El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
17 de junio de 2007 No.623

SUMARIO

bulletPORTADA - Detrás del aborto o la eutanasia, hay una moral inspirada en la filosofía darwinista»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Sobre migración, la Iglesia tiene la mejor ruta
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Las tormentas pasan
bulletLA VOZ DE LOS PASTORES - Aparecida en el horizonte de América
bulletENTREVISTA - Hay un gran vacío de Dios, y se busca algo que se le asemeje
bulletTEMAS DE HOY - Baby-match o «¡No lo mates, dámelo a mí!»
bulletUna madre heroica: Cristina Cella
bulletEN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA - Beato Juan XXIII: «el Papa bueno de los signos de los tiempos» (último de 3)
bulletDEBATE - La vida humana no posee valor por un consenso o por la decisión mayoritaria en una asamblea legislativa
bulletSe vive como se ora
bulletCOLUMNA ABIERTA - El dios diversión
bulletMIRADA JOVEN - ¿Ser soltero como una vocación?
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- No sé si mentir para complacer a mi novio

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PORTADA
José Jiménez Lozano, escritor y Premio Cervantes:
«Detrás del aborto o la eutanasia, hay una moral inspirada en la filosofía darwinista»
Veritas / El Observador

El extraordinario escritor español, José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002, está convencido de que no es el relativismo el que está detrás de «la muerte de los débiles» (aborto, eutanasia, etcétera), «sino toda una moral valorativa y constrictiva», inspirada en el «darwinismo filosófico y social». Así lo expresó en una mesa redonda sobre «Las cuestiones de la Bioética», que tuvo lugar en Valladolid (España) organizada por la Asociación Cultura de la Vida.

En una intervención titulada «Manipulaciones con la vida y con la muerte», el escritor se refirió a «un cambio cultural que tiende a devolver al hombre a su simple naturaleza biológica y a los problemas que plantean los conjuntos de individuos vivos en el plano animal».

Para Jiménez Lozano, «la filosofía darwinista –no la teoría científica dar-winista-, en su versión maximalista obtiene así un triunfo neto: el hombre es un primate superior y habría de conformar su vida según este principio, dejando de lado toda leyenda antropológica, como se denominó y denomina toda otra consideración de este primate que no sea la biológica; lo que en realidad es la liquidación de la cultura entera para dar paso a conformaciones de Grandes Granjas de aprovechamiento del ser humano».

Darwinismo filosófico y social

En este contexto, el Premio Cervantes (considerado como el Nobel de Literatura en idioma español) dijo que la democracia «no tendría más que una razón funcional que habría que ir adaptando a ese principio de búsqueda de la utilidad y la rentabilidad de los humanos en las condiciones más óptimas». De esta «nueva condición» del hombre en el cosmos se deduciría un «nuevo Derecho, una nueva educación, un nuevo arte, una nueva literatura, nuevas maneras de vivir».

Para este intelectual, «con el darwinismo filosófico y social», «la idea de un individuo hombre había evolucionado desde la consideración de persona a la de primate superior en lo alto de la escala zoológica, a cuenta de su complejidad neuronal, y algunas otras ventajas anatómico-fisiológicas, en especial su habilidad para hacerse útiles que facilitan y multiplican sus potencialidades».

Crisis de la sacralidad de la vida humana

Jiménez Lozano afirma que «hasta mediados del siglo XIX, nadie pone en duda la noción de santidad o sacralidad de la vida humana» y añade que «es el darwinismo, ciertamente, el que altera las concepciones hasta entonces admitidas del puesto y valor de la vida humana en el cosmos, y del significado de la muerte individual». En este sentido, no sorprenden las consecuencias para lograr «la conformación de una especie cada vez más perfecta y de una sociedad más racional y tendente también a este fin».

«Sencillamente, la muerte de los débiles y quienes suponen un coste social y unas trabas de cualquier tipo a una vida individual de animal hermoso y perfecto van de suyo. Y ya se ve que no es una moral relativista la que se propone, sino toda una moral valorativa y constrictiva, guiada por ese espíritu del servicio social y de la especie, y de decisión político-económica, o puramente política, por lo tanto», sostiene el escritor.

Biografía y bibliografía de José Jiménez Lozano. http://canales.nortecastilla.es/jimenez_lozano/index.html

EL OBSERVADOR 623-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Sobre migración, la Iglesia tiene la mejor ruta
Por Jaime Septién

Cada miércoles participo en el noticiario de María + Visión, con Isabel Álvarez. Un noticiario sui generis porque, entre otras cosas, «la de 8» que decimos los periodistas (es decir, la nota principal de ocho columnas, el encabezado del noticiario) es el santo del día... Una emisión católica que, con escasos recursos económicos pero todo el amor a Jesús, llega a millones de hogares en nuestro continente.

Hace poco platicaba en ese espacio informativo sobre el tema de la visita del presidente Calderón al papa Benedicto XVI. Decía que me había parecido importante que FCH hubiera tocado el tema de los emigrantes por una sencilla razón: porque es un problema muy grave para México —país, presumiblemente, católico— y porque la Iglesia católica es la institución universal que tiene el pensamiento más avanzado sobre este fenómeno.

Y el pensamiento de la Iglesia tiene un solo objetivo: preservar la dignidad de la persona humana, por encima de cualquier consideración de seguridad fronteriza, entorno económico o futuro político. México y Estados Unidos, avalados por la Santa Sede, son, en sus obispos y sacerdotes, en sus grupos de laicos y de consagrados, un ejemplo mundial de cómo Jesucristo nos pide tratar a los emigrantes. La Iglesia católica ha sido pionera en la acción de guardar —como sagrado— el principio elemental de la civilización: que todas las personas gozan de todos los derechos.

Sin un guardián del hermano —como lo es la Iglesia—, sin esa vigilancia amorosa de la cual son hijos los hijos de la luz, los problemas internacionales se vuelven precursores de guerra y no precursores de entendimiento o de cultura. En resumen, el pensamiento católico de la emigración se basa en la siguiente premisa: lejos de empobrecer, la emigración enriquece a los pueblos receptores de personas y familias que huyen de una realidad que no los promueve. El caso de la emigración mexicana a EU (o de la filipina a Japón) es paradigmático: la fe profunda de un pueblo alegra la práctica religiosa del otro; la oxigena, le da vida y, sobre todo, le llena de esa esperanza nueva que viene, justamente, de las convicciones sinceras del creyente.

Si México quiere negociar con Estados Unidos una reforma migratoria integral, México tiene que contar con la Iglesia católica. Aunque se enojen los jacobinos que todavía andan dando lata por ahí; aunque se enfaden los izquierdozos de pacotilla, la Iglesia católica (en ambos países) es quien ha hecho todo por integrar a los inmigrantes mexicanos y a sus familias. Porque lo ha hecho desde el amor; porque lo ha hecho desde la convicción profunda de que la verdad no puede ir divorciada de la libertad; menos aún cuando se trata de seres humanos caídos en desgracia.

EL OBSERVADOR 623-2

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¿CÓOOMO DIJO?
Las tormentas pasan

«La tormentas pasan y aquí tienen el resultado».
Esa fue la frase con la que el cardenal y arzobispo primado de México, monseñor Norberto Rivera Carrera, confirmó a la feligresía reunida el pasado domingo en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México el resultado de la investigación sobre si violó o no la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público por oponerse a la despenalización del aborto, promovida por el PRD y el PRI en el DF.

La comisión «ad hoc» fue propuesta por la Secretaría de Gobernación, misma que encontró lo evidente: que ni el cardenal Rivera Carrera, ni el vocero de la arquidiócesis, el padre Hugo Valdemar, son culpables de nada. Que lo único que han estado haciendo es defendiendo la doctrina de la Iglesia católica que protege la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y la igualdad de derechos de todo ser humano, sea éste un embrión o un anciano.

«Sé que muchos de ustedes se angustiaban cuando supieron que su obispo estaba siendo investigado», dijo, también, el cardenal Rivera, al término de la misa dominical. Antes, Rubén Ávila, deán de la Catedral Metropolitana, leyó la resolución de la Comisión sancionadora que establece que «no se encontró que los ciudadanos Norberto Rivera y Hugo Valdemar, en su carácter de ministros de culto... hayan infringido mediante sus conductas la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público».

Una vez más, como ya viendo siendo costumbre, el Partido Alternativa (antes «México Posible») de la señora Patricia Mercado, volvió a fallar el tiro. Como hace cuatro años, cuando, injustamente, acusó al obispo de Querétaro, monseñor Mario de Gasperín, de haber infringido la ley con su exhortación pastoral «Un católico vota así», Alternativa presentó el 11 de abril pasado una denuncia en Gobernación por considerar que tanto el cardenal Rivera Carrera como el padre Hugo Valdemar habían violado la legislación al oponerse a la despenalización del aborto en el DF que da carta libre a la mujer para «interrumpir el embarazo» antes de las doce semanas de vida del nuevo ser humano.

Es cierto: las tormentas pasan, pero cuando existen todavía tantos resabios de anticatolicismo, sobre todo en los partidos de izquierda, sí alcanzan a mojar, es decir, sí alcanzan a dañar o cuando menos a dar la lata. Lo peor es que alcanzan a remover los cimientos de buena parte de los fieles, que no andamos muy duchos en la materia y que obedecemos, muchas veces como borregos, las consignas de los medios de comunicación, tan poco interesados en la defensa del más débil y tan interesados en el escándalo que vende.

EL OBSERVADOR 623-3

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LA VOZ DE LOS PASTORES
Aparecida en el horizonte de América
Por monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán

Después de las tres semanas de participación en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño que tuvo lugar en Aparecida, Brasil, me encuentro ya de regreso en México y, en concreto, en la diócesis de Tehuacán.

La realización de dicha Conferencia ya se efectuó, queda como un pasado; pero su vivencia y celebración no puede permanecer sólo como un bonito e intenso recuerdo, sino que nos lanza hacia adelante. El hecho de esta Conferencia y el desarrollo de su temática —«Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida»— me recuerda cuando Cristo Jesús, en el evangelio según san Mateo, al hablar en parábolas acerca del Reino de los Cielos, dice que éste «es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre... por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo» (Mateo 13, 44).

El Reino de los Cielos es Cristo mismo. La Conferencia en Aparecida nos ha hecho corroborar que América ha encontrado este tesoro en Cristo Jesús. El Tesoro no es sencillamente algo, sino Alguien: el Don que Dios Padre nos ha hecho de su mismo Hijo, quien se ha hecho hombre y se ha quedado con nosotros para ser nuestro Camino, Verdad y Vida y, de esta manera, llevarnos nuevamente al Padre con la fuerza de su Espíritu.

Cristo Jesús nos quiere no como a siervos, sino como amigos; nos llama para estar con Él, para seguirlo, para ser sus discípulos y para anunciarlo; de modo que, unidos a Él, demos fruto en abundancia.

Buen número de personas han hecho posible que usted y yo conozcamos a Jesús. Ahora nos toca darlo a conocer a otros. Desgraciadamente, en la cultura que nos toca vivir hay muchos tesoros aparentes que nos distraen y apartan del único Tesoro que es Cristo.

Fuera de Cristo andamos a la deriva, en felicidad engañosa que a la postre nos esclaviza; en cambio, en Cristo Jesús todo encuentra su lugar y sentido, por que «Él es nuestra paz», nos da gozo y libertad plena. En la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo lo celebramos en este gesto audaz de su amor: en que se inmola al Padre por nosotros, en que se nos entrega como Alimento para que tengamos vida.

Hay que volver a Jesús, dejarnos fascinar y seducir por Él. Que san Pablo y tantos santos nos digan el modo: «Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí».

Especialmente María, Madre de Jesús, se convierte en la mejor discípula, la que más fielmente lo sigue, avanzando en su fe, hasta la cumbre del Calvario, para gozarlo luego Resucitado. Esta Conferencia en Aparecida nos ha reafirmado en que, junto a la fe en Jesús, también está muy viva e intensa la fe en su Madre y nuestra Madre, con títulos como Nuestra Señora de Guadalupe o Aparecida, u otros muchos con los que se la invoca a lo largo y ancho del continente.

La fe de América es profundamente cristológica y mariana: es nuestro tesoro, nuestro patrimonio, nuestra heredad. Usted y yo, con nuestro testimonio de vida limpia y noble, de una fe ejercitada en obras concretas de servicio solidario, especialmente a quienes están más necesitados, serán el camino para que este Tesoro se incremente, como discípulos y misioneros positivos, propositivos, dando razón de nuestra esperanza en un mundo mejor, que con Cristo Jesús y la Virgen María se puede lograr. Le invito a que a lo largo de este día tengamos oraciones y acciones concretas en ese sentido. Que actuemos como discípulos y misioneros convencidos y constantes de Cristo Jesús: como Él, profundamente unidos a Dios Padre, dejándonos conducir por su Espíritu, asumiendo las experiencias de cruz que puedan llegar, siendo amables, pacientes, comprensivos, perdonándonos unos a otros, tendiéndonos la mano; no dejándonos vencer por el mal, sino venciendo el mal con el bien, como nos invita san Pablo.

EL OBSERVADOR 623-4

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ENTREVISTA
Hay un gran vacío de Dios, y se busca algo que se le asemeje
Entrevista con el padre fray Ignacio Larrañaga
Por fray Gilberto Hernández García, OFM

Ignacio Larrañaga es un sacerdote franciscano capuchino, de origen español, que ha desarrollado una amplia labor animadora y evangelizadora durante más de 25 años, primordialmente a través de ese servicio eclesial conocido como Talleres de Oración y Vida, que datan de 1984, y que han beneficiado a cerca de diez millones de personas. El padre Larrañaga es autor de más de una docena de libros que han sido traducidos a más de diez idiomas.

En su libro Muéstranos tu Rostro, usted coloca este epílogo de Karl Rahner: «El hombre del futuro será un místico que ha experimentado a Dios o no será nada». ¿Cómo percibe el fondo de esta sentencia?

Yo pienso que en general vivimos hoy día una cultura, no digo atea, pero sí pagana, donde sólo interesa el bienestar, el dinero, la satisfacción, el hedonismo; pero esto no puede de ninguna manera ir por mucho tiempo, porque si no sobreviene el vacío existencial, y esto lleva, como quien dice al suicidio, porque, entonces, si nada tiene sentido ¿para qué vivir? Frente al futuro debe haber una especie de cambio en el modo de ser y de sentir del hombre en la sociedad futura. Lo que Ranher quiere decir es que en la Iglesia católica la religión es eminentemente doctrina, dogmas, teorías, teología, y si no es mística (la religión), trato personal con Dios, y si verdaderamente no hay experiencia de Dios, no habrá nada: la religión sería palabras vacías que no tienen sentido alguno. Entonces, o será experiencia personal de Dios o sencillamente esto no tiene razón de ser, son puras palabras que se andan de boca a boca.

Parece que el mundo moderno es un mercado de experiencias religiosas.

Hay una evidencia: hoy en día se experimenta un gran vacío de Dios y va suscitándose un hambre de Dios, un deseo de Dios pero confusa y oscuramente, sin saber exactamente qué es. Entonces se está buscando algo que se asemeje a eso; de ahí vienen los movimientos como la New Age, las religiones orientales y todas esas cosas que van viniendo como una especie de sustituto de esta hambre de Dios que realmente la sociedad, sin darse cuenta, siente y piensa. No hay que especificar demasiado en la oferta musulmana o cristiana o budista, sino sencillamente «Dios», vivo y verdadero, meta final y origen original de todo lo bueno y grande, Dios meta absoluta de todo, y esto es lo que ha olvidado esta cultura. La cultura moderna está sintiendo un gran vacío y no sabe de qué, pero en el fondo es de Dios mismo.

Usted ha creado los Talleres de Oración y Vida. En este contexto del hambre de Dios que padece el hombre moderno, ¿cómo se inserta esta experiencia de los talleres? ¿Qué le ofrecen?

Este servicio eclesial, así llamado por la Santa Sede, llamado Talleres de Oración y Vida, ha llegado en estos 22 años, a unos nueve o diez millones de personas que los han recibido, y en general la impresión es que cambia la vida, y este cambio de vida significa que es una visión totalmente nueva, un modo de vivir el cristianismo la vida siguiendo las huellas de Cristo Jesús, pacientes como Jesús, bondadosos como Jesús.

Concretamente, ¿en qué consiste la experiencia de Talleres?

Es una propuesta global muy detallada. En primer lugar se trata de que los asistentes aprendan a relacionarse con Dios de una manera variada, sistemática, metódica desde los primeros pasos hasta las alturas de la oración transformante u oración contemplativa. Otra finalidad es de qué manera evitar los traumas, las heridas de la vida, las angustias y tristezas, todo lo negativo del corazón, cómo eliminarlo y que todo esto no influya en el estado de ánimo de las persona. También pretenden la presentación estimulante, viva, vibrante, entusiasta de Jesucristo Nuestro Señor como modelo de vida, con una pregunta que va en el fondo de todo: ¿que haría Jesús en mi lugar? Entonces proponemos un programa fascinante de ser humildes, pacientes, bondadosos, de sentir, de amar como Jesús lo hizo, modelo de vida en todo; es un programa de santificación cristificante. Finalmente impulsamos a los participantes a comprometerse en una vida apostólica: amigos de Jesús, apóstoles de Jesús; esta es la finalidad que pretendemos con todos aquellos que vienen a los talleres: los devolvemos a la vida transformados en amigos del Señor, liberados de angustias y traumas, y verdaderamente hombres y mujeres de oración.

EL OBSERVADOR 623-5

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TEMAS DE HOY
Baby-match o «¡No lo mates, dámelo a mí!»
Ésta es la carta con la que inició la campaña antiabortista denominada «¡No lo mates, dámelo a mí!»
Por Lucrecia Rego de Planas, / Catholic.net

«Si oís que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intentad convencerla para que me traiga a ese niño. Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios».
Beata Teresa de Calcuta, al recibir el premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979).

Hace unas semanas, cuando en la ciudad de México acababan de convertir en algo legal el asesinato de bebés en el vientre de su madre, platicábamos a la hora de la cena con todos mis hijos, chiquitos y grandes, quienes se mostraban muy consternados por este tema.

Yo les explicaba que, tristemente, no es un problema exclusivo del DF, sino que están tratando de hacer lo mismo, de manera simultánea, en Nicaragua, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Chile, Argentina y, bueno, en toda Iberoamérica y Europa. Se trata de una agenda internacional muy bien estructurada, encaminada, de acuerdo con la estrategia marcada por Gramsci, a la destrucción de la familia cristiana.

Fue entonces cuando mi marido, siempre sabio y atinado, nos recordó que, como Dios es bueno y siempre sabe cómo sacar cosas buenas de las malas, seguramente algo bueno podíamos sacar los católicos de todo esto y me dijo:

— Si la madre Teresa estuviera viva y le hicieran una entrevista en la prensa en estos momentos en que en todos los países se está tratando de legalizar el aborto, ¿qué crees que diría?

Respondí sin titubear:

— La madre Teresa hubiera dicho lo mismo que decía siempre: «No los maten, dénmelos a mí».

Y, bueno, la madre Teresa ya no está viva y no puede decirlo, pero podemos decirlo nosotros en su nombre. ¿Por qué no? ¿Alguno de ustedes estaría dispuesto a recibir un niño en su casa para evitar que su madre lo asesine? Yo sí. No es que tenga grandes recursos, ni una casa demasiado grande; pero, para dar amor, cuidado y educación a un bebé no se necesitan grandes riquezas ni grandes espacios. Para acoger a un bebé en una familia no se necesita abrirle un hueco en la casa, sino sólo un hueco en el corazón.

¿Cuántos bebés pueden caber en la casa de los Planas? No demasiados, pues nuestro espacio es pequeño (vivimos con nuestros nueve hijos en un terreno de 250 m2). Tal vez podríamos acoger a unos diez, quince o veinte, cuando mucho, pero ¿cuántos bebés pueden caber en las casas y en los corazones de todos los católicos que visitan a diario Catholic.net? ¡Millones y millones!

La Iglesia cuenta con cientos de instituciones que se dedican a dar atención a mujeres embarazadas, con cientos de casas hogares para niños huérfanos, con cientos de organizaciones pro-vida, y hay millones de matrimonios católicos que desean adoptar un bebé. También sé de muchos católicos que, imposibilitados para acoger personalmente a alguno de estos chiquitos, estarían dispuestos a aportar económicamente para su cuidado.

Es por eso que me he animado a lanzar esta campaña desde Catholic.net: «¡ No lo mates, dámelo a mí!». http://nolomates.catholic.net

He visto el éxito que tienen las campañas de «single-match» o «catholic-match», que buscan ayudar a hombres y mujeres solteros a encontrar a través de internet a «su media naranja» y formar así matrimonios felices.

Esta campaña se podría llamar Baby-match, pues lo que pretende es ayudar a que los bebés no queridos por sus madres biológicas encuentren, a través de internet, unos papás deseosos de cuidarlos, quererlos y educarlos.

No pretendo que Catholic.net se convierta en una agencia de adopción, ni pretendo que las adopciones se hagan a través de internet. En cada país se deberá cumplir con la legislación adecuada; pero puede ser un buen paso para crear vínculos entre personas necesitadas de ayuda con personas e instituciones que las pueden ayudar.

Así que...

¨ Si tienes una Institución de ayuda, ¡apúntala!
¨ Si estás dispuesto a acoger a un bebé para salvarlo del peligro de ser abortado... ¡apúntate!
¨ Si son un matrimonio deseoso de adoptar un bebé... ¡apúntense!

Y, lo más importante:

¨ Si estás embarazada
¨ Si no quieres a tu bebé
¨ Si has pensado en abortar...

¡ No lo mates, dámelo a mí!

EL OBSERVADOR 623-6

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Una madre heroica: Cristina Cella
Por el padre Fernando Pascual

Ricardo tenía sólo dos meses de vida cuando su madre, María Cristina Cella, descubrió que estaba enferma de cáncer. Era el año 1994, en una ciudad italiana cerca de Milán.

María Cristina y Carlo Mocellin, hasta ese momento, eran unos padres felices. Tenían otros dos hijos, Lucía y Francisco. Podían decidir el uso de medicinas para curar a la madre, pero a riesgo de que Ricardo muriese.

Y Cristina tomó una decisión valiente, difícil, heroica. En vez de someterse al tratamiento médico, decidió esperar: primero está la vida de Ricardo, y luego su vida…

Ricardo nació a los pocos meses, mientras el cáncer avanzaba con velocidad en el cuerpo de su madre. De nada sirven las dolorosas sesiones de quimioterapia. Un año después, el 22 de octubre de 1995, la muerte había triunfado sobre Cristina. Tenía sólo 26 años de edad.

Pero una madre no puede irse al cielo sin dejar algo a sus hijos. Cristina les mostró lo que significa amar hasta dar la vida. Además, quiso dejar a Ricardo una carta, escrita un mes antes de morir. Seguramente habrá sido una de las primeras lecturas que realizó su hijo cuando pudo dominar los misterios del alfabeto.

Vale la pena releer este escrito de una madre que, de verdad, «da la vida». Nos ayuda a contrastar la mentalidad de quienes defienden, quizá olvidando que también ellos estuvieron en un seno materno, el mal llamado «derecho» al aborto... Nos ayuda, sobre todo, a comprender que la vida sólo vale la pena cuando la vivimos para amar sin límites, hasta la muerte, a nuestro prójimo.

Querido Ricardo:

Tienes que saber que no estás aquí por casualidad. El Señor ha querido que tú nacieses a pesar de todos los problemas que había.

Papá y mamá, puedes comprender, no estaban contentos con la idea de esperar otro niño, puesto que Francisco y Lucía eran muy pequeños. Pero cuando supimos que tú estabas ahí, te hemos amado y querido con todas nuestras fuerzas. Recuerdo el día en el que el doctor me dijo que volvían a diagnosticarme tumor en la ingle. Mi reacción fue la de repetir varias veces: «¡Estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! Señor doctor, ¡estoy embarazada!»


Para afrontar el miedo de ese momento recibimos una gigantesca fuerza de voluntad para tenerte. Me opuse con todas mis fuerzas a renunciar a ti, tanto que el médico comprendió todo y no añadió nada más.

Ricardo, eres un regalo para nosotros.

Aquella tarde, en el coche, de regreso del hospital, cuando te moviste por vez primera, parecía que me decías: «¡Gracias, mamá, por amarme!»

¿Y cómo podríamos no amarte? Tú eres una joya, y cuando te miro y te veo tan guapo, avispado, simpático... Pienso que no existe ningún sufrimiento en el mundo que no valga la pena por un hijo. El Señor ha querido llenarnos de alegría: tenemos tres niños maravillosos que, si Él así lo querrá, con su gracia, podrán crecer como Él desee.

Sólo puedo dar gracias a Dios porque ha querido hacernos este regalo tan grande, nuestros hijos. Sólo Él sabe lo mucho que querríamos tener más hijos, pero por ahora es imposible.

Cristina
24 de septiembre de 1995, Hospital de Marostica (Italia)

EL OBSERVADOR 623-7

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EN LA ÓPTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Beato Juan XXIII (1959-1963): «el Papa bueno de los signos de los tiempos» (último de 3)
Por el padre Umberto Marsich, m. x. / Madrid

En la semana santa de 1963, entre la primera y segunda etapa del Concilio, Juan XXIII sorprendió gozosamente al mundo con el regalo de la Pacem in Terris (PT) a manera de su testamento espiritual. La PT tiene caracteres propios que explican su universal aceptación. Lo específico de ella es la confianza y el optimismo que manifiesta en la buena voluntad de los hombres, en la fuerza de la verdad de las ideas y en lo positivo de los hechos. Después de tantos lamentos pontificios de sus predecesores, finalmente un rayo de luz y de esperanza. En esta encíclica social Juan XXIII establece, con claridad, los cuatro pilares de toda verdadera paz social: «la verdad, la justicia, el amor y la libertad». Sin alguno de estos valores la paz será siempre amenazada e inestable: «A todos los hombres de buena voluntad –escribe el Papa- corresponde la inmensa tarea de reconstruir las relaciones de la convivencia entre todos los seres humanos en la verdad, la justicia, el amor y la libertad; la verdadera paz en el orden establecido por Dios». Hay que resaltar, ante todo, como uno de los grandes logros de esta encíclica, la afirmación de los derechos humanos, fundamentados en «la dignidad de la persona humana, a la luz de las verdades reveladas por Dios» (10).

En la segunda parte de la encíclica retoma la doctrina magisterial acerca del bien común, cuya búsqueda y promoción sigue siendo obligación de todos los gobernantes. Nuevas son algunas ideas sociales como la afirmación del derecho de dar culto a Dios según la recta conciencia; la necesidad de que existan asociaciones verdaderamente autónomas para que la persona humana tenga asegurada una esfera suficiente de libertad y responsabilidad; la urgencia de que los cristianos colaboren con hombres de todas las creencias e ideologías en la construcción de la paz, etc.

Construyendo puentes

Con esta encíclica, Juan XXIII, en sintonía con el carisma del «pontifex», o sea, del «hacedor de puentes», lanza «puentes» de diálogo a todos los rincones de la geografía mundial, a todas las religiones sinceras, al mundo del progreso técnico y a hombres de otras ideologías en vista de una pacífica comunidad mundial. Desde la nueva realidad de interdependencia de los Estados, el Papa postula, en fin, una autoridad pública de alcance mundial, establecida por el acuerdo general de las naciones.

A propósito de estas intervenciones de Juan XXIII en los problemas internacionales, no podemos no mencionar su mediación entre el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, y el secretario general del PCUS, Nikita Kruscev, en vista de solucionar pacíficamente el conflicto de los misiles nucleares en la isla de Cuba. Su voluntad de acercar a los hombres entre ellos fue notable también acerca de los hermanos separados, con los cuales, en un auténtico afán ecuménico, fue siempre abierto y fraternal. La PT fue como el final solemne de una gran sinfonía hecha de radio mensajes, cartas, discursos, notas, oraciones y llamamientos a favor de la paz.

Conclusión

Parece extraño que este Papa, sencillo y anciano, electo como Papa de transición, haya dado a la Iglesia ese impulso extraordinario y necesario para no quedarse retrasada en la historia de la humanidad. Fue el Papa del cambio y de la actualización pastoral de la Iglesia. Con el Concilio, el papa Roncalli puso término a la época postridentina de una Iglesia encerrada en sí misma para defenderse de un mundo perdido, y abrió una nueva época, aquella de una Iglesia abierta al mundo e impulsada por el Espíritu hacia un futuro lleno de esperanza y de novedad.

El Señor, después de una larga agonía, lo llamó consigo. Era el 3 de junio de 1963. En su testamento espiritual, consciente de que iba a presentarse pronto ante el juicio de Dios, pedía sinceramente perdón por sus pecados y errores. Ofrecía a Dios el bien que había hecho y le pedía poder ser aceptado entre sus amigos. A lo largo de toda su vida había siempre vivido pobremente y de igual forma quiso morir. Para él fue verdad el «dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos».

EL OBSERVADOR 623-8

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DEBATE
La vida humana no posee valor por un consenso o por la decisión mayoritaria en una asamblea legislativa
Comunicado de la CEM: «Por la dignidad de la vida humana y la justicia»

México, D.F., 6 de junio de 2007

El fundamento de toda ley justa

El fundamento de toda ley justa es la dignidad inalienable de la persona humana. La Iglesia católica, tanto por motivos que proceden de la verdad del hombre revelada en Jesucristo, como por argumentos que es posible descubrir con el uso de la razón natural, ha afirmado siempre el altísimo valor de cada ser humano, sin importar sexo, ocupación, raza, preferencia política, situación económica, coherencia moral o edad.

La dignidad es un valor

La dignidad es un valor, es decir, es un dato reconocible por la razón que reclama como gesto adecuado una conducta de respeto y no de uso ya que la persona exige ser tratada como fin y no como medio. Gracias a esta perspectiva, es posible apreciar que existe un conjunto de bienes fundamentales que no pueden ser jamás sacrificados, comerciados o lastimados en modo alguno: «la exigencia moral originaria de amar y respetar a la persona como un fin y nunca como un simple medio implica también, intrínsecamente, el respeto de algunos bienes fundamentales, sin el cual se caería en el relativismo y en el arbitrio» (Juan Pablo II, Veritatis splendor, 48).

El bien fundamental más destacable

Dentro de todos los bienes fundamentales para el ser humano destaca la vida por ser el más fundante y sin el cual no se pueden gozar los demás. Cuando los cristianos afirmamos el carácter sagrado de la vida humana nos referimos precisamente a esto: la vida humana no es simplemente un fenómeno bioquímico sino una perfección espiritual abierta y disponible a un destino trascendente. Esto coloca la base para eventualmente advertir que la vida humana, por su peculiar naturaleza, no procede de la pura materia sino que exige ser creada directamente por Dios.

La obligación de respetar la vida humana

Ahora bien, esto no significa que la obligación de respetar la vida humana brote de una determinada concepción religiosa o filosófica. Al contrario, lo que significa es que el deber de respetar la vida humana brota de la estructura constitutiva que tiene cualquier ser que sea «alguien» y no meramente «algo». La vida humana no posee valor por el consenso social, por la cultura, por la decisión mayoritaria en una asamblea legislativa o por la opinión de algún gobernante. La vida humana posee valor de suyo. Nadie ni nada puede derogar este valor y los derechos que derivan de él.

El embrión es persona

El embrión humano, desde la fecundación, goza de las características orgánicas que lo permiten reconocer como persona, es decir, como auténtico sujeto de derechos. Por ello es que la vida humana naciente debe ser protegida desde la fecundación por todo Estado que pretenda ser auténtico «Estado de Derecho». El Estado de Derecho es la comunidad política en la que impera la justicia a través de la ley. Una pretendida norma positiva que no se base en la justicia pierde su razón de ley, y con ello, su obligatoriedad.

Por estos motivos, la Iglesia católica en México se congratula por los esfuerzos institucionales que desde diversas instancias hoy se emprenden para que la Suprema Corte de Justicia revise con gran cuidado y atención la reciente ley que despenaliza el aborto en la ciudad de México antes de las 12 semanas de gestación.

Inconstitucionalidad del aborto

Las razones de la inconstitucionalidad de esta reciente legislación en la capital de la república son variadas. Deseamos sinceramente que quienes están llamados a examinarlas y a evaluarlas lo realicen de un modo imparcial, movidos estrictamente por un alto sentido del derecho en el que se cuide con gran escrúpulo tanto la coherencia formal entre las normas de igual y distinto nivel como la justicia, que es un principio fundamental que reconoce lo que se debe al ser humano por razón de su dignidad.

Movilizarse frente a los ataques a la vida

El papa Benedicto XVI, consciente de escenarios como el que hoy vivimos en nuestro país, ha dicho hace poco: «el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas de recta conciencia» (Mensaje a la Academia Pontificia Pro vita, 24 de febrero 2007).

Autoritarismos de la historia de México

La desaparición de la pena de muerte en nuestro país, y la prohibición expresa de la discriminación por cualquier motivo que lastime la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos de las personas, expresan una creciente conciencia sobre el valor que todo ser humano posee sin excepción. Los autoritarismos más lamentables de la historia han aparecido cuando desde el poder se establecen leyes perniciosas que privilegian a algunos y excluyen a otros. México no merece ingresar a un itinerario cultural y político de esta naturaleza. Al contrario, México es una nación que exige igualdad de oportunidades para todos, especialmente para aquellos que por cualquier motivo son más débiles y vulnerables, como son los seres humanos que aún no han nacido pero que ya son auténticos sujetos titulares de derechos.

No se puede ser indiferente

Los obispos mexicanos hemos señalado en nuestro Magisterio: «un auténtico estado de derecho no puede ser indiferente o neutral cuando los valores fundamentales de la persona, la familia y la cultura son cuestionados en la vida pública. Si bien es cierto que un elemento esencial de una sociedad libre y plural es la tolerancia, también es cierto que la tolerancia que acepta acríticamente cualquier cosa se vuelve en contra de ella misma. Por lo tanto, es preciso respetar los fundamentos inviolables que permiten que una sociedad plural no se derrumbe. Estos fundamentos no son otros que los derechos y deberes que brotan de la inalienable dignidad humana y que no deben ser aplicados o reconocidos selectivamente, sino que siempre y en todo momento han de ser respetados y promovidos» (Conferencia del Episcopado Mexicano, Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, n.n. 275-276).

Por los obispos de México,

+ Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco y presidente de la CEM.
+ José Leopoldo González González, obispo auxiliar de Guadalajara y secretario general de la CEM

EL OBSERVADOR 623-9

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Se vive como se ora
Por monseñor José H. Gómez, arzobispo de San Antonio, Texas

San Gregorio Nacianceno tenía una frase que debería hacernos pensar seriamente: «es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar».

Rezar no es un «deber» que hay que «cumplir»; es sobre todo una necesidad del espíritu humano, que necesita de la oración como el cuerpo necesita del alimento: sin ella, el alma muere de inanición.

El ejemplo de cuán importante es la oración nos lo mostró el mismo Señor Jesucristo: a pesar de ser Él mismo Dios, frecuentemente se retiraba en soledad para orar.

Existen varias formas de oración cristiana: la bendición, la adoración, la oración de petición —a través de la cual pedimos perdón o también suplicamos por nuestras necesidades espirituales y materiales—, la acción de gracias y la alabanza.

La alabanza es la forma de oración que directamente reconoce que Dios es Dios y, por ello, es totalmente desinteresada: glorifica a Dios simplemente por ser quien es.

El Cura de Ars, san Juan María Vianney, nos dejó un hermoso ejemplo de esta oración: «Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte eternamente. Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro».

Cómo, cuándo y dónde rezar

Muchos católicos me preguntan cómo, cuándo y dónde rezar.

La oración se enseña y se aprende en la familia. Las Sagradas Escrituras son una fuente inagotable de oración, especialmente el libro de los Salmos, que muchos santos llamaban «Escuela de oración».

Cualquier elevación sencilla, honesta del alma a Dios, compartiendo nuestros sentimientos y necesidades, ya es oración.

Respecto del «dónde»; ciertamente el templo es el lugar más adecuado, especialmente si allí se encuentra el Santísimo Sacramento; pero el católico puede orar en cualquier lugar. Obviamente, elegir el lugar adecuado tendrá un impacto en la calidad de nuestra oración. No en vano el Catecismo recomienda tener «un rincón de oración» en la casa familiar.

Sobre el «cuándo» rezar, también podemos decir que todos los momentos son indicados para la oración; porque, como dice san Pablo, los católicos estamos llamados a «orar sin cesar».

Sin embargo, la Iglesia propone a los fieles diferentes maneras para rezar a lo largo del día: la oración de la mañana y del atardecer, antes y después de las comidas, la Eucaristía dominical, el Santo Rosario, y los momentos especiales de recogimiento.

Es importante saber...

Lo importante es comprender que la oración es un combate.

Orar no es fácil. Supone un esfuerzo especial, porque, como explica el Compendio del Catecismo, «el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el Tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora» (n. 572).

EL OBSERVADOR 623-10

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COLUMNA ABIERTA
El dios diversión
Por Walter Turnbull

El tristemente célebre filósofo alemán Friedrich Nietzsche clamaba que había que desterrar del panorama al Dios de la Cruz y poner en su lugar al dios Dioniso, el dios griego del vino, de la diversión y de la diplomacia. Nietzsche terminó perfectamente frustrado y loco, pero en cierta forma se le cumplió su deseo. La cultura moderna en su secularismo ha exaltado de tal modo la diversión y el placer momentáneo, que hoy en día representa uno de los más formidables enemigos de Cristo.

En las escuelas y en los centros de catequesis resulta imposible dar las clases porque los alumnos se quejan amargamente: «esto es aburrido». Cada vez es más difícil llevar a los jóvenes (y a los niños y a los adultos) a la Iglesia, porque «la religión es aburrida»; y no faltan los guías espirituales que caen en la tentación de proponer: «vamos a hacer la religión más divertida».

Muchos accidentes han ocurrido porque alguien manejaba en forma divertida.

Hoy los fracasos matrimoniales son cada vez más frecuentes porque el matrimonio no es divertido. Los muchachos se casaron porque querían jugar. Muchas vidas se ven truncadas figurativa o literalmente por un rato de diversión. Muchos corazones se rompen porque alguien, por diversión, jugó con ellos. Cuántos adolescentes llegan a romper con sus papás porque no los dejan divertirse como ellos quisieran.

Cuando preguntaron a los miembros de una pandilla que había violado a una mujer por qué lo habían hecho, su única explicación fue: «Fue divertido».

El problema alcanza su niveles dramáticos cuando se trata de gobernantes que anteponen su diversión al bienestar de su pueblo. Usted no verá progresar al pueblo en Cuba o en Venezuela en los próximos años, pero a sus dictadores militares siempre los verá con una sonrisa de oreja a oreja, muy divertidos en sus apariciones públicas. Y muchos de nuestros diputados y senadores (los de unos partidos más que los de otros, por supuesto), verá que a veces ganan y a veces pierden, pero invariablemente notará que se divierten mucho.

¿Es malo divertirse? Por supuesto que no. La diversión sana es uno de los grandes dones que Dios ha puesto al servicio del hombre. Pero cuando se hace dios y el hombre se pone a su servicio, resulta un monstruo temible, como todos los dioses falsos.

EL OBSERVADOR 623-11

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MIRADA JOVEN
¿Ser soltero como una vocación?
Por María Velázquez Dorantes

La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento
de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud

del verano de la edad madura, y después
también en el otoño y en el invierno de la vejez,
y, por último, en la hora de la muerte.
Juan Pablo II (1920-2005)

En medio de una sociedad turbulenta por el surgimiento de los «nuevos estilos de vida» y el bombardeo de las nuevas ideas para un «mejor vivir», se ha perdido quizás el verdadero sentido de lo que significa ser soltero y vivir la soltería como una vocación.

Es muy cierto que a los jóvenes les interesa no llegar al sacramento del matrimonio, por lo menos en una etapa de edad que se asimila entre los 20 y los 25 años, y que tal vez empiezan a pensar en él entre los 25 y los 30 años, cuando ya son suficientemente maduros. Sin embargo, mientras llega el momento de encontrarse con la persona amada y llegar al matrimonio, ¿cómo se están comportando en su soltería?, ¿existen quienes han pensado que el hecho de no casarse y vivir la vida con armonía es también un vocación humana?

En algunos lugares de la vida en provincia el matrimonio se ha convertido en una regla para vivir; muchas de las jóvenes están más preocupadas por encontrar a un <prospecto> que por hallarse dentro de una etapa de ser soltero, con respeto, con metas en la vida, con proyectos, con seriedad en los estudios, en el trabajo; en fin, en todas aquellas actividades que como jóvenes ejercen en el ir y venir constantes de un día.

Ahora los jóvenes, es decir los varones: las reglas que les impone la vida de provincia exigen elegir a una mujer ya «apta para casarse»; mientras tanto, pueden ir conociendo el mundo. ¿Y qué es conocer el mundo? Muchas de las ocasiones el mundo se convierte en el alcohol, la droga, el libertinaje sexual, la diversión desenfrenada.

Entonces, ante estos escenarios, ¿dónde puede ser contemplada la vocación del ser soltero? El vivir en familia es uno de los llamados más importantes para la construcción de la sociedad, pero también es un llamado el vivir la soltería, sin estos tabúes mentecatos que aparentemente las nuevas formas de vida arrojan, como es el estar completamente amargados o ser personas insensibles; todo esto por un lado, agregándole, además, las faltas de respeto que se cometen contra aquellos que no han decidido casarse.

Sin embargo, del otro lado de la moneda hay quienes asumen el rol de ser solteros para vivir la vida en plenitud de los placeres mundanos, para comportarse como seres abanderados por una libertad falsa, con goce de placer carnal pero sin goce del amor. Con actos libres, sin los más estrictos compromisos, y lamentablemente desafanados de las obligaciones y responsabilidades.

Encontrar una respuesta al ser soltero y tratar de ligarlo como una vocación, muchas de las veces puede resultar incomprensible; no obstante, ser soltero también significa un compromiso con la vida y la sociedad, con el servicio a los más necesitados, a los enfermos; la soltería es una clave amorosa con la humanidad, siempre y cuando ese amor se realice en pro de la ayuda, la comprensión, la solidaridad y el encuentro con la Gracia.

No se puede permitir que los jóvenes sean arrojados a un vacío de incertidumbres, no se puede ir sobreviviendo con reglas establecidas socialmente, pero tampoco se puede defender ese exagerado hecho de la «libertad sin ataduras». Cada estado de vida exige un compromiso, un respeto constante, muchos compromisos, pero sobre todo un convenio de vida: aquél que te permita ser libre sin las ataduras que pueden llagar la dignidad y desvanecer el sentido espiritual.

EL OBSERVADOR 623-12

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
No sé si mentir para complacer a mi novio
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Después de varios años de no tener novio llegó por fin alguien a mi vida, del que estoy muy enamorada. A raíz de muchos problemas y de que estudió la universidad, se alejó de la Iglesia. Es una persona que quiero mucho por como ha salido adelante; sin embargo, ha tenido un ritmo de vida muy diferente al mío en el sentido de que vivió ya anteriormente con una de sus novias. Él me pide que pase mucho más tiempo del que yo puedo darle; quiere que salgamos un fin de semana completo los dos; pero, por mi educación, claro que no lo puedo hacer; mis papás no me dejarían salir así. Esto ha acarreado algunos problemas con él pues dice que no lo entiendo, que le he servido mucho de apoyo pero que requiere de más tiempo. Lo quiero mucho y no me gusta tener este tipo de discusiones pues ya le he aclarado mi situación. También me preocupa que no crea en la religión; no sé cómo hacer para que vuelva a creer y ver que, ante todo, Dios siempre está con nosotros. No sé qué hacer, pues lo que menos quiero es defraudar a mis padres mintiéndoles para darle gusto a él, pero tampoco quiero que él se separe de mí. Esto lo hablé ya con él y en teoría estaba aclarado todo, pero volvió a insistir y eso me preocupa. Por lo que ha vivido (divorcio de sus padres, problemas familiares, decepción amorosa) y por su alejamiento de la religión es que se siente solo. No lo quiero dejar, al contrario, quiero ayudarlo, pero no sé cómo.


RESPUESTA
Tú has sido un apoyo para él, pero no lo entiendes, no le dedicas el tiempo que él necesita. Él es el centro de la relación y lo que tú haces no es suficiente para él. Te pide que lo entiendas, pero él no está dispuesto a entender o al menos respetar —aun sin entender— tus decisiones y valores.

Está bien no querer defraudar a tus padres, ¿pero qué me dices de defraudarte a ti misma? ¿Cómo podrías pasar por encima de tus principios para darle gusto a él? ¿Dónde quedaría tu integridad? El chantaje emocional definitivamente no es una buena base para ninguna relación. Y tampoco lo es renunciar a ser tú misma para convertirte en la persona que lo complace.

Por otro lado, y esto también es muy importante, tú no estás en este planeta para rescatarlo a él. No está en tu poder lograr que él recupere la fe ni compensarlo por los sufrimientos de su vida ni lograr que deje de sentirse solo. En una sana relación de amor es posible que, a través de la comunicación profunda y del testimonio de vida del miembro de la pareja que es creyente, el otro reencuentre su fe. Del mismo modo, en el amor se encuentra consuelo y se trasciende la soledad. Pero todos estos procesos son definitivamente personales, y de ningún modo responsabilidad de la pareja. Querer ayudarlo no es buen motivo para mantener la relación. No eres su madre ni su psicóloga ni su guía espiritual ni la trabajadora social asignada a su caso. Eres su novia, nada más. Y, claro, los novios se apoyan mutuamente, se ayudan, pero eso no es lo único en la relación. También necesitan conocerse con honestidad, respetarse, aceptarse y amarse. Con un amor limpio, paciente y generoso.

Me parece que te convendría analizar la calidad de este noviazgo y si encuentras que no es lo suficientemente bueno para ti y para tu proyecto de vida, lo termines aunque te resulte doloroso. Pero si le encuentras suficientes valores a esta relación, más allá del mero hecho de estar enamorada, entonces tendrás que armarte de fortaleza y marcar los límites. Dile a tu novio: «Ésta soy yo, éstos mis valores, éstas las decisiones que he tomado respecto a mi vida. Si no te resultan adecuados, puedes irte. El mundo es muy ancho». Que te vea firme, no dudes, no pidas disculpas por defender tu integridad. Y verdaderamente indígnate si él insiste en esas peticiones porque será señal de que verdaderamente no le interesa comprenderte. Mantente cerca de Dios, pídele fortaleza, paz y alegría, de modo de ser capaz de la libertad de tu espíritu.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza [arroba] msn.com

EL OBSERVADOR 623-13

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FIN

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