El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
20 de mayo de 2007 No.619

SUMARIO

bulletPORTADA - «Si la Iglesia fuera un sujeto político haría mucho menos por los pobres»: Papa Benedicto XVI en Brasil
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Latae sententiae
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR - La V Conferencia Episcopal Latinoamericana ha dado inicio con un trascendente discurso de Benedicto XVI
bulletALACENA - ¿Tengo vocación? ¡Sí, tienes!
bulletCIENCIA Y FE - Las imágenes de María y Jesús
bulletFLOR DE HARINA - Pozo infinito
bulletTESTIMONIO - El taxista de Dios
bulletEN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA - Pío XII «el Papa de la paz y de la verdad» (2 de 3)
bulletLOS VALORES DE MÉXICO - Consentimiento informado
bulletCOMUNICACIÓN - Evangelizar con los medios de comunicación
bulletPANTALLA CHICA - ¿La tele nos manda a todos?
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - P. Osvaldo Lira Gutiérrez
bulletESPECIAL - La Quinta reunión general del CELAM: en busca de un plan pastoral continental para los próximos años

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«Si la Iglesia fuera un sujeto político haría mucho menos por los pobres»: Papa Benedicto XVI en Brasil

Brasil, con su Presidente apoyado para el caso por los 155 millones de católicos que hay en aquella nación, acaba de recibir entusiastamente al papa Benedicto XVI en su sexto viaje pastoral fuera de Italia. De este modo el Pontífice pudo lanzar al mundo una serie de mensajes por medio de los cuales afirmó posturas que sólo pueden debatir quienes tienen un deficiente conocimiento de la Iglesia. He aquí unos ejemplos:

El proselitismo de las sectas

Dirigiéndose a los obispos de Brasil, expresó: entre los problemas que abruman la solicitud pastoral de ustedes está, sin duda, la cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda explicación. Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas e incapaces de resistir a las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciables porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata... Es necesario, por tanto, encaminar la actividad apostólica como una verdadera misión dentro del rebaño que constituye la Iglesia católica.

La Reconciliación y la Eucaristía

A ustedes, pastores, les cabe la principal tarea de asegurar la participación de los fieles en la vida eucarística y en el sacramento de la Reconciliación; deben estar vigilantes para que la confesión y la absolución de los pecados sean, de modo ordinario, individual, tal como el pecado es un hecho hondamente personal. Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas, alimentándonos con el Pan que da la vida. Por eso la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana.

La evangelización no fue una imposición

El anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas. La sabiduría de los pueblos originarios les llevó a formar una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana. De allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular.

Para conocer a Cristo

Hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Un gran medio para introducir al Pueblo de Dios en el misterio de Cristo es la catequesis, tanto de los niños como de los jóvenes y adultos. En este campo no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o teología, sino que se ha de recurrir también a los medios de comunicación para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo a un gran número de personas.

Capitalismo y marxismo no son la solución


Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas.Y esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa. Las estructuras justas no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales. Este trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política.

EL OBSERVADOR 619-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Latae sententiae
Por Jaime Septién

El término latae sententiae, que ahora tantas veces se escucha en la cuestión sobre la excomunión a los legisladores y autoridades del DF por su participación en la despenalización del aborto, es un término latino usado en el Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica que quiere decir, literalmente, «sentencia automática».

Una sentencia de esta naturaleza se adquiere, por la fuerza de la ley, cuando la ley es contravenida, cuando es desobedecida, cuando es transgredida. En el caso del aborto, en el número 1398 de Código dice: «Quien procure el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae».

No existe la tal confusión que andan diciendo algunos. No hay ambigüedad. «La Iglesia —dice el comentario al número 1398 del Código— protege la vida humana, incluso del aún no nacido, castigando con penas el aborto. Debido a lo rechazable de la acción y a la vista del hecho de que, a menudo, se produce en secreto, sin llegar a ser del dominio público, el legislador elige aquí como pena la excomunión latae sententiae. Esta pena máxima de que dispone el legislador eclesiástico debe hacer ver a todos los que participan en el aborto de qué modo se opone esa acción a su fe».

Dicho de una manera más simple: la participación, colaboración, legislación o promoción del aborto se hace acreedora de excomunión automática, y no hay papeles ni recibos ni boletas para que el sujeto sea notificado, ni exhortos de un juez, ni bandos publicados en las calles por un obispo, ni exclamaciones a favor o en contra del vocero del Papa. Los que participan en un aborto, desde la propuesta legislativa hasta la acción de sustraer la cabeza del feto con una especie de aspiradora (como se extrae la mugre debajo de la alfombra), se excomulgan solitos.

Por eso el comentario es tan explícito: dado que el aborto, aunque sea legal, como dicen que es en el DF, siempre se realiza en secreto (no se mata a un inocente a la luz pública), es necesario que los participantes activos (sentados en una curul o en un hospital) sepan que se están autoexcluyendo de la fe. Se están automarginando del Cuerpo Místico de Cristo. No es posible que sigan comulgando. Ellos mismos, en conciencia, han rechazado ser parte de la Eucaristía.

Legisladores «católicos» quieren hacer como que a ellos la excomunión no les quita el sueño, que tienen «limpia la conciencia». Pero lo que tienen es mala memoria y peor información. Una de las aclaraciones del Código dice, textualmente: «Es aborto no sólo matar al fruto inmaduro del vientre, sino toda acción que de cualquier modo y en cualquier momento conduzca a su muerte».

No se puede nadar y guardar la ropa, chiflar y comer pinole, andar en Misa y repicando. A estas señoras y, sobre todo, a estos señores, lo que les sobra es sorna, cara dura, copete y malas mañas para pretender ser, a la vez, católicos y abortistas. Son dos vías distintas, que no se tocan. Deberían saberlo. Deberían saber que su conducta las y los aleja —irremediablemente— del sacramento del amor.

EL OBSERVADOR 619-2

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR
La V Conferencia Episcopal Latinoamericana ha dado inicio con un trascendente discurso de Benedicto XVI
Para conocer la ruta de este importante encuentro de la Iglesia en el «continente de la esperanza» trazada por Benedicto XV1, El Observador entrevistó en Aparecida, Brasil, a Rodrigo Guerra López, doctor en filosofía por la Academia de Liechtenstein, especialista en el pensamiento de Juan Pablo II y Benedicto XVI, autor de 12 libros sobre antropología y filosofía social cristiana, y coordinador del Observatorio Social del CELAM.

¿Cuál es el eje articulador del discurso del Papa al inaugurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano?

El Santo Padre ha tocado muchos temas en su discurso inaugural. Sin embargo, a través de un conjunto de evidencias y de preguntas que brotan de la historia de América Latina y de la estructura del corazón humano, nos muestra el itinerario existencial y eclesial que hemos de recorrer si nos dejamos provocar por la irrupción del acontecimiento cristiano. En otras palabras, el discurso afirma la absoluta prioridad de la fe y el modo cómo ésta ha entrado en relación con las culturas indígenas de nuestro continente, con nuestros cuestionamientos profundos, y con nuestras necesidades personales y sociales más urgentes. Benedicto XVI, con gran sencillez y capacidad pedagógica, nos muestra, además, cómo «la fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión». De este modo, la vida cristiana se evidencia como una respuesta al hombre real y concreto, en todas sus facetas y preocupaciones. El cristianismo jamás es evasión sino responsabilidad hacia el otro, en especial, cuando el otro es frágil, pobre y vulnerable. Más aún: «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica», señala el Papa.

¿Por qué el Papa habla de la religiosidad popular? ¿Qué importancia tiene ésta en la dinámica pastoral de la Iglesia actual?

El Papa coloca un gran énfasis en la religiosidad popular porque esta es una dimensión en la que se constata que Jesús se ha hecho también historia, cultura y signo. La religiosidad popular es un tesoro que se debe proteger, promover y eventualmente purificar a la luz del Evangelio. No es un mero aspecto folklórico de nuestras sociedades sino una manifestación de que el amor a Cristo, a la Eucaristía, a la Virgen, a los santos, al Papa y a los obispos no son periféricos, sino altamente significativos para la vida de nuestras comunidades a través del tiempo. Jesucristo es un Dios cercano, que nos abraza enteramente. Esto es lo que se celebra en la religiosidad popular de América Latina. Cuando una diócesis integra este tipo de experiencias, la propia pastoral se enriquece notablemente y la religiosidad popular supera cualquier tentación de construirse al margen del Evangelio y su dinámica propia.

La realidad sociopolítica de América Latina es compleja y diversificada; ¿cómo propone el Papa que ésta sea atendida?

El papa Benedicto XVI propone que la realidad sociopolítica de América Latina sea atendida con fieles laicos bien preparados, capaces de discernir las limitaciones tanto de las derechas como de las izquierdas por igual. El Papa ha logrado expresiones de gran sabiduría y equilibrio para mostrar que Jesucristo es irreductible a cualquier conjunto de valores, de teorías, o de iniciativas para el cambio estructural. Esto manifiesta el carácter trascendente del Evangelio y de la Iglesia respecto de las culturas y los sistemas políticos. Sin embargo, al mismo tiempo, los fieles laicos bajo nuestra propia responsabilidad estamos llamados a proyectar la dimensión social del Evangelio al interior de las estructuras de nuestras sociedades. Esto no es una paradoja sino precisamente el modo como el Santo Padre nos recuerda que la Iglesia, como institución, se desdibujaría si se comprometiese unilateralmente con una cierta modalidad de acción política, por sana que fuese. Los fieles laicos somos quienes estamos llamados a trabajar, movidos por la caridad, a favor de sociedades más justas, sin comprometer el nombre de la Iglesia en nuestras opciones y decisiones políticas. Benedicto XVI, en este punto, señala con agudeza: «conviene colmar la notable ausencia, en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas». Este tipo de perfiles requieren ser pacientemente educados en el orden intelectual, en el afectivo y en el estrictamente espiritual. Para ello, la doctrina social cristiana (DSC), la experiencia eclesial de los movimientos laicales y la Eucaristía son los tres principales recursos que a lo largo del discurso inaugural se proponen como camino educativo para activar de verdad nuevas formas de presencia cristiana en lo social y en lo político.

Desde este punto de vista ¿cuál es, entonces, el sujeto de la doctrina social cristiana? ¿Quién ha de encarnar la ambiciosa agenda de transformación para lograr sociedades más justas y solidarias de acuerdo con el Evangelio?

El sujeto de la doctrina social cristiana no es ninguna clase social particular, ni ningún sector eclesial en exclusiva. Toda la Iglesia debe asumir como propia la cuestión social a la luz del Evangelio. Sin embargo, esta participación debe cuidar con gran atención la identidad y ministerio de cada quién. El Papa, en su discurso inaugural, ha querido darle un especial papel a los movimientos como escuelas de discipulado en las que sea posible formar fieles laicos realmente capaces de incidir en las estructuras de la sociedad. Sería una contradicción que los «movimientos laicales» no formaran precisamente «fieles laicos» con una clara conciencia de nuestro cariz cristiano-secular constitutivo y de las correspondientes responsabilidades cívico-políticas que nos corresponden por propia vocación. Algo análogo, me parece, se debe de decir de las parroquias y de otras formas comunitarias de vida cristiana en las que los seglares participemos. En todos estos espacios, la doctrina social cristiana debe mirarse como la agenda laical por excelencia. Ella provee el marco teórico-práctico para que la recta ratio, de la que habla también el Papa, sea capaz de reconstruir la racionalidad política, económica y social de manera eficaz.

¿Cuál es la ruta o camino que el Papa marca, entonces, para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano?

La ruta es Cristo. Tenemos que reaprender a ser discípulos de Cristo y no discípulos del neopopulismo o del neoliberalismo. Por ello, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano no posee como tema un asunto cándido o dulzarrón. La temática central refleja la profunda mirada de Benedicto XVI y de los obispos latinoamericanos que, sin negar el papel del Estado o del mercado, sin negar la relevancia de la globalización o de la postmodernidad latinoamericana, intuyen que la cuestión central para la vida de nuestros pueblos consiste en reconocer de manera concreta nuevamente a Cristo como protagonista real de nuestra historia personal y colectiva.

EL OBSERVADOR 619-3

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ALACENA
¿Tengo vocación? ¡Sí, tienes!
Por monseñor José H. Gómez, arzobispo de San Antonio, Texas

En diferentes ocasiones he tenido que responder a la pregunta: «¿Usted cree que yo tengo vocación?»

Ya que yo mismo he tenido que responder a esta pregunta en mi vida, puedo responder siempre con toda certeza y sin demora: «Sí, tú has recibido un llamado de Dios».

Muchos ignoran que todos los seres humanos tienen una vocación. Vocación viene del latín «vocare», una palabra que significa «llamar». Y Dios siempre llama. Llama a todos los seres humanos porque a nadie creó por «casualidad». A cada uno de nosotros Dios nos pensó y nos amó desde antes que existiéramos, y nos trajo a la vida con un propósito, con una razón de ser. Es decir, con un llamado, una vocación.

Tal vez por un error en el uso del idioma, «vocación» en el lenguaje católico, se ha convertido en un sinónimo de llamado al sacerdocio o a la vida consagrada.

Pero la realidad es que todo camino en la vida, el sacerdocio, la consagración o el matrimonio, no son una decisión caprichosa de cada uno de nosotros.

Desde la perspectiva cristiana, cada una de ellas es una opción vocacional. Es una respuesta al llamado específico de Dios a seguir un camino. Y escuchar a Dios en ese llamado, es decir, descubrir nuestra propia vocación, es la tarea más importante de nuestra vida, especialmente cuando se es joven, pues de ella dependerá, en muy buena medida, nuestra felicidad.

El llamado de Dios no es un deseo caprichoso. El llamado es la consecuencia de su conocimiento perfecto de nosotros y de su amor sin límites por nosotros.

Porque nos ama perfectamente y porque nos conoce como nadie jamás podrá conocernos, Dios diseña un camino, un plan para que seamos felices.

Ese camino se expresa en opciones concretas en nuestra vida: el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio.

Cualquiera que sea nuestra vocación, nosotros debemos descubrirla mediante la oración y la cercanía con Dios. Muchos me han preguntado: «Pero, ¿cómo descubro mi vocación?».

Ante todo, recuerda que Dios es un Dios de amor. Dios no quiere verte sufriendo buscando tu vocación. Dios no juega a las escondidas contigo.

Por el contrario, porque te ama, Él quiere que la descubras. La razón por la que no vemos o no escuchamos el llamado de Dios es porque hemos puesto barreras exteriores o interiores. Exteriores: el afán por las cosas del mundo, por el poder, por el bienestar material o el «éxito» según los criterios de este mundo.

Interiores: la superficialidad y, sobre todo, el miedo a lo desconocido, al compromiso, y un sentido de nuestra propia indignidad.

Discernir la propia vocación requiere, pues, superar los obstáculos tanto interiores como exteriores: primero, priorizar lo esencial, nuestra vida espiritual sobre los demás asuntos de este mundo, y en segundo lugar, acercarse a Dios mediante la oración y los sacramentos.

Y frente a ese gran enemigo de la vocación, especialmente del sacerdocio y de la vida consagrada, el miedo, hay que recordar, meditar y hacer nuestra la frase con la que el Papa Benedicto XVI inauguró su pontificado: «¡No tengáis miedo! ¡Jesús no quita nada! ¡Lo da todo!».

Hay tres disposiciones básicas para descubrir la propia vocación, sea cual sea: tener una vida espiritual rica, desapegarse de las atracciones mundanas, y no dejarse vencer por el temor.

Esto es especialmente importante para aquellos a quienes el Señor llama a una vida sacerdotal o consagrada, ya que esta forma de vida, tan importante para la Iglesia, encuentra no pocas resistencias en un mundo cada vez más materialista y centrado en el placer.

Recemos juntos como comunidad, para que cada uno de nosotros pueda abrir el corazón para descubrir y vivir a plenitud la vocación específica a la que el Señor nos llama.

EL OBSERVADOR 619-4

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CIENCIA Y FE
Las imágenes de María y Jesús
Por Adolfo Orozco Torres *

Como es sabido, no tenemos ninguna representación contemporánea de las apariencias físicas de la Virgen María y de Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, el Señor en su infinita bondad y sabiduría, ha querido regalarnos con dos lienzos maravillosos que, si bien no son necesarios para la fe, sí son manifiestos de esa gran ternura de Él para con sus criaturas.

Estoy hablando de las dos únicas imágenes acheropoietas, esto es: no hechas por mano humana. En este mes de María es conveniente recordar que la imagen de Nuestra Señora Guadalupe es algo único y excepcional en la historia de las apariciones marianas, pues, como dijo el papa Benedicto XIV en 1756, «non fecit taliter omni nationi» (no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación). Y, al mismo tiempo, la imagen de Jesús en la Sábana Santa es algo excepcional, pues en forma por demás maravillosa e inexplicable, en este largo lienzo de lino quedó grabada misteriosamente una imagen que, de acuerdo con la ciencia, representa a una persona que sufrió todos y cada uno de los castigos que padeció Cristo, y al mismo tiempo tiene los indicios de su cuerpo glorioso resucitado.

Estas dos imágenes —la Madre y el Hijo— han estado siempre unidas de forma sobrenatural y maravillosa, y son cuidadas y protegidas por el propio Rey del Universo. La Sábana Santa estuvo a punto de ser destruida por un incendio (al parecer provocado) el 4 de diciembre de 1532, un año después de las apariciones de la Virgen a san Juan Diego. ¿Casualidad? ¿Azar? En las cosas sobrenaturales no existen estas palabras. Una diferencia de un año en sucesos trascendentes y sobrenaturales no es nada, un suspiro. ¿Será que alguien se molestó tanto con el regalo que el Cielo hizo a la Tierra en la imagen de la Reina del Cielo, que se quiso vengar destruyendo la imagen del hijo en la Sábana Santa? Sabemos que el Maligno ronda como bestia furiosa tratando de destruir las obras de Dios.

* Presidente del Centro Mexicano de Sindonología, investigador en el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la UNAM.

EL OBSERVADOR 619-5

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FLOR DE HARINA
Pozo infinito
Por el P. Justo López Melús

Cada potencia humana, explica Larrañaga, tiene sus mecanismos de funcionamiento y su objetivo. Alcanzado su objetivo, las potencias descansan. Mientras tanto se mantienen inquietas. Quiere decir que todas las potencias del hombre y el hombre mismo fueron estructurados para la consecución de metas y fines concretos.

Ahora bien, el hombre pone en marcha todos los mecanismos, y las potencias logran su objetivo, quedan satisfechas. Y, sin embargo, el hombre queda insatisfecho. ¿Por qué? Porque el hombre es algo más que la suma de todas las potencias. El elemento constitutivo del hombre es otra potencia oculta, o mejor, una superpotencia que subyace y sostiene a las demás.

El hombre no sólo es portador de valores eternos, sino que él mismo es un pozo infinito, porque fue soñado y cavado según una medida infinita. Infinitas criaturas jamás alcanzarán a llenar ese pozo. Sólo un infinito puede llenarlo por completo. «Señor, nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (San Agustín).

Nacemos para poseer este objetivo infinito. Pero como se encuentra más allá del tiempo, nuestro caminar en esta vida tiene que ser necesariamente en la ausencia y en el silencio de Dios. En ausencia y silencio, pero también en esperanza. Si remontamos el vuelo, cuando Dios lo disponga, encontraremos la presa. «Volé tan alto, tan alto, / que le di a la caza alcance» (San Juan de la Cruz). Mientras tanto el alma, insiste el Doctor Místico, sigue clamando con dolores de ausencia, sigue con su pena que ninguna otra criatura puede calmar: «Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura. / Mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura».

EL OBSERVADOR 619-6

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El taxista de Dios
Por Claudio de Castro

El buen Dios suele tenernos sorpresas inesperadas en el camino. Mi mamá lo experimentó hace dos días. Estaba en un supermercado y se sintió un poco indispuesta. Salió para buscar un taxi que la llevara a su casa y encontró una fila enorme de personas que también esperaban uno. Entonces...

«Le dije a Dios: — Mándame un taxi que sea tuyo.

«En eso un taxi que estaba al fondo pasó recto junto a la multitud y se detuvo frente a mí.

«— ¿A dónde va? — me preguntó el taxista.

«— A la barriada El Carmen.

«— Venga suba. Yo la llevo.

«— Señor — le dije — usted es muy afortunado, porque es un hombre de Dios. Su taxi le pertenece a Dios. Acabo de pedirle a Dios que me mandara un taxi de los suyos. Y, de repente, llegó usted.

«El taxista me miró impresionado.

«— Señora, — me comentó —no sé por qué, sentí el impulso de avanzar. No recogí a ninguno de los que estaban antes. Vine directo donde usted —entonces sonrió—. Mire lo que dice en la puerta.

«Al lado mío, en la puerta, había un letrero grande que decía: Este taxi es de Dios».

EL OBSERVADOR 619-7

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EN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Pío XII (1939-1958): «el Papa de la paz y de la verdad» (2 de 3)
Por el Padre Umberto Marsich, m. x.

Después de la guerra, Pío XII siguió trabajando por la reconciliación e invocando la paz y la concordia entre las naciones (Cfr. Communio interpretes; Optatissima pax; Auspicia quaedam; Anni sacri; Mirabile illud; Laetamur admodum; etc.). La verdad es que se había desatado ya otra peligrosísima guerra: la «guerra fría» entre los dos bloques contrapuestos del mundo de aquel entonces. El papa Pacelli, convencido de la peligrosidad demostrada del comunismo, optó sin reticencias por combatirlo. Con un decreto del Santo Oficio del año 1949 excomulgó a todos los «comunistas ateos». A lo largo de su pontificado, en varias ocasiones, prefirió aquellos regímenes que eran declarados enemigos del comunismo. Postura que, a la postre, traería ásperos juicios históricos en su contra.

Cada vez que se desataban nuevos conflictos sangrientos, como en el caso de la insurrección anticomunista de Hungría (1956), el Papa inmediatamente intervenía pidiendo, en el nombre de Dios, el restablecimiento de la paz. Justamente entonces, Pío XII fue definido «doctor pacis», doctor de la paz.

El «silencio de complicidad»

En línea con la conducta papal durante la primera guerra mundial, también Pío XII, frente a los beligerantes, asumió la sabia actitud de imparcialidad y, esta, le provocó, igual que a Benedicto XV, incomprensiones e injustas críticas. El famoso «silencio de complicidad» con el régimen nazi frente al drama del holocausto fue un claro ejemplo de esta incomprensión y una indiscutible falsedad histórica.

Según Pío XII no basta la forma democrática. También en ella el hombre puede ser un objeto manipulado. Hay algo más radical, o sea, que al hombre se le escuche y se le permita expresar con libertad sus opiniones. El fin del Estado no es mantener un orden público ni una ideología ni realizar un bien común interpretado unívocamente por el grupo en el poder. El hombre y el ejercicio de sus derechos, afirma con razón Pío XII, son el criterio supremo del bien común. Los totalitarismos y autoritarismos, en esta visión papal, son la negación de la verdadera democracia.

Doctrina socio-económica

A diferencia de los demás pontífices, Pío XII no publicó ninguna encíclica social, pero dejó gran cantidad de pronunciamientos en sus radio mensajes, sobre todo los de Navidad y de Pentecostés. En el mensaje de Navidad de 1942 trata de una hipotética sociedad justa, alcanzable si el orden interno de los pueblos hace de la persona humana su norma fundamental. Esta filosofía personalista abstracta y metafísica junto a la falta de experiencia pastoral, impidió a Pío XII un mayor acercamiento a la realidad social de su tiempo y un conocimiento de la situación económica de las mayorías de los pueblos y de los mecanismos que históricamente los empobrecen. Inevitable deficiencia del magisterio de este Papa, que se reveló ya desde la encíclica Sertum Laetitiae (1939), dirigida a los obispos de Estados Unidos. Sólo esta falta de acercamiento a la vida real puede, en parte, explicar las expresiones papales de que Dios, en su providencia, haya dispuesto la existencia de ricos y pobres para el ejercicio de las virtudes, aunque no quiera que unos naden en la abundancia excesiva, mientras otros estén en una estrechez extrema (14).

También afirma, en la misma encíclica, que los salarios de los trabajadores, por justicia, deben bastar para sustentar a la familia, pero el modo de ver el problema parece poco realista. Confía, ingenuamente, en que llegará la solución por la sabiduría de los gobernantes y la generosidad de los patrones. Preocupadísimo en denunciar los peligros del comunismo, Pío XII no sintonizará nunca con las necesidades reales de los obreros, quienes se sintieron bastante incomprendidos y defraudados por la Iglesia y el Pontífice.

EL OBSERVADOR 619-8

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LOS VALORES DE MÉXICO
Consentimiento informado
Por Antonio Maza Pereda

En los medios de la ética médica y de la bioética, cada vez más se está usando el término de consentimiento informado. Esto quiere decir que un paciente, o su familia si es el caso, deben ser plenamente informados de las características, consecuencias, efectos secundarios, o cualquier otra situación relacionada con un procedimiento médico.

Que no se le quite lo necesario

Esto es particularmente importante cuando se trata de procedimientos que pueden afectar a la vida de una persona. El concepto, curiosamente, tiene sus raíces en la antropología filosófica. El hecho humano, para ser plenamente responsable, debe tener el pleno conocimiento y el pleno consentimiento en sus decisiones. El respeto mínimo a la libertad de la persona humana tiene que ver con el hecho de que no se le quite la información necesaria para tomar sus decisiones.

Esto es particularmente importante en el caso del aborto. En algunos estados y, recientemente, en el Distrito Federal, se ha liberalizado el aborto, de manera que sólo se requiere pedirlo. Todavía hay mucho que se puede hacer para evitar este mal; apelar a la Suprema Corte, insistir en que se haga un referéndum, defender la libertad de expresión de nuestros obispos y también defender la objeción de conciencia de aquellos médicos que no quieran participar en este crimen.

Pero, independientemente de estas acciones, es muy necesario buscar que se dé un consentimiento informado en las mujeres que se van a someter al aborto. En esto, los grupos pro aborto han tratado de acallar a todos quienes opinan de una manera diferente a ellos. Se niegan a aceptar las visiones científicas que dejan claro, sin lugar a dudas, que el niño recién concebido es un ser humano individual, diferente en su genoma de su padre y madre.

No quieren hablar del post-aborto

No quieren hablar de síndrome post aborto. Una gravísima combinación de consecuencias llevan a la madre que ha abortado a una fuerte depresión, infecciones, angustia post traumática y muchas consecuencias más, plenamente identificadas. Tampoco quieren que se den a las personas que son creyentes los argumentos religiosos sobre el tema. Como católicos, debemos insistir en el pleno acceso a este tipo de información a todas las madres, así como comunicarles también el punto de vista de la Iglesia.

No callemos

No podemos quedarnos callados. Hagamos uso de nuestra libertad. Tenemos ahora una responsabilidad aún mayor: la de informar a toda la sociedad, muy ampliamente, cuál es el punto de vista que tenemos sobre el aborto y cuáles son los argumentos en los que nos basamos. ¡No dejemos que nos callen!

EL OBSERVADOR 619-9

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COMUNICACIÓN
Evangelizar con los medios de comunicación
Entrevista con fray Raniero Cantalamesa OFM, Cap. predicador del Papa
Por fray Gilberto Hernández García, OFM

Los medios de comunicación se encuentran, paradójicamente —porque deberían ser sólo medios, nunca fines en sí mismos—, en primer plano en lo que toca a la formación de las nuevas generaciones. Esta situación se torna en un desafío para la Iglesia, que debe hacer presencia en estos modernos areópagos para llevar la Palabra que da Vida en el contexto de la cultura de la muerte.

El padre Raniero Cantalamesa, fraile franciscano capuchino y predicador de la Casa Pontificia, nos ofrece algunas reflexiones en torno a esta oportunidad que la Iglesia tiene en los medios de comunicación social.

Usted es predicador y en su ministerio se ha valido de todos los instrumentos posibles para hacer llegar el Evangelio a la gente; sin embargo, sus oyentes, sus destinatarios, reciben otras propuestas de vida a través de los modernos medios de comunicación. ¿Cómo percibe a los medios hoy en día?

La característica de nuestra época, su realización y éxito más grandioso es la informática, es decir la comunicación de masas: prensa, cine, televisión, internet, celular. Los así llamados medios de comunicación son los grandes protagonistas del momento. Cada individuo puede, en cualquier momento del día y de la noche, ser informado sobre aquello que sucede en el mundo y meterse en contacto directo con otra persona en cualquier punto del planeta. Toda esta realidad es signo de un grande progreso por el cual debemos estar agradecidos a Dios y a la técnica que lo ha hecho posible. Hay, sin embargo, graves peligros e indudables aspectos negativos en la comunicación social de hoy.

¿Cuál es el talante de esta comunicación a la que se refiere?

Es una comunicación consumista, en el sentido que empuja al consumo y que se consume y acaba en sí misma: es una comunicación exclusivamente horizontal. Los hombres, en este caso, se intercambian sus noticias y como ellos son efímeros, pasajeros, también sus noticias son efímeras. Una cancela a la otra. Cuanto más crece la comunicación, más se experimenta la incomunicabilidad. Las comunicaciones se reducen a sonidos, a rumores. El rumor nos asegura que no estamos solos; pero falta una comunicación vertical, creativa, falta totalmente el otro. Toda su comunicación se convierte en un espejo que refleja la imagen de la propia miseria y el eco del propio vacío. En suma, la comunicación moderna es una comunicación de tristeza. Los medios dan mucho más relieve a lo que hay de mal y de trágico en el mundo que a lo que hay de bien y de positivo.

¿Qué otros riesgos ve usted en los medios de masa?

Los medios de comunicación nos ponen ante los ojos en cada momento lo que podríamos ser y no somos, lo que otros hacen y nosotros no hacemos. Nace de ahí una sensación de resignada frustración y aceptación pasiva de la propia suerte, o bien, al contrario, una necesidad obsesiva de salir del anonimato e imponerse a la atención de los demás. Otro rasgo negativo en la comunicación de masa, especialmente en los espectáculos, es la explotación de la mujer, el abuso que se hace de su cuerpo, y en general la visión negativa de la relación entre los sexos.

¿Cuáles serían las características de una comunicación en clave cristiana que pudieran hacer frente a las formas y contenidos de la comunicación actual?

Creo que el Evangelio puede ayudarnos a cambiar este estado de cosas. Él es la «Buena Nueva» del amor de Dios para los hombres. Dios nos conoce perfectamente, pero no usa este conocimiento para juzgarnos, su corrección es amor. Yo puedo decir, como franciscano, que tenemos que contribuir a difundir esperanza y alegría. Francisco es el hombre de la alegría perfecta, el juglar de Dios. No se trata de una alegría ilusoria, sino de una alegría fundada en la esperanza. Tenemos que insistir sobre esta raíz de fe: la unión profunda a Cristo y en particular a la cruz de Cristo.

Entonces, si queremos evangelizar a través de los medios de comunicación social, el secreto es sencillo: estar enamorados de Cristo.


EL OBSERVADOR 619-10

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PANTALLA CHICA
¿La tele nos manda a todos?
Por Mayela Fernández de Vera


No cabe duda de que las empresas de televisión necesitan hacer una reflexión en cuanto al contenido de programación, y, sobre todo, un análisis responsable de las consecuencias que tienen los materiales que transmiten. Si los periodistas proclaman que «la realidad debe ser expuesta tal cual», entonces tienen que mostrarla sin sesgos amarillistas, porque no todo lo que sucede importa o conviene al bien común transmitirlo, como, por ejemplo, el caso detallado de la logística de un crimen o acto delictivo, cuya información muchas veces promueve y capacita criminales, mientras que al grueso de la sociedad puede no importarle o aportarle algo útil. Si un periodista sale a la calle con la consigna de buscar escándalo, entonces es mentira que busca la verdad y que lo que se transmite en la televisión es la realidad.

Si compiten Televisa con Televisión Azteca por el rating, y sólo van tras los temas que puedan generar y promover violencia y actos delictivos, no están cumpliendo con su función social, que, les guste o no, tienen que tomar en cuenta en primer término, por el tipo de empresa de que se trata, por ser un medio de comunicación humana. Si las televisoras resultan empresas económicamente redituables, ¡qué bien!, pero no a costa de nuestra libertad moral y psicológica de adultos, a costa del rompimiento con las tradiciones mexicanas, no a costa del fomento de la disolución de las familias, de la corrupción de adolescentes y niños.

No puede estar la sociedad sujeta a lo que la tele diga, porque si la tele nos manda y la mayoría de la población «obedece» a los contenidos que se empeñan en promover, estamos perdidos. Asombra la pasividad que tenemos en recibir como por ósmosis lo que salga en la televisión, como si no tuviéramos más remedio que aguantar.

Llama por teléfono y quéjate de lo que te ofende; pero, principalmente, está atento a los patrocinadores del programa o programas que son nocivos y hazles saber que no serás más su cliente por promover esos contenidos negativos.

EL OBSERVADOR 619-11

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
P. Osvaldo Lira Gutiérrez, SSCC (1904 – 1996)
Por Sebastián Sánchez / Argentina


Sacerdote y filósofo chileno. Miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones, es una de las figuras centrales del pensamiento católico hispanoamericano de la segunda mitad del siglo XX.

En un artículo sobre nuestro sacerdote, señala José Díaz Nievas que 1934 fue un año clave en el derrotero vital y espiritual del P. Lira pues en ese entonces conoció a Jaime Eyzaguirre e inició sus colaboraciones en Estudios, publicación esencial del pensamiento social cristiano chileno.

Entre 1939 y 1952 residió en España donde robusteció su formación con los autores y maestros del catolicismo hispano y se vinculó —casi diríamos, se hermanó— con los círculos tradicionalistas. A partir de ese momento, sería figura emblemática reconocida a ambos lados del Atlántico. Fruto de aquella época es su primer libro, Nostalgia de Vázquez de Mella. En España colaboró en publicaciones católicas como Alférez, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de filosofía y en otras que, sin ser católicas, comulgaban en ciertos aspectos con el pensamiento cristiano. Fue el caso de la Revista de Occidente, creada por José Ortega y Gasset, autor que el P. Lira admiró críticamente en varios escritos.

Al retornar a su patria luego del periplo europeo impartió clases en la Universidad Católica de Valparaíso y, desde 1960, en la Universidad Católica de Chile. Desde esos dos centros, y partiendo de una sólida formación y prédica tomista, el P. Lira trató cuestiones de estética, sobre Quevedo, el mestizaje, la hispanidad, las relaciones entre catolicismo y democracia y los derechos humanos. Nada le fue ajeno, y mucho menos la política de su país, a la que siguió a veces críticamente y siempre con dolor. A pesar de su oposición al régimen comunista que asoló su patria en los años setenta, recientemente se ha dado a conocer cómo, tras el suicidio de Salvador Allende, el Padre Lira celebró una misa gregoriana por la salvación del alma del Presidente fallecido.

Su obra escrita es abundantísima, por lo que reseñamos sólo sus libros más importantes: Nostalgia de Vázquez de Mella (1942), Visión política de Quevedo (1948), La vida en torno, ensayos (1949), Hispanidad y mestizaje, y otros ensayos (1952), El cristianismo de José Ortega y Gasset (1954), El misterio de la poesía (1974-1981, 3 Vols.), Verdad y libertad (1977), De Santo Tomás a Velásquez, pasando por Lope de Vega (1981), Catolicismo y democracia (1988), El respeto de la persona humana: mito y realidad desde la Revolución Francesa (1989), Derechos Humanos. Mito y Realidad (1993).

Compartimos hoy un fragmento de su primer libro, Nostalgia de Vázquez de Mella, en el que da cuenta del carácter eminentemente sobrenatural de la Iglesia:

«No; la Iglesia no ha sido instituida para fomentar civilizaciones, desarrollar culturas, propagar y difundir ciencias y artes, no. Ha realizado todo esto ciertamente y con una abnegación que atestiguan veinte siglos, pero no ha sido instituida para eso. Su defensa, que más bien es de nosotros que de ella, porque en sí misma no necesita defenderse, y la de sus derechos y prerrogativas, hay que fundarla única y exclusivamente sobre su trascendencia divina, sobre que es Jesucristo difundido y comunicado para ajustarnos a la hermosísima definición de Bossuet. Esta fue también la actitud constante de Vázquez de Mella, sin que descuidara por supuesto sus irradiaciones sobre el orden social humano; él era político y era además tradicionalista español, y ya se sabe lo que significa para la tradición española la influencia de la Iglesia».

EL OBSERVADOR 619-12

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ESPECIAL
La Quinta reunión general del CELAM: en busca de un plan pastoral continental para los próximos años
El 13 de mayo, en Aparecida, Brasil, Benedicto XVI inauguró la quinta reunión general de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), la cual llegará su término el 31 de mayo. Pero, ¿de qué se trata esta reunión?, ¿quién la convoca?, ¿quién participa? Aquí ofrecemos algunas respuestas.

¿De qué se trata?- Una conferencia general episcopal es una reunión de obispos de una región determinada —en este caso, de toda América y no sólo de los países iberoamericanos, a pesar del nombre «CELAM»— para analizar la vida de la Iglesia en sus territorios, identificar problemas comunes y acordar líneas generales de acción pastoral de los siguientes años

El Papa convoca y vigila.-
Quienes la proponen o solicitan son, básicamente, los obispos; pero es el Papa, en su calidad de vicario de Jesucristo, quien la convoca, quien aprueba el tema general de la reunión, y quien abre la reunión y la orienta con su discurso inicial. Lógicamente, el documento final que emiten los obispos debe ser revisado y aprobado por el Papa.

¿Quiénes participan esta vez?- Los participantes oficiales en Aparecida son 266, divididos en 162 miembros, 81 invitados, 8 observadores y 15 peritos.

Además de los tres presidentes y dos secretarios de la V Conferencia, figuran como miembros 14 cardenales, las presidencias del CELAM y de la Pontificia Comisión para América Latina, los presidentes de las distintas Conferencias Episcopales de la región, los 93 delegados escogidos por cada episcopado, 15 miembros nombrados por el Papa, el secretario general del Sínodo de los Obispos, tres nuncios apostólicos, representantes de consejos de conferencias episcopales y ocho obispos de otras conferencias episcopales.

Entre los invitados figuran 24 sacerdotes diocesanos, cuatro diáconos permanentes, 16 religiosos y religiosas, 15 laicos, cinco superiores mayores, tres miembros de la Confederación Latinoamericana de Religiosos y una representante de la Confederación de Institutos Seculares en América Latina.

Además, el Papa ha invitado a representantes de cinco movimientos eclesiales que tienen importancia en América: Camino Neocatecumenal, Shalom, Comunión y Liberación, Schöenstatt y el Sodalicio de Vida Cristiana, además de representantes de organismos de ayuda, ocho observadores y 15 peritos.

¿Hay mexicanos participando?- Todos los países de América tienen representación en esta reunión del CELAM. Los mexicanos participantes, hombres y mujeres, son:

1. El cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México.
2. El cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalaja.
3. Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco, miembro de la presidencia del CELAM y presidente de la CEM.
4. Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, elegido como delegado de la CEM.
5. Guillermo Ortiz Mondragón, obispo de Cuautitlán, elegido como delegado de la CEM.
6. José Leopoldo González González, obispo auxiliar de Guadalajara, elegido como delegado de la CEM.
7. Javier Navarro Rodríguez, obispo de San Juan de los Lagos, elegido como delegado de la CEM.
8. Rogelio Cabrera López, obispo de Tuxtla Gutiérrez, elegido como delegado de la CEM.
9. Hipólito Reyes Larios, obispo de Orizaba, elegido como delegado de la CEM.
10. Francisco Robles Ortega, arzobispo de Monterrey, elegido como delegado de la CEM.
11. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán, enviado como delegado de la CEM.
12. Faustino Armendáriz Jiménez, obispo de Matamoros, enviado como delegado de la CEM.
13. Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, enviado como delegado de la CEM.
14. José Luis Chávez Botello, arzobispo de Antequera, enviado como delegado de la CEM.
15. Lázaro Pérez Jimenez, obispo de Celaya, enviado como delegado de la CEM.
16. Ricardo Watty Urquidi, MSpS, obispo de Nuevo Laredo, enviado como delegado de la CEM.
17. Rodolfo Reza Palomares, presbítero diocesano y rector de un seminario, acude como invitado.
18. Jorge Wise de la Garza, diácono permanente, acude como invitado.
19. Lic. Manuel Gómez Granados, laico, acude como invitado.
20. Pbro. Pascual Chávez Villanueva, SDB, rector general de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, acude como invitado.
21. Hna. María de los Dolores Palencia, HSJL, segunda vicepresidenta de la Confederación Latinoamericana de Religiosos, acude como invitada.
22. Srta. María Cristina Ventura González, presidenta de la Confederación de Institutos Seculares en América Latina (CISAL), acude como invitada.
23. Sra. Norma Treviño-Cueva de Villarreal, directora de la Asociación A.C. del Grupo Interdisciplinar para los Temas de las Mujeres, participa como perito.
24. Pbro. Dr. Javier García González , LC, rector del Centro Sacerdotal María Mater Ecclesiae, participa como perito.

D.R.G.B.

EL OBSERVADOR 619-13

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FIN

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