Misión y objetivos
¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos?
¿A dónde vamos?
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CASTELGANDOLFO, lunes, 12
septiembre 2005.- El papa Benedicto XVI entrega a Jaime Septién,
director de El Observador, un rosario «para la oración familiar».
Antes, el Santo Padre le había dirigido unas palabras agradeciéndole
el trabajo que el periodismo católico hace por la Iglesia y
exhortándolo a seguir en el camino del Evangelio. «Nos hacen mucha
falta periodistas católicos; hay que volver al periodismo católico»,
expresó el Papa.
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El Observador, aquí y ahora...
EL OBSERVADOR es
una publicación semanal católica. Somos un grupo de laicos que
hacemos un producto editorial de fácil acceso, con un nivel
moral e informativo de calidad, en estricto apego al Magisterio
de la Iglesia.
EL OBSERVADOR es
un periódico para informar y sobre todo para formar. Es un
esfuerzo de un grupo de personas por llevar hasta los hogares, y
centros de reunión y formación, no un producto comercial sino un
servicio eclesial.
Desde el 16 del
mes de julio de 1995, cuando México se debatía en una crisis
financiera de la cual todavía no nos reponemos, hasta hoy, en
que nos debatimos en una crisis moral de largo alcance, EL
OBSERVADOR ha circulado sin interrumpir una sola semana por los
hogares de miles de lectores de México, cinco mil ejemplares
hace 10 años, doce mil quinientos el día de hoy.
Hemos crecido
como corresponde a las obras de Dios: paso a paso. Nos hemos ido
ganando la confianza del lector católico y de muchos hombres y
mujeres de buena voluntad, que no se conforman con la
información escandalosa que diariamente les sirven a su mesa los
medios comerciales de comunicación.
Catolicismo
quiere decir apertura y crítica. Abrir los ojos a la historia
presente; ser testigos de ella y, al mismo tiempo ser actores
del cambio hacia el bien común. Reconocemos, como periodistas,
que en México fallan muchas cosas, pero, como católicos, creemos
que nuestro destino no puede ser otro sino el de la
reconciliación nacional.
La teología del
acontecimiento de María de Guadalupe, el mensaje que dejó a san
Juan Diego, sigue presente: somos un país católico, que reconoce
a Cristo como Rey y a la morenita como patrona. Un país así
tiene salvación.
Nosotros, desde
el periodismo, hemos ido trazando un círculo de solidaridad
apegada a la Iglesia; humildad para obedecer al magisterio y
coraje, valor, para ir contra corriente del modelo de vida
ligero, sin compromiso, que hoy se vive.
Lectores católicos para el mundo de hoy
Hay una idea muy
extendida que se puede resumir así: «Juan es católico. Juan lee.
Entonces, Juan es un lector católico». ¿Es cierto? Por supuesto
que no es cierto. Para ser un lector católico no basta leer. Ni
siquiera basta leer periódicos católicos como EL OBSERVADOR. Hay
que leer como lectores católicos.
Esto es posible
si somos capaces de interponer a nuestra percepción personal los
anteojos de una visión sobrenatural. Leer la historia con los
ojos de Cristo, con los de la Iglesia, no con los míos. Todo lo
que pasa en el mundo es posible verlo con los ojos del
catolicismo. No con los míos. Si leo con mis ojos (es decir, con
un criterio personal únicamente) voy a ser incapaz de captar los
signos de los tiempos, es decir, la manifestación de Dios en el
mundo.
Un lector
católico (que no es lo mismo que un católico lector) debe, por
lo menos, cumplir estas cinco habilidades o hábitos para ser
considerado como tal (de acuerdo con Phillip F. Lawler, director
de Catholic World Report):
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1. Mirar más
allá de las circunstancias propias de su tiempo y lugar,
para poder identificarse con personas de otros continentes,
de otros siglos. |
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2. Aceptar,
con tranquilidad de ánimo, las estructuras tradicionales y
la autoridad legítima. |
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3. Enfrentar
con rigor y buena voluntad el reconocimiento del pecado y la
muerte, sin ver esto como una razón para rebelarse. |
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4. Caminar
hacia la sabiduría de la experiencia y desconfiar de las
modas intelectuales y de las conspiraciones racionalistas.
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5. Estar
dispuestos a contemplar la vida como un drama singular a lo
largo de la historia, en el cual cada persona tiene un papel
potencial importante. |
A esta serie de
habilidades del lector católico debe corresponder un medio de
comunicación católico. Eso es lo que tratamos de hacer en EL
OBSERVADOR. Nuestra vocación de creer en Dios nos lleva a asumir
una posición de humildad para informar. Abiertos al ser humano y
sus potencialidades (como criatura divina), queremos construir,
juntos, la cultura de la vida, la civilización del amor. Una
cultura, una civilización que se resuelve en estas nuevas
páginas y en toda la vida por vivir.
Decir lo que se debe decir y no callar nunca lo
que se debe decir
Vivimos tiempos
muy complejos. Sobre todo para la fe en Cristo. Tiempos en los
que la Iglesia es atacada sin misericordia y tratada con desdén.
A diez años de haber iniciado EL OBSERVADOR, nuestra apuesta
sigue siendo la misma: «crear opinión católica entre los
lectores del centro de México ante los acontecimientos del
mundo».
Por lo demás, los
sucesos de hoy en día nos obligan a volver los ojos sobre lo
esencial, sobre el núcleo de nuestra fe. Y lo esencial es volver
nuestra fe cultura, hacerla llegar en cada lugar por el que
pasamos; hacerla presente en todo los actos. Porque para mostrar
la fe no hay ni sitios ni puestos privilegiados. El celo por
Cristo, por su Evangelio, debe iluminar la casa, el campo, el
taller, la oficina, la escuela, la vida privada y la pública.
También un periódico.
Decir lo que se
debe decir y no callar nunca lo que se debe decir, ha sido
nuestra idea de periodismo católico. La fe toca todos los
rincones de la realidad. La fe debe hacerse cultura para estar
viva. Ser cristiano es, finalmente, una forma de amar al mundo y
de querer transformarlo a la medida del sueño de Dios en la
creación.
Con profunda
gratitud al Padre y también con un reconocimiento sincero a
nuestros obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos,
suscriptores, lectores, distribuidores, anunciantes... Estamos
«haciendo iglesia» en medio de la tribulación. ¡Estamos dando la
batalla por la verdad!
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Para finalizar…
Su Palabra
tendrá resultado (Isele)
Dice el Señor:
«La palabra que sale de mi boca no volverá a Mí sin resultado»
(Isaías 55, 11). Y con esto reafirma nuestra esperanza.
Cuando vemos todo
negro, cuando pensamos que su venida al mundo fue inútil, cuando
caemos en la tentación de notar sólo lo negativo recordemos
esto: su Palabra tendrá resultado. Aunque a veces no lo veamos,
su palabra está germinando. Existen el bien, la bondad y la
buena voluntad. Más aún, nosotros podremos facilitar ese buen
resultado de la Palabra de Dios. Podemos creer en el bien y
darle espacios, apostar por él.
Aun si creemos
que nadie escucha, escuchemos y proclamemos. Si creemos que
nadie ama, amemos. Porque la Palabra de Dios no volverá a Él sin
resultados. Y debemos dar testimonio de ello.
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Con la edición impresa No.186 inició la versión
Internet de EL OBSERVADOR con los mensajes y las homilías de
S.S. Juan Pablo II en su cuarta visita pastoral a México.
Nos encomendamos a Jesucristo, el Alfa y la
Omega, para que de la mano de la Estrella de la Nueva
Evangelización Santa María de Guadalupe llevemos su mensaje de
amor y perdón.
El Observador de la Actualidad
Periódico semanal formativo e informativo fundado el 16 de
julio de 1995.
Distribución actual de 13,250 ejemplares, 20 páginas, tipo tabloide (29 x
38cm).
Una publicación de Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de
C.V.
NO SOMOS
el órgano oficial de difusión de la diócesis de Querétaro, ni
de ninguna otra.
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