaristía

Al reunir las propuestas surgidas en el sínodo de la Eucaristía, en el que el nuevo Papa introdujo intervenciones libres, el texto comienza reafirmando «el influjo benéfico que ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II». «Los juicios positivos han sido muy numerosos ?recuerda?. Se han constatado también las dificultades y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo».

Celibato sacerdotal y comunión a divorciados

Sacramentum caritatis recuerda que el acceso a la Comunión en la Misa celebrada en la Iglesia católica está reservada a las personas en plena comunión con la Iglesia católica. Al mismo tiempo, ve en el deseo de poder concelebrar un día la Eucaristía con los hermanos ortodoxos y con los hijos de la Reforma un importante impulso para lograr la unidad plena.

El documento confirma el «sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado justamente como una riqueza inestimable». Ante la escasez de sacerdotes, pide «tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo».

Ratifica la indisolubilidad del matrimonio, recuerda que no pueden acceder a la Comunión quienes se han divorciado y contraído nuevas nupcias.

Buena parte del texto está dedicada a proponer aspectos para vivir más intensamente la Eucaristía o para reflejar su belleza. Ofrece indicaciones para la homilía, para el rito de la paz, o para la despedida de la asamblea.

Catequesis, Eucaristía y doctrina social

Para que pueda tener lugar esta renovación del amor de los católicos por la Eucaristía, el obispo de Roma considera de vital importancia aplicar una «catequesis mistagógica», que introduce «en el significado de los signos contenidos en los ritos». Más que informar, la catequesis mistagógica debe despertar y educar la sensibilidad de los fieles ante el lenguaje de los signos y gestos que, unidos a la palabra, constituyen el rito».

Otro elemento clave necesario para que crezca el amor por la Eucaristía es la adoración del Sacramento. «La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica». «En este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía».

Eucaristía, camino de toda la santidad

«¡Cuántos santos han hecho auténtica la propia vida gracias a su piedad eucarística!». Menciona a tres beatos: Teresa de Calcuta, Piergiorgio Frassati e Iván Mertz. «La santidad ha tenido siempre su centro en el sacramento de la Eucaristía», concluye la exhortación.

EL OBSERVADOR 210-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Ilegal e inmoral
Por Jaime Septién

Cuando uno lee notas como ésta: «Planean hacer legal el aborto. PRD, PRI, PT, Alternativa, Convergencia y Nueva Alianza en la ALDF ya tienen listo un dictamen para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo»; uno tiene la impresión de que en el Distrito Federal, los diputados locales han perdido el juicio. Y no tanto porque lo hayan tenido alguna vez, sino porque nos demuestran que son incapaces siquiera de legislar normalmente, con el mínimo de sentido común y el mínimo de conocimiento de la persona que es todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural.

Cuando a la capital se la está acabando el crimen, el hampa (organizada o desorganizada, lo mismo sufren sus víctimas), el narcotráfico, la corrupción, el comercio ambulante, los embotellamientos, la falta de vialidades, la falta de agua, la atroz contaminación atmosférica, estos cínicos se postulan como los garantes del asesinato del más débil, que eso quiere decir «interrupción voluntaria del embarazo». Unos cínicos y otros cobardes. Ni el PAN ni el Inmujeres han dicho nada. Los primeros por temor a perder la siguiente elección; el Instituto, que (dizque) defiende a las mujeres, por memez disfrazada de respeto.

Dicen que se trata de una medida «progresista». Pero, en el fondo, es la mas retrógrada de todas las leyes, pues no solamente va en contra del bien común, sino que se centra en la dudosa premisa de que para evitar que haya más pobreza lo mejor que podemos hacer es matar a los pobres. ¿Y ésos dicen estar «a favor» de la familia? ¿Cómo se puede estar a favor de lo que se desprecia? Si se desprecia la vida humana, si se comienza a erradicar de ella su sacralidad, mañana podremos legalizar el ahorcamiento del otro sin llamarlo homicidio sino «interrupción involuntaria de la respiración».

Desde luego, los cañones de esta nueva «progresía» ya se dirigen a la Iglesia. La verán como un obstáculo para el aborto; como una institución desalmada, que deja que mueran las niñas violadas por sus parientes o que sigan poblando los cinturones de miseria las «marías» a las que les hicieron hijos a fuerza de violencia. No hay de qué extrañarse: por supuesto que la Iglesia ?cuando todo el mundo se haya marchado, empezando por los diputados de la ALDF? seguirá ahí, defendiendo la vida como lo que es: el soplo sagrado de Dios en cada uno de sus hijos.

EL OBSERVADOR 210-2

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¿CÓOOMO DIJO?
La Iglesia de Martín Moreno

Un jovenzazo de 60 años bien cumplidos
acaba de publicar, con todo el dinero que él detestaba en posesión de la Iglesia, su mitad novela, mitad investigación histórica, mitad nada, llamada México ante Dios. Francisco Martín Moreno recorre el país dando cátedra sobre cómo «la Iglesia impidió que se poblaran los territorios del norte de México», cómo acaparó la educación «y sepultó al 96% de la población en el analfabetismo» y cómo, desde siempre (aún antes de existir) «la Iglesia católica es de las grandes enemigas de México», pues invita «a la resignación y a la inactividad económica al decir que bienaventurados los pobres de espíritu, bienaventurados los pobres, y bienaventurados los ignorantes porque de ellos será el reino de los cielos».

De inmediato nos viene a la mente la frase pronunciada alguna vez por Theodor Haecker: «No es preciso refutar al autor, basta con citarlo». Sus respuestas a los acuciosos reporteros que lo siguen de presentación en presentación, no tienen desperdicio. Son la mejor indicación que yo he oído de un autor para que nadie lea su obra. Por ejemplo ésta: «Otro de los sacrificios (de su sacrificada existencia) será sin duda la respuesta visceral, amañada y perversa de la Iglesia católica para denunciarme como un embustero a pesar de todos los elementos probatorios que constan en mi novela».

Curioso personaje es Martín Moreno y además adivino. Ya sabe de qué lo van a tachar, ya sabe de qué lo van a atacar y de qué lo van a acusar. ¿No se estará curando en salud? ¿No será que su colección de barbaridades no convence ni al más imberbe de sus fanáticos? Es sencillo el método: si me leen es porque les duele, si no me leen, es porque les duele. Pero no se preocupe, don Paco, no tenemos la intención de regañarlo. Tampoco de leerlo. Menos aún cuando usted confunde la velocidad con el tocino. ¿Cómo que «elementos probatorios» en una novela? Hasta donde sabemos, la novela no prueba nada más que existe alguien que la inventó. Usar la ficción para «probar» la historia no es ni ficción ni historia. Es un género nuevo que podría ser importantísimo en gente capaz. Desde luego no en el señor Martín Moreno.

Y es que, en verdad, el circo que ha montado Martín Moreno con su investigación novelada o su novela investigada sobre las hazañas malvadas de la malvada Iglesia católica en México, sería humorístico si no fuese patético. Suponer que se puede escribir un libro serio diciendo que se odia a quien se describe, es como suponer que se puede levantar una casa con sólo aplaudir, o derribar un edificio a fuerza de salivazos. El mejor homenaje que le podemos hacer a su prosa es el silencio. Y, con respecto a su libro, usar los ciento y tantos pesos que vale para seguir engordando a ese «insaciable» monstruo que es la Iglesia, monstruo en el que Martín Moreno no cree pero mediante el cual se quiere forrar el riñón a sus costillas. No sabemos cuántos orfelinatos, comedores, dispensarios, hospitales, bancos de alimentos, albergues o escuelas haya construido don Paco, pero los de la Iglesia, sí. Y a ella le hacen falta esos ciento y tantos pesos para seguir prestando sus servicios a los pobres.

EL OBSERVADOR 210-3

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HISTORIA RECIENTE
Juan Pablo II: seguir a Cristo es posible (también) hoy
Por Rodrigo Guerra López

En unas semanas se cumplirán dos años de la muerte del papa Juan Pablo II, acaecida el día 2 de abril de 2005. El tiempo transcurre con rapidez. Los eventos que marcan nuestra historia se siguen sucediendo. Sin embargo, algo peculiar está pasando. La gente lo recuerda con gran afecto. Aún sus peores enemigos matizan sus críticas y prefieren callar. En Roma continúan las largas filas para visitar su tumba. No es extraño encontrar en ella flores, imágenes y cartas. ¡Las personas le escriben a Juan Pablo II aún sabiendo que está muerto! ¿Cuál es la intuición detrás de estos gestos? ¿Por qué miles de personas diariamente se detienen frente a una lápida de mármol en la que no existe prácticamente ninguna ornamentación? ¿Por qué mucha gente, aún alejada de la vida de la Iglesia, se encomienda a su intercesión con gran confianza? Ésta es la primera de tres semblanzas de Juan Pablo II.

En el año 2000 un «analista» dijo en una conferencia que tal vez el cariño y el seguimiento al Papa Juan Pablo II decaerían tras su muerte. La premisa de esta afirmación era que el Papa era una figura construida por los medios de comunicación, un producto simbólico de una sociedad que busca consuelos evanescentes ante sus necesidades y angustias reales. ¡Qué equivocada estaba esta apreciación! Juan Pablo II no era simplemente una figura de moda, su persona no fue un mero «hecho» que se agota en el pasado. Al parecer la vida y la presencia de este Papa configuran un auténtico «acontecimiento», es decir, un evento que comienza en un punto del tiempo y que permanece interpelando la vida y las conciencias.

¿Es esto posible? ¿Cómo la vida de un ser humano frágil y limitado como cualquier otro puede trascender así?

Cuando se utilizan los recursos de las diversas ciencias sociales y humanas para la comprensión de un fenómeno en casos como el que nos ocupa, las herramientas metodológicas encuentran un punto límite. Ni el más sofisticado estudio de psicología social, de antropología de la religión o de sociología puede desentrañar el hecho empírico de que la presencia de Juan Pablo II permanece como un referente significativo para la vida de muchas personas. En situaciones como ésta es preciso decir: aquí sucede algo que rebasa la dinámica convencional de la convivencia y de la interacción social, aquí sucede algo que requiere otro tipo de aproximación.

La existencia de héroes y pro-hombres en las sociedades no es extraña. De cuando en cuando los pueblos veneran la memoria de las personas que hicieron un gran bien, que participaron en una gran batalla, que adquirieron por diversas circunstancias algún tipo de fama. Sin embargo, con Juan Pablo II las cosas no son exactamente así. No ponemos en duda su fama, sus grandes luchas y mucho menos el bien que hizo. Lo que deseamos señalar es algo más: Juan Pablo II no es grande por su apariencia física, por su enseñanza ?¡que vaya que es importante!? O por su hacer ?cosa también impresionante ?. Juan Pablo II es grande, principalmente, por su santidad, por su docilidad a la gracia, por que Aquél que es Grande encontró en él disponibilidad para el abrazo, para el perdón, para la fidelidad.

Cuando la razón descubre sus límites, cuando constata algo que existe delante de los ojos pero que resulta inexplicable desde el punto de vista de la dinámica del mundo, es preciso que con audacia advierta que al interior del mundo participa también Alguien que lo rebasa infinitamente. No todo lo inexplicable procede como gracia de Dios. Existen muchas cosas hoy inexplicadas que se encuentran en ese estado por nuestra ignorancia, por los límites en los que se encuentra la investigación científica, por ejemplo. Pero existen algunas cosas inexplicables que lo son por su origen, por su fuente, porque proceden no solo de una instancia de difícil acceso sino de una instancia inconmensurable, es decir, proceden de un tipo de gratuidad infinita que es inderivable de manera absoluta de las puras fuerzas que constituyen el cosmos.

Ese tipo de realidades que por su fuente sobrenatural nos rebasan de suyo pueden ser verificadas por sus efectos en la experiencia.

¿Qué quiere decir esto? Que la gracia no se conoce de modo directo sino por aquello que genera, por aquello que suscita. Que la gracia no es una cualidad sensible que pueda ser observada y analizada en un laboratorio. Tampoco la gracia es un dato deducible por medio de un silogismo. Lo propio de la gracia es precisamente la libertad infinita de la que procede, la imprevisibilidad y total generosidad que la caracteriza. Lo propio de la gracia es ser una irrupción absolutamente original, absolutamente inderivada, que de repente acontece en un punto del tiempo y se extiende más allá de lo humanamente calculable, de lo humanamente previsible.

La gracia, como iniciativa de Dios, sin embargo, tiene un límite: la libertad humana. Justo aquí es donde se encuentra el punto neurálgico que nos permite apreciar la importancia de lo que sucede a través de la persona de Juan Pablo II. La libertad de este hombre, frágil y limitada como la de cualquiera, supo escoger «la mejor parte» (Cf. Lc 10, 38-42) y supo perseverar hasta el fin instalado en ella.

Hoy, esa fidelidad personal de Juan Pablo II a la gracia permite que, aun sin decirlo con palabras sofisticadas, muchas personas intuyan que su intercesión es eficaz, que su labor como apóstol no ha finalizado sino que continúa realizándose de verdad desde el cielo. Los santos son un don de Dios a la humanidad. Juan Pablo II es un gran regalo que nos permite mirar que es posible seguir a Cristo en la Iglesia con radicalidad, con valentía, y con perseverancia, también hoy.

EL OBSERVADOR 210-4

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LOS VALORES DE MÉXICO
Hablando bien del país
Por Antonio Maza Pereda

Un grave defecto de muchos de nosotros es la maledicencia. Es diferente de la calumnia: en la calumnia se miente; en la maledicencia se habla de los defectos del prójimo, sin que haya una razón importante para ello. Lo hacemos quedar mal, sin un motivo suficiente. Muchas veces, por ligereza o, a veces, porque no nos gusta que lo consideren buena persona. «No, no es tan bueno como crees», decimos.

En cambio, ¡qué trabajo nos cuesta hablar bien del prójimo! A veces, parecería que nos doliera reconocer el bien en el otro. Nunca nos falta algo que agregar. «Sí, Juan es muy generoso, pero…». Y en ese pero se agrega algo que criticar, una falla que agregar, como si eso le quitara algo al elogio.

Algo parecido nos pasa, desde hace mucho, cuando hablamos del país. ¡Qué trabajo nos cuesta reconocer lo bueno que hay en nuestro país! «Sí, decimos, somos la décima economía del mundo, pero…». Y a continuación sigue la retahíla de todos los defectos que le encontramos al país. «Sí, tenemos tres premios Nóbel, pero…» Y de ahí sigue toda la lista de los premios que no tenemos. «Sí, han premiado a cineastas mexicanos, pero…».

¿Por qué no podemos, simplemente, reconocer lo bueno que tenemos? ¿Porqué nos da miedo sentir un sano orgullo por lo bueno que ocurre en el país, que no es poco? Acaso nos hemos acostumbrado al método de algunos medios, acostumbrados a subrayar lo catastrófico y avaros para reconocer lo bueno, porque lo bueno no es noticia. Es aburrido. Los desastres, los escándalos, eso es lo que vende periódicos. ¿Es justo tratar así los logros, pocos o muchos, de nuestro país?

Se dice que cuando a un niño se le insiste en que es tonto, se convierte en tonto; que cuando se le dice que es malo, se vuelve malo. Que cuando se dice que es inteligente, se vuelve inteligente. Se le da seguridad en sí mismo, o se le mina esa seguridad. ¿No nos pasará lo mismo con México? Hablemos bien del país. Hagámonos seguros como nación. Reconozcamos nuestros logros. Lo necesitamos.

EL OBSERVADOR 210-5

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ALACENA
Jérôme Lejeune, francés, católico y padre de la genética humana moderna, va camino a los altares
Por Juan C. Sanahuja / VHI

El arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois, previa confirmación de la Santa Sede, nombró al Padre Jean Charles Naud, prior de la Abadía de St. Wandrille, postulador de la causa de beatificación de Jérôme Lejeune. De este modo comenzó el tan esperado proceso a nivel diocesano. El anuncio fue hecho en la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de febrero pasado.

El doctor Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21; esto lo convirtió en uno de los padres de la genética moderna. En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él, en la Facultad de Medicina de La Sorbona, la primera cátedra de genética fundamental. Se transforma así en candidato número uno al Premio Nobel.

Opositor del aborto eugenésico

Aplaudido y halagado por los «grandes del mundo», deja de serlo cuando en 1970 se opone tenazmente al proyecto de ley de aborto eugenésico en Francia: matar a un niño por nacer enfermo es un asesinato y, además, abre las puertas a la liberalización total del crimen del aborto.

En esos meses participa en Nueva York, en la sede de la ONU, en una reunión en la que se trataba de justificar, ya entonces, la legalización del aborto para evitar los abortos clandestinos. Fue en ese momento cuando, refiriéndose a la Organización Mundial de la Salud, dijo «he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte». Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: «Hoy me he jugado mi Premio Nobel».

La defensa de Lejeune del ser humano desde la concepción se basó siempre en argumentos científicos ?racionales? antes que en cualquier consideración religiosa. Rechazó científicamente no sólo el crimen abominable del aborto, sino conceptos ideológicos como el de pre-embrión. Por esas razones lo aislaron, lo acusaron de integrismo y fundamentalismo y de intentar imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia.

Fue incomprendido y perseguido en ámbitos eclesiales, y aislado por sus colegas. Pero en ningún momento escuchó a los prudentes que le aconsejaban «callar para llegar más alto y así poder influir más»: las estructuras de pecado no se pueden cambiar, sólo hacen cómplices. Hizo caso omiso también de los que le decían que estaba sumiendo en la miseria a su familia, ya que le fueron cortados todos los fondos para sus investigaciones de las cuales vivía: continuó con sus investigaciones, sostuvo a su familia y se financió dando conferencias.

Juan Pablo II, en carta al Cardenal Lustinger, entonces arzobispo de París, con motivo de la muerte de Lejeune, decía: «En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima».

Considerado por JPII

En 1992 comienza, a petición de Juan Pablo II, la gestación de la Pontificia Academia para la Vida, creada por Su Santidad el 11 de febrero de 1994. El 26 de febrero de ese año recibe, ya en su lecho de muerte, el nombramiento de Presidente de la Academia. Entrega su alma a Dios el Domingo de Pascua de 1994 (3 de abril).

EL OBSERVADOR 210-6

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CUESTIONES DE ÉTICA
Ignorancias culpables
Por el P. Fernando Pascual

¿Existen ignorancias culpables? O, en otras palabras, ¿existe obligación de saber ciertas cosas? La respuesta a la segunda pregunta lleva a la respuesta a la primera: si hay obligación de saber algo antes de actuar, entonces habría ignorancias culpables.

Podemos decir, con certeza, que sí existen ignorancias culpables. Porque todos estamos obligados a conocer cuáles son los deberes y responsabilidades que nos corresponden como hijos, como esposos o padres, como miembros de la sociedad, como profesionistas, como católicos.

Ejemplos de culpabilidad

Es culpable la ignorancia de los novios que no han reflexionado en serio si aceptan al otro con sus cualidades y con sus defectos, que no se plantean si son capaces de vivir como esposos y como padres hasta que la muerte los separe.

Es culpable la ignorancia de unos padres que no buscan el mejor modo para cuidar, curar, educar y orientar a los hijos en el camino de la vida. Como también es culpable la ignorancia de los hijos, que prefieren estar ocupados con juegos electrónicos o con otras diversiones en vez de conocer y tomarse en serio sus deberes hacia los padres, hacia los estudios, hacia los amigos, hacia la sociedad.

Es culpable la ignorancia de quien usa desconsideradamente su dinero en apuestas que ponen en peligro el patrimonio familiar, sin reflexionar primero sobre los muchos peligros de los abusos en este campo.

Es culpable la ignorancia del médico que comete errores por no haber querido actualizar su saber, por haber optado por hacer un diagnóstico rápido en vez de controlar seriamente todos los datos.

Es culpable la ignorancia del político que no reflexiona a fondo acerca de las consecuencias de sus decisiones para el bien de la gente.

Es culpable la ignorancia de un católico que no trabaja por conocer su fe, que no lee con una buena guía la Biblia, que no consulta a sacerdotes o laicos bien preparados, que no se pregunta si es o no pecado el emborracharse, el abusar de la comida o del tabaco, el consumir drogas, el entregarse a caprichos sexuales, el vivir sin responsabilidad respecto al ambiente, al orden público, a la lucha por la justicia en su propio país y en el mundo globalizado.

Es culpable la ignorancia de quien llega a descubrir que muchas noticias divulgadas por la prensa sobre la Iglesia son falsas o distorsionadas, pero no pone medios concretos para llegar a conocer de primera mano la doctrina católica o las intervenciones del Papa y de los obispos.

La sociedad difunde ideas erróneas

Hay muchas ignorancias culpables. Porque es más fácil vivir con prisa y seguir las propias «corazonadas» que buscar en profundidad lo que sea verdaderamente justo y bueno. Porque las pasiones presionan de mil modos para que no reflexionemos sobre nuestros actos y para que sigamos al instinto antes que a la voz de la conciencia bien informada. Porque la misma sociedad difunde continuamente ideas erróneas sobre el bien y sobre el mal, y cuesta mucho luchar contra corriente para decidir no según las modas.

Hay ignorancias culpables, y pueden ser vencidas con el compromiso práctico por estudiar las enseñanzas de la Iglesia.

EL OBSERVADOR 210-7

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Píldoras para la conversión
Por el P. Miguel Rivilla San Martín

El que vive de espaldas a Dios es que no conoce el Evangelio de Jesús. Todo él es un reclamo a la conversión para que nos volvamos a Dios. Mira si algo te concierne:

- Si Judas, en vez de suicidarse, hubiese buscado a Jesús, hoy estaría en los altares.

-Tan horrible como la traición de Judas fue la triple negación de Pedro. Jesús lo miró compasivo. Pedro lloró su pecado y Jesús le nombró jefe de su Iglesia.

-Si tu vida desordenada te avergüenza, alguien te disculpará como a la Magdalena.

- Si algo grava tu conciencia y no te deja dormir, acuérdate del Padre del hijo pródigo.

-Te enriqueciste malamente? También a ti, como a Zaqueo, Jesús te invita a comer con Él.

-Como oveja rebelde te alejaste del aprisco, déjate encontrar por Jesús, el buen Pastor.

-Te hallas enfermo, solo y marginado; Jesús, como médico, vino a curarte. Confía en Él.

-Tienes miedo a la muerte y también a Dios. Jesús quiere que vivas y que seas feliz.

-Andas sediento de amor cual la samaritana. Bebe del agua viva que Cristo te ofrece.

-Estás ciego y no tienes quien te ayude. Grita como Bartimeo al paso del Nazareno.

-Como Lázaro, llevas tiempo muerto y corrompido. Jesús, tu amigo, te resucitará.

-Toda tu vida la malgastaste como Dimas el ladrón. Bastará una palabra para salvarte.

-Muchos te apedrearían por tus infidelidades. Sólo Jesús te defenderá como a la adúltera.

-Te sientes leproso y enfermo contagioso. Si te llegas a Jesús, te sanará.

-Has sido un traidor y sacrílego como Judas. «Amigo, ¿con un beso me traicionas?»

-Tu vida hasta la fecha ha sido un desastre. «Se te perdona todo, pues amaste mucho».

EL OBSERVADOR 210-8

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Ecumenismo: un largo y lento camino que se ensancha
Por fray Gilberto Hernández García, O.F.M.

Desde el inicio del actual pontificado, el Papa ha emprendido un decidido esfuerzo a favor del ecumenismo, en consonancia con el impulso que Juan Pablo II imprimió a esta lucha a lo largo del ministerio petrino. Desde luego, el ecumenismo adquiere su verdadera dimensión en las regiones donde conviven los fieles de diversas confesiones y que implica una constante relación y colaboración en búsqueda del bien común. Uno de esos lugares es Turquía, concretamente la ciudad de Estambul, donde los católicos son una minoría.

Hemos entrado en contacto con fray Rubén Tierrablanca, nuestro compatriota franciscano que en aquellas tierras hace presencia fraterna, compartiendo sus esfuerzos por el diálogo interreligioso. A la pregunta de cómo percibe el tópico del ecumenismo en lo que va del pontificado del papa Ratzinger, nos comparte la siguiente reflexión:

Sin ahorrar energías

El esfuerzo sin ahorrar energías en favor del ecumenismo, que Benedicto XVI anunció el día de su elección desde el balcón de la basílica de San Pedro, ofrece frutos sustanciosos al concluir la semana de oración por la unidad de los cristianos que el mismo Pontífice ha presidido en la basílica de San Pablo Extramuros en Roma.

Los múltiples acontecimientos de relaciones ecuménicas que se han tenido durante el año 2006, presentados en una afectuosa cronohistoria en la audiencia general del miércoles 24 de enero de 2007, se entrelazan a la manera de los tapetes orientales que en su tejido armónico crean la belleza de la diversidad e invitan a caminar con gozo el sendero hacia la meta deseada e invocada en la oración: vivir unidos en Cristo.

Los últimos tres encuentros de esta cronohistoria ensanchan con decisión el camino ecuménico en un compromiso auténticamente eclesial. En cada uno de ellos Benedicto XVI ha firmado una declaración conjunta subrayando la importancia del camino emprendido a partir del Concilio Vaticano II y seguido por las comisiones específicas para el diálogo activas hasta el día de hoy.

La visita del arzobispo de Canterbury, de la Iglesia anglicana, Rowan William, al Vaticano el 23 de noviembre pasado ha confirmado la convicción de mantener viva la búsqueda de todos los elementos útiles para vivir juntos nuestra fe en Cristo: un diálogo fecundo a través la oración común, el testimonio y el servicio.

Asimilado el momento de emoción que hemos vivido en los cuatro días de la visita del Papa en Turquía, ahora podemos apreciar la extraordinaria riqueza que ha significado para todos, incluyendo a los no cristianos, en este grande país, si bien aquí cristianos somos poquitos. Los gestos proféticos durante los encuentros con Bartolomé I y Mesrob II, además del saludo a otros pastores y responsables de las comunidades cristianas, nos han dejado el gusto del encuentro que revivimos cada tarde en esta semana de oración por la unidad de los cristianos, que por cierto en Estambul la anticipamos algunos días. Resulta de vital importancia darnos cuenta de que, con nuestros pastores, todos los fieles de todas las Iglesias preparamos juntos el gran día del restablecimiento de la plena unidad, a través del diálogo, la oración y la cotidiana vida eclesial.

Más hilos al tejido ecuménico

Un nítido eco a los precedentes acontecimientos ha sido la visita de Christodoulos, arzobispo de Atenas y de toda la Grecia, apenas hace algunas semanas, y nuevamente a través de gestos significativos; de este modo Benedicto XVI ha añadido un hilo más al tejido ecuménico que marca decididamente el ritmo y el avenir de la Iglesia de Cristo en el siglo veintiuno. No hemos de olvidar el profundo y sincero deseo expresado repetidamente en estos encuentros: restablecer la unidad tanto deseada del cuerpo eclesial en torno al altar del Señor.

Dejémonos, pues, iluminar por la luz del Evangelio que quiere liberar nuestra lengua y sanar nuestra sordera para que seamos sus anunciadores creíbles en la constante búsqueda de la unidad en Cristo nuestro Señor y Salvador, esperanza cierta de nuestra desilusionada humanidad.

EL OBSERVADOR 210-9

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
P. Luis Alberto Hurtado Cruchaga (1901 – 1952)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Santo chileno. El P. Alberto Hurtado nació en el seno de una familia aristocrática y desde muy pequeño se sintió vocado al sacerdocio. No obstante ello, estudio derecho y se recibió siendo muy joven, para ingresar poco después a la Compañía de Jesús. Recibió el Orden Sagrado en Lovaina, donde se encontraba formándose en dos disciplinas muy caras a su apostolado: psicología y pedagogía.

Al regresar a su patria fue nombrado asesor arquidiocesano de la Juventud Católica, lo que determinó uno de los ejes de su ministerio: al apostolado entre los jóvenes. A ellos se dirigió en muchas ocasiones, como en su conocidísimo Mensaje a los jóvenes. En esa época fundó y dirigió la revista Mensaje, que aún hoy sigue siendo órgano de referencia de los jesuitas en Chile.

Los obreros representaron el otro eje ministerial del P. Hurtado. Insistentemente abogó por la sindicalización de los trabajadores como medio no sólo de mejorar su calidad de vida, sino también y principalmente de implantar un orden social cristiano. Con esta finalidad fundó la Asociación Sindical Chilena (ASICH), fuertemente resistida por el socialismo. Asimismo, y como parte inescindible de su ministerio entre los débiles, hacia 1945 fundó el Hogar de Cristo, institución creada no sólo para albergar a los desprotegidos sino también para restaurar en ellos ?mediante el estudio y el trabajo? la dignidad mellada.

Partió nuestro santo tempranamente a la Casa del Padre, siendo llorado con devoción por parte importante del pueblo chileno e hispanoamericano. En 1994 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y el 23 de octubre del 2005 el Papa Benedicto XVI lo canonizó, con gran júbilo de los pueblos de nuestro continente.

Mencionamos sólo parte de su ingente obra escrita: El matrimonio cristiano: conferencias de la Semana Familiar y Semana del Matrimonio (1941), ¿Es Chile un país católico? (1941), Humanismo social: ensayo de pedagogía social dedicado a los educadores y padres de familia (1984), La crisis sacerdotal en Chile (1936), Mensaje a los jóvenes (1994), Puntos de educación: formar al hombre, formar al cristiano, formar al jefe (1942) y Sindicalismo: historia, teoría y práctica (1950).

Transcribimos un pequeño fragmento de una prédica suya dada en el Mes de María de 1950:

«En nuestra época de problemas tremendos tenemos que volver a cristianizar el mundo: hay millones de hombres bajo el dominio del ateísmo (…) en este momento difícil me parece que María viene de nuevo a multiplicar sus llamados. Ella se aparece en Lourdes a Bernardita: Yo soy la Inmaculada Concepción, y hace brotar una fuente donde centenares de enfermos han recuperado la salud (…) En México se ha dicho: no hizo nada parecido en ninguna otra parte del mundo. Ahí Nuestra Señora de Guadalupe se apareció al indio Juan Diego, y cuando él le contestó «Niña mía, si no me van a creer», en el poncho del indio le dejó caer, en pleno invierno, una lluvia de rosas rojas para que se las llevara al arzobispo. Ella apareció con aspectos de indiecita, porque venía en defensa de los indios. ¿Cuál es nuestro deber ante Ella? Primero dar ejemplo de integridad de vida cristiana, no acomodarnos al mundo sino que éste se acomode a María. En las conversaciones, caridad: que nuestras palabras sean bondadosas, tiernas y cariñosas. Al mundo le gusta la francachela, nada más que diversión; nosotros no seremos obstáculo, pero pondremos la nota de austeridad y trabajo. No podemos tener devoción a ella y faltar a la caridad, no haciendo nada por solucionar la miseria humana».

EL OBSERVADOR 210-10

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Por qué las personas no deben matar animalitos?

Pregunta: Quisiera saber si hay alguna cita bíblica donde diga por qué las personas no deben matar animalitos, ya que a mí me resulta un hecho muy malo. Mi abuelo un día mató a un gato aplastándole la cabeza y me contaron que también mataba a los gatos cuando se comían a sus pájaros, a los perros los azotaba contra la pared hasta matarlos; y creo que mi mamá tiene algo de él por que hace un tiempo fueron a abandonar a unos gatitos y los ahogó. Me cae super mal mi abuelo y si alguna vez llegara a ver que mata a un animalito, no se cómo reaccionaría. Él dice que se arrepiente de muchas cosas de su vida, pero pienso que no se arrepiente de matar a esos animalitos. Con la respuesta, me gustaría que me den un consejo para quitarme este coraje que siento hacia mi abuelo.

Gerardo

Respuesta: Me temo que no se encuentra en la Biblia ninguna cita que explique por qué las personas no deben matar animalitos, o que prohíba hacerlo.

Existen religiones que prohíben terminantemente matar cualquier animal. Se dice que Gandhi vivía eternamente arrepentido porque en su juventud alguna vez mató a unos piojos. He visto una foto de una mujer en la India ?en donde todos los días muere gente de hambre? llenando una tinaja de leche para que se alimenten las ratas. Tenemos también el caso de gente que gasta grandes fortunas en sus mascotas pudiendo usar ese dinero para ayudar a gente necesitada. Para la Iglesia católica esas prácticas están equivocadas.

La doctrina cristiana, apoyada en la Biblia, deja bien claro que, si bien Dios se complace en toda su creación y la cuida y sostiene con su providencia, el hombre es superior a todas las criaturas y el centro de las preocupaciones divinas, por encima de cualquier otra criatura, por perfecta que sea. En el libro del Génesis, Dios dice al hombre: «henchid la tierra, sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 28), y estos mandatos son recalcados en el pasaje del arca de Noé. De ahí que, según la ley de Dios, es lícito matar animales para provecho del hombre, y este provecho incluye alimento, vestido, ayuda en el trabajo, compañía, experimentación médica o científica y la eliminación de animales nocivos.

Este derecho, sin embargo, en ningún momento justifica la crueldad con los animales. El Catecismo de la Iglesia Católica, en sus números 2415-2417, habla de respeto a la creación y la obligación de cuidar la naturaleza para generaciones futuras, y pide que la investigación se mantenga en límites razonables. «Los animales ?dice en el No. 2416? son criaturas de Dios (...) y los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri». «Es contrario a la dignidad humana ?No. 2418? hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas». La crueldad, en cualquiera de sus manifestaciones con cualquier criatura, aleja al hombre de su vocación de ser imagen de Dios. Si bien el hombre tiene derecho a matar animales nocivos ?por ejemplo, perros bravos o gatos que se coman a tus pájaros o ratas que maltraten tus instalaciones eléctricas o ratones que podrían ocasionar enfermedades graves?, tienes razón en molestarte cuando ves crueldad en la forma de matarlos o ves que se les mata por diversión.

En el estado de Querétaro fue promulgada en el 2002 una Ley Estatal de Protección Animal que permite matarlos sólo bajo ciertas condiciones y atribuye sólo a la autoridad estatal de salud la facultad de hacerlo. Asimismo, marca sanciones para los que maten innecesariamente o maltraten o torturen animales.

En cuanto a las personas que hacen cosas que nos parecen malas y nos da mucho coraje:

Hay cosas que deben indignarnos, y si no nos molestaran significaría que nos da lo mismo el bien que el mal, que nos tienen sin cuidado la injusticia y el sufrimiento. Los que tienen «hambre y sed de justicia» son más propensos a hacer corajes. En la Escritura encontramos a Jesús y a san Pablo y a san Pedro haciendo corajes en varias ocasiones.

Para bajarte el coraje tendrías que hacer un fuerte ejercicio de comprensión: preguntarte si la otra persona no tuvo la formación o la información necesaria para actuar correctamente, o si las circunstancias la orillaron a actuar así. La solución se encuentra en el clásico consejo de san Agustín: odiar el pecado y amar al pecador. Habrá casos en los que sólo nos quede el recurso dela corrección fraterna: «Perdóname, pero lo que estás haciendo no está bien».

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 210-11

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EL ESPEJO ROTO
La belleza, camino hacia la persona
Por Francisco Septién Urquiza

La imagen es la esencia primera de toda estética, un concierto compuesto de silencios que evoca la parte secreta de la realidad. Su presencia es inmediata, como la de todas las cosas materiales, pero su entendimiento es posterior. La comprensión no se da a través del estudio o de la técnica, solamente se puede dar por medio de la contemplación, de una contemplación humilde, absorta, íntima y espiritual.

La imagen pertenece al mundo de lo bello, ya sea natural o artístico. Tanto el arte como la naturaleza son una composición callada y solemne de imágenes que nos muestran la belleza para ser gozada, no por medio de los sentidos, sino con el hombre entero. Esto es porque una imagen no es aquello que se percibe con la mirada, sino aquello que, al ser percibido por medio de los sentidos y ser contemplado por medio del espíritu, remite a la persona dentro de si, haciendo de la belleza una experiencia de todo el ser.

No hay nada en la realidad de esencia puramente física, como no hay nada en la realidad que no tenga una representación física. La belleza nunca tendrá una esencia puramente física de la misma forma que no se puede determinar con una regla la belleza de unos ojos verdes. Se podrá conocer el tipo de verde y la intensidad del color, pero nunca por qué hacen que deje de respirar cuando los veo.

Belleza y alegría eterna

La tragedia y la gloria del hombre... lo eterno y lo pasajero unidos en el mismo cuerpo. El sonido de un piano se acaba en un espacio y en un tiempo, pero la experiencia de lo bello permanece. Como decía el poeta inglés John Keats, «una cosa bella es una alegría eterna». Las cosas existen en el tiempo y en el espacio. La belleza no existe ni en el tiempo ni en el espacio, como no debe su valor a la materia. Una imagen no puede existir sin materia, sin tiempo y sin espacio... al mismo tiempo que no puede existir sin belleza. Esta unidad es absolutamente necesaria y no es dual. Lo material e instantáneo es lo inmaterial y permanente. Esto es algo exclusivamente humano y fruto de su espíritu. Pues algo no sería bello sin la intervención del hombre. Solo el hombre le da ese aspecto de permanencia a las cosas, que sin el hombre solo serían materia. En poquísimas palabras está algo que requiere un estudio exhaustivo y muy interesante.

El instante estético

A través de la belleza llegamos al hombre. Y al llegar a él nos quedamos en la contemplación de su imposible reducción. En la imagen, en los símbolos, en la palabra, la persona se adentra más y más en el misterio de la belleza. Y en la belleza está la mirada que regresa como el viento, recordando. Recordando, de noche, viendo los arboles clavados en la tierra, esperando de espaldas un abrazo; ese instante es estético, la presencia de la imagen, la presencia de un momento que se acaba, la reflexión de todo el ser, la permanencia del amor.

EL OBSERVADOR 210-12

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PINCELADAS
La perla preciosa
Por el P. Justo López Melús

Para los que están sumergidos en la sociedad de consumo y el pasotismo, es imposible comprender que haya personas que lo dejen todo y se vayan a misiones a predicar el Evangelio. Pero es fácil de entender si acudimos a la parábola del mercader de perlas del Evangelio. Este hombre poseía muchas perlas, pero un día encontró una de gran valor. Entonces fue, vendió todo lo que tenía y compró aquella perla.

Juanjo, a sus veinte años, tenía muchas perlas. Acababa de terminar el COU y estaba inscrito en la Facultad de Medicina. Tenía la perla de la medicina, de la familia, de los amigos, de las comunidades, de su medio novia... Pero en aquel instante surgió otra perla: la de la vocación misionera. Entonces fue, vendió cuanto tenía y la compró. En vez de curar cuerpos, curaría almas. Hoy es feliz y se siente plenamente realizado.

EL OBSERVADOR 210-13

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FIN

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