El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
15 de abril de 2007 No.614

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Los siete hábitos de la gente altamente católica
bulletLA VOZ DE LOS PASTORES - Nuevos Judas, Herodes y Pilatos
bulletREPORTAJE - Comprender el «sí» a la vida y el «no» al aborto
bulletLos laicos, una fuerza en la Iglesia de Corea
bulletTEMAS DE HOY - Ante los desafíos del calentamiento global, la conversión ecológica
bulletEN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA - Benedicto XV: «el Papa de la paz y la reconciliación» (último de 2)
bulletDEBATE - ¿Sacerdotes casados?
bulletPINCELADAS - Una boca y dos manos

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CARTAS DEL DIRECTOR
Los siete hábitos de la gente altamente católica
Por Jaime Septién


SAN ANTONIO, TX. Así como existen los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, los hay de la gente Altamente Católica. O, cuando menos, los podemos inferir del trabajo realizado por el Comité Administrativo de la Conferencia del Episcopado de Estados Unidos cuyo nombre es Fe y Ciudadanía: Una Respuesta Católica a la Responsabilidad Política.

Como en México estamos a merced de los grupos minoritarios, pero ruidosos, en torno a temas como el aborto, he aquí un resumen de las siete enseñanzas católicas:

1. La enseñanza católica sobre la dignidad de la persona humana. Toda persona es imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, la vida y la dignidad de cada uno debe ser respetada, no obstante sea un niño no nacido en el vientre materno, un trabajador en las Torres Gemelas de Nueva York, en un mercado de Bagdad o en la Asamblea Legislativa del DF.

2. La enseñanza católica sobre la familia, la comunidad y la participación. La persona humana pertenece a la sociedad. El matrimonio hombre-mujer, querido por Dios, funda la vida social, por lo que debe ser fortalecido. Toda persona tiene el derecho y el deber de participar en la vida social, económica y política a favor del bien común y del desarrollo.

3. La enseñanza católica de la solidaridad. Somos una familia humana. Somos hermanos y hermanas cuidadosos unos de otros. El Papa Juan Pablo 11 insistía: "Cada uno somos responsables de todos". Amar al prójimo tiene consecuencias globales en un mundo que naufraga. La virtud de la solidaridad persigue la paz y la justicia.

4. La enseñanza católica de la dignidad del trabajo. La economía debe servir a la gente y no al revés. El trabajo es una contribución a la creación divina. Si la dignidad del trabajo es protegida, entonces los derechos básicos de los trabajadores tanto como los de los poseedores deben ser salvaguardados.

5. La enseñanza católica de los derechos y las responsabilidades. Toda persona tiene el derecho fundamental a la vida –derecho que hace que los otros derechos sean posibles. También, toda persona tiene el derecho a vivir decentemente, a tener una fe, una familia, comida, casa y sustento, educación y un empleo digno, salud y seguridad social.

6. La enseñanza católica por los pobres y los vulnerables. La Sagrada Escritura indica que Dios tiene una opción preferencial por los pobres. La Iglesia católica también. Cada uno de los católicos debe llenar su vida en el trabajo por ellos y en la consecución de políticas públicas que los protejan.

7. La enseñanza católica sobre el cuidado de la creación. El mundo que Dios creó nos fue donado con la esperanza de que lo usáramos para extender no nuestro beneficio sino la creación del Padre. Nuestro cuidado de la Tierra es una forma de participar con respeto en el acto creador.

Siete formas de pensar, siete enseñanzas que podrían hacer la diferencia en un mundo en el que la diferencia siempre es por la violencia y no por el amor.

EL OBSERVADOR 614-1

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LA VOZ DE LOS PASTORES
Nuevos Judas, Herodes y Pilatos
Por Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER.-
Nada conmueve a algunos legisladores del Distrito Federal; al contrario, se envalentonan más y ponen todo su honor en no ceder. Pareciera que, si entraran en razón y se enternecieran ante los miembros destrozados del ser humano concebido en el seno materno y no autorizaran su asesinato impune, hubieran sido dominados por la jerarquía católica. Es lo que menos quieren: dar su brazo a torcer, como si esto fuera un juego de fuerzas políticas, y no de vidas humanas. Se les ha hecho ver que es justo y necesario proteger la salud de la mujer embarazada, pero no a costa de sacrificar a la persona que lleva en sus entrañas. ¿Qué no les importa la vida de un ser humano, indefenso e inerme? ¿Su prestigio político se construye a base de sangre inocente?

Se ha desatado una andanada de ofensas, editoriales, entrevistas y caricaturas contra quienes defendemos la vida intrauterina, cobijándose en la acusación generalizada de una supuesta protección a clérigos pederastas. Por más que les decimos que no defendemos a quienes abusan de menores, siguen esgrimiendo esa arma. A toda costa quieren restarnos autoridad moral y deslegitimar nuestra lucha contra quienes abusan de su poder legislativo para dejar sin castigo a quien destruye no sólo sicológica, sino integralmente a niñas y niños concebidos, autorizando matarlos.

JUZGAR.- Estuvimos en Semana Santa; pero parece que a esos legisladores la muerte de Cristo les sirve sólo para vacacionar, no para reflexionar en lo que quieren hacer. Están actualizando la pasión de Cristo, haciendo sufrir lo indecible a seres inocentes.

Judas, por dinero y por otras intenciones poco claras, entregó a Jesús. Era uno de los discípulos elegidos por el mismo Cristo, pero lo traicionó con un beso, como si fuera su amigo. Hoy también hay muchos judas, elegidos por el pueblo para dar vida al mismo pueblo, pero que traicionan su vocación. Si en sus campañas hubieran ofrecido lo que ahora están haciendo, quizá no habrían sido elegidos, como le pasó a una candidata presidencial. Casi no hablaban del tema, pues sabían que perdían votos. Ahora, como con un beso a la salud de las mujeres, disimulan su traición. También son verdaderos judas los médicos y cuantos lucran con el aborto provocado; lo que les importa es el dinero, no la vida de las mujeres y de los niños concebidos. ¡Sólo recuerden cómo terminó Judas: ahorcándose desesperado, porque no aguantó el remordimiento!

Herodes, con tal de conservar su poder, eliminó a cientos de niños ya nacidos, pues se imaginaba que alguno de ellos sería el Rey de Israel. Abusó de su poder, para mandar destruir a seres inocentes. No se manchó físicamente las manos, pero sus órdenes fueron asesinas. Es lo mismo que sucede hoy. Autoridades y legisladores, amparados en su fuerza política y arropados por grupos muy activos, abusan de su dominio mayoritario para legitimar el exterminio de miles y millones de seres humanos frágiles e indefensos. ¿Por qué insisten sólo en cuidar la salud pública, en proteger a la mujer embarazada, lo cual siempre es encomiable, y no defienden con la misma convicción la vida de un ser humano concebido en el seno materno? ¿No les importan estas vidas? ¿Por qué son tan parciales, defendiendo a la mujer, y no a los niños y niñas fruto de sus entrañas?

Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús e intentó liberarlo; pero, ante la presión de autoridades religiosas de su tiempo y de las turbas, así como por su temor de mayores revueltas y de perder su puesto, se lavó las manos y ordenó la tortura y crucifixión de Jesús. Hoy también puede haber legisladores y autoridades que quizá estén convencidos de que ampliar las causales para despenalizar el aborto no sea lo justo, pero ceden a las presiones, se lavan las manos y, por temor a perder su puesto y su sueldo, no luchan por defender el derecho a nacer que tienen los concebidos. ¡Éstos son verdaderos seres humanos!

ACTUAR.- Intensifiquemos nuestras plegarias al Señor de la historia, para que conceda su Espíritu a los legisladores y cambien de actitud. Sin embargo, Dios respeta la libertad humana, y nos confía la conducción de la historia. Por ello, quienes tengan posibilidad de hacer llegar su opinión a legisladores empeñados en dar más libertad para matar, procuren hablarles o enviarles mensajes, para que rectifiquen. Una palabra puede salvar muchas vidas.

Las mujeres que han experimentado el dolor de haber abortado, transmitan su experiencia a quienes intentan hacerlo. Así, colaborarán para hacer este mundo más justo y habitable, en vez de que sea más y más una carnicería humana.

Cuidemos el tipo de educación sexual que se imparte en las escuelas públicas, a espaldas de los padres de familia, pues muchos embarazos prematuros y no deseados son fruto de la siempre necesaria información, pero que parece más bien una incitación al libertinaje sexual. Desde la familia, hay que formar a los hijos en el conocimiento y el respeto a su sexualidad, conforme a los valores y las creencias del hogar.

Es tiempo de definirse y ser verdaderos discípulos de Cristo, no católicos a medias, remar contra corriente, exponerse a incomprensiones, para que los no nacidos tengan vida.

EL OBSERVADOR 614-2

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REPORTAJE
Comprender el «sí» a la vida y el «no» al aborto
Por Rodrigo Guerra López, doctor en filosofía


Existen tres tipos de razones que ayudan a comprender el «sí» a la vida y el «no» al aborto:

Existe evidencia científica para sostener que el ser humano en todas sus fases de desarrollo —intra y extrauterinas— es el mismo organismo, y por ende, es un auténtico sujeto de derechos.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido en 2002 una importante tesis jurisprudencial sobre la protección de la vida humana desde la concepción y ha mostrado que esta postura está basada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en los tratados internacionales signados y ratificados por México.

Existen estudios realizados por instituciones y grupos científicos de prestigio internacional que exhiben las consecuencias negativas de la legalización del aborto para el bienestar de la mujer.

Las razones biológicas

Existe evidencia científico-empírica de que el embrión humano posee características estructurales y funcionales que lo configuran como un auténtico «organismo humano», como un «ser humano». Tanto en su momento unicelular (cigoto) como cuando ya posee más células (blastocisto, mórula, etc.), el embrión humano se comporta como un sistema orgánico, con metabolismo e identidad génica propios, poseedor de un patrón de desarrollo, que si bien es flexible, orienta hacia un cierto destino a cada una de las células y al todo en general.

El desarrollo embrionario es un proceso coordinado (bajo control del nuevo genoma), continuo (no tiene interrupciones o saltos) y gradual (orientado paso a paso hacia una forma final). Esto quiere decir que, durante todo el proceso de desarrollo (intra y extrauterino), estamos hablando de un mismo organismo humano1.

Por ello, el embrión humano:

+ No es parte del cuerpo de la madre.

+ Las células que lo componen no están «indiferenciadas» sino que poseen un destino finamente regulado.

+ Es un auténtico sistema causal autónomo de base biomolecular, con cariotipo humano y destino celular regulado, es decir, es un sujeto individual vivo de especie humana, y, por ende, auténtico sujeto de derechos, auténtico poseedor de dignidad inalienable2.

1 Véase: Sgreccia, E.; Laffitte, J. (Eds.), The Human Embryo Befote Implantation. Scientific Aspects and Bioethical Considerations, Libreria Editrice Vaticana, Vatican City 2007; Zernicka-Goetz, M. Developmental cell biology: cleavage pattern and emerging asymmetry of the mouse embryo, Nat Rev Mol Cell Biol. 2005 Dec;6(12):919-28; Carlson, B. M. Embriología humana y biología del desarrollo, Elsevier-Mosby, Madrid 2005; López, N.-Iraburu, M.J. Los quince primeros días de una vida humana, EUNSA, Pamplona 2004; Pearson, H., «Your destiny, from day one», Nature, July 4, 2002, Vol. 418; Serra, A.-Colombo, R. «Identidad y estatuto del embrión humano: la contribución de la biología», en A.A. V.V. Identidad y estatuto del embrión humano, EIUNSA, Madrid 2000, p.p. 107-152.

2 Cf. Guerra, R. Afirmar a la persona por sí misma. La dignidad como fundamento de los derechos de la persona, CNDH, México 2003; Idem, «La persona es fin y no medio. El fundamento normativo de la Bioética personalista», en Tomás, G. (Coord.), Avances en bioética personalista, Eunsa, Pamplona 2007 (en prensa).

Las razones jurídicas

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: «Artículo 3.- Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona».

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prescribe en el Artículo 1: «Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas». En el artículo 22 se señala: «Quedan prohibidas las penas de muerte, de mutilación, de infamia, la marca, los azotes, los palos, el tormento de cualquier especie…».

La Suprema Corte de Justicia de la Nación sostiene: «El producto de la concepción se encuentra protegido desde ese momento y puede ser designado como heredero o donatario; se concluye que la protección del derecho a la vida del producto de la concepción deriva tanto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como de los tratados internacionales y las leyes federales y locales».

En un país donde se ha erradicado la pena de muerte gracias a la recuperación de la conciencia sobre el valor de la vida humana, resulta absurdo e irreflexivo proponer se legalice un acto que da muerte a un ser humano inocente máximamente vulnerable.

Las razones de salud pública

Legalizar el aborto no reduce su incidencia
. En España uno de cada seis embarazos termina en aborto. Veinte años después de la legalización, el número de abortos se ha incrementado en 400%1.        

Legalizar el aborto no disminuye las tasas de mortalidad materna . Más del 50% de las muertes maternas del mundo suceden en países que tienen las leyes más permisivas a favor del aborto2.

La tasa de mortalidad es más elevada en el aborto legal que en el parto . La muerte materna vinculada al aborto es tres veces más elevada que la de los embarazos que llegan al parto en países que lo han legalizado3.

El haberse procurado un aborto aumenta el riesgo de embarazos pre-término y post-término futuros4.

Las mujeres que se han practicado un aborto presentan mayor incidencia en depresión (78.6%) que las mujeres embarazadas que no han abortado (35.7%). Mayor incidencia en problemas de salud mental subsecuentes incluyendo depresión, ansiedad, y desórdenes relacionados al uso de sustancias adictivas5.

Destaca que la tasa de suicidio en el año posterior al aborto es tres veces más alta que la media femenina y siete veces más alta que la de las mujeres que han dado a luz6.

1 Instituto de Política Familiar IPF, Evolución del aborto en España: 1985-2005. Serie monográfica Nº 2. Julio de 2005.

2 WHO/UNICEF/UNFPA. Maternal mortality in 2000: Estimates developed by WHO, UNICEF and UNFPA. Geneva. World Health Organization, 2004.

3 Gissler M, Berg C, Bouvier-Colle MH, Bueckens P. «Pregnancy-associated mortality after birth, spontaneous abortion or induced abortion in Finland, 1987-2000». Am J Ob Gyn 2004; 190:422-427.

4 Zhou W; Sorensen H. T; Olsen J. «Induced abortion and subsequent pregnancy duration». Obstet Gynecol. 1999; Dec; 94 (6): 948-53;

Hanriet L; Kaminski M. «Impact of induced abortions on subsequent pregnancy outcome: the 1995 French national». BJOG. 2001 Oct;108(10):1036-42

5 Fergusson D.M; Horwood J; Ridder E. M. «Abortion in young women and subsequent mental health». J Child Psych and Psych. 2006; 47:1, pp 16–24.

6 Gissler, Hemminki & Lonnqvist , «Suicides after pregnancy in Finland, 1987-94: register linkage study,» British Journal of Medicine 313:1431-4, 1996.

EL OBSERVADOR 614-3

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Los laicos, una fuerza en la Iglesia de Corea
Por Javier Algara / Enviado espacial de El Observador


Nada sucede en las parroquias o en las distintas organizaciones eclesiales coreanas sin la presencia activa y positiva de los laicos. Para el observador foráneo, esta vitalidad seglar contrasta con la pasividad que se observa en algunos lugares de más larga historia cristiana. No sé si se deba al papel trascendental que los seglares desempeñaron en la introducción del cristianismo y en la fundación de la Iglesia en Corea, pero hoy día constituyen un elemento insustituible en el dinamismo y eficiencia que ella muestra actualmente.

De Confucio a Jesucristo

Era el año 1784. Los jóvenes nobles de Corea aprendían el pensamiento de Confucio a través del estudio de sus obras clásicas, reconocida fuente de la sabiduría en China y en todos los estados súbditos de esta última. De su aprendizaje dependía que esos jóvenes pudieran tener acceso a puestos en el gobierno.

Algunos de ellos, Yi Byeok, Gwon Il-sin, Yi Ga-hwan y otros, motivados a la búsqueda de la verdad por las enseñanzas de tan célebre maestro, y habiendo encontrado casualmente unos escritos cristianos que habían sido traídos a Corea por las delegaciones que anualmente iban a China a rendir tributo al emperador, decidieron informarse más de esta doctrina por encontrar en ella respuesta a sus inquietudes vitales más acuciantes.

Los laicos llevaron la Iglesia a Corea

Con ese propósito, uno de ellos, Yi Seung-hun, se coló en dicha delegación y en la capital china conoció a los misioneros franceses, de quienes recibió el bautismo. Desafortunadamente, la escasez de sacerdotes impidió que alguno lo acompañara de regreso a Corea.

Sin embargo, él con sus amigos se dedicaron en cuerpo y alma a la difusión del Evangelio, y a la formación de la primera comunidad en su país, que tuvo su sede, como en la Iglesia primitiva, en un hogar, el de Kim Beom-u.

Se puede decir que el Espíritu Santo permitió que la Iglesia en Corea naciera sin la intervención del clero, y que durante muchos años así sobreviviera, y creciera, incluso durante los primeros tiempos de la persecución que sobrevino después.

No debe entenderse, sin embargo, que en la Iglesia coreana no se le reconoce al sacerdote su genuino papel. Aquellos primeros cristianos coreanos, además de entregar la vida muchos de ellos en el martirio, no escatimaron sacrificio alguno para lograr que el vicario apostólico de Beijing posibilitara esa acción central de la vida católica que es la Eucaristía y los demás sacramentos. Pero tanto los laicos mismos, y los sacerdotes hoy día, saben y reconocen la naturaleza del laicado en la Iglesia, y siguen actuando consecuentemente.

EL OBSERVADOR 614-4

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TEMAS DE HOY
Ante los desafíos del calentamiento global, la conversión ecológica
Por fray Gilberto Hernández García, ofm


Recientemente los expertos en cambio climático nos han revelado que el calentamiento planetario es irreversible y que ya estamos dentro de él y que la Tierra está buscando un nuevo equilibrio; además coinciden en que el calentamiento es un fenómeno natural, pero que ha ido creciendo aceleradamente, sobre todo a raíz de la revolución industrial y las actividades humanas en ese contexto, a tal grado que la Tierra ya no es capaz de autorregularse.

Algunas organizaciones ecologistas nos señalan que cada año se emiten a la atmósfera cerca de 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, en gran medida el causante del llamado efecto invernadero. Este fenómeno, a decir del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) —que involucra a 2500 científicos de 130 países—, puede hacer que la temperatura planetaria en este siglo aumente entre 1.8 y 6.4 grados centígrados. Si se adoptan medidas que involucren a la mayor cantidad de responsables, es posible que el aumento se quede en 3 grados, pero no menos de eso. Los científicos ya nos han hablado de las consecuencias: los océanos subirán de 18 a 59 cm., inundando ciudades costeras, habrá una devastación fantástica de la biodiversidad y millones de personas correrán peligro de desaparecer.

Algunos gobernantes han hablado de iniciar una revolución de las conciencias, de la economía y de la acción política, para hacer frente a este desafío. La lucha sería, no para detener la marcha del calentamiento porque es imposible, pero sí por lo menos para desacelerarlo mediante dos estrategias básicas: la adaptación a los cambios —quien no lo haga, correrá el peligro de morir—; y la disminución de las consecuencias letales, que favorezca la supervivencia de la Tierra y, con ella, la de todos los organismos vivos, particularmente los humanos.

El recordado Juan Pablo II ya había lanzado la invitación a asumir esas nuevas actitudes ante el desafío que representa la depredación de la naturaleza: hablaba de conversión ecológica. Así insistía en su encíclica Evangelium Vitae: «[…] se debe recibir favorablemente la creciente atención a la calidad de vida y a la ecología, que se observa sobre todo en las sociedades más desarrolladas, en las que las expectativas de las personas no se centran tanto en los problemas de la supervivencia como en la búsqueda de una mejora global de las condiciones de vida». De acuerdo con Juan Pablo II, no sólo está en juego una ecología física atenta a cuidar del hábitat de los diferentes seres vivientes, sino también una «ecología humana que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien fundamental de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente más cercano al proyecto del Creador».

Convertirnos, pues, de depredadores del medio ambiente en verdaderos ministros de la creación, es el reto que hoy, ineludiblemente se nos presenta como imperativo. La misión consiste en cuidar de todos los seres y convertirnos en guardianes del patrimonio natural y cultural común, de tal forma que la biosfera continúe siendo un bien de toda vida, incluso en el futuro, y no solamente nuestro.

EL OBSERVADOR 614-5

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EN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Benedicto XV (1914-1922): «el Papa de la paz y la reconciliación» (último de 2)
Por el Padre Umberto Marsich, m. x.


Que Benedicto XV era un papa reconciliador y pacificador se hizo manifiesto también cuando, en noviembre de 1919, quiso que la sagrada penitenciaría revocase la ya obsoleta prohibición que, desde los tiempos de Pío IX, impedía a los católicos italianos participar activamente en la política.

El papa Della Chiesa facilitó la toma de conciencia política por parte de los católicos italianos, sin depender del clero o de la Santa Sede. En este tiempo surge el partido popular italiano del padre Sturzo, un partido no confesional y totalmente libre de la injerencia jerárquica eclesial. Benedicto XV también suavizó la espinosa «cuestión romana», sin apartarse del empeño que pusieron sus antecesores en exigir la restitución del poder temporal.

La acción social

La primera grande guerra mundial había generado destrozos materiales incalculables y numerosísimas víctimas humanas: padres de familia que, muriendo, habían dejado un sinnúmero de huérfanos. Es en la encíclica Paterno iam diu (1919) donde el Papa manifestó su preocupación caritativa. En ella llamaba la atención del mundo entero «para que dilatara los confines de la caridad» a favor de los niños hambrientos y huérfanos de una Europa destrozada por la guerra. Mientras en su acción política de mediador de la paz bien poco logró, en la obra de ayuda y asistencia a las víctimas de la guerra fue sumamente eficaz. Su actividad humanitaria, expresión viva de la caridad cristiana, asumió proporciones gigantescas. Impresionante es lo que el Vaticano logró realizar durante y después de la guerra a favor de los presos, de los exiliados, de los heridos y de los sin techo. Obra dirigida a todos, sin distinción de credo religioso o de raza.

Otra gran obra del papa Benedicto fue la misionera. Acerca del apostolado misionero escribió la memorable encíclica Maximum illud (1919). En ella subraya la independencia política de las misiones y alerta contra el peligro de presentar la acción misionera como medio de expansión nacional, en provecho de algún país en particular.

En 1917 promulgó el nuevo Código de Derecho Canónico (Codex Iuris Canonici) que en buena parte fue elaborado por su antecesor san Pío X. También en 1917 instituyó la Congregación para las Iglesias Orientales.

Conclusión

Los cardenales, cuando estuvieron en el trance de elegir a un hombre de extraordinarias cualidades para conducir firmemente la barca de Pedro en medio de las tormentosas aguas del conflicto mundial, eligieron también a un hombre de gran corazón. El papa Benedicto se distinguía por un gran amor paternal: su misión —así lo entendía él— era la de ser un apóstol de la paz, un promotor de comunión y reconciliación en medio del odio y del irracional conflicto.

Benedicto XV, según mayoritaria opinión, ha pasado a la historia como profeta más que reformista, como papa religioso más que político, hombre de vida espiritual y de acción caritativa. Dejó, a su muerte, una Iglesia diferente a la que había recibido en 1914, sobre todo en su delicada relación con el mundo moderno.

Su obra pacificadora y sus acciones caritativas, después del restablecimiento de la paz, hubieran podido ampliarse mayormente si la muerte no lo hubiese sorprendido, repentinamente, el día 22 de enero de 1922. Ofreció su vida, como su predecesor, por la paz del mundo. Débil de cuerpo, tuvo un gran ánimo, una inteligencia profunda e iluminada, y una esforzada tenacidad.

EL OBSERVADOR 614-6

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DEBATE
¿Sacerdotes casados?
Por Jesús Alfonso Nieves Asúnsolo / www.periodismocatolico.com


En una reunión de café salió a relucir el tema religioso y se debatió sobre por qué no se permite a los sacerdotes ser casados, pues en esa forma podrían orientar mejor a la feligresía por estar insertados en la sociedad al igual que ellos.

Por más que intenté persuadirlos de que en nuestro rito latino eso no se permite, lo cierto es que los que me acompañaban en la charla de café, aunque se dicen «católicos», no tienen la menor idea de nuestra religión; por lo tanto, opté por manifestarlo jocosamente:

6:00 A.M. El padre José se levanta de la cama, después de una buena ducha y refrescante rasurada; se dirige a su rincón favorito para, en la intimidad, dirigir sus acostumbradas oraciones matutinas, cuando escucha la voz de su esposa que se encuentra en la cocina preparando el desayuno para los hijos diciéndole: «Apúrate con tus oraciones pues te toca la ronda con los niños». Fin del encanto espiritual matutino.

7:00 A.M. Después de haber llevado a los hijos a la escuela se encuentra él en la sacristía alterado y molesto. Primero por el espantoso tránsito en las calles; segundo, porque tuvo que amonestar a su hijo mayor por haber sacado cinco en matemáticas y cinco en religión; tercero, porque le recordaron que debía dos meses de colegiatura y si no pagaba no tendría su hijo derecho a sus exámenes, a pesar de estar en un colegio de religiosas.

7:50 A.M. Se le acercó un feligrés con deseos de confesarse. Aunque lo confesó, no pudo aconsejarlo debidamente por el calor que hacía en el confesionario; sacó su pañuelo para limpiarse el sudor apareciendo el recibo de la energía eléctrica con vencimiento de un día anterior, mismo que su esposa se lo había entregado oportunamente.

8:00 A.M. Inicia la celebración de la Santa Misa, todavía pensando en la colegiatura y en el recibo vencido; pero, para colmo de sus males, la lectura del Evangelio trató de que no se podía servir a dos patrones.

8.45 A.M. Regresa, como es su costumbre, a desayunar a su casa, tiempo que aprovecha para comentar con su esposa sobre las inquietudes de sus hijos, sobre las prioridades económicas del hogar y escuchar las necesidades de su esposa. Se despide de ella con cariñoso beso, con una palmada de aliento y con un mundo de problemas hogareños en su mente.

10:00 A.M. Inicia con su acostumbrado optimismo sus labores parroquiales: revisar gastos, supervisar obras de remodelación, revisar la agenda de bautizos, primeras comuniones, quinceañeras, bodas, etc.; encabezar reuniones con los distintos grupos de laicos comprometidos con la parroquia; atender llamadas telefónicas; revisar presupuestos de gastos y planear rifas para sufragar los gastos; elaborar informes pedidos por el arzobispo, enviar informes financieros al ecónomo, etc., etc.

11:45 A.M. Atiende a los enfermos que requieren de su ministerio y consuelo. Se da un tiempo para pagar el recibo de energía eléctrica y entregar el informe al Secretario Canciller y al Ecónomo Diocesano, no sin dejar a éste una petición de adelanto de sueldo de la quincena para el pago de las colegiaturas.

1:15 P.M. Sale disparado porque tiene que recoger a sus hijos en la escuela.

1:50 P.M. Se sienta a comer con su esposa e hijos y se percata de que se le olvidó pasar por las tortillas. No termina el postre cuando empieza la clásica cantaleta: papá, necesito...; papá, quiero...; papá, nos falta...; papá, no se te olvide que tienes que ayudarme con la tarea; viejo, necesito zapatos, los vi en...; viejo, ¿cuándo me vas a llevar al cine?; viejo, tenemos que ir con mis papás, etc.

4:00 P.M. De regreso a su oficina —perdón, a su parroquia— se enfrenta con su trabajo: pláticas, confesiones, Misas y, por fin, a punto de salir a su casa, se le acerca una señora y le dice: padre, por favor venga a mi casa a tomar café y así pueda convencer a mi marido.

9:30 P.M. Llega agotado a su casa con deseos de orar y su hija le dice: te estoy esperando para que me ayudes con la tarea.

9:57 P.M. Recibe una llamada telefónica para decirle que fulanita está en agonía y se requiere su presencia.

11:00 P.M. Está a punto de meterse a la cama cuando su esposa le dice: te habló zutanita, que desea que la recibas mañana para una consulta. ¿No te parece que ya son demasiadas direcciones espirituales con ella? Esto ya no me «huele bien».

11:15 P.M. Se levanta de la cama para apagar todas las lámparas que dejaron los hijos encendidas, rezongando por toda la energía que tiene que poner en práctica y no lo consideran.

11:25 P.M. En la cama escucha el ronroneo de su mujer: mi vida (ya no le dice viejo), ¿me quieres?

1:00 A.M. Se levanta el padre José porque tiene insomnio y en el silencio de la noche casi se escucha su grito interior de angustia que dice: «Señor, ¿porqué no estableciste el celibato para tus sacerdotes?».

EL OBSERVADOR 614-7

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PINCELADAS
Una boca y dos manos
Por el P. Justo López Melús


El silencio es un gran consejero. El silencio oxigena y crea en nosotros paz y serenidad. Después de un cuarto de hora de silencio, las ideas y la sangre circulan mejor. Los árboles son unos buenos compañeros. Tienen la ventaja sobre los hombres de que no hablan tan alto. A veces, sólo a veces, susurran. Quisiera que escucharan las hojas cuando crecen.

La grandeza de un hombre se mide por la cantidad de silencio que es capaz de soportar. De ahí salen los héroes, de los que se ha dicho: «Eran largos en facellas y cortos en contallas». Sabiamente la naturaleza nos ha provisto de dos manos, de dos oídos, de dos ojos y una sola boca para que hagamos, oigamos y veamos por lo menos el doble de lo que hablamos.

EL OBSERVADOR 614-8

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FIN

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