El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
13 de mayo de 2007 No.618

SUMARIO

bulletEl papa Benedicto viene como mensajero de esperanza ante los numerosos desafíos que enfrenta la Iglesia en América
bulletLA VOZ DE LOS PASTORES - «Ni Dios, ni amo»
bulletREPORTAJE - «Con Francisco hacia Dios»: así se vivió el segundo Congreso Internacional Franciscano en Monterrey
bulletDESDE COREA - Florece la comunicación católica
bulletDOCUMENTOS - Debemos estar dispuestos a cambiar métodos cuando la realidad nos muestra que ya no sirven para evangelizar
bulletTEMAS DE HOY - El diablo y el Crucificado
bulletFLOR DE HARINA - Ateísmo y juventud
bulletMANIFESTACIONES DIVINAS - Mi padre, hebreo, se convirtió a Cristo
bulletEN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA - Pío XII (1939-1958): «el Papa de la paz y de la verdad» (1 de 3)
bulletEl mes de las madres
bulletCOLUMNA ABIERTA - Demonio exigente
bulletLOS VALORES DE MÉXICO - Objeción de conciencia
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Rafael Jijena Sánchez
bulletJÓVENES - El mundo de los apodos y etiquetas
bulletINTIMIDADES - Decepciones amorosas

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El papa Benedicto viene como mensajero de esperanza ante los numerosos desafíos que enfrenta la Iglesia en América
Por Ignacio Sarre / GAMA

Que el Papa vaya a aparecer en Aparecida no parece casualidad. Y no es un juego de palabras. Podremos corroborarlo si analizamos la breve historia del Consejo Episcopal Latinoamericano y las cuatro anteriores Conferencias Generales. La cercanía y presencia de los Papas han sido providenciales para fomentar la unidad y la comunión, para iluminar con su palabra y, sobre todo, para reforzar la esperanza.

El CELAM nace en la Conferencia de Río, en 1955. En esa ocasión el papa Pío XII se hizo presente, a través de un delegado, con una carta apostólica que comenzaba así: «A la Iglesia de Cristo que vive en los países de América Latina tan ilustres por su fidelidad a la religión y por sus glorias nacionales, así como por las esperanzas que ofrecen de un porvenir de mayores grandezas...». Su preocupación esencial fue la promoción de las vocaciones y de una profunda formación en la fe.

Medellín, Puebla y Santo Domingo, estaciones históricas

En agosto de 1968, la Conferencia se realizó en Medellín. Pablo VI acudió personalmente para la apertura de la misma. La conferencia estuvo enmarcada bajo el tema: «La Iglesia en la actual transformación de la América Latina, a la luz del concilio Vaticano II».

Enero de 1979. Sólo tres meses después de haber iniciado su pontificado, Juan Pablo II había emprendido su primer viaje apostólico. En Puebla inauguró la tercera Conferencia General. El tema fue «El presente y el futuro de la evangelización en América Latina». En su discurso, el Pontífice concluyó así: «El futuro está en las manos de Dios, pero, en cierta manera, ese futuro de un nuevo impulso evangelizador Dios lo pone también en las vuestras».

Celebrando el quinto centenario del descubrimiento de América, en octubre de 1992, el papa Wojtyla viajó a Santo Domingo para inaugurar la cuarta Conferencia General. El tema fue «Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana». Juan Pablo II ahí afirmó: «La tarea que os aguarda durante las próximas jornadas es ardua, pero marcada por el signo de la esperanza que viene de Cristo Resucitado. Misión vuestra es la de ser heraldos de la esperanza».

Esperanza. Jesucristo. Evangelización. Parecen el eje que delinea la continuidad y la renovación en este camino de la Iglesia en América durante los últimos 50 años. Meses atrás, cuando un periodista preguntó al Papa sobre sus próximos viajes, Benedicto XVI afirmó que ésta sería una peregrinación «para reforzar la esperanza que está viva en aquella región».

La esperanza está viva. Pero hay que robustecerla. Debe ser arraigada no en motivos humanos sino en la experiencia de fe en Jesucristo, y debe ser manifestada en todas las dimensiones personales y sociales.

Aparecida: los nuevos desafíos de la fe

La Quinta Conferencia General de Episcopado Latinoamericano se inserta así en esta historia. «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida». El papa Benedicto viene como mensajero de esperanza ante los numerosos desafíos que enfrenta la Iglesia en América.

El Papa llama a alimentar la fe en la oración y meditación de la Palabra de Dios, a reavivar la vida sacramental. Si falla esto, fácilmente se explica el avance de las sectas y la influencia creciente del secularismo hedonista postmoderno. Los católicos en América deben recibir una sólida formación doctrinal y espiritual; testimoniar una fe madura y llena de alegría; reconocer y defender siempre la dignidad de cada ser humano.

En definitiva, deben profundizar y asumir el estilo de vida propio de los discípulos de Jesús para que sean savia que configure la identidad de sus pueblos, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa.

Son muchos los retos. Pero el Papa ha hablado también del «inmenso potencial misionero y evangelizador» con que cuenta la Iglesia en sus jóvenes y familias.

La esperanza implica un bien aún no del todo conseguido. Pero connota también que se tiene la fuerza para alcanzarlo.

EL OBSERVADOR 618-1

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LA VOZ DE LOS PASTORES
«Ni Dios, ni amo»
Por Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas

Ver.-
En el centro histórico de San Cristóbal de Las Casas, en la fachada del antiguo templo de San Agustín, ahora convertido en salón de usos múltiples de la Facultad de Derecho de la Universidad del Estado de Chiapas, desde hace meses está esta frase: «NI DIOS, NI AMO». Algunos piensan que quizá le falta la letra R a AMO, para que diga AMOR, pero nada indica que quien lo escribió no haya tenido tiempo para escribir esa R. Así como está, refleja muchas cosas. En mi concepto, indica el tipo de «cultura» que estamos viviendo: no se quiere ni un Dios, ni un amo; sino cada quien ser dios y amo.

En nuestra ciudad se entrecruzan tendencias de todo tipo: desde anarquistas y extremistas radicales, hasta conservadores y costumbristas tradicionales. Es una ciudad pluricultural, no sólo por la diversidad de razas, mestizas e indígenas, nacionales y extranjeras, sino por la gran diferencia de ideologías. Esto también tiene su atractivo, turístico y económico.

El letrero refleja casos como el de una joven de otro estado, quien dijo a sus padres: «Ya estoy cansada de vivir con ustedes. Quiero irme a otra parte y hacer mi vida; quiero ser yo misma». Y así procedió. Vive en otra ciudad, hace lo que quiere, sin dar cuenta a nadie; pero exige que le paguen estudios, departamento, celular, alimentos, ropa y diversiones.

El letrero retrata a los legisladores del Distrito Federal, que despenalizaron el aborto durante las primeras doce semanas de embarazo: no aceptan tener un Dios, ni un amo, sino ser amos de vida y de muerte, disponer cuándo empieza la vida humana y cuándo se puede eliminar. No aceptan que haya normas morales universalmente aceptadas, sino que el bien y el mal dependen de las leyes que ellos hacen; en otras palabras, pretenden ser dioses y amos. Se extrañan de que llamemos a no obedecer esa ley y dicen defender el estado de derecho; pero no reconocen al actual Presidente de la República, elegido legítimamente según la ley.

Juzgar .- Hemos caído en lo que el papa Benedicto XVI calificó como «dictadura del relativismo», que es regirse sólo por el criterio personal y decidir sin referencia a ninguna ley moral. Es lo que algunos tratan de legitimar: que nadie, ni las iglesias, ni Dios, normen la vida personal, la familia, la política, la economía, la cultura, la comunicación. Para ellos, la conciencia es absoluta, sin referencia a ninguna ley sagrada; cada quien rige sus costumbres y decisiones, sin que nadie le pueda objetar o corregir. ¡Nada por encima de su decisión! ¡Ni Dios, ni amo! Cada quien haga lo que quiera.

Al iniciar el Cónclave para elegir al nuevo Papa (18 de abril de 2005), el entonces cardenal Joseph Ratzinger describió así este fenómeno de la sociedad actual: «¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo hasta el individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cfr. Ef 4,14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalista. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos».

Actuar .- ¿Qué hacer ante esta corriente que arrastra todo? ¿Enfrentarnos y medir fuerzas? ¿Aislarnos y amargarnos? No. Los cristianos tenemos un camino cierto y seguro, que es Cristo, y que debemos ofrecer, no imponer, a los demás, como decía, en la misma ocasión, el entonces cardenal Ratzinger: «Nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. Él es la medida del verdadero humanismo. No es adulta una fe que sigue las olas de la moda, y la última novedad, adulta y madura, es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esa amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar este fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe».

EL OBSERVADOR 618-2

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REPORTAJE
«Con Francisco hacia Dios»: así se vivió el segundo Congreso Internacional Franciscano en Monterrey
Por fray Gilberto Hernández García, OFM

Del 26 al 29 de abril ha tenido lugar en la ciudad de Monterrey, N.L., el II Congreso Internacional Franciscano, organizado por la Provincia Franciscana de Francisco y Santiago de Jalisco, donde se han dado cita cerca de mil quinientos participantes de la familia franciscana, entre religiosos, religiosas y seglares.

Destacados conferencistas

Bajo el lema «Con Francisco hacia Dios», el congreso ha ofrecido como experiencia de vida y riqueza doctrinal las ponencias de más de 20 conferencistas y facilitadores de talleres de reflexión, entre los que destacaron el cardenal español Carlos Amigo Vallejo, OFM., arzobispo de Sevilla; monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, obispo de Huesca y Jaca en España; monseñor Melchor Sánchez de Toca, secretario del Pontificio Consejo de Cultura; fray Raniero Cantalamessa, predicador del Papa; Heinrich W. Pfeiffer, jesuita alemán, profesor de arte de la Universidad Gregoriana de Roma; fray Ignacio Larrañaga, conocido especialista en franciscanismo y oración, y José Antonio Merino, filósofo franciscano español, entre otros.

El rumbo del encuentro

En la inauguración el ministro provincial de Jalisco, fray Antonio González, señaló el rumbo de este encuentro: «recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro», en el marco de las celebraciones del VIII Centenario de la Orden de Hermanos Menores, de tal manera que, con fidelidad creativa, seamos capaces de responder a los desafíos que nos vienen de la Iglesia y del mundo de hoy.

Así las cosas, los conferencistas brindaron reflexiones en torno a la familia, sus valores y retos; al diálogo interreligioso, como un signo de los tiempos que corren; a la necesaria emergencia de la cultura de la paz; al respeto y amor por la naturaleza; al rol de la mujer en la sociedad actual; a la misión franciscana; a los medios de comunicación, nuevos areópagos; a la dimensión humanizante de la oración; entre otras.

También los asistentes tuvieron la oportunidad de participar en diferentes talleres que pretendían llevar la teoría a la práctica cotidiana: la paz en clave franciscana, los humanismos contemporáneos, el arte, la oración contemplativa, la vida religiosa ante los desafíos actuales, entre un largo etcétera.

Urgente: dar testimonio

Finalmente, el encuentro fue clausurado por el arzobispo de Monterrey, monseñor Francisco Robles Ortega, quien animó a los participantes en este II Congreso Internacional Franciscano a dar el urgente testimonio de vida cristiana, en clave franciscana, que nuestro país está necesitando.

EL OBSERVADOR 618-3

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DESDE COREA
Florece la comunicación católica
Por Javier Algara / Corea del Sur

En Mang Un, pequeño poblado campesino de la diócesis de Kwang Ju, Corea, frente al Mar Amarillo, entrevistamos a dos experimentados misioneros mexicanos. El padre Ignacio de la Garza, misionero de Guadalupe, párroco del lugar, y el padre Antonio Morales, superior de la misión, ofrecen algunas explicaciones del notable crecimiento de la Iglesia en dicho país.

La organización y la actividad de la iglesia coreana siguen el modelo de las empresas de esta nación, siempre preocupadas por la efectividad de sus procedimientos y por la calidad de sus resultados. Todas las actividades pastorales y administrativas están sustentadas en procedimientos detallados, y activadas por organigramas que no dejan nada a la improvisación. Obviamente, ésto supone una participación muy intensa del laicado en la vida eclesial, en todos los niveles y campos de acción. Y no hace falta mencionar que la aportación de los seglares no se reduce a la sola actividad; el financiamiento de la organización está garantizado por el estricto pago del diezmo y de otras contribuciones económicas... y por su aún más estrictamente vigilado manejo. Esta forma de organización, y las actitudes pastorales consecuentes —comentan preocupados los misioneros—, pueden representar, a la larga, un peligro para la misma vida eclesial, amenazar su dependencia fundamental del Espíritu Santo, y ello deberá ser parte de la agenda episcopal nacional. Pero, a la fecha, tales características han sido un facilitador impotantísimo en el establecimiento de infraestructura básica y en el acercamiento a sectores de la población inalcanzables para el clero. De esta misma fortaleza organizacional han surgido las posibilidades para establecer potentes medios de comunicación católicos que ayudan grandemente a la difusión del Evangelio. Gracias a ellos, son pocos los coreanos que no conocen a la Iglesia, al menos en forma general, y muchos se enteran por ellos de la visión de la Iglesia en temas importantes del quehacer humano, cristianizando al mismo tiempo la cultura.

EL OBSERVADOR 618-4

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DOCUMENTOS
Debemos estar dispuestos a cambiar métodos cuando la realidad nos muestra que ya no sirven para evangelizar
Extracto de los aportes recibidos para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

La V Confetencia General del Espicopado Latinoamericano es un acontecimiento eclesial cuya preocupación fundamental es la evangelización del continente. Benedicto XVI tuvo a bien convocar esta Conferencia General en Aparecida, Brasil, y entregarle el tema: «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida, 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14,6)».

El primer momento de preparación de esta Conferencia consistió en recoger aportaciones de las conferencias episcopales sobre el tema del discipulado y la misión. Con ese material se elaboró el Documento de participación y las fichas de trabajo.

En el segundo momento de preparación de la V Conferencia se han recogido las contribuciones que llegaron al CELAM. En total llegaron más de dos mil 400 páginas con varias aportaciones.

Los aportes recibidos fueron clasificados temáticamente. A continuación fueron estudiados por una comisión especial de obispos, teólogos, biblistas y pastoralistas, nombrados por la presidencia del CELAM. Una vez estudiados, fueron la base para redactar el presente documento. Sin embargo, la síntesis de estas contribuciones no debe confundirse con el esbozo del documento final de Aparecida. Redactarlo será obra de quienes participen en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

Nuestra originalidad iberoamericana

Es cierto que desde la primera proclamación del Evangelio hasta los tiempos recientes la Iglesia ha experimentado épocas luminosas y también momentos sombríos.

Aún hoy, a comienzos del siglo XXI, podemos constatar que la gran mayoría de los latinoamericanos han recibido el Bautismo en la Iglesia católica y se confiesan católicos, no obstante deficiencias y ausencias en la evangelización y catequesis. La fe católica que se estableció en el continente marca profundamente nuestra historia. La impronta católica ha permanecido en su arte, en su lenguaje, en sus tradiciones, en su idiosincracia y estilo de vida.

No obstante, hay que reconocer que los procesos de evangelización muchas veces quedaron incompletos, y que no basta con poseer ricas tradiciones si el fuego de la fe, el amor y la esperanza no es avivado permanentemente.

Ante este desafío la aternativa crucial es ésta: o nuestra tradición católica y nuestas opciones personales por el Señor arraigan más profundamente en el corazón de las personas y de los pueblos como encuentro vivificante y transformador con Cristo, y se manifiesta como novedad de vida en todas las dimensiones de la existencia personal y de la convivencia social, o corre el riesgo de seguir empobreciéndose y diluyéndose.

Ocho criterios generales

Las aportaciones recibidas porponen ocho criterios generales:

1) El anuncio del Evangelio como ofrecimiento de vida.- Debe manifestarse como la oferta de una vida plena para todos. La doctrina, las normas, las orientaciones éticas y todo lo que proponga la Iglesia no debe ocultar ni ensombrecer esta atractiva oferta de una vida digna y plena en comunión con Dios y con los hermanos.

+ Cada diócesis está llamada a salir al encuentro de todos los bautizados que no participan en la via de las comunidades cristianas, y de quienes aún no creen en Cristo en el ámbito de la propia Iglesia particular.

2) La opción preferencial por los pobres.- La amistad con Jesucristo nos impulsa a configurar nuestras opciones y actitudes con las del Señor, quien desde la pobreza nos enriqueció y nos mostró las vías fundamentales para la liberación del pecado y de sus secuelas en la vida personal y social.

+ Nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo. Es necesario convertir esta opción genérica en una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos concretos. En primer lugar, dedicando tiempo a los pobres, prestándoles una amble atención, escuchándolos con interés, acompañándolos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación.

3) Siempre somos discípulos.- Todos debemos vivir y evangelizar de tal manera que sea palpable y transparente, en nuestras actitudes y palabras, que nunca dejamos de ser discípulos de Jesús, que cada día lo redescrubrimos y seguimos. El discipulado parte del encuentro personal con Jesús. Esto requiere una renovación permanente de esa experiencia.

+ Es indispensable, por tanto, recuperar la experiencia de la iniciación cristiana como punto de partida del itinerario de la fe; ello implica privilegiar el anuncio kerigmático del Señor resucitado, y asumir el método procesal, al estilo del catecumenado de la Iglesia de los comienzos. La catequesis es un proceso extendido en el tiempo y no sólo preparación inmediata a la celebración de los sacramentos.

4) El discipulado misionero es comunitario.- La vida y la misión son siempre comunitarias y eclesiales. El discipulado misionero se vive en una comunidad concreta de discípulos, fomentando la diversidad en la comunión y construyendo redes comunitarias.

+Si hoy la Iglesia de América quiere ponerse en estado de misión, y si esa misión quiere llegar a todos, precisamente allí donde se encuentran, los misioneros ya no podrán ser sólo los ministros ordenados y los consagrados, sino principlamente los fieles laicos. Ellos podrán apasionarse por la misión y dar vida si verdaderamente son parte activa y creativa de proyectos pastorales que sean de todos.

5) El discipulado exige un discernimiento eclesial.- Los discìpulos estamos llamados a reconocer las diversas formas de presencia de Jesucristo y el proyecto del Reino, en los variados desafíos que enfrentan la Iglesia y el mundo. Para ellos debemos vivir en un constante proceso de discernimiento, para iluminarnos unos a otros desde la Palabra de verdad y vida.

6) La Iglesia en renovación permanente.- La Iglesia debe replantear una y otra vez su modo de presentar el Evangelio, sus métodos, su lenguaje y todo lo circunstancial en sus propias estructuras. Todos los cambios que eventualmente sea necesario implementar no son mero ajuste funcional. Han de brotar de una necesaria y sincera conversión personal y eclesial.

+ Esto supone la capacidad de renovar planes y estar dispuestos a cambiar métodos, tareas o expresiones, cuando la realidad nos muesta que ya no sirven para evangelizar. Antes de elaborar nuevos planes pastorales, es necesario contemplar y discernir las iniciativas que ya ha tomado o está tomando el Espíritu Santo; éste es el primer imperativo de todo plan.

7) La misión convoca a todos.- Todos, sin excepción, somos agentes evangelizadores, y, por lo tanto, todos somos convocados a dar la vida por el Reino participando en la actividad misionera de la Iglesia, sea insertándonos, con identidad cristiana, en los diversos espacios e instituciones de la vida social como colaboradores de Dios, sea trabajando en las iniciativas evangelizadoras de las comunidades eclesiales.

+ Sin embargo, en la práctica, entre carismas y ministerios surgen no pocas tensiones. Es necesario abrirse más al mutuo conocimiento y aprecio, a la colaboración y al reconocimiento de los carismas, ministerios y servicios. Esta actitud permitirá superar la tentación de individualismos pastorales, del clericalismo o de la autosuficiencia de personas y de grupos.

8) La evangelización toca toda la realidad.- Jesucristo, que es la Verdad, nos permite reconocer la verdad más profunda del ser humano, de la historia y de toda la realidad. No hay área de la vida de las personas y de los pueblos que no pueda ser alcanzada por la luz de la razón y de la fe. Por eso la evangelización otorga a cualquier situación humana un sentido salvífico y una orientación para su natural desarrollo.

EL OBSERVADOR 618-5

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TEMAS DE HOY
El diablo y el Crucificado
Por el P. Fernando Pascual

El padre abad estaba agotado. Acababa de terminar unas misiones populares: horas y horas de visitas a los hogares de la gente, de confesiones, de Misas, de conferencias, de oración.

Pocas veces había tocado tan de cerca el pecado y el mal. Familias rotas, esposos infieles. Adolescentes y jóvenes «quemados» por el trío que forman droga, alcohol y sexo. Ancianos abandonados y tristes. Pobres sumergidos en su miseria. Mujeres humilladas y maltratadas por esposos prepotentes.

Al acostarse, el peso del cansancio selló sus ojos. Luego empezó a soñar. Veía a un diablo veterano acercarse a un crucifijo. El diablo llegaba ufano, como quien ha logrado grandes victorias. Empezó a hablar con arrogancia: «Nazareno: sigues clavado en una cruz. Tu derrota es cada vez más evidente. ¿No te rindes ante un mundo que te da las espaldas? ¿No sientes el dolor por tu sangre derramada inútilmente? La victoria entre los hombres está en mis manos. Mira cómo tengo embobados a millones de adolescentes y jóvenes. Observa a los adultos, que ya no quieren ni se atreven a educar a sus hijos.

«Observa a los que piensan que son 'tuyos', a los consagrados: poco a poco han caído en mis manos cientos de sacerdotes, de religiosos y de religiosas, están más preocupados en la programación neurolingüística, en el Reiki, en la meditación transcendental o en el budismo zen que en el Evangelio. Han dejado atrás las páginas del Evangelio para leer las obras de Marx, Freud, Nietzsche, Kafka, Buda o Gandhi. Han abandonado los hábitos para vestir como el mundo, para vivir como el mundo.

«Observa a los políticos y a los intelectuales. No hacen más que promover mi programa: libertad para el aborto, libertad para el sexo, libertad para la diversión, libertad para la droga, libertad para la eutanasia. Imponen poco a poco, hasta los últimos rincones del planeta, la cultura de la tristeza y de la muerte...».

El Crucificado guardaba silencio. Un sudor denso, sangriento, caía por su cuerpo flagelado. Pero en sus ojos había un fulgor extraño, una confianza intensa, una señal de esperanza. El diablo estaba inquieto: no podía resistir ante esos ojos del Nazareno, no comprendía por qué Jesús no reconocía una derrota que parecía irremediable, no aceptaba que pudiera surgir algo nuevo y noble entre los hombres.

El padre abad despertó. Sentía en su alma una extraña mezcla de pena y de sosiego. Había palpado, durante las misiones, la presencia del mal en tantos bautizados. Pero también recordaba a aquel borracho que había prometido dejar el vicio. A aquella esposa que perdonaba y amaba a su marido traicionero. A aquel enfermo que sonreía cada vez que miraba al Crucificado que estaba junto a su lecho de dolores y esperanzas.

Es cierto: el mal parece levantar mil banderas de victoria. Pero son banderas efímeras y engañosas. Mientras, en silencio, la Sangre de Cristo entra en corazones heridos, lava penas profundas, perdona pecados y enciende amores. La última palabra de la historia será la del perdón y la alegría: la Cruz vence, la tumba queda vacía. Cristo, el Nazareno, nos susurra: «No estoy muerto: vivo para ti, corazón humano, corazón muy amado por mi Padre que también es Padre tuyo...».

EL OBSERVADOR 618-6

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FLOR DE HARINA
Ateísmo y juventud
Por el P. Justo López Melús

Hay un estadio, confirma Altisent, más propicio al ateísmo: la juventud. Es difícil entender algo de lo que no se tiene experiencia. Los jóvenes, aunque saben que envejecerán y morirán, no lo experimentan. «La muerte es una cosa de los demás», piensa el joven (Lampedusa). Y el conocimiento intelectual, sin experiencia, no impresiona. El joven siente su vitalidad como definitiva y eterna. Como dos jóvenes esposos en la luna de miel se juran amor eterno.

«Pero pasa un tiempo y se da cuenta que vivir es estar sentado sobre una cáscara de huevo, que la cáscara se chafa y uno se va hundiendo. Vivir es irse muriendo a pedazos, una destrucción orgánica, vivir es encanecer, perder fuerzas, verse sobrepasado por la juventud».

Por eso el creyente es más inteligente e imaginativo que el increyente, porque, sin cegarse sobre los valores y contravalores de esta vida, tiene un fondo de serenidad en la presente y una esperanza en la futura. Es más rico. Tiene ya ahora más vida.

Pero el joven no ve la limitación temporal de la vida, no la siente, y cree no necesitar la vida eterna porque cree tenerla ya. Y el problema es que, con tanto desentrenamiento, no sepa ya después buscarla cuando sea mayor. Por tanto, conviene no perder la esperanza y sembrar en el corazón del joven semillas de inquietud. «El que se acerca a pedirte lumbre para el cigarrillo, si hablas con él cinco minutos, terminará pidiéndote a Dios» (Mauriac). Sí, detrás de las pieles del pasotismo y del agnosticismo secularista sigue habiendo una terrible, aunque inconfesable, hambre de Dios.

EL OBSERVADOR 618-7

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MANIFESTACIONES DIVINAS
Mi padre, hebreo, se convirtió a Cristo
Episodios sencillos de la vida cotidiana protagonizados por nuestros lectores. Hablan de una relación con Dios, cuyo amor se manifiesta en las más variadas circunstancias de la vida

Solíamos ver a un hombre enfermo que asistía a Misa todos los días y, como un niño, se maravillaba por las cosas del Señor. Con un esfuerzo sobrehumano se levantaba de su banca para ir a comulgar. Casi arrastraba los pies. Todos esperaban sabiendo que le movía un amor inmenso por Jesús Sacramentado.

Cuando ya no pudo levantarse, el sacerdote le llevaba la Comunión a su banca, y, al final, cuando era imposible bajarse del auto, el padre caminaba hasta él y le daba la Hostia santa. Su rostro, afligido por el dolor, se transformaba cuando recibía a Jesús Sacramentado, y una leve sonrisa le iluminaba el rostro. El dolor, las molestias, la incertidumbre, parecían quedar atrás.

Sin que él lo supiera, muchos lo observaban. Yo era uno de ellos. A veces me sentaba a distancia para verlo, pero, sobre todo, para recordarlo. Era mi papá.

Fue hebreo. Se convirtió algunos años antes de morir. Muchas veces me detengo a reflexionar sobre este hecho. Y en la manera que transformó nuestras vidas.

Dios lo llevó de la mano, desde niño, sin que él lo supiera, hasta el día en que murió. Y nos envolvió a todos en ese maravilloso misterio que a muchos les tiene reservado: la conversión.

Se llamó Claudio. Su padre tuvo el nombre de Moisés Frank, y sus abuelos: Abraham y Samuel. Todos provenían de una familia con raíces hebreas, y eran profundamente religiosos, respetuosos de la Torá. Me cuentan que Abraham fue rabino. Curiosamente, mi papá nunca celebró su Bar Mitz-Vah. Tampoco le recuerdo en la sinagoga. En cambio, nos acompañaba a Misa.

En algún lado escuché que estaba predestinado a la conversión.

A través de los años recibimos señales de este cambio sobrenatural.

En Costa Rica ocurrió un hecho significativo. Visitaba con mi mamá a sor María Romero Meneses, en la Casa de María Auxiliadora. Una multitud de personas se preparaba para la procesión. Mi papá se mezcló entre el gentío.

De repente un descubrimiento asombroso…

—¡Sor María! —exclamó mi mamá. Y señaló hacia la procesión— ¡Mire donde va Claudio!

Era quien cubría al Santísimo con el palio, al frente de la procesión.

—¿Puede creerlo?

—Sí, Felicia —respondió sor María—. Y también le veremos comulgar.

Esta profecía se cumplió al pie de la letra.

A los años nos enteramos de lo ocurrido. La iglesia estaba abarrotada de gente. Una monjita atraviesa la iglesia con dificultad, llega donde está mi papá y le pregunta:

— ¿Nos haría el favor de llevar el palio?

Sin meditarlo mucho, acepta. ¿Sabía acaso lo que era un palio?

Mientras escribo pienso en él y en ese momento. Ya no se podía echar para atrás.

— ¿Cómo es que Dios me busca a mí, habiendo tantos a mi alrededor?

Nunca sabré con exactitud lo que sintió o lo que pensó. Seguramente esta experiencia lo estremeció hasta los huesos.

¿Qué lo hizo cambiar? Esto ha sido un secreto celosamente guardado. Supo ser reservado. Y esperó. La cercanía de la muerte derribó las últimas murallas y le hizo dar el salto definitivo.

Dios lo llamó y él respondió sin reservas.

Ambos parecemos escuchar:

— ¿Claudio, me amas?

Y ambos respondemos:

— Señor, Tú sabes que Te amo.

Claudio de Castro,
Costa Rica


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EL OBSERVADOR 618-8

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EN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Pío XII (1939-1958): «el Papa de la paz y de la verdad» (1 de 3)
Por el Padre Umberto Marsich, m. x.

Cuando en la plaza de San Pedro resonó el nombre de Eugenio Pacelli, los romanos exultaron de gozo. Finalmente un Papa de la Ciudad Eterna. De familia noble e intelectual comenzó muy pronto los estudios y la carrera eclesiástica con excelentes resultados. Sacerdote a los 23 años, ingresa a la Secretaría de Estado vaticano como redactor de minutas; a los 25 pasa a la Sagrada Congregación para Asuntos Extraordinarios; a los 27 es profesor de derecho canónico en el seminario y de diplomacia eclesiástica; a los 36 es subsecretario y luego secretario de la Sagrada Congregación para Asuntos Extraordinarios; a los 41 es nombrado nuncio en Alemania, y a los 52, cardenal Secretario de Estado de Pío XI. En1939, a los 63 años de edad, en un cónclave de un solo día, es electo Papa con el nombre de Pío XII en reconocimiento a su inmediato predecesor. Era una persona no sólo fuera de lo común, sino muy superior en cuestión de inteligencia, de memoria, de precisión, de capacidad de trabajo. Por su figura, solemnemente hierática, suscitaba inmediatamente respeto y veneración en todos aquellos que se le acercaban.

Sólo y siempre la verdad

Cuando es electo Papa, Europa vive nuevamente un tétrico clima de guerra. En febrero de 1938, con la anexión de Austria, es consumado el primer acto de brutalidad internacional de Hitler, al que se sumarán progresivamente las anexiones de Polonia, Hungría, Francia, etc. No se pudo detener su ambición de poder, pese a la acción diplomática del papa Pacelli, cuyo magisterio en materia política tendrá una fuerza y fecundidad impresionantes, confirmada la voluntad manifestada ya en su primera encíclica Summi Pontificatus (1939) de conseguir la paz mundial sirviendo, sólo y siempre, la verdad: «declaramos que el principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es dar testimonio de la verdad» (N. 14).

Papa de profunda formación intelectual, dedicó todas sus encíclicas a problemas teológicos y sus discursos radiofónicos a temas de carácter social. En la encíclica Divino afflante Spiritu (1943) trató los géneros literarios bíblicos; el evolucionismo y poligenismo en la encíclica Humani Generis (1950), y es en la Mystici Corporis (1943) donde radica la eclesiología del cuerpo orgánico y jerárquico. Las encíclicas Mediator Dei y Evangelii Praecones las dedicó, respectivamente, a la liturgia y a las misiones.

Doctrina política

La guerra, que acababa de iniciar, canalizó la acción de Pío XII hacia la búsqueda de la paz. Ya desde su primera encíclica proclama que no es posible restaurar la paz sin justicia: «la paz es obra de la justicia». A la humanidad, ya precipitada en un espantoso vacío espiritual, no obstante todos sus progresos técnicos y civiles, propone el único camino de paz, que es Cristo Salvador. El Papa relaciona la trágica situación bélica en la que vive la humanidad con una larga serie de devastadores errores, que son: «El alejamiento de la caridad y de la solidaridad; el olvido de las leyes naturales y el rechazo, por parte de las autoridades estatales, de Dios y de los derechos naturales del hombre; la negación de una norma de moralidad universal; la secularización y la tan proclamada laicización de la sociedad». De ese agnosticismo moral brotan muchos errores, pero dos son los que minan el orden internacional y hacen imposible la paz: el olvido de la solidaridad humana y la concepción totalitaria del Estado.

En el pensamiento político de Pío XII, cuando el hombre se aleja de Dios cae inevitablemente en el totalitarismo, ideología que eleva al Estado y a la colectividad a ser fines últimos de la vida, afectando los principios de la razón natural y de la conciencia cristiana. Vivamente describe los riesgos de la guerra y la condena fuertemente anunciando todas sus nefastas consecuencias. Los remedios que el Papa propone no pueden ser más que de orden espiritual.

EL OBSERVADOR 618-9

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El mes de las madres
Por Mayela Fernández de Vera

En el mes de mayo pensamos siempre en la celebración del Día de las Madres, y pensamos en las que ya se fueron, en las que aún podemos abrazar y en las que están por serlo. Es un mes dedicado a María, Madre de Dios y Madre nuestra. En este mes la naturaleza le brinda su homenaje florido; nosotros rezamos el rosario para mostrarle nuestro amor y llevamos a los niños a ofrecerle flores, siendo ellos mismos un ramillete para María, pues son quienes más agradan a Dios con sus almas transparentes.

Nos acostumbramos a festejar a nuestra mamá en el tradicional 10 de mayo. En la etapa escolar se preparan con mucha anticipación los festivales de canto, baile o actuación y a veces, cuando los hijos son numerosos, los horarios de éstos tienden a empalmarse, y entonces quisiéramos tener el don de bilocación, como algunos santos, para mirar, aplaudir y abrazar al mismo tiempo a todos nuestros hijos. Por lo general los 10 de mayo son agotadores, porque nos levantamos muy temprano con o sin serenata, preparamos a los hijos para sus compromisos especiales, corremos para ser puntuales cruzando varias veces la ciudad, y salimos a comer o bien organizamos en casa una comida especial. Sí, son días agotadores, pero si el cansancio se debe a que tenemos una familia y alegría para celebrarla, ojala todo el mundo tuviera este agobio.

EL OBSERVADOR 618-10

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COLUMNA ABIERTA
Demonio exigente
Por Walter Turnbull

Desde la primera vez que los escuché, me causaron extrañeza esos pasajes del Evangelio en los que los demonios se ponen a argüir y a transar con Jesús.

«Al llegar a la otra orilla [...] vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros [...] Y se pusieron a gritar: '¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?' [...] Y le suplicaban los demonios...» (Mt. 8, 28-31). «'... Te suplico que no me atormentes'» (Lc 8, 29).

Es muy curioso. El demonio, que no tiene la menor noción del respeto o de la convivencia, ni la menor intención de practicarlas, ni quiere saber nada de Jesús, se pone a exigir concesiones, a reclamar derechos, se indigna ante la presencia y la voluntad de Jesús.

Hoy encontramos hombres y mujeres que también reclaman sus derechos: el derecho a decidir (léase derecho a matar), el derecho a la libertad (léase derecho al libertinaje sexual), el derecho a la realización de sus proyectos, el derecho al ejercicio de su sexualidad (léase promiscuidad), el derecho a la libertad de expresión (es decir, pornografía), el derecho a la libre elección de género (es decir, homosexualidad), el derecho a la educación y a la información (es decir, ataque a la moral y a la patria potestad), el derecho a la salud (es decir, a que entre todos paguen por mis abortos), el derecho de los niños a conocer el mundo (es decir, derecho de los adultos a la pederastia)... y se ofenden contra la Iglesia católica porque defiende la vida y la moral sexual y la autoridad de los padres y la educación en valores, y exigen que se calle, porque está atentando contra los derechos humanos.

Hace unos días, Juan Ramón de la Fuente (el flamante rector de la UNAM que estuvo a 250 mil votos de ser convidado a la Secretaría de Gobernación), cuando se le preguntó su opinión sobre el aborto, respondió: «La democracia o es laica o no es democracia». Pero ¿es que alguien le preguntó sobre democracia o sobre laicismo? El señor de la Fuente, con su acostumbrada paranoia anti-religiosa, dejó bien sentado que no quiere comprometerse con una respuesta directa, pero, por lo pronto, deja bien claro que el derecho a la religión debe ser abolido porque atenta contra la democracia.

El contexto es diferente pero la situación es la misma: Aléjate de mí, Jesús de Nazaret, aléjate de mí, Iglesia católica, porque sé quien eres y no me acomoda tu doctrina ni me conviene tu presencia. ¿Qué tengo yo contigo? ¡Cállate! Solamente quieres hacerme sufrir.

La curiosa escena de Jesús con el demonio la vemos repetirse todos los días, sólo que con un demonio mucho más fuerte y dos mil años más astuto.

Y por cierto, la respuesta que dio Santiago Creel al señor de la Fuente es de antología: «El laicismo no significa la exclusión de las religiones, tampoco que las creencias se acallen con la intolerancia; laicismo significa, sobre todo, que se expresen todos los puntos de vista de carácter religioso, todos los puntos de vista de las creencias que tiene el pueblo de México, que son diversas y hay que reconocerlo. El laicismo es lo que protege las distintas visiones, expresiones y creencias religiosas del pueblo de México».

EL OBSERVADOR 618-11

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LOS VALORES DE MÉXICO
Objeción de conciencia
Por Antonio Maza Pereda

Como todos sabemos, la asamblea de representantes de la ciudad de México, a pesar de las protestas de la ciudadanía, impuso una ley que hace que se pueda abortar a un bebé antes de la doceava semana de embarazo. Ahora, al intentar aplicar esta inicua ley, se están encontrando con una oposición que no esperaban. Por un lado, el IMSS y el ISSSTE han dicho que su reglamentación no les permite llevar a cabo abortos. Por otro lado, empieza a aparecer una oposición, por lo pronto poco visible, de parte de los médicos. Ya empieza a hablar la Secretaría de Salud del Distrito Federal de atacar un principio consagrado por la ley: el que le da al médico el derecho de rehusar llevar a cabo esos procedimientos mediante la objeción de conciencia. ¿Qué se entiende por esto? Significa que el médico, basándose en sus creencias y en el juramento de Hipócrates, puede negarse a llevar a cabo procedimientos como el del aborto.

¿Puede imaginarse algo más dictatorial que pretender violentar las conciencias? ¿Acaso veremos ahora el vergonzoso espectáculo de médicos encarcelados o despedidos de su trabajo por no aceptar lo que, según su conciencia, es acabar con una vida humana? Evidentemente, esta izquierda que «gobierna» al Distrito Federal espera una verdadera oleada de abortos y está preocupada por la posibilidad de no encontrar suficientes médicos dispuestos a llevar a cabo esos procedimientos. De manera que, aún antes de que se presenten las objeciones de conciencia, amenazan ya a los posibles objetores.

En cierto modo, es de esperarse. El socialismo de corte soviético se caracterizó, y aún se caracteriza en países como Cuba, por tratar de imponer su modo de pensar, llevando a la cárcel o al paredón a quienes piensan de manera diferente. De ahí las persecuciones a las iglesias. De ahí las persecuciones a quienes opinaban de manera diferente en aspectos económicos. De ahí el vetar la educación superior a quienes no participaban de los organismos de la juventud comunista.

Nada nuevo. Ensoberbecidos, se sienten en la capacidad de imponer a las conciencias su manera de opinar. ¿Qué seguirá? ¿Imponerles a las familias maneras de pensar diferentes a sus valores? ¿Quitarles la educación de sus hijos? No es un tema menor. No es un tema local; nos atañe a todos.

EL OBSERVADOR 618-12

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Rafael Jijena Sánchez (1904 – 1979)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Poeta argentino. Jijena Sánchez fue reconocido escritor y eminente estudioso del folklore, sobre todo el del norte argentino, donde dedicó muchos años a la recopilación de coplas, canciones y poemas tradicionales. A pesar de su arte cultivado en la Verdad, la Belleza y el Bien, Jijena es hoy poco conocido entre los argentinos e hispanoamericanos, como lamentablemente suele suceder con los grandes autores católicos.

Insigne hombre de Iglesia, consolidó su formación doctrinal en el Convivio de los Cursos de Cultura Católica, al igual que tantos otros prohombres del tradicionalismo católico.

A partir de su primer libro, Achalay, su labor literaria cosechó importantes distinciones municipales y nacionales e incluso el Premio del Ministerio de Educación a la Canción Escolar, lo que demuestra su predilección por la niñez como destinataria de lo poético.

La docencia fue otra de sus pasiones, conservada a lo largo de toda la vida. Se distinguió como profesor de folklore y de castellano en varios conservatorios y en el Instituto de Cooperación Universitaria de los Cursos de Cultura Católica. Asimismo, fue destacado columnista del diario La Nación, y de las revistas El Hogar, Criterio, Sol y Luna y Ortodoxia.

Jijena Sánchez se distinguió en el arte poética. Su poemario, diáfano y sencillo, se nutre en la savia de la santa fe católica y el amor a la tierra patria. No en vano se le conoció como el «teólogo telúrico».

Su obra poética es extensa: Achalay (1928), Verso simple (1931), Ramo Verde (1946), Vidala (1936), El árbol de fuego (1954) y Del canto, la flor (1966). Entre sus ensayos se destacan: Las supersticiones: Contribución a la metodología de la investigación folklórica (1939), De nuestra poesía tradicional (1940) y Cancionero de coplas (1959).

De su egregia obra destacamos aquí un fragmento del Canto a la Virgen María, incluido en su libro El árbol de fuego:

«Reina del cielo y de la tierra
Y de todo lo creado;

Madre de Dios, Madre del hombre,
Soberana del aire, señora de las aguas,
Patrona del fuego,
¡María!

Por el Padre pensada eternamente;
Por el Verbo eternamente redimida;
Por el Espíritu Santo eternamente amada.

Pensada, amada, redimida
Antes de toda criatura:
¡María!

Vencedora de la serpiente y de las sombras
De los abismos infernales,
Y de las herejías todas, que fueron o serán;
Capitana de los nueve coros
Y de los ejércitos de la luz;
Restauradora, corredentora,
Absolutamente nombrada
La Omnipotencia suplicante,
¡María!».

EL OBSERVADOR 618-13

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JÓVENES
El mundo de los apodos y etiquetas
Por María Velázquez Dorantes


Poco a poco se va introduciendo esa anómala costumbre de etiquetar. Como si, en lugar de seres humanos, los jóvenes estuviesen convirtiéndose en frascos de farmacia o botica, dado que, antes de ser llamados por su nombre, primero responden a un apodo que puede ser algo de lo más ficticio, un número o la característica más peculiar de su personalidad.

Pareciera todo un juego, donde el ser llamado «el negro» fuese toda una diversión y un orgullo para quien lo acepta, sin darse cuenta de la discriminación que la sola palabra evoca, del terrible insulto que conlleva.

Pero, más allá de los apodos, se está entrando en un mundo de etiquetas con lasque no sólo nombran a algunos, sino que los clasifican, los sojuzgan y los hacen sentir mal. Ese mundo de etiquetas se está difundiendo en las nuevas generaciones, que catalogan de acuerdo con las competencias materiales, los rasgos, los lugares de origen y hasta las religiones.

«De buena familia»

Etiquetas para los pobres, etiquetas para los ricos, etiquetas para quienes tienen automóvil y para quienes no; etiquetas para quienes son «de buena familia». ¿Y qué es ser de buena familia? ¿No les basta con contar un excelente padre que da todo por su esposa e hijos; con una madre que sufre toda clase de desvelos por sus vástagos, y con hermanos que brindan calor y amistad? Todo esto les pasa inadvertido.

Para aquellos que etiquetan, ser «de buena familia» significa tener un renombre social, una casa elegante, comida exótica, padres que no ponen reglas a sus hijos... ¡Cuán confundidos se están haciendo los jóvenes!

Un mundo sin respeto

Detrás de todo esto sólo se encontrará el escueto capricho de la inmadurez. Pero, más allá de la diversión que provoca clasificar a las personas, se encuentra el cómo se está viviendo, el cómo se observa a los demás, y, debido a ello, se incluye o excluye a otros jóvenes.

El mundo de las etiquetas margina constantemente, no conoce del respeto, no sabe de la tolerancia, sólo busca pretensiones e imágenes sociales, y provoca enormes huecos espirituales en la juventud, que se ha dejado seducir por esas ideas.

¿Es acaso el mundo material o el consumo lo que puede hacer la diferencia entre un ser humano y otro? ¿Vale más cuánto tienes que lo que eres? Los jóvenes no pueden dejarse llevar por afanes tan absurdos como el poseer determinado objeto o pertenecer a cierta clase social; eso no brinda la felicidad.

No se puede andar etiquetando a las personas como si éstas no tuviesen vida o como si fuesen máquinas. El hombre no tiene un código de barras para ser identificado, puesto que ha sido creado con características que lo hacen irrepetible y único.

EL OBSERVADOR 618-14

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INTIMIDADES
Decepciones amorosas
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA

Deseo plantearle mi situación: en un momento de mi vida, a los 40 años, decidí tener relaciones por primera vez; tenía una pareja, pero él está casado. Nos enamoramos. El tiene problemas con su pareja. En un fin de semana decidí entregarme a él, pero él no vive en el país. En su ausencia conocí otra persona en mi trabajo, sentimos atracción mutua y pienso que me enamoré de esta persona porque me he olvidado totalmente de lo que pasó con mi primera pareja, además de que no me sentía bien porque él era casado. Esta segunda pareja fue muy atenta conmigo, pero él es muy joven, 28 años ,y yo no quería nada serio con él; pero en un momento de debilidad tuvimos relacio-nes, aun consciente de que no era una relación con base porque él no estaba enamorado de mí y en ese momento yo tampoco; pero ahora pienso que sí. Me siento muy mal porque rompimos y ya él tiene otra pareja; en fin, no puedo dejar de pensar en él, no sé qué hacer, me siento muy mal por haberme entregado a él ya que mi formación no es ésta. Necesito me oriente qué puedo hacer en estos momentos, ya que estoy en la muerte total por todo lo ocurrido.

RESPUESTA

No estabas enamorada en ese momento, pero la unión sexual implica a todo el ser, te des cuenta o no. El corazón sigue el lenguaje del cuerpo, así que es lógico que después de tener relaciones íntimas con un hombre que te resultaba atractivo, te enamoraras y te sintieras más unida a él. Las relaciones sexuales tienen consecuencias físicas y emocionales, y es muy distinto sufrir porque la intimidad sexual te llevó a enamorarte de quien no te ama, a experimentar la plenitud del amor con el hombre con quien has unido tu vida y tu ser. Tener relaciones sexuales no es cualquier cosa, pese a los numerosos mensajes que vemos y escuchamos en el sentido de que es simplemente un momento de placer.

«¿Y mi segunda pareja por qué no se enamoró de mí?, podrás preguntar. Esto nos lleva a otro problema de nuestras generaciones: muchas personas viven desconectadas de sí mismas. Somos una unidad de cuerpo, mente, corazón y alma, pero separamos las partes y bloqueamos el contacto de unas con otras. Así, hay gente que desarrolla su mente en forma extraordinaria, pero rara vez escucha a su corazón: otros se dejan llevar por sus emociones sin escuchar a la razón; otros más, muchos, separan el cuerpo y sus sensaciones del resto de su ser. Así, pueden tener relaciones sexuales sin amar y sin medir las consecuencias de sus actos. No se dan cuenta de que, además del daño que provocan en otras personas, se alejan cada vez más del centro de su ser.

¿Qué es lo que tienes qué hacer ahora? Creo que lo primero es que te recuperes a ti misma. El deseo de tener un compañero en tu vida y de tener relaciones sexuales es muy fuerte, es natural, pero más fuerte aún debe ser el deseo de respetarte a ti misma y preservar tu dignidad. Tú mereces un hombre que te ame y que asuma contigo un compromiso de vida. Si no lo encuentras en tu camino, es mejor estar sola que aceptar migajas de otros hombres. Digo sola, y digo también feliz. Puedes ser una mujer soltera, con una vida plena y gozosa. Así que olvídate de eso de estar en la muerte total, tu vida no puede depender de dos tipos que no te valoraron; dedícate mejor a vivir tu vida. Busca el sentido de tu vida. ¿Cuál es la misión que Dios te encomendó al crearte? Amplía tu panorama: estudia; busca medios de servir a los demás, por ejemplo, como voluntaria en alguna institución; procura a los tuyos (familia y amigos), sé una buena amiga para quien lo necesite y acércate a Dios. Si vives con la certeza de que Dios te ama, serás más fuerte y no serás dependiente de esos afectos humanos que te hacen daño. Sé libre, generosa y feliz.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza[arroba]msn.com

EL OBSERVADOR 618-15

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FIN

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