El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
22 de abril de 2007 No.615

SUMARIO

bulletReconciliación, reforma fiscal y reforma del Estado: tareas urgentes de México
bulletCOLUMNA HUÉSPED - Una historia verdadera
bulletNUESTRO PAÍS - El aborto legal nunca acabará con la clandestinidad; mejor legislar la adopción
bulletCORRESPONDENCIA - Aborto sin condimentos
bulletVIGÍA - Carta a Paulina
bulletEN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA - Pío XI (1922-1939): «el Papa de las revoluciones sociales» (1 de 3)
bulletJÓVENES - El aborto y por qué es malo: la historia del bombero
bulletEducar con disciplina
bulletPINCELADAS - La puerta de la verdad

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Reconciliación, reforma fiscal y reforma del Estado son las tareas urgentes que debe emprender México, dice el Presidente de la CEM, Aguiar Retes
El Observador / Redacción

La 83 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se ha llevado a cabo esta semana en la sede de Lago de Guadalupe. El presidente de la CEM, monseñor Carlos Aguiar Retes, ha ofrecido un panorama de la situación del país y de los retos que enfrenta la Iglesia, así como su contribución para mejorar las condiciones de vida de la familia mexicana.

A la luz de la carta pastoral que escribieron los obispos mexicanos en el 2000, Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, y de su actualización al 2007, se puede dar un diagnóstico del momento por el que atraviesa México y el papel de la Iglesia católica

«Una vez superado el complejo proceso electoral 2006 e iniciado el nuevo sexenio del gobierno federal, estamos siendo testigos de la imperiosa necesidad de establecer un diálogo institucional con las diferentes instancias de los gobiernos locales y federales para orientar las prioridades del país y resolver los asuntos de mayor envergadura», dijo Aguiar Retes.

Tres tareas principales desde la CEM

1.
La reconciliación nacional para descubrirnos hermanos y disponernos a poner en común nuestras convergencias, dejando para otro momento los asuntos delicados, donde la diferencia de posición propicia la polarización y radicalización, la violencia, al menos verbal, y la incomprensión e intransigencia que causa sordera para escuchar la posición del otro y ciega la capacidad para entender la racionalidad de los argumentos.

2. La reforma de Estado para lograr una forma de gobierno más adecuada a nuestra democracia. Es indispensable encontrar la gobernabilidad respetando la pluralidad política y la auténtica separación de los poderes pero con posibilidad real para llegar a los acuerdos que necesita el país.

3. La reforma fiscal que, a decir de los peritos, es la clave para afrontar y superar la inequidad social que agobia a nuestro pueblo y que obstaculiza y detiene la meta de que México sea una casa digna para todos.

Aporte que la Iglesia está dispuesta a dar

1.
Crear espacios de encuentro, de diálogo y de reflexión en los que, partiendo de la realidad y de la identidad de nuestra nación, debemos revisar qué es lo que nos une como mexicanos, cuáles son nuestros referentes comunes y dónde están los principales problemas que nos han contrapuesto, de manera que podamos encontrar los caminos para crecer en un clima de reconciliación y de paz.

2. Ofrecer nuestra aportación desde la misión que nos es propia, es decir, desde el anuncio evangelizador, que asume la verdad de Dios, que es amor, y la verdad del hombre, llamado al amor y a la plenitud.

3. Compartir sin odios ni violencias una humanidad y un destino común, aportando cada uno lo suyo.

Importancia de la memoria histórica y su purificación

1.
Es también la hora de que la verdad histórica integral de México brille con mucha mayor claridad, desde sus mismos orígenes, pasando por todas las etapas de nuestro caminar hasta el día de hoy, superando prejuicios y descalificaciones, dualismos y reduccionismos.

2. A los católicos mexicanos nos ha hecho falta cultivar y esclarecer la memoria histórica de nuestra fe.

3. Es urgente que demos un paso hacia delante en una mejor comprensión de nuestra historia, de modo que no seamos prisioneros del pasado sino que, emprendiendo el camino del perdón y de la purificación de la memoria, los males de antaño no nutran el odio ni sigan lastimando y, sobre todo, no se vuelvan a repetir.

EL OBSERVADOR 615-1

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COLUMNA HUÉSPED
Una historia verdadera
Por el P. Juan Jesús Priego

— Necesito hablar con usted —me dijo la mujer. Era joven y se veía desesperada. No le importó que yo fuera por entonces un sacerdote recién ordenado, y tampoco se preguntó si tendría la suficiente experiencia para aconsejarla bien.

Se acomodó en una silla, extrajo un pañuelo desechable de algún lugar y me dijo de pronto que estaba embarazada y que pensaba abortar.

Aquella conversación duró mucho, acaso una hora o dos, pero no pude convencerla de que tuviera al niño.

Como suele suceder, su novio, al enterarse de que estaba esperando, la abandonó, no sin antes conseguirle una cierta cantidad de dinero para que hiciera con él «lo que quisiera».

— Pero yo no soy una prostituta —me dijo la muchacha entre gemidos—. Yo no quiero su dinero, lo quiero a él.

Aquella noche casi no dormí. Me sentía amargado, frustrado, impotente. Dios me había mandado a aquella mujer y yo no había podido hacer nada para convencerla, para salvar una vida.

Cuando se levantó para marcharse, me dijo que no le quedaba otra alternativa; que me agradecía el tiempo que le había dado, pero que de todas formas abortaría.

Hoy, casi nueve años después, cuando escucho los debates en los que ciertos líderes sociales se desgañitan hablando de «el derecho de la mujer a hacerse extirpar ese montón de células que la mojigatería católica llama hijo», yo sonrío amargamente y me digo que lo único que se defiende allí es el machismo, es decir, el derecho al placer de los varones.

El que había embarazado a aquella muchacha, ¿qué le dijo? «Aquí tienes este dinero. Es para que hagas con él lo que quieras». En realidad se lo daba para que abortara, y si ella se lo recibió fue porque pensaba hacerlo.

En dichos debates todos fingen defender a la mujer y hacen lo imposible para hacer creer que así es, pero la defienden sólo aparentemente, pues lo que en realidad quieren es que quede a salvo la libertad del varón para andar aquí y allá con una y con otra, la libertad de que luego todo lo pueda solucionar con unos cuantos billetes. «¿Te embaracé? Anda, aborta, y si necesitas dinero aquí lo tienes».

Pero sigamos con mi historia. Hace unos meses, la muchacha, aquella misma muchacha del principio —que ya no lo era tanto— vino a verme. Me dijo que durante mucho tiempo me había estado buscando. Quería nuevamente platicar conmigo, aunque ahora de otras cosas: de ciertos problemas de convivencia familiar.

Cuando terminamos, su mamá la esperaba en la sacristía y, junto a ella, también un niño de entre siete y ocho años en actitud aburrida.

— Siempre sí lo tuve — me dijo.

Dentro de unos años, quizá este mismo niño se sume a los que dicen que la Iglesia esto, que los sacerdotes aquello. No lo sé, pero es posible que lo haga para ponerse a tono con la época.

¡Ah, si él supiera, si él llegara a saber!...

EL OBSERVADOR 615-2

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NUESTRO PAÍS
El aborto legal nunca acabará con la clandestinidad; mejor legislar la adopción
* En el Tercer Congreso Internacional Pro-vida
Por Carlos Montiel

Del mismo modo que en el Nuevo Testamento observamos la oposición a la ley natural y divina por parte de Herodes con la degollación de los Inocentes, así es vista en estos tiempos la iniciativa de ley de despenalizar el aborto. Es alarmante observar cómo los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y los médicos pro-abortistas han contrariado el significado de su profesión, abusando cobardemente de la vida de quien no se puede defender.

Mejor dar a los bebés en adopción

En el Tercer Congreso Internacional Pro-vida, realizado en la ciudad de México del 23 al 25 de marzo, el presidente del Comité Nacional Pro-vida, Jorge Serrano Limón, en contraposición al deseo de aprobar la ley que permita despenalizar el aborto, hizo alusión a la pena de muerte impuesta a los homicidas en Estados Unidos, con la que no ha disminuido el número de homicidios; y afirmó que lo mismo sucederá con el aborto clandestino: no acabaría esta práctica.

Por esta razón llamó a la sociedad para que, en lugar de crear leyes a favor del aborto, se legisle sobre adopción y así no se mate a los bebés.

Pro-vida se encargaría de canalizarlos en adopción, evitando así que se conviertan en niños abandonados o niños de la calle.

Pro-vida ha evitado 69 mil asesinatos

El dirigente de Pro-vida explicó que se han evitado más de 69 mil abortos en el lapso de 18 años en sus 38 centros de ayuda a la mujer.

Sugiere que médicos y hospitales se unan a la resistencia civil con el objetivo de que no se practiquen más abortos. Por su parte, Pro-vida se compromete a promover la inconstitucionalidad en caso de aprobarse la ley.

El hombre quiere corregir a Dios

El cardenal Alfonso López Trujillo, enviado especial de Benedicto XVI para apoyar en este tema, preguntó: «¿Puede el hombre considerarse árbitro de la vida, de la existencia, sobre todo alguien que le corrige a Dios el proyecto? O ¿el hombre debe con gratitud postrarse ante ese designio amoroso que es lo que da grandeza a toda la creación?».

Y agregó: «La vida no puede ser sometida a discusión, no nos compete indagar los designios de Dios, no puede decirse que se avanza en educación y salud, cuando se está discutiendo la aprobación de una ley que priva de la vida».

EL OBSERVADOR 615-3

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CORRESPONDENCIA
Aborto sin condimentos

En estos días nuestra nación se ha visto envuelta en la discusión sobre una ley para regular el aborto. El escenario se ha interpretado desde distintas perspectivas. Unos ven el claro enfrentamiento entre una izquierda que intenta encajonar a la derecha hacia una postura incómoda e impopular, que permita a la primera recuperar terreno «votacional» con miras a las próximas elecciones. Otros ven una lucha de religión contra secularismo. Otros perciben el enfrentamiento entre las corrientes pro-vida y las de pro-elección. Por último —sin ánimo de agotar todas las «facciones» posibles— hay quienes descubren la batalla entre machistas y feministas. Y luego está el resto de los ciudadanos, gente sin facciones, que sólo queremos hacernos una idea objetiva del problema.

Un punto esencial aquí es que todas las partes puedan dar su opinión, y se las escuche, antes de que se decida si se procede a la aprobación o no de esta ley. Va de por medio la vida de muchos compatriotas. Un argumento vale si es cierto, independientemente de si lo dice un proelección o un provida: mezclar en la discusión estandartes políticos o religiosos no ayuda.

Vamos al meollo del asunto entonces. En el tema del aborto están involucradas tres partes: la madre, el padre y el concebido. Que la madre es una parte y muy importante nadie lo negaría. Del padre se habla poco, pero también tiene un lugar. El padre puede ser un depravado que violó, pero también podría ser alguien que en buena fe engendró al concebido voluntariamente y que está dispuesto a asumir su parte en la responsabilidad por él. El concebido es el elemento más controvertido; de hecho aquí el lenguaje se estira hasta que no da más, para acomodar diversas posturas y bandos. Se le llama «embrión», «feto», «producto», «niño», y a veces solamente se lo entiende como «parte del cuerpo de la mujer» (es decir, de la madre). Y posiblemente este es el punto que debemos analizar con detenimiento, porque de él depende todo lo demás.

Primero. De todas las veces que vamos a hospitales donde las mujeres dan a luz, podemos encontrar en las cunitas de los recién nacidos niñas y niños. Pero lo que no vemos por ningún lado en esas cunas es, por ejemplo, un ballenato o un becerrito. Nacen seres humanos.

Segundo. Esos seres humanos que nacen no son esencialmente distintos de cualquiera de nosotros. A nadie se le ocurre decir que no son humanos y que se les puede eliminar para quitar un peso de encima a los papás.

Tercero. Un bebé no es esencialmente distinto de un embrión. La biología lo ha mostrado ya. La diferencia entre que tenga 2 ó 9 meses de concebido, o 2 años de edad, es sólo de grado. El niño de dos años puede tal vez caminar y hablar elementalmente, pero no por ello tiene más dignidad humana que el recién nacido o el recién concebido.

El tema del aborto, con intención o no, se ha desfigurado y nos hemos olvidado de lo esencial. Hay que dejarnos de etiquetas y bandos que sólo nos dividen, y atender a quienes están en juego, tres seres humanos: la madre, el padre y el concebido. Los tres tienen que escucharse. Los tres tienen derechos. Los dos que ya son adultos tienen responsabilidades también. El problema no es si se despenaliza el aborto, o si hay abortos clandestinos. El problema es que hay que atender a la opinión del padre y hacerlo responsable de su parte en la concepción; hay que cuidar a la madre, que necesita apoyo; y hay que cuidar al concebido, que es ya un ciertamente pequeño pero al fin mexicano o mexicana que también merece una oportunidad y necesita protección y cuidado.

Una medida legislativa que deje de lado ya sea a la madre, al padre o al concebido, no resolverá el problema de fondo. Volvámonos por una vez menos apasionados, quitémosle los condimentos, dejemos las ideologías de lado, razonemos juntos aquello que todos podemos ver, y decidamos en consecuencia.

Pablo Cristóbal Jiménez Lobeira

EL OBSERVADOR 615-4

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VIGÍA
Carta a Paulina
Por Javier Algara

Estimada Paulina Ramírez J.:

Te sigues lamentando de que a ti, a diferencia de la madre de Chespirito, no se te dio la oportunidad de decidir si querías o no tener a Isaac, tu pequeño hijo. Ese reclamo que haces públicamente contra aquellos que te obligaron a dar a luz en contra de tu voluntad me hace pensar que, aun ahora, si se te presentara la oportunidad, si pudieras dar reversa al calendario y hacer que el niño volviera a tu seno, lo abortarías. No tendría sentido seguir reclamando si no es porque aún sigues dolida por esa intromisión ajena en tus derechos, ¿verdad? Y porque te sientes presionada día y noche por los millones de problemas que te crea tu hijo. Me pregunto: sus sonrisas infantiles, sus travesuras, y su vocecilla que te llama para presumirte sus pequeños triunfos, ¿nunca han podido lograr que te digas a ti misma que bendita la hora en que la autoridad te impidió abortar? ¿Sinceramente puedes decir, viendo los ojos de tu hijo, que ojalá que te hubieran dejado abortarlo? Cuando lo acaricias, y le revuelves el pelo jugueteando (porque me imagino que alguna vez lo has hecho), ¿sigues deseando haber podido eliminarlo antes de que naciera? ¿Siguen siendo tan profundos el dolor y la vergüenza de la violación de la que tú fuiste víctima que borran de tu corazón el cariño y la ternura que te puede provocar la cercanía de Isaac? Si es así, aún te queda una solución. Mátalo.

Se oye feo, ¿verdad? Pero, ¿no es eso exactamente lo querías hacer con él antes de que naciera? El niño que tienes ante tus ojos y que te da tantos dolores de cabeza, ¿no es el mismo que tenías en tu vientre? Hazle al niño de siete años, y que ahora te da más lata, lo que no te dejaron hacerle cuando estaba aún por nacer. Probablemente alguien te haya dicho, para animarte, que lo que sentías dentro de tu cuerpo entonces no era un niño, una persona humana, y que por eso no hacías nada malo con abortar. Pero, dime, Paulina, si «eso» no era Isaac, tu hijo, entonces, ¿cuándo empezó a serlo? ¿Cuando lo decidan algunos diputados? Por eso te digo: si sigues lamentando no haber abortado en aquel momento, basta con que elimines ahora a Isaac. Es lo mismo. Si no te animas tú, puedes pedirle a alguien del PRD, siempre solidarios con causas como la tuya, que lo mate él. Y que practique antes con alguno de sus hijos.

Nadie desea eso, obviamente, sino que el maravilloso don de la vida te ayude a vencer las insidias de los aliados de la muerte.

Tu amigo

Javier Algara

C.c.p. Todas las madres que no pudieron abortar a causa de las leyes contrarias al derecho de las mujeres a decidir.

EL OBSERVADOR 615-5

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EN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Pío XI (1922-1939): «el Papa de las revoluciones sociales» (1 de 3)
Por el Padre Umberto Marsich, m. x.

El tiempo de las revoluciones sociales más dramáticas de la historia humana y de las persecuciones a la Iglesia no podía encontrar mejor papa que Pío XI, el cardenal Aquilles Ratti, de la ciudad lombarda de Desio (Italia) y, a su tiempo, cardenal de Milán, la diócesis más grande y difícil de Italia.

Las secuelas de la primera guerra mundial; el establecimiento de un nuevo equilibrio europeo y mundial; la grave crisis económica del año 1929 y sus devastadoras consecuencias; el advenimiento progresivo del bolchevismo, del fascismo italiano y del nacional socialismo de Hitler; las persecuciones contra la Iglesia en México, en España y en otras partes del mundo constituyen el tremendo contexto en el que se insertó este pontífice.

La doctrina política

Con la decisión de volver a dar su primera bendición, urbi et orbi, desde la terraza externa de la basílica de San Pedro, que los tres papas anteriores habían negado, Pío XI dio a entender su disposición a negociar la paz y lograr la reconciliación con las autoridades italianas, solucionando, de una vez para siempre, la espinosa «cuestión romana». Unos años después, el día 11 de febrero de 1929, con la firma del pacto lateranense, se selló esta reconciliación. Concordataria fue toda la época de Pío XI.

La doctrina política de Pío XI, de hecho, se centró sobre la paz, meta alcanzable sólo si los hombres se dejan guiar por Cristo: «La paz de Cristo en el Reino de Cristo». En su primera encíclica, Ubi arcano (1922), es el tema de la paz lo que sobresale, conjuntamente con un renovado rechazo del ya conocido modernismo. Paz en el Reino de Cristo, y a Cristo Rey dedica una de sus primeras encíclicas, la Quas primas (1925), que tiene por objeto explicitar algunos puntos de la Ubi Arcano, relacionados con la laicización de la vida privada y pública. Quiere afirmar la urgencia de dar efectividad al reino social de Cristo y recuerda a todos que «jamás podrá resplandecer la esperanza de una paz verdadera entre los pueblos, mientras los individuos y las naciones rehúsen reconocer la soberanía de nuestro Salvador sobre todas las cosas». Y Cristo es Rey, no sólo de los fieles sino de todas las criaturas. En este afán del Papa por reinstalar la figura real de Cristo muchos ven un desesperado intento eclesial por recuperar el poder temporal perdido e impulsar la idea de un orden social cristiano como requisito para recuperar armonía y paz social. La realeza de Cristo era un principio más para amalgamar las fuerzas católicas en contra de los regímenes que intentaban disolverlas arbitrariamente y con violencia.

Las persecuciones a la Iglesia

No obstante la política de paz y de unificación de Pío XI, la Iglesia en esos años se encontró, como nunca, perseguida y ultrajada en varias partes del mundo. Pío XI denunció con sus encíclicas esta situación inaceptable y triste por la muerte de un sinnúmero de mártires. Recordamos, de manera especial, las cartas encíclicas dirigidas a México: Paterna sane (febrero de 1926) e Iniquis aflictisque (noviembre de 1926), donde denuncia vigorosamente los abusos persecutorios de las autoridades mexicanas en contra de la Iglesia y protesta por la iniquidad de la constitución que México se había dado (1917), por antirreligiosa y anticlerical; Acerba animi (1932), sobre la inicua condición de la Iglesia católica en México, reiterando su condena de la irracional persecución; Firmissimam constantiam (1937), encíclica en la cual el Papa describe la difícil situación en la que seguía encontrándose la Iglesia en México. En esta misma encíclica denuncia el incumplimiento, por parte de las autoridades mexicanas, de los acuerdos firmados con motivo de la rendición de los cristeros y, pensando en prospectiva, alienta el fortalecimiento de la Acción Católica, pide un especial cuidado en la formación de los sacerdotes, impulsa la formación bíblica y la catequesis para todos y propone la atención a los campesinos e indígenas como prioridad pastoral, a través de obras humanitarias. Es en esta encíclica, además, donde el Papa plantea el ya conocido tema de la «legítima insurrección» contra el poder represor, bajo ciertas condiciones necesarias.

EL OBSERVADOR 615-6

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JÓVENES
El aborto y por qué es malo: la historia del bombero
Por Jonathan Álvarez Simmons, de 13 años

Estaba en pleno oficio un bombero. Habían recibido una llamada de emergencia. Era una casa de dos pisos en llamas, con personas que gritaban desde adentro. El bombero entro y sacó del piso de abajo a unas cuatro personas, las cuales le daban gracias por su oportuna llegada.

De pronto escuchó un llorar fuerte. Identificó que era el llanto de un bebé. Sus compañeros de afuera le decían que saliera de ahí; que era un tonto sí quería permanecer un minuto más en esa casa.

Se puso a pensar que si no salvaba al bebé, éste moriría en ese mismo instante, pero que también él ponía su vida en riesgo. No lo pensó dos veces, estaba decidido a salvar al niño.

Subió al segundo piso, empezó a buscarlo y lo encontró en su cuna llorando desesperadamente. Sus ojos se cruzaron y el bebé le soltó una sonrisa de alivio y alegría. El bombero le sonrió de vuelta y, mientras bajaba, nunca se preguntó si el bebé era discapacitado, o si sus familiares no lo querían; tampoco se preguntó si los papás eran delincuentes o asesinos; se preocupaba tanto por el bebé que no le importaba su propia vida.

Vio el bombero entonces que la puerta ya estaba enfrente de él. Unos segundos después de que había salido, la casa se derrumbó en un chasquido. Entregó el bebé a uno de sus compañeros, se sentó y empezó a pensar que si no hubiera salvado al niño aún después de escucharlo, estaría traumatizado y en las noches los recuerdos de ese niño lo hubieran perturbado por toda su vida. Si él se hubiese tardado unos segundos más en tomar su decisión, de seguro hubieran muerto los dos. Él no lo hizo para ganarse algo a cambió, sino por amor al ser humano.

Qué simboliza esta anécdota

¨El fuego representa los obstáculos que pone la gente al decir que es mejor el aborto que sufrir por un ser totalmente incapaz de salvarse. También representa el dolor y maldad del aborto: destruir en vez de sacrificarse.

¨Los compañeros que le decían que estaba loco es la gente ignorante que al sugerir el aborto no tiene ni la menor idea de lo que está perjudicando.

¨El bombero representa a la mujer que tiene dos opciones: dar la vida por alguien que conoce nada más por fuera pero que sabe que tiene una vida, o hacer que muera por el fuego del aborto.

¨Los pensamientos sobre los familiares del bebé que comenté son a veces las violaciones qué sufren algunas mujeres pero qué no por eso deben de descargar ese sentimiento en una criatura que no tuvo absolutamente nada que ver en ello pero que depende ella para vivir.

¨Los pensamientos que tendría el bombero si no salvaba al bebé son algunos de los qué sufren mujeres después de abortar. Por ejemplo: que cada vez que ve a un niño sufre una crisis emocional…otros son que la mujer aunque inicialmente no le importó el hecho de abortar, al intentar tener hijos quizá no pueda tenerlos.

¨La maternidad representa algunas dificultades desde el comienzo, pero al final podrá ver que valió la pena dar la vida por una criatura tan delicada y hermosa.

Una manzana siempre es manzana

Si esto no es bien comprendido les digo lo siguiente:

Sólo por que una manzana es inmadura no significa que no sea una manzana, o porque una manzana no tenga la misma forma que la de una manzana madura., no significa que no es manzana.

Con esto me refiero que no por que no ha nacido un niño lo vamos a tratar como si fuera un animal; desde que se empezó a formar en el vientre no es nada más ni nada menos que un ser humano; si tiene algún defecto físico o mental no merece la muerte.

Les puedo asegurar que detrás de esto no está la necesidad, sino el dinero que quieren los dueños de esas futuras clínicas de la muerte.

Les propongo

Si lo que quieren es ganarse el dinero dignamente, ¿por qué no invertir en una campaña en la que se preserven la donación de las células madres?. Que a las mamás que donen las células que se encuentran en el cordón umbilical se les dé un paquete de crianza extra (biberones pañales…) o un descuento en compra de las cosas necesarias para el bebé (comida, vestido…).Estas células pueden ser aprovechadas para adultos y niños con leucemia o cáncer. Al día (solamente en el IMSS)1, 300 de estas células son echadas a la basura por que no hay entrenamiento, instalaciones, tecnología e información sobre esta valiosa posibilidad.

También esto afecta a nuestra sociedad y al país, pues al bajar drásticamente el índice de natalidad se tendrán que afrontar severos problemas económicos.

Algunas empresas han difundido este hecho de anti-familia al hacer, por ejemplo: casas tan chicas y caras que hace desear a uno nunca haber tenido hijos, o al volverse cada día más caros productos indispensables para la vida humana, como es la medicina,

En resumen, el aborto es matar a un humano indefenso para beneficio de personas que se quieren hacer millonarias con estos infanticidios.

EL OBSERVADOR 615-7

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Educar con disciplina
Por Bruno Ferrari

Con el paso de los años he ido valorando cada vez más la misión y responsabilidad de ser un padre de familia y de aprender que la paternidad trae consigo la inaplazable responsabilidad de educar a nuestros hijos y esto no necesariamente tiene que ser siempre placentero. Es más, muchas veces es tremendamente difícil poder educar a un hijo con severidad y disciplina cuando es necesario, preocupándonos más por lo que será su futuro y no solamente por lo que nuestros sentimientos nos indiquen en ese momento, haciendo que nos dobleguemos ante faltas que más adelante pueden arruinar la vida de aquellos a quienes más amamos simple y sencillamente porque nosotros no supimos corregirlos en el momento en el que éstas se presentaron.

Hay dos palabras cuyo significado es muy importante comprender cuando se es padre. Educar, la cual define el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia como desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etcétera. La otra es disciplinar, que es instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones.

Independientemente de que el mismo diccionario nos defina qué es lo que deba entenderse por educar y disciplinar, la interrelación que debe existir entre ambas en innegable. La educación lleva consigo la disciplina y esta última es en sí misma una forma de educar.

Por lo tanto podemos afirmar válidamente que la educación de los hijos debe ser una educación con disciplina. A los hijos además de acercarles los medios y darles el buen ejemplo para que puedan salir adelante en la vida, tenemos que hacerles ver que sus acciones serán premiadas y sancionadas no sólo por sus padres, sino principalmente por la vida.

Recuerdo que hace muchos años un maestro de la Escuela Libre de Derecho decía a sus alumnos, cuando éstos presentaban un pésimo examen: «Prefiero reprobarlo yo a que lo repruebe la vida», y creo que no hay nada más cierto que esa frase. Cuántas madres y padres hay que sobreprotegen a sus hijos, que se hacen cómplices de sus fechorías excusándolos en la inmadurez o simplemente dejándose llevar y hasta manipular por el temor a perder el cariño de sus hijos y, sin embargo, no comprenden que no puede haber algo más criminal que contribuir a que sus propios hijos fracasen.

La próxima vez que usted ponga una norma en su casa o advierta a sus hijos de una sanción por hacer u omitir algo que los educa y disciplina, cúmplalo. Recuerde usted estas líneas y no se arriesgue a que algún día esos hijos a quienes tanto ama, lo vayan a señalar a usted como el corresponsable de la ruina de sus propias vidas.

EL OBSERVADOR 615-8

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PINCELADAS
La puerta de la verdad
Por el P. Justo López Melús

Un famoso escritor visitó un monasterio. Tenía un hermoso claustro al que daban las celdas. Todas las puertas era iguales, sólo se distinguían por el nombre de un santo en el dintel. Le asignaron una de estas celdas. Como no podía dormirse, salió al claustro a pasear. Era una noche cerrada, y cuando se cansó, no podía distinguir su puerta. Por no despertar a los monjes siguió paseando. Decenas de veces pasó ante su puerta sin distinguirla. Sólo con la luz del amanecer la encontró.

Así sucede con la verdad. Encerrados en la noche de la confusión, cuesta mucho encontrar la puerta de la verdad. Sólo la luz de Cristo nos permitirá distinguir la verdad de tantas y tantas puertas parecidas, pero falsas. No está lejos la verdad. Pasamos con frecuencia ante ella. Sólo la luz de Cristo nos ayudará a encontrarla. «¿Tu verdad? —No, la Verdad. —Y ven conmigo a buscarla. —La tuya guárdatela».

EL OBSERVADOR 615-9

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FIN

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